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Literatura ucrónica: ¿qué hubiera pasado si..?

• Martes 14 de agosto de 2018
Literatura ucrónica: ¿qué hubiera pasado si..?, por Fernando Chelle
Fotograma de El hombre en el castillo, serie televisiva creada por Frank Spotnitz y basada en la novela de Philip K. Dick.

Ficciones que especulan sobre los posibles caminos que hubiera podido seguir una sociedad si un determinado hecho histórico no se hubiera dado como en realidad se dio. Obras que parten de acontecimientos históricos verdaderos, conocidos por los lectores, pero los cambian, creando una realidad alternativa donde transcurre la ficción novelesca.

En colaboraciones anteriores a Letralia, escribí sobre dos modelos literarios que se han dado fundamentalmente dentro de la novela, que fueron muy importantes en diferentes épocas de la literatura y que, con sus variantes, se mantienen de alguna manera vigentes hasta nuestros días. Me refiero a la literatura utópica y a la literatura distópica.

El tema del presente artículo es la literatura ucrónica, obras que, al igual que los modelos estudiados, parten y toman como referencia una realidad concreta para la ficcionalización de otros mundos posibles, aunque los objetivos que buscan estos tres tipos de ficciones sean bien distintos.

La literatura ucrónica va a especular sobre los posibles caminos que hubiera podido seguir una sociedad si un determinado hecho histórico no se hubiera dado como en realidad se dio.

En el caso de la literatura utópica, veíamos cómo se trata de ficciones que describen el funcionamiento de un estado ideal, no localizado en un lugar específico, perfectamente pensado, tanto desde el punto de vista político como social, científico y en ocasiones religioso, donde los habitantes cuentan con una predisposición natural a aceptar las leyes y normas de convivencia. Decíamos que estos estados ideales de ficción se presentan como alternativos a los del mundo real y que los proyectos que se describen allí guardan relación con los que se encuentran en el mundo existente, son una herramienta utilizada por los autores para proyectar sus concepciones acerca de una sociedad ideal. Mediante la comparación, que se hace implícita al lector, entre lo existente y lo ficcional, está comprendida la crítica a lo establecido en el mundo real, son manifestaciones tendientes a mostrar la posible realización humana, a plasmar lo deseado, a trascender dentro de la ficción hacia mundos más justos y esperanzadores.

En el caso de las distopías, dijimos que son obras que se han considerado hijas bastardas de las clásicas utopías, o una especie particular de utopía de carácter negativo que surgió en las primeras décadas del siglo XX. Veíamos, también, cómo en estas obras el futuro aparece muy distinto a como lo habían soñado los utopistas clásicos. Las distopías comienzan siendo una respuesta a un determinado momento histórico muy especial que vivía la humanidad; la finalización de la primera guerra mundial, los regímenes totalitarios y el peligro nuclear entre otros. Las obras distópicas funcionan como una alerta a la sociedad sobre los totalitarismos, la pérdida de libertad, la masificación, la manipulación psicológica y la desindividualización, y muestran sociedades futuras alienantes, absurdas, carentes de libertad.

La literatura ucrónica, a diferencia de la utópica, no va a venir a plantear un modelo de sociedad ideal, ni tampoco, como lo hace la literatura distópica, va a proyectar una construcción social alienante, sino que va a especular sobre los posibles caminos que hubiera podido seguir una sociedad si un determinado hecho histórico no se hubiera dado como en realidad se dio. El resultado puede llegar a ser similar al de una utopía, al de una distopía o ser totalmente distinto a los de estos dos modelos de sociedades ficticias. Las obras ucrónicas siempre parten de acontecimientos históricos verdaderos, conocidos por los lectores, pero los cambian, los desvían y conjeturan, especulan sobre cómo sería la vida cotidiana en determinadas sociedades si cierto acontecimiento hubiera sido diferente; para esto crean una realidad alternativa donde transcurre la ficción. Los acontecimientos narrados no sucedieron en la realidad pero perfectamente podrían haber sucedido, de manera que la reconstrucción alternativa de la sociedad ucrónica es coherente y siempre está basada en la lógica de lo que podría haber pasado. Son narraciones que de alguna manera están emparentadas con la novela histórica, pero donde a partir de determinado punto los hechos referidos se desarrollan de forma diferente a como los conocemos. Son obras que parten de un postulado hipotético. Por ejemplo: ¿qué hubiera pasado si los dinosaurios no hubieran desaparecido?, ¿si el cristianismo no hubiera triunfado dentro del Imperio romano?, ¿si los pueblos originarios nunca hubieran sido conquistados?, ¿si John F. Kennedy no hubiera recibido ese disparo el 22 de noviembre de 1963?, ¿si Fidel Castro no hubiera triunfado en Cuba?, ¿si los Aliados hubieran sido derrotados por las llamadas potencias del eje en la segunda guerra mundial? En fin, los ejemplos se podrían multiplicar innumerablemente. Estas obras suelen tomar un punto específico, un evento histórico particular, y lo cambian, lo modifican, dando lugar al pasaje de una realidad histórica a una realidad ucrónica, ese punto que podría ser el hecho de que Kennedy no hubiera recibido el disparo, por tomar uno de los ejemplos señalados, se conoce como punto Jonbar, término creado por Geoffrey Hawthorne en su libro de 1991 Plausible Worlds: Possibility and Understanding in History and the Social Sciences, y que hace alusión al personaje John Barr, del autor de ciencia ficción Jack Williamson, quien en un relato de 1930 tenía que decidir por un guijarro o por un imán y de esa elección dependería el mundo al que se iba a acceder.

El primero en utilizar la palabra “ucronía” fue el filósofo positivista francés Charles Bernard Renouvier, quien la utilizó en su obra de 1876 Uchronie, l’utopie dans l’histoire (Ucronía: la utopía en la historia). Allí se imagina un desarrollo alternativo de la sociedad occidental, donde el cristianismo no triunfa en el Imperio romano, y la cultura clásica sobrevive otros mil años. Vemos cómo Renouvier hace referencia en el título de su obra también a la obra de 1516 Utopía de Tomás Moro y da a entender que una “ucronía” es una “utopía” en el tiempo. “Utopía”, compuesta del griego “οu” (no) y “topos” (lugar), sería “lo que no está en ningún lugar”, mientras que “ucronía” está compuesta por el griego “ou” (no) y “cronos” (tiempo), y significaría “lo que no está en ningún tiempo”.

Es importante no confundir las ucronías literarias con la teoría de los universos paralelos ni tampoco con ciertos estudios históricos conocidos como historia contrafactual.

Con la literatura ucrónica pasa algo similar a lo que sucedió con la literatura utópica. Recordemos que el nombre genérico de “literatura utópica” comenzó a utilizarse a partir de la obra de Tomás Moro, cuando en realidad en la historia de la literatura ya existían obras con las características de la del autor inglés. Con las ucronías sucede algo similar, porque si bien el término fue acuñado, como ya vimos, por Charles Bernard Renouvier en 1876, ya existían obras con la característica de alterar los acontecimientos históricos y ficcionalizarlos. Se considera que el capítulo IX de la Historia de Roma desde su fundación, escrita por el historiador Tito Livio en el siglo I a. C., es el primer texto que presenta características ucrónicas. Allí el historiador romano especula cómo hubiera sido el desarrollo de la historia conocida si Alejandro Magno hubiera iniciado sus conquistas hacia Roma, e imagina una guerra hipotética entre el imperio de Alejandro Magno y Roma en el siglo IV a. C. Otra obra de características ucrónicas que precede a la de Charles Bernard Renouvier es Historia de la Monarquía Universal: Napoleón y la conquista del mundo, escrita en 1836 por el francés Louis-Napoleón Geoffroy-Château, y donde vemos a un Napoleón que llega a ser emperador del planeta, comienza por conquistar Rusia en 1812, y luego va conquistando en sucesivas campañas el resto del mundo.

Por lo general son obras que transcurren en un presente alternativo, aunque la narración se sitúe en un momento histórico del pasado. Allí los autores ucrónicos especulan sobre cómo hubiera sido la historia si los acontecimientos tomaban otros rumbos; critican en muchos casos, de forma implícita, cómo se dieron las cosas realmente, y le dejan al lector un mundo de ficción para que inevitablemente establezca una comparación entre lo imaginado por el autor y la historia real que él ya conoce.

Es importante no confundir las ucronías literarias con la teoría de los universos paralelos ni tampoco con ciertos estudios históricos conocidos como historia contrafactual. La teoría de los universos paralelos, basada tanto en la matemática como en la física cuántica, implica la existencia de dos o varios universos que coexisten en un mismo tiempo de forma independiente y que se interconectan, de forma que existe la posibilidad de pasar de uno a otro de forma transversal, mientras que las ucronías transcurren en una única línea temporal, ficticia, y en un único universo. Por otra parte, los estudios académicos llamados historia contrafactual, si bien están muy próximos a las ucronías porque especulan sobre mundos alternativos, siempre parten de un estudio riguroso de la realidad histórica buscando comprender en primer lugar cómo no sucedieron las cosas para luego poder entender por qué los hechos se dieron de determinada manera, mientras que los autores de ucronías literarias no necesariamente tienen que ser tan rigurosos o específicos con los detalles históricos y tienen mucha más libertad para elegir el punto Jonbar que deseen para desarrollar su historia alternativa.

Uno de los temas más recurrentes en distintas ucronías es la especulación sobre qué hubiera sucedido si en la Segunda Guerra Mundial Hitler hubiera resultado victorioso.

Como dije cuando me refería a las características de las ucronías, los ejemplos sobre los que podrían trabajar los autores son múltiples y de hecho así lo han sido. Para terminar el artículo me referiré brevemente a dos obras paradigmáticas de la literatura ucrónica; en primer lugar haré referencia a una obra de 1962, El hombre en el castillo, del autor norteamericano Philip K. Dick, quizá la más conocida de las ucronías, y en segundo lugar a Watchmen, la novela ilustrada de Alan Moore y Dave Gibbons de 1985.

 

El hombre en el castillo

Uno de los temas más recurrentes en distintas ucronías, quizá por mostrar la materialización de una temida pesadilla, es la especulación sobre qué hubiera sucedido si en la Segunda Guerra Mundial Hitler hubiera resultado victorioso. Este tema es abordado por el autor norteamericano Philip K. Dick en El hombre en el castillo, donde el autor especula sobre la posibilidad de la derrota de los aliados en la guerra y la conquista y división del territorio norteamericano por parte de los japoneses y los alemanes, quienes han absorbido a la Italia fascista. La acción de la novela transcurre en 1962, el mismo año de su publicación, pero muestra un Estados Unidos muy distinto al real; los alemanes y japoneses han dividido el territorio en tres partes. Los alemanes se ubican en la costa este, mientras que los japoneses lo hacen en la oeste, quedando en la mitad del territorio una franja de estados autónomos, pero que a su vez están divididos en dos áreas de influencia, una japonesa y otra alemana. En esta ucronía los nazis continúan con su política de exterminio masivo pero se centran ahora en África e impulsan su expansión por el espacio, en tanto los japoneses tratan por todos los medios de adaptar a los norteamericanos a su cultura. Como se dijo anteriormente, en las ucronías los autores no sólo buscan especular sobre cómo hubiera sido la historia si los acontecimientos tomaban otros rumbos, sino que también de forma implícita critican como se dieron las cosas en la realidad. En este caso, Philip K. Dick, con la repartición que crea de Estados Unidos por parte de sus conquistadores, alude de alguna manera a la repartición que hicieron de Alemania los aliados. Estas comparaciones las podrá hacer fácilmente el lector estableciendo paralelismos entre lo ficcionalizado y lo real, fijándose si realmente las cosas hubieran cambiado demasiado de seguir otros rumbos. Otro tema presente en la obra es la muestra de una sociedad donde continúa el racismo, que el lector también podrá comparar si se aleja demasiado de lo que ocurría por esos años en la realidad norteamericana.

Un hecho curioso dentro de este universo de ficción es la presencia de una novela que circula de forma clandestina en la sociedad, titulada La langosta se ha posado, de un tal Hawthorne Abdensen, a quien sorprendentemente se le había ocurrido la “loca idea” de contar una historia alternativa a la que se vivía en esa sociedad, muy similar a la historia real, donde los vencedores de la guerra habían sido los aliados. Con esto Philip K. Dick crea una especie de juego de espejos, donde los personajes lectores de su ficción, al enfrentarse a la realidad alternativa de La langosta se ha posado, experimentan lo que nosotros sentimos al leer la realidad alternativa que se muestra en El hombre en el castillo.

 

Watchmen

Otra obra que transcurre dentro de una realidad ucrónica es Watchmen, la novela ilustrada de Alan Moore y Dave Gibbons. La acción transcurre en 1985 en Estados Unidos, donde sigue gobernando el presidente Richard Nixon luego de haber salido victorioso de la guerra de Vietnam gracias a los poderes del Doctor Manhattan. Este personaje, llamado Jon Osterman antes de convertirse en superhéroe, fue utilizado por el gobierno norteamericano como un arma de guerra. Luego de un accidente que sufrió el reconocido físico nuclear Osterman en el año 1959, cuando quedó atrapado en la sala del Campo Subtractor Intrínseco, logró obtener poderes sobre la materia. El gobierno norteamericano inventó la fachada de un funeral y puso a su servicio los poderes de este superhéroe, a quien veían como un dios y un arma mortal. Lo llamaron el Doctor Manhattan para atemorizar a los enemigos de Estados Unidos. En un momento de la novela, el Doctor Manhattan recuerda cómo en enero de 1971 el presidente Richard Nixon lo utilizó en la guerra de Vietnam, donde sólo le bastó una semana para acabar con el enemigo. En 1985, tiempo en que transcurre la acción de la novela, todos los superhéroes habían sido ilegalizados en Estados Unidos, menos el Doctor Manhattan y El Comediante, otro superhéroe que es asesinado al comienzo de la narración. El Doctor Manhattan es el instrumento de guerra principal que tiene Estados Unidos para resguardarse de las amenazas enemigas y lo utilizan para frenar el avance de la Unión Soviética, ya que las dos naciones se encuentran al borde de una guerra nuclear.

Este artículo forma parte del libro Las otras realidades de la ficción (Colombia, 2016).
Blog del autor: Palabra escrita.

Fernando Chelle

Fernando Chelle

Escritor uruguayo (Mercedes, 1976). Autor de los libros Poesía de los pájaros pintados (2013), Curso general de lectoescritura y corrección de estilo (2014), El cuento fantástico en el Río de la Plata (2015), Muelles de la palabra (2015), Las otras realidades de la ficción (2016), El cuento latinoamericano en el siglo XX (2016), SPAM (2017) y Las flores del tiempo (2018). Ha formado parte de diferentes antologías poéticas. Sus poemas, ensayos y críticas literarias se han publicado en revistas, periódicos y portales literarios de numerosos países. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano y al portugués. Es cónsul, en Uruguay, del Parlamento Internacional de Escritores de Cartagena; coordinador, en Cúcuta, del Parlamento Nacional de Escritores de Colombia y miembro de la Asociación de Escritores de Norte de Santander. Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Ensayo Literario (Colombia, 2017), el Premio Regional de Periodismo (Colombia, 2017) y el Premio Internacional de Poesía Caños Dorados (España, 2017). Es coordinador del Laboratorio de Escritura Palabra Escrita, en la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS), y forma parte del programa radial Diáspora, que se emite todos los jueves y domingos por la UFPS Radio 95.2 FM.
Fernando Chelle