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El tiempo y el mundo después de Marcel Proust

jueves 24 de noviembre de 2016
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Christian Vadim, Marcello Mazzarella y Arielle Dombasle en el film “Le Temps Retrouvé” (Raoul Ruiz, 1999)
Fotograma de Le Temps Retrouvé (Raoul Ruiz, 1999), basada en la obra maestra de Marcel Proust. De izquierda a derecha, Christian Vadim como Bloch, Marcello Mazzarella como Marcel Proust y Arielle Dombasle como Madame de Farcy. IMDb

No hay manera de que el interés por la obra decaiga, porque la genialidad de Proust no se agota.

El mundo no ha sido el mismo después de Proust. El impacto y la influencia de En busca del tiempo perdido en la literatura y en el quehacer cultural del siglo XX ha sido tan importante que, sin temor a exagerar, se puede decir que la historia del género novela universal se divide en dos partes: antes de Proust y después de Proust. En la época de la aparición de la primera parte de la obra —Por el camino de Swann, 1913—, J. Cocteau, en un artículo aparecido en ese mismo año en el Excelsior, lo compara a “…una miniatura gigante, plena de milagros, de jardines superpuestos, de juegos entre el espacio y el tiempo, de grandes toques en fresco a la Manet…”; en el mismo año Lucien Daudet, en un artículo en Le Fígaro ve en esa primera parte de La Recherche “…una obra maestra con una fuerza de complejidad invisible…”; el editor parisino B. Grasset sueña con presentar el libro de Proust como candidato al Goncourt, el premio literario más prestigioso de Francia. Con la aparición de la segunda parte, A la sombra de las muchachas en flor, se desataron en Francia olas de críticas y no todas por supuesto fueron favorables a la obra, algunas fueron feroces y prejuiciadas, comenzando con la de A. Guide que se negó a publicar la obra y consideraba a Proust “un snob, un mundano, un amateur”, con la opinión concurrente de L. Aragón. Sin embargo, con esta segunda parte Proust obtuvo el premio Goncourt de 1919 y la noticia fue recibida por la izquierda intelectual francesa como una provocación. Pero en el resto del mundo, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos, autores como J. Conrad, H. James, C. Isherwood y E. Forster unánimemente reconocieron el genio de Proust en sus obras. En un artículo aparecido en el Magazine Littéraire, G. Barbedette se hace eco de los autores angloamericanos que “…no han dudado ni un instante que Proust es el genio incomparable de la literatura francesa del siglo XX…” y todavía en 1987, año cincuentenario de La Recherche, recibe Guide críticas de Barbedette cuando dice que de parte de “…Guide es totalmente imperdonable por no haber protegido la obra de Proust…”.1 En general en la época de Proust su estilo es detestado por los círculos literarios franceses; en esa época las revoluciones culturales modernas estaban en marcha: surrealismo, marxismo, psicoanálisis y existencialismo, y lograron enterrar la obra durante treinta años. En los años 50 surge la rehabilitación de la obra con la publicación de A la Recherche de Marcel Proust, de A. Maurois (1949), y la publicación de Jean Santeuil (1952) y Contre Sainte-Beuve (1954), del mismo Proust. Otro hecho rehabilitador fue la publicación —en el Mercure de France en dos volúmenes— de la biografía de Proust por G. Painter (1963-1966), la cual tuvo un inmenso éxito. En 1971, centenario del nacimiento de Proust, aparecieron más de seiscientas publicaciones sobre el autor y su obra. A partir de entonces la catedral que Proust construyó en trece años no sólo se mantiene sólida, sola y firme, sino que es fuente de inspiración cultural en Francia y en el mundo entero. Los manuscritos originales de A la Recherche du Temps Perdu se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. La lectura y apreciación de la obra ha dado lugar a manifestaciones y tributos, exposiciones, dedicación de museos, conmemoraciones (placas, nombres de calles, avenidas y pasajes en París, Cabourg, Trouville y Orleans), emisión de sellos postales, subastas (cartas, autógrafos, ediciones originales de su obra), premios, sociedades de amigos, cátedras universitarias y conferencias en Francia. Otras manifestaciones semejantes han sido registradas en Alemania, Inglaterra, Brasil, España, Estados Unidos, Grecia, Italia, Países Bajos y Suecia. Se han realizado adaptaciones de la obra de Proust a la radio, a la televisión, al cine en forma de cortos y largometrajes, al teatro, y ha inspirado la creación de obras de ballet. Como muestra del cine inspirado por la obra de Proust se menciona el film de Raoul Ruiz presentado en el Festival de Cannes de 1999 titulado Le Temps Retrouvé, con Catherine Deneuve, John Malkovich, Emmanuelle Béart, Vincent Perez, Pascal Gregory, Marcello Mazzarella, Chiara Mastroianni, Arielle Dombasle y Marie-France Pisier. El casting brillante y las escenas magníficas le rinden tributo a la monumentalidad de la obra y el film de dos horas 35 minutos es tenido por los críticos como una soberbia evocación del debut del siglo XX. El estudio crítico, el periodismo y las publicaciones periódicas tienen una fuente inagotable en Proust. Las ediciones de su obra, así como de su correspondencia, los testimonios y las biografías sobre el autor, se multiplican en progresión más que aritmética. Por supuesto que Proust está en Internet; ese Proust perdido puede ser recobrado en varios portales de Internet, siendo los más conocidos:

En estos y otros sitios digitales se encuentran estudios generales sobre la obra, historia literaria e intelectual, estudios filosóficos, crítica psicoanalítica, crítica temática, deconstrucción, narratología, estilística, biografías y filmes. Pero el impacto más importante que la obra de Proust ha ejercido sobre sus lectores es que nos ha acostumbrado a esperar y recibir lo mejor de los escritores literarios. Los amantes de la lectura de Proust pueden tener la seguridad de que el autor es eterno, su culto no tiene fronteras y sus seguidores son incontables. Si creemos en lo mismo que él escribió, “…dicen algunos filósofos que el mundo exterior no existe y que es en nosotros mismos donde transcurre nuestra vida…”,2 formamos parte del universo que Proust creó. La obra es como un diamante tallado en múltiples facetas pero que con el tiempo, de su lectura y su estudio surgen nuevas facetas que se agregan y superponen a las iniciales para formar un universo tan rico y variado como el original universo proustiano. No hay manera de que el interés por la obra decaiga, porque la genialidad de Proust no se agota y la profundidad del contenido es tal que tendremos Recherche por unos cuantos siglos.

Este artículo es la última parte de la serie “En busca de Marcel Proust”, de la venezolana Flor Méndez, sobre el escritor francés y su obra cumbre, En busca del tiempo perdido. Lee aquí la serie completa.
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Notas

  1. G. Barbedette, “In Search of Lost Proust”, Magazine Litteraire, Nº 246, pp. 55-58, París, 1987.
  2. M. Proust, La fugitiva, pp. 166, Alianza Editorial, 1984, Madrid.