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Estar en la pandemia

domingo 30 de agosto de 2020
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Estar en la pandemia, por Lictor Sebastián Ramírez Covarrubias
¿Cómo hacer comunidad en estos tiempos donde el aislamiento es la medida que regula nuestro poder de matar?
Leer es como pensar, como rezar, como hablar con un amigo, como exponer tus ideas, como escuchar las ideas de los otros, como escuchar música (sí, sí), como contemplar un paisaje, como salir a dar un paseo por la playa.
Roberto Bolaño

Redactar un ensayo es una tarea que a los estudiantes de letras nos parece muy normal. Con frecuencia nuestro trabajo de fin de curso es redactar uno de estos textos, ya sea que el ensayo trate de lingüística, semiótica o literatura, en fin nada del otro mundo. Pero qué pasa cuando debemos escribir sobre la actual pandemia, eso sí que es algo del otro mundo, de ese que se encuentra fuera de la universidad, fuera de nuestra normalidad de estudiantes.

Escribir es un tipo de reacción, pero ¿cómo se está escribiendo sobre la pandemia?

Escribir un ensayo bajo las circunstancias actuales me hace pensar en la reflexión que hace Wislawa Szymborska sobre los Ensayos de Montaigne: “Todo cuanto contiene me maravilla, en particular la excepcional amalgama de circunstancias favorables que posibilitaron su redacción” (Szymborska, 2015). Al igual que los del francés, este ensayo pudo no llegar a escribirse nunca. Con esto no quiero decir que este ensayo vaya a ser escrito siguiendo el método de Pierre Menard para escribir los Ensayos de Michel de Montaigne, sino que todo producto cultural enfrenta del mismo modo a la casualidad, o sea, a los problemas existentes dentro del contexto social en el que son creados.

Las circunstancias actuales, ya sean políticas, económicas, educativas o sanitarias son en extremo complejas y problemáticas, al igual que los distintos modos en que se reacciona a ellas. Escribir es un tipo de reacción, pero ¿cómo se está escribiendo sobre la pandemia? El modo en que se está escribiendo se puede observar claramente en la crítica que realiza Christina Soto van der Plas (2020) a la antología Sopa de Wuhan. En su texto nos muestra cómo desde el diseño de la antología se reproducen discursos racistas:

La portada del libro electrónico (…) lleva como fondo un collage de grabados de murciélagos dibujados por Ernst Haeckel (exponente de una teoría evolutiva racista del siglo XIX de la que se sirvieron las ideologías fascistas en Italia, Francia y Alemania) (Soto van der Plas, 2020).

Sumado al diseño, el título Sopa de Wuhan no hace más que fortalecer tal discurso, señalando y repitiendo lo que los medios de comunicación y las redes sociales difundieron de modo irresponsable: el origen de la pandemia se debe al consumo de sopa de murciélago en Wuhan.

Otra de las críticas que realiza Christina Soto van der Plas es el oportunismo que demuestran algunos de los filósofos que participaron en el libro: “Cada filósofo lleva agua a su propio molino y usa la crisis actual para confirmar los desastres que ya predecían sus teorías o para promover el tipo de gobierno que prefiere” (Soto van der Plas, 2020). De este modo los filósofos, más que pensar críticamente sobre el problema, buscan explotarlo, sin importar que reproduzcan discursos racistas, reduccionistas, esencialistas o radicales a la manera de los medios de comunicación.

Junto a la percepción del tiempo ha cambiado la percepción de nuestro cuerpo.

Me parece que este tipo de reacciones obedecen a lo que Heidegger llama Gerede o habladurías, las cuales son “el aluvión de la trivialidad, y chismes de novedades y clichés (…) que se ‘extienden a lo que escribimos, donde toman la forma de escribidurías’” (Steiner, 2013, pág. 159). Además, Gerede, explica Steiner, es la forma en la que el uno se expresa. Este uno está conformado por los enajenados, los sujetos que ya no pro-curan de los otros, por lo tanto carece de “responsabilidad moral: no podrá conocer la culpa ética” (Steiner, 2013, pág. 158). Es por eso que los discursos producidos por las escribidurías “reducen la otredad a la mismidad” (Soto van der Plas, 2020), donde abundan los prejuicios y preconstruidos contra lo que nos es diferente y ajeno.

Esta reducción de la otredad a la mismidad, esta falta de responsabilidad moral y culpa ética, no se encuentra presente sólo en la filosofía y en los medios de comunicación, sino que está presente en la mayoría de los discursos políticos alrededor del mundo y es un problema al que todos nos enfrentamos. Tomemos como ejemplo la siguiente cita extraída de una entrevista realizada a Achille Mbembe por Diogo Bercito:

La necropolítica también aparece en el hecho de que el virus no afecta a todos por igual. Existe un debate acerca de priorizar el tratamiento de los jóvenes y dejar morir a las personas mayores. Todavía hay quienes, como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, insisten en que la economía no puede detenerse incluso si parte de la población necesita morir para garantizar esta productividad. “¿Van a morir algunos? Van a morir. Lo siento, así es la vida”, dijo recientemente el mandatario brasileño (Bercito, 2020).

Como podemos observar, en este caso y en el de los filósofos de Sopa de Wuhan, es que la pandemia nos lleva a retomar prácticas sociales y discursivas radicales. Mbembe explica que la pandemia, además de ser una emergencia sanitaria, destruye nuestra percepción del tiempo: “No saber lo que está por venir es lo que hace que los estados de todo el mundo reanuden las viejas terminologías utilizadas en las guerras” (Bercito, 2020). Además, junto a la percepción del tiempo ha cambiado la percepción de nuestro cuerpo, nuestro cuerpo ahora es un arma, y lo único que nos impide ejercer el poder de matar es el confinamiento, el aislamiento de los sujetos.

¿El ritual de leer nos permite tener conciencia del tiempo, de nuestro cuerpo, del encierro?

Esta pandemia nos hace conscientes del poder de matar, el cual según Mbembe ahora está democratizado: “Esta lógica de sacrificio siempre ha estado en el corazón del neoliberalismo, que deberíamos llamar necroliberalismo. Este sistema siempre ha funcionado con la idea de que alguien vale más que otros. Los que no tienen valor pueden ser descartados” (Bercito, 2020). Esto nos obliga a plantearnos la pregunta de qué hacer para salvarnos, para evitar caer en las prácticas de la necropolítica.

Achille Mbembe, al igual que Heidegger en su tiempo, ve como una necesidad la creación de comunidad (Heidegger hablaría del ser que pro-cura del otro), pero ¿cómo hacer comunidad en estos tiempos donde el aislamiento es la medida que regula nuestro poder de matar? Por ahora, nos queda comenzar a reflexionar sobre la forma en que nos relacionaremos con nuestros cuerpos y con el tiempo, en cómo pensaremos sobre el futuro “nuestra conciencia del tiempo” (Bercito, 2020).

¿Cómo hacer comunidad? me pregunto, y ¿el ritual de leer nos permite tener conciencia del tiempo, de nuestro cuerpo, del encierro? Yo diría que sí. Al comienzo del confinamiento me encontraba leyendo Extracción de la piedra de la locura, aún no me acostumbraba a la idea de permanecer encerrado indefinidamente. Mientras leía pensaba en un poema de Roberto Bolaño, “No componer poemas sino oraciones” (Bolaño, 2010). Al leer el poema “Estar” de Pizarnik comprendí que los poemas también se pueden leer como oraciones. Esta es la mía, con la cual reflexiono sobre estar confinado y el tiempo:

Estar

Vigilas desde este cuarto
donde la sombra terrible es la tuya.

No hay silencio aquí
sino frases que no quieres oír.

Signos en los muros
narran la bella lejanía.

(Haz que no muera
sin volver a verte).

(Pizarnik, 2013)

 

Referencias

Lictor Sebastián Ramírez Covarrubias
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