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La guerra de los futuros
Historia de las ideas sobre los futuros de Venezuela

martes 25 de junio de 2019
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“Metrópolis” (1927), de Fritz Lang
País que discute sus posibles futuros produce la inteligencia y el esfuerzo para escoger el mejor de ellos. Fotograma de “Metrópolis” (1927), de Fritz Lang
Para conocer el futuro de un pueblo, leamos la historia que escribe.
Luis Britto García
La historia se inventa, el futuro se recuerda.
Sabiduría quechua
Yo soy el alfa y el omega, principio y fin.
Apocalipsis 1.8

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Cuando era niño fui escogido por mi escuela a dar una visita junto a otros compañeros al Museo de los Niños en Caracas. Fue un viaje magnífico, deslumbrante, enriquecedor. En el museo fuimos llevados por la ciencia y la tecnología a saberes importantes de nuestro día a día, a explorar los misterios del universo y de la electricidad. Se nos habló de que un espejo, en cámaras, podía captar nuestra imagen y decirnos cómo nos veríamos cuando estuviésemos viejos. Eso fue sorprendente. Era una manera de acercarnos el futuro y saber qué haríamos con el tiempo de nuestra vida. Porque ninguna persona, ninguna cultura, ningún país puede avanzar sin tener un proyecto, que es otra forma de decir que tiene un futuro diáfano. Y ese museo no era de cosas muertas, sino del alma viva de los conocimientos, de los destinos personales y colectivos. Por tanto, cada día nosotros debemos visitar el museo presente de nuestros futuros para no perder la brújula de quiénes somos.

 

Los predicadores del país ideal, los que se proyectaban en el futuro, quieren “despertar conciencias, acicatear voluntades, pedir remedios”.

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El intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, en su famoso ensayo La prédica del país ideal,1 propone una lectura interesante de cómo los venezolanos a través de la historia hemos proyectado nuestras visiones sobre el futuro de la propia cultura criolla. Uslar Pietri afirma que esta prédica del país ideal, el país futuro, está ya planteada en el padre Aguado, en su Historia, escrita por 1575, cuando el religioso establece “lo infeliz” que era la vida del país. Más adelante, el también religioso Oviedo y Baños, en su Historia escrita por 1723, comunica que nuestra tierra tenía todos los recursos para ser productiva pero faltaba “la aptitud” para realizarlo. Luego los pensadores de la independencia demandan transformaciones al orden colonial, nos empujan hacia una mentalidad republicana. Para desembocar en un debate por el liberalismo y la federación que se encuentra con los modelos del positivismo y el gendarme necesario. Para el siglo XX, con la muerte de Gómez, buscamos una democracia representativa, mayores libertades, mayores estructuras para prosperar. Salir de la monoproducción. Nos encontramos con el petróleo y fuimos a dar con otras realidades. Pero siempre los predicadores del país ideal, los que se proyectaban en el futuro, quieren “despertar conciencias, acicatear voluntades, pedir remedios”, cambiar el país real por uno mejor proyectado en el porvenir.

 

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El historiador alemán Lucian Hölscher, en su libro editado en 1999 El descubrimiento del futuro,2 revela que la idea del futuro es una idea reciente que se da a mediados del siglo XVIII. No es que antes no se pensaba en el futuro sino que se dejaba al azar, y por otra parte el sistema de vida ya establecía tu orden de rol sin que hubiese cambios totales. Entonces a partir de ese siglo el hombre comienza a pensar en la presencia de genuinas ideas del futuro porque lo ve y lo proyecta en un lugar y espacio coherente en la línea temporal de la historia y porque también es un sujeto activo en la historia, se hace dueño de su destino, se puede labrar un futuro. Así que Hölscher divide en cuatro largos ciclos las ideas del futuro entre 1770 y el siglo XXI. Pues el hombre se hace próspero y sabio porque plantea futuros estratégicos.

 

Nadie puede avanzar sin saber gobernar con poder el peso del pasado, la presión del presente y la atracción del futuro.

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El investigador paquistaní-australiano y profesor en Taiwán Sohail Inayatullah3 ha establecido una herramienta poderosa para configurar nuestro pensamiento prospectivo. Inayatullah ha creado el “futures triangle” (el triángulo de los futuros), donde demuestra que los futuros más próximos dependen de: el peso del pasado (¿qué cosa me quiere atrasar o se interpone en mi proyecto? ¿Cuáles barreras me impiden cambiar? ¿Cuáles son las estructuras más profundas que detienen la transformación?), la presión del presente (¿cuáles son las tendencias que nos empujan a ciertos y particulares futuros? ¿Cuáles dispositivos cuantitativos y tendencias están cambiando el futuro?) y la atracción del futuro (¿qué nos está llevando hacia ciertos y particulares futuros? ¿Cuáles son las visiones atractivas del futuro… el “no puedes ir” allí? ¿Son competitivas las visiones del futuro?). Los resultados del choque entre esas puntas generan los posibles futuros. Porque nadie puede avanzar sin saber gobernar con poder el peso del pasado, la presión del presente y la atracción del futuro. Y ese triángulo del futuro se revela en todos los campos de la cultura y de la ciencia.

 

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Veamos cómo la historia de las ideas sobre los futuros de Venezuela se manifiesta en la literatura de ciencia ficción. El planteamiento de la historia de las ideas se vincula con la necesidad de comprender y estudiar las concepciones y teorías que configuran e interpretan el hombre y su formación en un momento dado. Es la hermenéutica de la mentalidad. El investigador venezolano Richard Montenegro, en su extensiva glosa “La extraordinaria historia de la literatura fantástica en Venezuela”,4 nos provee una panorámica sobre las narraciones futuristas de nuestro país. Desde el cuento escrito en 1891 de Juan Vicente Camacho del ahorcado resucitado a través de métodos galvánicos pasando por las textos de extranjeros que toman a nuestro país como escenarios de luchas en el futuro. También Richard Montenegro nos habla de joyas literarias (por sus argumentos y por ser pioneros) de muchos venezolanos en historias que tienen una simbología poderosa. Por ejemplo El trono de Amalivac, del llanero Celestino Peraza, editada en 1909. O en 1933 que sale una novela del cumanés Federico León llamada El retorno de Eva, donde vislumbra para el año 2011 una Venezuela gobernada por las mujeres y con un alto desarrollo tecnológico. Hay una novela llamada La Salamandra escrita por Berroeta por los años 70. La historia cuenta lo que ocurre en un minuto: sólo que los acontecimientos van desde la prehistoria hasta el siglo XXII. Hay películas donde se muestra el futuro distópico, animes japoneses, cómics. Porque país que discute sus posibles futuros produce la inteligencia y el esfuerzo para escoger el mejor de ellos.

 

El futuro está en la contundente respuesta de los líderes a los desafíos que su sociedad les presenta.

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Por tanto, cada generación ve el futuro de acuerdo a sus desafíos, y de tales retos emergen los liderazgos históricos que los enfrentan. En Venezuela tres escritores como profetas de su cultura vislumbraron futuros que nos invitan a reflexionar y a luchar. Enrique Bernardo Núñez, en su novela La galera de Tiberio, denuncia un porvenir de dominación por parte de un país sobre el nuestro. Eso fue escrito por el año de 1938. Cincuenta años más tarde, el psiquiatra Francisco Herrera Luque visualiza en su novela 1998 una Venezuela subyugada por el fárrago y la desintegración interna. En 2006 publica Gabriel Jiménez Emán Averno, una novela sobre una Venezuela de rodillas ante un macroimperio de consumismo. Por consiguiente, el futuro está en la contundente respuesta de los líderes a los desafíos que su sociedad les presenta.

 

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Todas esas obras de ciencia ficción venezolanas en más de cien años ininterrumpidos de producción literaria son obras del museo que todos los días debemos los venezolanos visitar para transformar nuestra visión de quiénes somos y de quiénes seremos. Como proclamó Jesús de Nazaret: “Yo soy el alfa y el omega, principio y fin”. Es alfa y omega de futuros, principio y fin de futuros.

Salvador Montoya

Notas

  1. Arturo Uslar Pietri, Cuarenta ensayos, Caracas, Monte Ávila Editores, 1990, pp. 203-210.
  2. Lucian Hölscher, El descubrimiento del futuro, Siglo XXI, 2014.
  3. Sohail Inayatullah, “Six pillars: futures thinking for transforming”. En: Foresight, volumen 10, Nº 1, 2008. Consulta: 15 de marzo de 2019.
  4. Richard Montenegro, “La extraordinaria historia de la literatura fantástica en Venezuela”. En: Arteliteral, 2017. Consulta: 15 de marzo de 2019.
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