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Filosofía en tiempos de pandemia

sábado 23 de mayo de 2020
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Filosofía en tiempos de pandemia, por Homero Carvalho Oliva
El virus nos obliga a cuestionarnos como especie humana que desprecia las otras.

Papeles de la pandemia, antología digital por los 24 años de Letralia

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2020 en su 24º aniversario

Desde que leí a los grandes filósofos aprendí que la filosofía sirve para hacernos las preguntas precisas acerca de los grandes temas de la humanidad. Ya Sócrates nos enseñó que “filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta”; Michel Onfray, el siglo pasado, anotó que “una filosofía que no tiene una aplicación práctica es inútil. Esta es la enfermedad de la que, a día de hoy, la filosofía adolece, aquella que la ha vuelto lejana y la ha teñido de injustificada soledad”, y Ayn Rand nos aclara que “para vivir el hombre debe actuar; para actuar, debe tomar decisiones; para tomar decisiones, debe definir un código de valores; para definir un código de valores debe saber qué es y dónde está. Necesita metafísica, epistemología y ética… Filosofía. No puede escapar de esta necesidad”.

 

“Sopa de Wuhan, pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia”, quince autores
Sopa de Wuhan, pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia, quince autores (ASPO, 2020). Disponible gratuitamente en Scribd

Sopa de Wuhan, pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia

Hace unos días la socióloga Ivonne Farah me envió en PDF el libro Sopa de Wuhan, pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemia, que contiene textos de Giorgio Agamben y Franco “Bifo” Berardi, de Italia; Slavoj Žižek, de Eslovenia; Jean Luc Nancy, de Francia; Judith Butler, de Estados Unidos; Alain Badiou, de Marruecos/Francia, David Harvey, de Inglaterra; Byung-Chul Han, de Corea del Sur; Raúl Zibechi, de Uruguay, Markus Gabriel, de Alemania; Gustavo Yáñez González, Santiago López Petit, Patricia Manrique y Paul B. Preciado, de España, y de nuestra compatriota María Galindo, lo cual es un honor para ella.

En la introducción, los editores ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) se presentan como una iniciativa editorial que se propone publicar mientras vivamos en cuarentena; como “un punto de fuga creativo ante la infodemia, la paranoia y la distancia lasciva autoimpuesta como política de resguardo ante un peligro invisible”. Los editores aclaran que “Sopa de Wuhan es una compilación de pensamiento contemporáneo en torno al Covid-19 y las realidades que se despliegan en el mundo. Reúne la producción filosófica (en clave ensayística, periodística, literaria, etc.) que se publicó a lo largo de un mes, entre el 26 de febrero y el 28 de marzo de 2020 (…). Busca reflejar las polémicas recientes en torno a los escenarios que se abren con la pandemia del coronavirus, las miradas sobre el presente y las hipótesis sobre el futuro”. Comentaré algunos textos y autores que me llamaron la atención:

 

Contrapuntos filosóficos

La mayoría de los pensadores incluidos coinciden en que la propagación del virus ha venido acompañada con “grandes epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo”, como lo señala Slavoj Žižek en su texto, en el que plantea, desde el título, que “el coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de Kill Bill y podría conducir a la reinvención del comunismo”, entendiendo como comunistas a los “liberales con diploma”; el esloveno afirma que debemos pensar en un sistema de salud al alcance de todos, tal como lo propone el “socialista” Bernie Sanders.

Nadie, ningún país ni empresa debe tener la posibilidad de hacer negocios con las vidas humanas porque sería inmoral y criminal.

Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista de Corea del Sur que ha cobrado notoriedad por sus libros acerca de la cotidianidad, el ocio, el capitalismo y la cultura; sus propuestas filosóficas han logrado acercar la filosofía a los lectores. En su ensayo “La emergencia viral y el mundo de mañana”, Byung-Chul Han afirma que los asiáticos están ganando la batalla contra el virus por su tradición autoritaria que los hace confiar más en el Estado; además de una fe ciega en la tecnología que los hace más obedientes: “Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten sólo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas (…). En China hay doscientos millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica muy eficiente de reconocimiento facial. Captan incluso los lunares en el rostro. No es posible escapar de la cámara de vigilancia”; en este texto además niega a Žižek, diciendo: “Žižek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal, y evoca un oscuro comunismo. Cree incluso que el virus podría hacer caer el régimen chino. Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá (…). El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa sólo de su propia supervivencia (…). No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana”. Confiemos, porque creo que después de esta epidemia nada volverá a ser lo que fue.

La norteamericana Judith Butler, por su parte, en “El capitalismo tiene sus límites” se refiere a las declaraciones de un político alemán, Karl Lauterbach, quien acerca de la propuesta de Donald Trump de comprar la posible vacuna de laboratorios alemanes para uso mercantil privado, sentenció: “La venta exclusiva de una posible vacuna a los Estados Unidos debe evitarse por todos los medios. El capitalismo tiene límites”, en el sentido de que nadie, ningún país ni empresa debe tener la posibilidad de hacer negocios con las vidas humanas porque sería inmoral y criminal. Butler termina con una recomendación que también se aplica apropiadamente a Bolivia: “El ideal ahora debe mantenerse vivo en los movimientos sociales que están menos interesados en la campaña presidencial que en la lucha a largo plazo que nos espera”, suscribo palabra por palabra este consejo.

El marroquí Alain Badiou me agrada desde que leí su libro Los filósofos y el amor; participa con un texto titulado “Sobre la situación epidémica”, en el que plantea: “Esta enfermedad fue nombrada en aquel momento como ‘la primera enfermedad desconocida del siglo XXI’. Es pues claro que la actual epidemia no es definitivamente el surgimiento de algo radicalmente nuevo o increíble. Esta es la segunda de su tipo del siglo y se sitúa en su origen”. Badiou, desde su punto de vista cartesiano, aconseja: “Respetar sobre ese particular una estricta disciplina es más que necesario, ya que es un apoyo y una protección fundamental para todos aquellos que son los más expuestos: por supuesto, todo el personal ligado a cuestiones de salud, que está directamente en el frente, las personas infectadas, pero también los más débiles, como las personas de edad avanzada, principalmente en las residencias, y todos aquellos que acuden al trabajo y corren el riesgo de ser contagiados”. Al igual que sus colegas él también recomienda dar crédito a la ciencia y atender los nuevos paradigmas.

Para terminar mi lectura de este libro, quiero comentar a la filósofa española Patricia Manrique, quien nos aporta en su breve ensayo “Hospitalidad e inmunidad virtuosa” que “pensar filosóficamente un evento como el que estamos viviendo, requiere, en primer lugar, tiempo”; sin embargo, Manrique intenta hacerse las preguntas precisas sobre lo que nos ocurre porque sabe que lo que nos falta ahora es justamente tiempo y retorna a la mayéutica de las preguntas, la cuestión esencial: “Cómo darle respuesta. Una respuesta implica, siempre, preguntas: ¿Quién/qué viene? ¿Cómo respondo? ¿Qué es venir y qué es responder?…”, respuestas que no están en el rango de lo que queremos oír, sino de lo que nos negamos a oír, pero que solamente aceptando la realidad y su porvenir podremos liberar nuestros sentidos y asumir que somos uno y el otro al mismo tiempo.

 

No necesita ser filósofo para hacer filosofía, solamente hágase las preguntas necesarias para seguir existiendo.

Repensarnos como sociedad

La gran enseñanza de la pandemia es que nos obligó a repensar la sociedad, porque si bien podemos resistir una cuarentena aislados, es imposible hacerlo permanentemente sin nuestra comunidad, sin el otro. El virus nos obliga a cuestionarnos como especie humana que desprecia las otras, olvidando que también somos animales mamíferos, omitiendo que las diferencias en el ADN de las diversas especies son apenas de 0,1 por ciento, nada más y nada menos, y aun así vemos a las otras especies cruelmente como alimento.

En una entrevista realizada, hace unos días, al filósofo francés Alain Touraine, uno de los grandes pensadores clásicos del siglo pasado, afirmó que la crisis de la pandemia ha hecho que nos encontremos “en una transición brutal que no ha sido preparada ni pensada”, y que tal vez se resuelva por “la liberación por medio de las mujeres. Es decir, el derrumbamiento de la razón en el centro de la personalidad y la recomposición de los afectos en torno a la razón y la comunicación”, lo cual sería una ganancia. El periodista cierra la entrevista con una afirmación: “Hoy nos gobierna el virus”, y el sabio responde: “No el virus, sino nuestra impotencia para combatirlo, pero se acabará encontrando una vacuna”. ¿Hay esperanza?

La pandemia, el virus indiscreto y cínico, nos obliga a interrogarnos sobre lo importante en nuestras vidas; nos interpela respecto a las relaciones humanas, a nuestro entorno inmediato, nuestro hogar, incluidos los vecinos y los transeúntes. ¿Estaba sano el que pasó junto a nosotros?, la paranoia puede ser infinita: ¿estaba enfermo el que preparó nuestros alimentos? ¿Quién tocó las verduras antes que nosotros en el supermercado? Una sociedad que vive atemorizada por un enemigo invisible no puede ser libre. Al terminar de leer el libro Sopa de Wuhan pensé en nosotros, ¿quiénes somos nosotros?: ¿yo, tú, él, vosotros, ellos…? To be or not be, diría Hamlet. No necesita ser filósofo para hacer filosofía, solamente hágase las preguntas necesarias para seguir existiendo.

Homero Carvalho Oliva
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