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Para cuándo un renovado “Aullido”

jueves 27 de febrero de 2020
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Allen Ginsberg
“Aullido”, de Allen Ginsberg, es un grito de dolor y rabia, una denuncia que reúne y encumbra la voz de quienes no están de acuerdo con el sistema.

Miembro de la generación beat. Junto con Jack Kerouac, William. S. Burroughs, Lucien Carr y algunos otros, Allen Ginsberg vivió en aquella sociedad norteamericana permeada por el turbio ideal de libertad y felicidad que se cimentó a la luz de los preceptos consumistas.

Una de las denuncias más diáfanas y fieles a los ideales beat se encuentra en el poema “Aullido”, compuesto por el escritor Allen Ginsberg.

Tras el fin de la segunda guerra mundial, Estados Unidos se potenció económica y militarmente, hecho que impactó positivamente en la sociedad de la época, pues la insatisfacción y tristeza emanados de la depresión económica a que se vieron sometidos a finales de los años veinte y principios de los treinta había calado a profundidad en el seno de la comunidad y había surtido efectos económicos, políticos y sociales altamente negativos.

Pero la terminación del conflicto mundial, la salida triunfante de la guerra y su glorificación como sociedad perseverante, los sumió en la idea de ser los fieles representantes de la “sociedad de la abundancia”. A diferencia de los países europeos, rezagados tras ciudades derruidas y gobiernos sin brújula, la economía norteamericana engendró la catapulta de su victoria: la tasa de desempleo se redujo drásticamente, la industria —bélica en principio— emprendió un proyecto de producción de bienes de consumo en “favor” de la sociedad que, tras el desarrollo gubernamental de programas de vivienda estable y a bajo costo, empezó el desplazamiento desde las grandes urbes hacia zonas rurales en donde los esperaba un hogar equipado con todas las comodidades para llevar una vida aparentemente tranquila y sin desasosiegos. Ello se tildó como el “American way of life”, una quimera que, a juicio de la generación beat, buscaba normalizar la sociedad y escondía un trasfondo político, social y económico nefasto, bajo el manto de seguridad y tranquilidad que generaba el consumo. Una distopía.

Ante tal engaño, la generación beat actuó —parafraseando algunas ideas de Cortázar— como el escritor que abre los cajones que los padres siempre prohibieron a los hijos abrir, como el recuerdo que se rehúsa a ser inmortalizado. Los conflictos internos —la discriminación racial, la marginación y a veces exclusión de grupos minoritarios como los inmigrantes o “los pobres”, quienes según la ideología originaria no podían hacer parte de la tierra de las libertades u oportunidades, del sueño americano—, fueron desmantelados en el arte beat para levantar y combatir el bálsamo que había hipnotizado a la sociedad. En efecto, el ideal vendido a nivel global de Estados Unidos como nación próspera y venturosa fue la causa inicial para que emergiera de los confines del país un grupo de artistas e intelectuales que, hundidos en la cochambre de una inspiración letárgica, buscaron poner en evidencia lo que se ocultaba tras bambalinas. Una de las denuncias más diáfanas y fieles a los ideales beat se encuentra en el poema “Aullido”, compuesto por el escritor Allen Ginsberg.

Ginsberg nació en Nueva Jersey el 3 de junio de 1926. La educación e ideología familiar incidió altamente en los pensamientos que posteriormente defendió. Su padre, Louis Ginsberg —poeta y maestro de escuela—, posiblemente lo indujo a la poesía, y su progenitora, de ascendencia rusa, Naomi Livergant, lo llevó a escudriñar los senderos del comunismo. El talento y la dedicación artística e intelectual de su familia no fue razón suficiente para que Allen llevase una vida plena y holgada económicamente. Fue a la Universidad de Columbia, en donde encontró amistades que guiaron y catapultaron su pensamiento. Junto a Kerouac y Burroughs, advirtió que el sistema de su país absorbía y automatizaba a las personas —a la misma juventud—, al punto de volverla conformista y adicta al consumo; de allí que el mero hecho de tener un éxito material y/o económico se forjaba como un imperativo cultural.

Dichas consecuencias, imputables al sistema que moldeaba al mundo, adentraron a Ginsberg en una pacifista pero incesante lucha en contra del establecimiento —hecho por el cual fue expulsado de la universidad— que lo erigió como defensor de una verdadera libertad en donde se enalteciere el valor de las drogas alucinógenas y la liberación sexual. ¿Podría decirse que “Aullido” es la fiel muestra de sus aspiraciones e ideas?

¿Tendremos la oportunidad de escuchar, tras el esperanzador manto del arte, un nuevo aullido?

Publicado en 1956, “Aullido” se forja como uno de los textos incendiarios del momento. Su escritura y su sentir reflejan la inconformidad de quienes no vieron en el “American way of life” un modo de vida ni un ideal a seguir. Plasma una dura y frenética crítica ante la sociedad acomodada pero demacrada por el consumismo, que no piensa ni reflexiona sino que se limita a la materialización económica de los valores, ya no personales sino los ofertados por el mercado, en donde el fin último no es otro que obedecer al sistema mediante el logro de una credencial o de un status reconocido.

Y de su crítica deriva el título. El poema es un grito de dolor y rabia, una denuncia que reúne y encumbra la voz de quienes no están de acuerdo con el sistema, de quienes son ajenos al régimen represivo e insensato que una sociedad de iguales características busca imponer. Pero, quizá, se constituye también como un clamor crítico ante los seres inertes que se han acomodado y han aceptado aquel régimen basado en el capitalismo, en la ley de oferta y demanda la cual oferta valores y demanda mercancías y dinero. Pero, incluso en el recóndito paraje de la moneda, el poema se forja como un grito de esperanza, pues al menos se es consciente de que hay ideales a cambiar, a sustituir, ya que la sociedad famélica histérica desnuda ha de pugnar por la liberación de todos los santos:

¡Santo el gimiente saxofón! ¡Santo el apocalipsis del bop! ¡Santas las bandas de jazz marihuana hipsters paz peyote pipas y baterías!

¡Santas las soledades de los rascacielos y pavimentos! ¡Santas las cafeterías llenas con los millones! ¡Santos los misteriosos ríos de lágrimas bajo las calles!

¡Santo el argonauta solitario! ¡Santo el vasto cordero de la clase media! ¡Santos los pastores locos de la rebelión! ¡Quien goza Los Ángeles es Los Ángeles!

¡Santa Nueva York santa San Francisco santa Peoria & Seattle santa París santa Tánger santa Moscú santa Estambul!

¡Santo el tiempo en la eternidad santa eternidad en el tiempo santos los relojes en el espacio la cuarta dimensión santa la quinta Internacional santo el ángel en Moloch!

¡Santo el mar santo el desierto santa la vía férrea santa la locomotora santas las visiones santas las alucinaciones santos los milagros santo el globo ocular santo el abismo!

Y nosotros, orgullosos de aquel pasado finalmente capaz de la desobediencia civil y del imperativo de la disidencia, pero cegados y temerosos ante el presente —el de la democracia engañosa y el totalitarismo disimulado, de las redes sociales, de la tecnología efervescente, de la posverdad—, ¿tendremos la oportunidad de escuchar, tras el esperanzador manto del arte, un nuevo aullido que nos haga reflexionar y cambiar este desconsolador ahora por un decoroso mañana?

David Andrés Iregui Delgado
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