
Cielito, cielo que sí.
Guárdense su chocolate.
Aquí somos puros indios.
Y sólo tomamos mate.
Bartolomé Hidalgo
A Bartolomé Hidalgo se le considera, en ambas márgenes del Plata, el padre de la poesía gauchesca. Sin duda, es un autor esencial para poder comprender las gestas patrias; en la República Oriental del Uruguay es considerado el primer poeta que canta a la patria por medio de la denominada Marcha Nacional Oriental.
La misma se compuso con motivo de la conmemoración y festejo del armisticio firmado entre Buenos Aires y el virrey de Montevideo, Francisco Javier de Elio, el cual permite la retirada del ejército sitiador de la hoy capital uruguaya.
Pasan los años y viaja a Buenos Aires, tierra del origen de sus padres; allí Bartolomé pasará una vida marcada por las carencias, sobrevivirá vendiendo sus cuartetas y composiciones, en ese periodo generará sus obras más destacadas, los Cielitos y diálogos patrióticos.
Según el antropólogo uruguayo Daniel Vidart, el género gauchesco encontró continuadores cuando el gaucho ya vivía su extinción. Lo considera el mensaje poético de hombres con formación y mentalidad urbanas que imitan la sintaxis, los tropos y el habla de los poetas rurales, analfabetos e indoctos.
Estos relatos tienen como paisaje central el campo y obvio es decir que sus personajes de los mismos son sus pobladores. En el caso de Bartolomé Hidalgo, éste no era gaucho, pero la precisión con que da a conocer al hombre de campo es extraordinaria, utiliza incluso sus canciones como elemento propagandístico en la guerra de Independencia y su obra contribuyó a elevar la reputación de ese habitante del campo rioplatense.
El primer retrato del gaucho aparece en la obra de Hilario Ascasubí titulada Santos Vega:
El gaucho es el habitante de los campos argentinos, es sumamente experto en el manejo del caballo y en todos los ejercicios del pastoreo. Por lo regular es pobre pero libre e independiente a causa de su misma pobreza y de sus pocas necesidades; es hospitalario en su rancho, lleno de inteligencia y de astucia, ágil de cuerpo, corto de palabras, enérgico y prudente en sus reacciones, muy cauto para comunicarse con los extraños, de un tinte poético y supersticioso en sus creencias y lenguaje, y extraordinariamente diestro para viajar solo por los inmensos desiertos del país, procurándose alimentos, caballos y demás con sólo su lazo y las bolas.
Según el investigador uruguayo Ángel Rama, en su obra Los gauchos políticos rioplatenses, es posible la distinción de tres fases en el desarrollo de la poesía gauchesca: Bartolomé Hidalgo (1788- 1822), la segunda etapa representada por Hilario Ascasubí (1807-1875), y la tercera fase denominada “de agotamiento” está representada por el Fausto (1866) de Estanislao del Campo.
Aunque otros investigadores como Josefina Ludmer consideran que la última fase culmina con el Martín Fierro II (1879) de José Hernández. Es que, literaria y sociológicamente hablando, Hernández en el prólogo de 1872 testimonia la futura extinción del gaucho: “Al paso que avanzan las conquistas de la civilización, (el gaucho) va perdiéndose casi por completo”.
De ahí que su obra cierra de forma definitiva el género de la lírica gauchesca. Las siguientes novelas que producirá el género representarán a un tipo idealizado que sólo vive en la imaginación y el pasado de los autores, o un tipo degenerado que no se adapta a los nuevos tiempos, a los nuevos modos de vida, como lo muestra en su obra el escritor uruguayo Javier de Viana.
En la época contemporánea, en la década de los 70 del siglo pasado, Juan Filloy, autor argentino, escribe en la saga de los Ochoa, en el cuento final, un texto en el que maneja la dualidad civilización-barbarie, que en su momento manejara Domingo Faustino Sarmiento, y le da “el tiro de gracia” al gaucho protagonista de la literatura gauchesca y a ésta:
En materia de doma de potros, los salvajes somos nosotros, no los mapuches chilenos que ocuparon hasta 1879 la mitad de la Argentina. Los indios (...) no domaban al bagual, lo amansaban (...). Ya no hay indios en nuestra tierra ni gauchos errantes en ella.
Porque, ni bien el gaucho se apeó y se sentó ante una mesa y comió con cuchara y tenedor, se hizo peón. Es decir, obrero rural. Es decir, “ciudadano argentino”. Y como estamos refiriéndonos a la lírica gauchesca del Río de la Plata, le agregamos “oriental” o “ciudadano uruguayo”. Con gran placer comparto el poema de mi autoría titulado “Gaucho del Uruguay”.1
Gaucho del Uruguay
Gaucho mítico e inmortal
naciste del mestizaje
en nuestra Banda Oriental.
Este suelo está honrado
de que acá fuiste gestado
y algunos de sus pintores
en sus obras te plasmaron.De chiripá colorado
te pintó Juan Manuel Blanes
y con golilla celeste
lo hizo el maestro Figari.“Huachu”
raíz de tu nombre
que portas con gallardía.El que también suena fuerte
en tierras vecinas,
hermanas a la mía.Montado en un potro brioso
nunca tendrás rival
en las labores camperas
ni en las luchas por el páis.Fuiste rey de vaquerías
hoy tu imagen ancestral
es el símbolo perenne
de nuestra tierra
la República Oriental del Uruguay.
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Notas
- El poema “Gaucho del Uruguay” fue pintado por el artista plástico uruguayo Carlos Giacoya e integra la colección “Homenaje a los poetas uruguayos”, de la que forman parte, entre otros, poemas de Mario Benedetti, Idea Vilariño, Osiris Rodríguez Castillo, el Poeta de la Patria Juan Zorrilla de San Martín, Raúl Iturria y Elías Regules.


