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Alejandro Rebolledo y la irreverencia en el inframundo de Pin pan pun

jueves 1 de septiembre de 2016
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Alejandro Rebolledo
Alejandro Rebolledo aborda en Pin pan pun la cosmovisión de la juventud citadina de los años ochenta y noventa.

 

Nota del editor

La muerte, a los 46 años, del periodista y escritor venezolano Alejandro Rebolledo, ocurrida en Barcelona, España, el 17 de agosto, despertó una polémica inusitada en relación con su novela Pin pan pun (publicada por Urbe en 1998 y rebautizada Pim pam pum en la reedición de 2010 por el sello Punto Cero) en medios literarios y redes sociales. Hoy ofrecemos a nuestros lectores la revisión que hace el escritor venezolano Fernando Guzmán Toro de esta obra que no pocos de sus lectores consideran icónica de la Caracas de fin de siglo.

Una de las características de la modernidad era que se fundamentaba en tres pilares que incluían la razón, la idea del progreso y el sentido de la historia; el ser humano ejercía cierto control sobre algunos acontecimientos de su vida cotidiana que incluían lo social, lo político, lo cultural, y que serían el resultado de un proyecto que se inicia en la Ilustración caracterizado por una marcada influencia de la razón que influyó en los diferentes aspectos de la vida del ser humano.

El posmodernismo, para Lipovetsky (2002), significa el advenimiento de una cultura extremista que lleva la lógica del modernismo a límites extremos, que se manifiesta en los años sesenta en una incitación a un hedonismo exacerbado, estados alterados de conciencia asociados al consumo de drogas e incorporación de la liberación, el placer y el sexo como parte de la cultura cotidiana; que suscita un narcisismo cultural y estético que es alimentado por la imagen, así como una falsa identidad influenciada por los medios de comunicación, y surge una nueva era del vacío o de la vacuidad que interroga drásticamente a la modernidad por la causa de sus fracasos.

La posmodernidad para explicar la dinámica de la sociedad suele ser cuestionada, y en ocasiones se considera que es producto de las divagaciones filosóficas de un grupo de intelectuales; sin embargo, independientemente de las opiniones, surge como consecuencia de una reflexión acerca de la dinámica de la sociedad actual, caracterizada por una ruptura con los grandes relatos que caracterizaron al modernismo, una ruptura con los valores de la modernidad, que no necesariamente es reciente, sino que incluso Nietzsche lo planteó en el siglo XIX cuando anunciaba la “muerte de Dios” y que, desde su perspectiva, anunciaba una nueva época caracterizada por una transmutación de los valores antiguos o decadentes.

¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! (Nietzsche; 1999: 117).

En la posmodernidad surge una nueva dinámica y puede analizarse desde dos vertientes, una que implicaría un proceso evolutivo de la modernidad o por el contrario una transmutación extrema caracterizada por un radicalismo cultural y político, un hedonismo exacerbado, la influencia de lo mediático, el aumento de la violencia, la búsqueda del placer y la sexualidad desenfrenada.

Así como Piedra de mar, de Francisco Massiani, se aproxima a la dinámica vital de las Caracas de los años sesenta, Pin pan pun, de Alejandro Rebolledo, aborda la cosmovisión de la juventud citadina de los años ochenta y noventa.

Lipovetsky considera que los sesenta significaron un principio y un fin, que serían una expresión de esa ofensiva, que es lanzada contra los valores puritanos y utilitaristas, y que el mismo Nietzsche consideraba como una posibilidad en un tiempo futuro.

La ciudad latinoamericana no permaneció al margen de estos cambios, y así como Piedra de mar, de Francisco Massiani, se aproxima a la dinámica vital de las Caracas de los años sesenta, Pin pan pun, de Alejandro Rebolledo, aborda la cosmovisión de la juventud citadina de los años ochenta y noventa, caracterizada por una estética del desencanto, la transgresión, la presencia del movimiento punk no sólo como un movimiento musical sino como perspectiva de vida.

Arnaldo Valero en el año 2001, en un artículo titulado “Pin pan pun. Sicodelia, ruptura y mercado”, cuestionaría la actitud de la crítica literaria venezolana con relación a Pin pan pun, que pasó desapercibida para esa intelectualidad en el momento cuando fue publicada, a pesar de ser un libro que significó una visión de la realidad de la Caracas de los ochenta y los noventa, de una manera similar como Piedra de mar permitió aproximarse a la cosmovisión de la Caracas de los sesenta.

Arnaldo Valero reflexiona acerca de la actitud del sector ilustrado venezolano con la novela Pin pan pun, debido al desinterés de la crítica literaria con esta obra, que es expresión de un conservadurismo intelectual que establecería lo que se considera como literatura o un simple producto comercial.

Probablemente en la actitud asumida por algunos miembros del sector ilustrado venezolano con respecto a Pin pan pun haya algo de eso; han transcurrido tres décadas desde el colapso de los grandes modelos narrativos con orientación de izquierda y sin embargo, para la academia, las propuestas aparecidas durante este período han pasado bajo cuerda, no han sido más que relatos transitorios, apenas mencionadas por la condescendencia del periodismo cultural/dominical (Valero; 2001: 122).

Beatriz Sarlo, en Escenas de la vida posmoderna, cuestiona a esa intelectualidad que se agrupa en especies de organizaciones de hierro, completamente centralizadas y verticales (Sarlo; 2014: 158-159).

Los expertos, igual que los intelectuales de viejo tipo, construyen poder sobre su dominio de un campo de saberes o técnicas. Allí donde el saber es una dimensión inescindible de la producción social y de la producción de lo social, forman, como expertos, una nueva fracción dominante cuyo peso crece a medida que los saberes necesarios para producir decisiones son cada día más complejos (Sarlo; 2014: 164).

Maruja Dagnino, al referirse a Pin pan pun, experimenta inicialmente escepticismo ante la obra de un escritor que no pertenecía al grupo de escritores reconocidos.

Me dispuse a leer la novela de Alejandro Rebolledo (Pin pan pun, Editorial Urbe, 1988) no sin cierto desdén (Dagnino; 2002: 417).

Maruja Dagnino, al terminar la lectura, experimenta una sensación de perplejidad.

Luego de haber leído 397 páginas sin pausa, después de confrontarme con el inframundo al que la novela de Rebolledo nos arroja, perplejidad es lo que mejor define mi estado de ánimo —y eso me gusta (Dagnino; 2002: 47).

Pin pan pun configura para Maruja Dagnino una especie de círculos de capas concéntricas donde orbitan seres perdidos en una sobrevivencia vana y que se expresaría en el código de vida de Laudvan, uno de los personajes de la novela:

  1. Fuck the world.
  2. Jamás ahorres dinero, porque no sabes lo que mañana pueda pasar.
  3. No te cases con la jeva que amas, porque la dejarás de amar.
  4. No trabajes con tus amigos porque los perderás.
  5. Y nunca, jamás, en ningún caso, juegues con la policía porque, una de dos, o terminas muerto o terminas preso (Rebolledo; 1998: 194-195).

Es una obra configurada, para Maruja Dagnino, desde una estructura compleja y transparente.

Todo es patético y punto. No hay puntos de vista, no hay moral, no hay manipulación (Dagnino; 2002: 417).

Dagnino enfatiza que Pin pan pun es un regreso a la realidad sin discursos sociologizantes, y una de sus características es la honestidad en la escritura.

Alejandro Rebolledo formó parte de una nueva generación que expresaba su desencanto con la literatura latinoamericana asociada tradicionalmente con la obra literaria de García Márquez, una bohemia pseudointelectual alcoholizada, gallinas y sapos que vuelan, y los dramas de borrachos ex guerrilleros.

“Pin pan pun”, de Alejandro Rebolledo
Primera edición de Pin Pan Pun (Urbe, 1998).

En Pin pan pun estarán presentes el caos citadino, la incertidumbre, el desencanto, la violencia, que son expresiones de una pérdida del sentido de la vida, y los personajes experimentan esa especie de vacío, el desarraigo con una sociedad que no los comprende, la ausencia de proyectos, el énfasis en un tiempo presente, y la incertidumbre del futuro.

Ya Los Palos Grandes no es igual, Caracas no es igual. Están aterrorizados con la violencia, los robos y esas mierdas. Pero que va, nadie me engaña, Caracas es más pangola ahora. Choros, muertos, asaltos y pobrezas desde que tengo memoria existieron, pero en los últimos años, además de eso, la gente se ha vuelto paranoica, más moralista y conservadora (Rebolledo; 1999: 11).

Es la expresión de una generación signada por la fatalidad, la droga, la autodestrucción.

Hace un año, Caimán sufrió un accidente en la autopista de Valencia. Quedó paralítico del ombligo para abajo. Chicharra fue el primero, luego Julián, Caimán quedó jodido, ahora vengo yo (Rebolledo; 1999: 11).

Sé que es una tontería. Todos están jodidos, nadie es feliz (Rebolledo; 1999: 14).

En Pin pan pun los lugares se transmutan, cambian, y los espacios de un tiempo pasado se evocan con nostalgia; la temporalidad se vincula con esos espacios. El pasado era el tiempo de las antiguas amistades, los grupos de amigos que se reunían en el este caraqueño, en espacios como Sabana Grande, como también sucede en la novela Piedra de mar, cuyos personajes a diferencia de Pin pan pun evocan inocencia y su problemática es la vinculada al amor o a los estudios; sin embargo, existiría una radical transmutación en los personajes de Pin pan pun, quienes se identifican por su adicción a las drogas y deambulan por la ciudad como individuos desarraigados, con una pérdida del sentido de la vida y una tendencia a la autodestrucción.

En Pin pan pun la existencia se transmuta en transgresión, en una vida al límite que se manifiesta en el consumo de licor, el sexo, las drogas.

El último año bueno de mi vida. Me tiré como a diez (Rebolledo; 1999: 17).

El techno ese, junto a la coca y los tabacos, me vuelan el coco, empiezo a tripearme cosas raras (Rebolledo; 1999: 17).

La ruptura con los antiguos valores de una sociedad se experimentan al extremo en Pin pan pun, y no existen límites en la experimentación con la sexualidad o las drogas, como si Caracas fuese una especie de laboratorio de la vida.

En Pin pan pun se experimenta escepticismo ante la grandeza del país, su riqueza, y ese descreimiento se manifiesta en una tendencia a experimentar el presente como única temporalidad, sin interesarse por el futuro, y menos aun por el pasado.

Que si Venezuela es un gran país, que vamos a salir adelante, que si la esperanza, que si el problema es este o el otro (Rebolledo; 1999: 25).

La Caracas de la modernidad, concebida como una gran urbe, es percibida en Pin pan pun como una ciudad sepulcral y decadente.

Me encontré una vez más en la ciudad sepulcral, sin poder tolerar la contemplación de la gente que se apresuraba por las calles para extraer unos a otros un poco de dinero para devorar su infame comida, para soñar sus sueños insignificantes y torpes (Rebolledo; 1999: 77).

La ciudad de Caracas en Pin pan pun es expresión de la situación general del país, caracterizada por el caos y la incertidumbre; en cualquier lugar se anuncia el fin del mundo.

Caracas en esos días estaba llena de profetas. En cualquier esquina se anunciaba el fin del mundo. Lectores de caracoles, de tabaco, de cartas, manos y pies, evangélicos, hare krishnas, budistas, creyentes de extraterrestres y judíos coincidían en apuntar que Venezuela era el centro de una corriente negativa que multiplicaba la mala suerte. Esa era la única teoría posible para explicar que un país rico se encontrara en una situación desafortunada (Rebolledo; 1999: 115).

En Pin pan pun se percibe el presente como incertidumbre, sin importar en ocasiones arriesgar la propia vida, experimentar el placer de la cercanía de la muerte, la vida al extremo.

En Pin pan pun está presente el desarraigo, la pérdida de identidad, y se plantea como una salida emigrar en la búsqueda del sueño americano que simplemente es expresión de un nuevo fracaso que generalmente es ocultado o negado.

Te ponen un sello de reprobado en el pasaporte y, suas, pillas que eres lo que eres, un bichito dividido, sin identidad, sin destino, sin pertenencia y sin futuro. Estás en el limbo (Rebolledo; 1999: 83).

Pin pan pun es también la expresión de un mundo “underground” o subterráneo, oscuro, de fiestas hasta el amanecer, que combina excesos y violencia.

Recuerdo cuando íbamos a las fiestas de Carlos Toro, quien era hijo de un cineasta y tenía una casa abandonada en Los Chorros. En el sótano tocaban siempre Los Panchitos sin Futuro, y todo el mundo, sifrinitas incluidas, unas mamis que las ves hoy y no te lo crees, se daba duro con el slam (Rebolledo; 1999: 69).

En Pin pan pun se percibe el presente como incertidumbre, sin importar en ocasiones arriesgar la propia vida, experimentar el placer de la cercanía de la muerte, la vida al extremo, transgredir los límites incluso los de la propia vida; es el culto a Tánatos como una nueva divinidad.

Era Julián. “Pana”, me dijo, “mataron a Chicharra”. Yo no sentí nada al principio; morirse era otra travesura del Chicharra, una nueva droga que había descubierto (Rebolledo; 1999:70-71).

El caos, lo inesperado, son elementos presentes en Pin pan pun; Luis, un joven que se dirigía a visitar una estación de radio, se transforma de improviso en el peligroso secuestrador de Ana Patricia, la hija de un importante personaje, y así como existe una falta de identidad con el país, también está presente una falta de identidad consigo mismo, que se traduce en una confusión de roles.

No entiendo. Viste a la jeva, te gustó y tal, y decidiste llevártela a tu casa y guardarla en el clóset. ¿Es eso? (Rebolledo; 1999: 85).

La miró y miró, con un ardor capaz de producir llagas y erupciones en las entrañas. La angustia y la desesperación se habían transformado en un canal, en una vía, una puerta para el encuentro y no había tiempo para volver pensar o escapar (Rebolledo; 1999: 100).

El secuestro, unos desconocidos que se transforman en amantes, una hermosa jovencita que después de su secuestro planifica con su secuestrador extorsionar a su padre con la finalidad de abandonar el país y romper los vínculos con su familia, son improntas de una dinámica caótica, incierta, impredecible.

No quiero regresar a mi casa, no quiero, no quiero… ¿Entiendes? Esto más nunca va a ocurrir en nuestras vidas, esta sensación de libertad; si la dejamos ir, más nunca volverá. Piensa, imagina: tú y yo en San Francisco, en Hawái, qué se yo, donde quieras… Río de janeiro. Luis y Laudvan lo meditaron de nuevo (Rebolledo; 1999: 140).

“Pim pam pum”, de Alejandro Rebolledo
Reeditada en 2010 por Punto Cero, la novela fue rebautizada como Pim pam pum.

El absurdo, lo impredecible, son elementos presentes en Pin pan pun, y mientras Ana Patricia, Luis y Caimán discutían a quién le correspondía el dinero de secuestro, un ladrón con un arma de fuego conminó a Luis a que entregase el dinero que se encontraba en un maletín; sin embargo, al abrir el maletín su sorpresa fue encontrar una nota que correspondía a una cadena.

Si la cadena se rompe y las cinco cartas que pedimos que copies no son difundidas, la desgracia y la desdicha caerán sobre ti, los tuyos y los hijos de éstos por los tiempos de los tiempos (Rebolledo; 1999: 375).

Luis evocará la Caracas de los años noventa mientras se encuentra en Margarita, cuando faltan unas ocho horas para el año dos mil, y extraña ese pasado después de transcurridos unos diez años.

Oigo la música de los ochenta y tal, pero lo que recuerdo son puras cosas de los noventa. Extraño Caracas (Rebolledo; 1999: 382).

La nostalgia, los viejos amigos, una novia que está embarazada, el fracaso de un negocio aparentemente próspero, la agresión sin una razón aparente de unos jóvenes, son señales de un escenario que no es el mejor.

Me dan patadas, me pegan en la cara, no veo nada (Rebolledo; 1999: 395).

Luis se dirige a playa El Agua y, en un desvío que conduce a un precipicio, experimentará una extraña sensación, como si recibiese el llamado del abismo, y en el momento en que decide lanzarse, observa un ultraliviano con un anuncio de una marca de licores y Luis reflexionará en el último momento acerca de su decisión.

¿Quéee? ¿Es eso lo que me manda a decir Dios justo antes de lanzarme a sus brazos? (Rebolledo; 1999: 397).

Pin pan pun es una aproximación a una Caracas subterránea, agresiva, incoherente, y sus personajes deambulan como seres descarriados, sin futuro; es una ciudad que a diferencia de la Caracas de Piedra de mar perdió su candidez, y por el contrario sus personajes asumen la irreverencia y el cuestionamiento de la sociedad como destrucción, violencia y caos.

 

Bibliografía

  • Dagnino, Maruja (2002). “Una novela: Pin pan pun”. Revista Actual; 49: 417-419.
  • Lipovetsky, Gilles (2002). La era del vacío. Barcelona: Editorial Anagrama.
  • Nietzsche, Friedrich (1999). La ciencia jovial. Traducción: José Jara. Tercera edición. Caracas: Monte Ávila Editores.
  • Rebolledo, Alejandro (1999). Pin pan pun. Caracas: Libros Urbe.
  • Sarlo, Beatriz (2014). Escenas de la vida posmoderna. Primera edición. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
  • Valero, Arnaldo (2001). “Pin pan pun: sicodelia, ruptura y mercado”. Contexto; 5(7): 119-130.
Fernando Guzmán Toro
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