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Los códigos que rompen el molde

domingo 23 de julio de 2017
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Los códigos que rompen el molde, por Salvador Montoya
Un genuino liderazgo fomenta la generación de ideas frescas para lograr obtener resultados extraordinarios.

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Al decir del economista neoliberal venezolano Moisés Naím vivimos en una época donde muchos líderes y naciones sufren de “necrofilia ideológica” (Moisés Naím, Repensando el mundo, Cyngular Asesoría, Caracas, 2016, p. 105), en otras palabras: amor por las ideas muertas, ideas que fueron ejecutadas y resultaron ineficientes, improductivas. Por ello, un genuino liderazgo fomenta la generación de ideas frescas para lograr obtener resultados extraordinarios. Así que quien quiera acceder a esa dimensión de grandeza aplica los códigos que rompen el molde, los cuales se han puesto en práctica a lo largo y ancho de la historia humana.

 

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Dichos códigos tienen una vasta manifestación en las artes y en las ciencias, desde la gastronomía hasta el ocio creativo. En la música contemporánea también somos influenciados por esos códigos. Por ejemplo, León Larregui, el cantautor mexicano, vocalista principal de la banda de rock Zoé, en su segundo disco solista Voluma (2016) hace un registro de un alma sincerada ante sus amores. Con un sonido marítimo, de añejas distancias anímicas en olas y cascadas y recurrencias al bolero, al britpop, al funk, a la ranchera y sintetizadores a lo francés, nos cautiva con su lucha contra los demonios que quieren ahogarlo en la soledad, la melancolía y la anomia. Allí está planteado el primer código que rompe el molde: genera diversidad de respuestas a los desafíos que te rodean. Esos desafíos son las cinco experiencias originales y cumbres de la vida humana, aquellas que el filósofo español Miguel García Baró afirma en su libro De estética y mística: “Todas las grandes experiencias originales de la vida humana (la religiosa y la moral, la estética y la lógica, la interpersonal gozosa y dolorosa) se generan a partir de una como matriz común” (Miguel García Baró, De estética y mística, Salamanca, Editorial Sígueme, p. 18): experiencia moral, experiencia religiosa, experiencia del dolor y la muerte, experiencia de la belleza y experiencia de la comunión. ¿Cuáles son las respuestas, entonces, de Larregui a este conjunto de experiencias cumbres? Su Voluma puntualiza la creatividad, la innovación, el sentido de propósito, la dirección del corazón al buscar un amor, un hogar. Romper el molde elabora nuevos lenguajes.

 

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El teólogo brasileño Leonardo Boff sostiene: “Puede haber momentos de absoluta gratuidad en los que el hombre no se interroga: sabe que Dios actuó en su vida… Pueden acontecer momentos así en la vida de un hombre. Tal vez después de un largo proceso catártico; después de penosas crisis; quizás en el corazón de una vida alienada y pecaminosa. Dios puede surgir no sólo como pregunta o como respuesta al cuestionamiento inquieto del corazón, sino como diafanidad y evidencia” (citado por Armando Rojas Guardia, Obra poética, Mérida, Ediciones El otro el mismo, 2004, p. 73). El surgimiento de lo Divino ocurre: al buscar liberación de males internos y externos, al surgir de momentos cismáticos en la existencia, al tocar el fondo de una existencia baldía y confusa. Todas esas angustias y batallas nos son presentadas pero con humor y honestidad por la banda venezolana de trippy pop Rawayana, radicada en Miami. En su último disco, titulado Trippy Caribbean, Beto (vocalista principal de Rawayana) nos revela el segundo código que rompe el molde: decide por lo auténtico. Por ello, en la canción High, acompañados por Apache, rapero venezolano, exponen su ars: “Como en el arte lo hacía Dalí”. Lo auténtico sacudido en ritmos caribeños, para bailar, para gozar y pasarla chévere. En las letras y en los sonidos del disco en reggae, en bolero, en pop, declaran una y otra vez la búsqueda de lo auténtico. Porque romper el molde precisa un despojo de amarguras, de soberbias, de envidias y una investidura de amor, fiesta y celebración.

 

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Testifica con devoción el cantautor argentino Jorge Fandermole, en su clásica canción Oración del remanso, la verdad que rompe sus moldes: “Cristo de las redes, no nos abandones y en los espineles déjanos tus dones”. Así de sencillo: genera respuestas y decide por lo auténtico. Ya decía Epicteto: “La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad”. Todos los dones de lo Divino están dentro de nosotros; sólo hagamos que permanezcan y estén vivos en nosotros en canciones, en fiestas, en las maneras de liderar. De tal manera que amemos al Dios vivo en un corazón y en un mundo vivo.

Salvador Montoya
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