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Joker: la teatralización y la mímica de la sociedad del espectáculo

lunes 14 de octubre de 2019
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“Joker” (2019), de Todd Phillips, con Joaquin Phoenix, Zazie Beetz y Robert de Niro
Joker es, toda ella, una sola gran escena, todo un movimiento del mimo que se burla del espectador. Disponible en Amazon
Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios
al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador,
que no hubiera debido engendrar semejante basura.

Isidore Ducasse

Joker
Dirigida por Todd Phillips
Fecha de estreno: 4 de octubre de 2019
Guion: Todd Phillips y Scott Silver
Reparto: Joaquin Phoenix, Zazie Beetz y Robert de Niro
País: Estados Unidos

Qué es Joker. Para muchos ya es la mejor película del año; también una crítica social, política, económica y médica.

Aristóteles, dentro del desarrollo de su ética de los fines, explica qué es la felicidad. La idea general radica en decir que el ser humano está en este mundo para ser feliz. El ser, en la tradición de la filosofía griega, encarna la sustancia, la univocidad y el concepto de un modo de ser universal para toda la raza humana. En la ética aristotélica ser feliz o la felicidad es un fin, no un medio, una cualidad del carácter y de la capacidad reflexiva y racional construida mediante el deber ser. Arthur Fleck es un hombre ético; el móvil de sus acciones, en principio, era el deber ser. Esto se modifica conforme la historia continua y una serie de hechos perturban sus pasiones. Pese a tener una vida marginada, aislada, sin amigos y convivencia, salvo el vínculo que tiene con Penny Fleck, durante mucho tiempo confió en su carácter ético y civil, incluso en la sociedad como otro ser ético, independientemente de las enfermedades que sufría, que lo obligaban a soltar una risa incontenida. El protagonista trabaja como payaso en un negocio que presta sus servicios a centros hospitalarios y anuncios a comercios menores. Se dibuja un hombre cuya vida, desde su nacimiento, se ha visto marcada por el maltrato, la abyección, el sufrimiento, el dolor; en otras palabras, la exclusión emocional, sentimental, social, económica y vital. En términos sociales, este paria representa a un promedio de la población mundial, pero económicamente puede vincularse con la invisibilidad y la restricción a la cual muchos estamos obligados.

Qué es Joker. Para muchos ya es la mejor película del año; también una crítica social, política, económica y médica, ciertamente lugar común porque ahora toda creación artística es vista como crítica. Esto puede ser parcial o completamente probable, pero no sé si esa haya sido la intención del director y guionista. La producción puede ser analizada, por lo general, sociológicamente, especulando de qué modo la sociedad obliga nuestro comportamiento hacia el mal. Algo que Jean-Jacques Rousseau, en El contrato social, dice, a saber, el ser humano nace libre y feliz, pero la sociedad lo corrompe. Esta justificación oscila entre la permisividad de la injusticia hasta la negación de que el ser humano es incapaz, en sociedad, de lograr una ética aristotélica. Por otra parte, el psicoanálisis y el estructuralismo permiten comprender cómo la ciencia médica y los centros clínicos y hospitalarios condicionan y enjuician el comportamiento sano, y lo contrastan con aquello que podría ser denominado insano o enfermo. Entender que la enfermedad debe ser incorporada a los diversos modos de vida social. Las críticas sobre esta película transitan entre una y otra forma de reflexión. A mí, de otro modo, me interesa pensar toda la obra como una gran representación teatral y mimética de la sociedad del espectáculo en la que vivimos.

“Joker” (2019), de Todd Phillips, con Joaquin Phoenix, Zazie Beetz y Robert de Niro
En Joker es claro el guiño al arte de la mímica, por un lado a Charles Chaplin y, por otro, a Marcel Marceau. Disponible en Amazon

Joker es, toda ella, una sola gran escena, todo un movimiento del mimo que se burla del espectador, ironiza sobre el morbo de las personas que miran detrás de la pantalla. La ira no es menos un gesto ominoso que cómico; la sociedad del espectáculo sería, entonces, todo el escenario preparado en el cual el Joker se vuelve público y Arthur, al darse cuenta de eso, decide abandonar su personalidad para parodiar eso que la sociedad gusta ver: dolor, muerte y sangre. Esa crítica es un montaje, una representación, es el espectáculo que a las personas les gusta ver, porque esto no sólo somete, sino que sacia sus pasiones. La economía neoliberal sustituye el ser por el tener, y esta posesión se convierte en el microteatro ambulante e individual que quiere y gusta ser visto por los demás en la gestualidad del nuevo criminal de Gotham; el ansía de mostrar y/o exhibir lo que, a veces, no se tiene. Al mismo tiempo que este proceso del performance se realiza, ocurre otro movimiento igualmente caótico y trágico, la construcción del personaje, la realización del enemigo de Batman. Arthur pasa de ser un payaso invisible, ridículo, tímido, humanizado por las humillaciones que padece, melancólico, diría un arlequín, a un payaso extrovertido, que domina el cuerpo para expresar emociones, sarcástico, vengativo, un bufón, aquel que sirve, justamente, para divertir a la corte. Nosotros, como espectadores, en ese montaje de la sociedad del espectáculo, seríamos esa falsa corte que la economía capitalista nos supone creer, la sustitución del ser por el tener.

La liberación de Arthur es el símbolo del hartazgo de la sociedad contemporánea en la que vivimos.

El valor más importante de la cinta, entre otros, consiste en su fundamento y alta sublimidad de la trama como expresión del teatro y la mímica. Joaquin Phoenix, quien da vida a Arthur Fleck, encarna el valor artístico del teatro para el cine, algo visto muy poco en nuestro tiempo, hasta el grado de hacer de esta película una obra cuyo protagonista podría ser el teatro mismo, un film sobre la dramaturgia. La fuerza de esta película es el teatro. En contraste, la mímica contiene, en distintos momentos de la historia, el lado perverso y malicioso; estos actos miméticos o escenificaciones silenciosas son los instantes por los cuales Arthur sufre los desplazamientos de personalidad hasta la realización definitiva del Joker; la mímica también es, por tanto, un elemento visual que presenta la naturaleza de la sociedad del espectáculo: la construcción del Joker, el desplazamiento de Arthur hacia su máscara es disfrutada por el espectador, quien ve la película; el consumidor, la sociedad entera, desea ver cómo aquel que sufre y padece injusticias y humillaciones debe cobrar venganza y, en efecto, lo hace y eso mismo se celebra por la sociedad civil quien ve en este nuevo personaje un ídolo. El mal que causa furor y empatía entre la sociedad es un efecto real y latente en nuestras sociedades contemporáneas de tal suerte que muestran que somos incapaces de actuar conforme a las éticas socrática y aristotélica. Dentro de las escenas, la victoria del bufón exhibe, simultáneamente, su valor de héroe y antihéroe.

Existe otro momento manifiesto, que expresa este mismo fenómeno, cuando invitan a Arthur al célebre programa de Murray Franklin. Quien antes fuera totalmente invisibilizado y oculto por su propia familia natural, lo que antes era anónimo ahora se convierte en algo público, visto: se convierte, de un modo, en una exhibición. La breve conversación entre el Joker y Franklin es el momento crucial del drama, porque no sólo se efectúa una escena violenta frente a la sociedad, que observa a través de la televisión (la sociedad del espectáculo), sino que se presenta su crítica y ética a la sociedad: a las personas no les importa qué suceda con el otro y hay que hacer lo que la gente quiere ver. “Todo lo que es consciente se desgasta. Lo que es inconsciente permanece inalterable, pero una vez liberado, ¿no cae a su vez en ruinas?” (Freud). La liberación de Arthur también es el símbolo del hartazgo de la sociedad contemporánea en la que vivimos; la posmodernidad, así la denominan muchos, es el horizonte de vida por el cual la gente mira lo que los demás quieren que miremos. La derrota de Arthur es la derrota social, la muerte de Arthur y el agasajo del nacimiento del Joker son síntomas del fracaso de la economía que simula el bienestar.

Ahora bien, no cabe duda de los contenidos políticos que pueden identificarse, pero eso, me parece, obedece más a las exigencias a las que se vio obligado el director para vincularla con la historia de Batman. No es menos cierto que esta obra cinematográfica exhibe un malestar social y vital, pero eso es así, justamente, por lo que el Joker pone en juicio: los sentimientos de bondad y empatía de los seres humanos. Nuestras sociedades contemporáneas apelan más a la satisfacción de las pasiones. Por último, además del enorme homenaje construido al teatro a través de las varias escenas de baile, danza y drama, es claro el guiño al arte de la mímica, por un lado a Charles Chaplin y, por otro, a Marcel Marceau.

Fernando Salazar Torres

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