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Ese Dios de las iglesias

domingo 1 de noviembre de 2020
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Ese Dios de las iglesias, por Carlos Alberto Agudelo Arcila
Veo a Dios en todo lugar, a cada instante, en cualquier circunstancia. “La creación de Adán” (c. 1511), de Miguel Ángel

I

Dios, el de las iglesias, vocablo anquilosado dentro de la naturaleza del lenguaje objetivo, concepto transversal al fanatismo, precedido por el raciocinio superficial, significación ambigua, pomposa, de efecto alienante.

En los piadosos o no creyentes, la química cerebral circula de forma compleja y despótica, se solidifican grandilocuencias a favor o en contra de una conjetura imposible de convertirla en acontecimiento verificable.

Las iglesias son emporios cuya materia prima de comercialización es el ser supremo.

Para darle coherencia al concepto Dios, es vital oxigenar su esencia, sin desvíos sicológicos ni filosóficos, vertebrarlo con fluir existencial, ser abiertos a lo preconcebido y de igual manera deshilvanar, sin prejuicios de ninguna índole, teorías científicas, para así tener un criterio neutral ante estas doctrinas antagónicas.

Quien pronuncia Dios se remite a un algo sin principio ni fin, invisibilidad concebida para llenar el vacío existencial, paradójico. De este modo se confiere personalidad a lo incorpóreo, se le da patente de haber sido el creador de la vida, de cuanto existe, también la regencia suprema del universo, inaudito hábito de creer en Dios. Este artificio lo auspician arteros del poder religioso. En este discurrir la omnipotencia conceptualizada tiene la edad de la aparición del hombre sobre la Tierra. Es decir, Dios nace en la etapa del Cuaternario y como la imaginación es carburante óptimo para su perpetuidad, el hombre desde el devenir le ha dado fortaleza a dicha representación para resistir a diferentes glaciaciones, plagas, terremotos, huracanes, devastaciones de toda índole. Alguien con humor negro proclamaría: para algo sirve ser Dios. En otro extremo se sitúa el materialismo, discernimiento encargado de aseverar la no creencia en Dios, religión a la inversa, todas sus dilucidaciones tratan de convencer, atraen seguidores, evangelizan con la negación de Dios.

 

II

Es respetable la creencia. Lo inadmisible consiste cuando se hace uso del nombre de Dios para engañar, embaucar y sacar provecho económico, político, social, sexual, al trepanar el raciocinio del ingenuo, predispuesto a caer en trampas místicas. Truhanería de clérigos y pastores, rapacidad mental en detrimento de “la búsqueda individual de la verdad”, del Dios sin explorar en cada ser humano.

Las iglesias son emporios cuya materia prima de comercialización es el ser supremo, sus mercaderes viven a costa del dinero de los feligreses, estafadores, fulleros, hipócritas, traficantes de la espiritualidad.

 

Dios tiene la potestad de no dejarse manipular, por esto no cabe en templos construidos con falsedad, astucia, fraude.

III

Arrojo por el desagüe cualquier teoría con relación a Dios. Me libero de religiones y estructuras petardistas, urdidas sólo para la explotación. Escucho con mente penetrante la religiosidad del verde, del polvo, de la naturaleza. Veo a Dios en todo lugar, a cada instante, en cualquier circunstancia. Dios es bestia, ruge. Dios va al pozo a saciar su sed, paloma en el cristalino del aquí y ahora. Dios posa su llaga de infinitud en un instante del día, de la noche. En ocasiones bate la cola y lanza el zarpazo. Dios y mis deseos van al mercado a palpar los colores del arcoíris. Dios cata la lluvia, se embriaga de firmamento. Dios es infinidad en mi aposento. Dios es ciencia pura. Alquimia del espíritu. Dios despedaza el ayer. Dios vive sangre contaminada de sufrimiento del hombre. Dios experimenta la falta del pan de cada día. Dios suicida el verbo era con Dios. Dios es mutismo. Dios habla esto y aquello desde las entrañas de la piedra. Dios se explaya en la nada. Dios comulga con la raíz. Dios es jolgorio. Dios es océano en el rocío. Dios es respiro de la sombra. Dios es disciplina absoluta de nuestros sentidos. Dios es exploración total de las neuronas. Dios tiene la potestad de no dejarse manipular, por esto no cabe en templos construidos con falsedad, astucia, fraude. Dios se ríe de ser Dios.

En conclusión, soy un creyente de Dios hecho a imagen y semejanza de la vida, soy un ateo de ese Dios de las iglesias.

Carlos Alberto Agudelo Arcila
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