
Justo frente a la Experiencia Maltesa y en la otra esquina la histórica Enfermería de los Caballeros de la Orden de San Juan de Malta, que impresiona por su belleza interior —sobre todo la de su pasillo central—, nos encontramos en el perímetro de la zona del histórico Fuerte de San Elmo (patrón de los marineros), que protege las entradas a Marsamxett y el Gran Puerto de Malta. Estas instalaciones de la gran fortaleza resistirían el Gran Asedio de los turcos en 1565 durante un mes (ya citamos a Dragut en el artículo de Sliema). La gigantesca construcción fue levantada por los caballeros in situ; o sea, allí mismo iban excavando la roca que luego utilizaban para los baluartes, de tal forma que los muros sobre los que se posaban esas moles pétreas se convertían en verdaderos farallones de roca viva que impedía el acceso y dificultaban los ataques.
Es cierto que la visita al Museo de la Guerra no incluye la totalidad de la fortaleza que tanto trabajo dio a los que intentaron hacerse con ella y así tener el control total de la isla, pero una buena parte acoge las instalaciones del National War Museum, que rinde un sentimiento de gratitud hacia el pueblo maltés durante la II Guerra Mundial; se puede contemplar el biplano Gloster Gladiator (bautizado Faith o Fe, el único de los tres intrépidos aparatos cuyos pilotos se enfrentaron a la aviación italiana en 1940 y les creó verdaderos problemas), el jeep Husky utilizado por Eisenhower y Roosevelt e infinidad de otros restos de aviones y multitud de artefactos de aquellos sangrientos enfrentamientos. Allí encontramos la réplica de la Cruz de San Jorge que le concedió el soberano Jorge VI a título colectivo a todo el pueblo maltés por la heroica defensa durante la contienda mundial.

Tras superar el torniquete de entrada, lo primero que nos encontramos, después del primer mirador, es una extensa colección de plafones con profusión de imágenes que enmarcan los momentos más sobresalientes de los siete mil años de historia insular y, desde los ventanucos, podemos otear el horizonte e imaginar la tensión acumulada por los allí estacionados ante la presencia enemiga.
Si de niño consumió los tebeos de Hazañas Bélicas (en mi caso los compraba en el Carrillo de Paquita la de la Trucha), sin duda se encontrará con su infancia u adolescencia ante la ingente cantidad de artefactos militares e imágenes que ese magnífico museo alberga para deleite del visitante. Curiosamente, el día de visita lo encontré prácticamente sin gente a pesar de ser uno de los más populares de todo el archipiélago, quizá porque está al final de la península o bien porque los cruceristas ya habían iniciado el retorno a los aposentos de esos gigantes del mar.
El museo, tras haberse sometido a una profunda restauración, se reabría en mayo de 2015. Dicen, los folletos y los guías, que sorprendió a propios y extraños, sobre todo para los que podían hacer comparaciones y descubrían que estaban contemplando unas colecciones generosamente ampliadas y rediseñadas para una mayor comprensión por parte del público visitante.

Recordemos que Saint Elmo resistió al asedio turco durante 31 días de constantes bombardeos, fue reconstruido y ampliado en 1567, con sucesivas reformas, ampliaciones y usos, tanto por los caballeros como por la larga presencia de los británicos hasta alcanzar la independencia. Los turcos perdieron en esos enfrentamientos ocho mil hombres, y entre ellos estaba su belicoso jefe Dragut Rais; los defensores contabilizaron mil quinientas bajas, 130 de las cuales eran de los mismos caballeros. Al final de aquel sangriento momento de la historia dos tercios del ejército otomano perecieron en esa épica batalla entre cristianos y musulmanes.
Para finalizar, señalar que, a pesar de ser Malta uno de los países más pequeños de la Unión Europea, tenemos casi medio centenar de museos que harán las delicias de los aficionados a la cultura, esa rara avis que, a veces, se interesa por saber de dónde venimos y que le gusta indagar en los posos de los milenios de historia humana. Sólo hay que buscar el museo o el tema que nos atrae, seguro que en Malta encuentra algo que captará su atención y, como no son mastodónticas colecciones —como las del Museo Británico o el del Vaticano—, con un par de horas tendremos tiempo más que suficiente.

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