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Efraín uno y múltiple

martes 26 de noviembre de 2024
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Efraín Hurtado
Efraín Hurtado ponía el oído en los elementos naturales para abrir puertas a los absolutos del ser y del palpitar.
A Vero
Vengo de abajo
y halo hacia otro mundo

Efraín Hurtado; Pasos, escampos (1979)

1

Es sabido (porque el poeta Luis Alberto Crespo lo cuenta con cierta recurrencia) que justo el día de la muerte sorpresiva de su amigo Efraín Hurtado, éste debió entregarle unos poemas para publicarlos, y Luis Alberto Crespo fue aún con su luto muy sentido al apartamento del poeta calaboceño y allí, entre su ropa vacía y las menudencias de su memoria existencial, halló la poesía y la dio a conocer a todos. Esa es la misma exploración y viaje que nos demanda su obra: descubrir a Efraín uno y múltiple en su feracidad y en sus escampos por encima del dolor y de los olvidos.

Así se es uno.

Y así se es múltiple.

 

2

También se sabe que el genial escritor Adriano González León desconocía el llano y, habiendo luego visitado el llano en pleno verano y sintiendo los estragos del furor telúrico de esa época, el escritor andino regresó a la capital y por todos lados proclamaba: “Todo el llano es una mentira”. Y entonces fue que salió la voz de Efraín Hurtado y, en un éxtasis de brevedad oral y elegancia orgánica, desarmó el espejismo de González León y lo venció por todos lados haciendo la invitación más demoledora. Le decía Efraín Hurtado: “Usted y yo vamos los dos por estas riberas entreabrazados de palmas, adioses y matapalos...”. Si hay asombro y proyección universal en la Castilla de Machado, y en la Duino de Rilke y en la Sligo de Yeats, también hay epifanía del locus vivendi de nuestro llano como también lo hiciera Armas Alfonzo. Epifanía que rompe espejismos que todavía imperan en las academias, en los centros de difusión y en la cárcel de los algoritmos de la cuarta revolución industrial.

Así se es uno.

Así se es múltiple.

 

3

Se dice también que Efraín Hurtado decía que él tenía tres grandes maestros: Ángel Custodio Loyola, Pedro Emilio Sánchez y el veguero Ratia. Dos copleros y un místico del telurismo. Y así Efraín ponía el oído en los elementos naturales para abrir puertas a los absolutos del ser y del palpitar. En la poesía de Efraín Hurtado se sigue el oráculo de Enriqueta Arvelo Larriva: “Háblame ahora, llano. / Llegará a mi raíz tu voz sin grietas”. No era que Hurtado desconocía el río tradicional de nuestra poesía en la generación de 1918, de las certezas de la vanguardia de 1924, en la exuberancia de los viernistas y de la reacción hispanista de 1942. Hurtado conocía esas lides pero no quería grietas en su voz. Ese laconismo tenía una fragua espontánea. Por eso Hurtado no vivía el llano como un caso de provincianismo estéril sino como lugar de asombro universal. Con razón el abrazo de Faulkner con Gallegos en Caracas en 1961 emparentaba el sur profundo de los Estados Unidos de Luz de agosto con el llano profundo de Doña Bárbara. Por eso decía Elisa Lerner que esa fuerza de Faulkner dice tanto de nuestro telurismo. Porque el llano es condición humana, es paisaje como estados de ánimo y es mito universal forjado de tesitura.

Así se es uno.

Así se es múltiple.

 

4

Es sabido que Efraín Hurtado perteneció a la generación que formó Sardio y El Techo de la Ballena, que fueron decisivas para la introducción y expansión de nuevas vertientes artísticas en Venezuela. Pero él no se quedó en el claustro de esas hazañas sino que siguió la voz sin grietas. La voz de la hermandad. Con razón sabemos cuántos llevados por su luz fueron a su propia ciudad natal de Calabozo: por aquí pasaron Salvador Garmendia, Luis Alberto Crespo, Mateo Manaure y Luis Britto García, entre muchos otros. Se cuenta que en la pulpería de su papá se armaban las tertulias y las ideas y las celebraciones del arte y de los saberes presentes y próximos.

Así se es uno.

Así se es múltiple.

 

5

Cuenta Manuel Bermúdez que conoció a Efraín Hurtado recién llegado de París (Efraín Hurtado fue un antropólogo consumado y también políglota) y que andaba inmerso en los grandes autores como Foucault. Y en una de las clases de sociología dijo: “¡Dios ha muerto!”. Y los estudiantes creyeron que era el Anticristo. Sin embargo, cuando leemos su obra Transparencia del signo no hay búsqueda de ideologías trasnochadas. Hurtado proclama una antropología superior a “la sociedad tánato-tecnocrática”, a la sociedad de la aniquilación, a la sociedad del individualismo implacable. Es una antropología que supera las trabas del existencialismo de Heidegger, de los sesgos del estructuralismo eurocéntrico, de las miopías del neomarxismo, de los posicionamientos incompletos de la visión biologista y conductista. Hurtado diserta de las ciudades, de la transparencia y del signo. Porque el signo es combativo. Pues ya en su lenguaje golpea las raíces próximas del pensamiento posmoderno en ciernes. Hurtado porta el signo que vence opresiones, populismos y autoritarismos. Hurtado cultiva el signo de la soberanía cognitiva: superar “el anillo de espejismos” (Gallegos dixit), desarrollar “el tercer pensamiento” (Edgar Borges dixit) y cultivar “la pasión dispersa” (Elisa Lerner dixit).

Así se es uno.

Así se es múltiple.

 

6

Sabemos que parte de la biblioteca de Efraín Hurtado se donó luego de su muerte al Centro de Investigaciones de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela y también muchos de sus libros forman parte de la biblioteca del Ateneo de Calabozo (quizás me equivoco pero me gusta creerlo así). Y en esa siembra de ideas se une a la tradición local y universal de superación de la ciudad de Calabozo que se forjó con María de los Ángeles, con Romualdo, con Carlos del Pozo y Sucre, con Luis Sanojo, con Francisco Lazo Martí, con Miguel Emilio Palacio, con Antonio Estévez, con Ana Luisa Llovera, con Alberto Hernández y muchos más. Ideas como redes maestras que vencen los acechos de las nuevas oscuridades. Con mucha razón nos declaró Efraín: “Vengo de abajo / y halo hacia otro mundo”. Es ascender por encima de las bajezas y de los reduccionismos del pensamiento histórico que nos ha gobernado: el liberal, el cristiano, el socialista, el tecnocrático y el neoliberal. Porque con Efraín siempre halamos hacia otro mundo, el mundo de los que sueñan con la sabana en la sien.

Así se es uno.

Así se es múltiple.

Salvador Montoya

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