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Efi Cubero, poeta de la soledad habitada

domingo 10 de octubre de 2021
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Efi Cubero
Efi Cubero: “Los poetas somos los extraños, los inestables”.

(Este texto forma parte de la presentación del libro Solo inclasificable, de Efi Cubero, en su villa natal de Granja de Torrehermosa).

Efi Cubero es una más en la tierra, de nosotros, pero tan única que la sencillez de vida la hace poeta de lo profundo en el mayor silencio, donde se genera la verdad pulida y el verbo cuidado, de corazón y de mente, de alma y cuerpo, un resplandor que nos conmueve y lo contemplamos pero que no llegamos a abarcarlo, quizá para que ella siga navegando en la paciencia de los que viven en la altura de los elegidos que se aproximan a la luz y a la verdad de la transfiguración, sin desencarnarse de los cojos, los ciegos… que queremos seguirla y verla. Ella es apóstol de la palabra gestada en el silencio de la vida y en la esencia del ser, en el trabajo duro y cuidado de cada día, del banco sólido y la mesa firme, donde se gana el pan de la verdad y de la luz hecha poesía y ensayo que comparte en estos partos de libros editados, grabados de piedra y a corazón callado, que el tiempo les dará un valor de permanencia y de gozo, más allá de nuestras muertes, para seguir señalando el infinito de la sed que los ha producido y del amor que los ha parido, casi siempre antes del alba.

 

¿Y tú qué dices de ti misma, de la poesía y tu obra?

Junto al sentir del pueblo he querido indagar en sus propias palabras, confesiones, miradas, emociones… He gozado leyendo sus pensamientos en el diálogo vivo de entrevistas sinceras y profundas que he buceado en los medios que hoy nos propician navegar en ondas y redes que sirven la verdad de la vida a trozos y alimentan muchos deseos y vacíos de belleza y verdad, de sinceridad y desnudez. En las entrevistas te muestras con tal transparencia y verdad manifiesta que sorprendes y seduces. Así me ha ocurrido a mí. Comparto con vosotros, no puedo por menos para comprender y sentir esta nueva obra que hoy nos convoca, Solo inclasificable, verdades y palabras de vida compartida, de una poeta almada, lanzadas al aire de lo universal para darse, sin coste ni medida, a todo aquel que quiera caminar y compartir caminos de lo profundo y de lo humano.

 

“Formo parte de un paisaje y un paisanaje”.

“La vuelta es siempre ida. Sabemos muy bien que es siempre ida, y hasta huida. Extremadura es mi centro, el lugar de mi origen, el eje radial donde convergen todas las direcciones del mundo y del tiempo. Esta tierra, que es el enclave de mis antepasados y sus huesos la abonan, ha representado siempre para mí algo gravitatorio y universal. Un enlace abierto a todo mestizaje”.

 

“Lo rural, latido de comunión, frente a la soledad”.

“Significará siempre para mí ese cálido latido que enlaza cada casa, casa donde nadie está solo. Un microuniverso que avanza hacia los campos, hacia los encinares, hacia las sierras que, como las islas, empujan la mirada hacia un tiempo sin tiempo, el lugar de mi origen, la luz que por primera vez vieron mis ojos sin memoria. El pueblo en el que empecé a sentir esta extrañeza que me acompaña. Y la tristeza que sentí al tener que abandonarlo de la mano de mis padres recién cumplidos los once años”.

 

La vida de cada día: “Este paisaje mío es siempre acorde con mi voz sin imposturas”.

Yo camino por Granja cada día, puesto que he vuelto a mi origen de nuevo para que así me abrace su calor sin mentiras. Siempre me bastará la eterna seducción de sus cielos, limpios, su noble y cariñoso paisanaje, la belleza de esa arquitectura alzada por alarifes y artesanos, lo sencillo de todo, donde todo fue, y es, antecedente.

 

Los sentimientos a la vuelta: por reflexión y convicción.

Deseo “caminar por la naturaleza en libertad”.

He vuelto con el convencimiento de que deseaba vivir aquí. Que este es reamente mi sitio. Que amo —sin sensiblerías— a esta tierra y sus gentes. He vuelto por convicción y reflexión. No soy nostálgica, descreo de la memoria, la memoria puede engañarnos porque o bien idealizamos demasiado o bien demonizamos, según nuestros estados sucesivos.

 

Y tú que eres: “Ante todo poeta”.

En el de poeta, por supuesto. Descreo de muchas falsas poses y modestias fingidas. Y también de humildades sagaces. Mi libertad, sagrada, respeta, profundamente, la libertad sagrada de los demás. La poesía forma parte de mí desde que me conozco, una libreta escolar me recuerda que ya escribía “poemas” a los ocho años. El poeta nace y luego se hace, así es o así lo pienso yo. La poesía es algo misterioso y profundo, un poeta sabe perfectamente que nada viene de afuera, aunque nos llenemos del barro de la vida y todo lo humano nos sacuda y nos duela, todo se gesta dentro de cada enigma que viene a ser uno mismo. Mientras vivimos no escribimos. Sólo en la soledad nos encontramos frente al poema y con la realidad-irrealidad de la propia existencia ya que no existe un ideal sin pugna con sus fracturas, ni resistencia que vencer.

 

¿Qué haces y qué vives con tus poesías?

Busco los contrastes, hallar la tensión máxima entre la serenidad y el desasosiego nivelando ese plano de sombras de la palabra y el silencio. Indago interiormente y ahondo en la esencia de lo real a través de la exigencia del lenguaje.

 

Y ahora confiesa tu verdad, la verdad de Solo inclasificable, el misterio que te empuja como amada y como amante, viviendo esa soledad habitada, esa comunión mística y trascendente, la que seduce y provoca una sed de infinito insaciable y sin embargo sosiega y te hace vivir. La que te enlaza con todo el universo y te lleva a un estado poético que nunca pudiste sospechar y que te invade a otra frontera, a otro lenguaje, a la aspiración más pura que cabe en lo humano, a lo eterno encarnado en la mayor contradicción sentida y vivida.

Siento que lo que nos hace soñar testimonia una ausencia, frente a ese sol de espaldas al espejo que refleja nuestro yo más vulnerable. Hay ocultaciones, claro, un tenso y dialógico deambular en torno a una misma y a los otros, los que nos precedieron. Yo empleo disoluciones en torno a lo autobiográfico y a veces mantengo también un cierto recelo o desapego en no aceptar lo que se propaga como verdades absolutas. Busco la palabra lo más sobria y reflexiva posible, que esté dotada de emoción sincera, de magnetismo y síntesis hacia lo que yo considero que vale la pena ser nombrado; hay un arco autoral que no evita el recuerdo, pero intento que se articule con palabras que de alguna forma desenmascaran el orden establecido.

 

Me gusta oírte hablar de extrañeza, la esencia de lo humano proclama la filosofía más pura. ¿Te sientes extraña?

Los poetas somos los extraños, los inestables, desconcertados pero centrados, seres que orillamos los filos del vacío, ese doble lugar de la creación desde donde se avista también la trascendencia. Algo único y extravital que cicatriza la herida de existir y abre espacios al sueño o a la revelación de lo que somos.

 

Ante tu libro, ¿un consejo para los no iniciados? Pierde el miedo (gracias).

Siempre me ha parecido que ha habido un alejamiento entre el público y la poesía porque se le ha dotado de un halo de élite al verso que, en general, da miedo al lector.

Si un lector tiene miedo es mejor que no lea poesía. Alguien que se adentra en ella no ha de tener temor de ese lenguaje que, aunque se halle formado de palabras, va mucho más allá y en absoluto pertenece a la élite de nada, es simplemente el don o la condena que reconcilia todos los contrarios. Una forma de abolir los límites desdoblando fronteras. Echó a andar hace milenios y ahí sigue sin que logren derribarla.

 

La poesía es hoy espacio para la libertad interior.

En un mundo como el de ahora mismo, tan desolador y pragmático, necesitamos más que nunca de poesía, estos destellos de fulgores ciertos que nos fustigan, nos hacen emocionarnos y reflexionar. La poesía está dotada de una sensibilidad social que enmarca una perspectiva universalista, sin desdeñar la magia de la percepción lírica que nos une para siempre al pasado y también a la estatura del ser que avanza en el presente y se reafirma en su dolor existencial frente a lo abstracto del futuro, sigue estelas y desbroza espacios y nos hace sentir de forma tan intensa como perturbadora.

Como todo arte, es el punto de fuga que libera, aunque sepamos que esa supuesta consistencia ontológica no deja de ser también algo ilusorio. A menudo descree de las eternas verdades propagadas, porque sabe, e intuye, que la libertad al fin y al cabo es un concepto que ha de vivirse desde el interior.

 

“Solo inclasificable”, de Efi Cubero
Solo inclasificable, de Efi Cubero (La Isla de Siltolá, 2021). Disponible en la web de la editorial

El libro: Solo inclasificable

Introducción

Solo inclasificable es más que una respuesta literaria a una pérdida radical. Es la forma de vivir con ella y a pesar de ella” (reseña por Ferran Gallego). Esta afirmación profunda, vertida sobre la obra de Efi Cubero, me recuerda una cita de D. Bonhoeffer, quien sostiene que “el dolor de la ausencia es el sacramento de la presencia” y con ello se refiere a la ausencia —muerte— de Dios, en la sociedad, como el mayor signo de su presencia. Y lanza el reto de vivir como si Deus non daretur, como si Dios no existiera. Se refiere al Dios de lo creado, causa causarum, y de lo metafísico, para quedarse con la pureza del Dios Amor, aquel donde no hay medidas ni limitaciones, ni comercio, ni intercambio. ¿Puede haber y existir un amor así? De ser, sólo podría serlo siendo “solo”, lo cual sería para el decir de lo humano y el sentir de lo amado “inclasificable”.

Y de eso me toca decir a mí algo esta noche, ante esta obra, que se hace frontera desde la poesía “apofática”, que algunos consideran negativa, pero que es la forma más sublime de la pureza de un amor “subespecie contraria”, el amor que se profesa en la ausencia radical del amado, que así se hace presencia definitiva y señal fugaz de lo eterno. El grito de un amor puro que “anda en libertad por la naturaleza” del universo total. Cómo interpretar y leer la realidad en su totalidad, desde la radicalidad de la ausencia que fundamenta la extrañeza del ser humano en el universo.

 

El acorde de la ley de lumbre

Llegamos y somos arrojados a la naturaleza de la que somos parte y en la que nos sentimos extraños, no podemos ser sin ella y, por otra parte, nos toca adaptarnos, aprender a vivir en ella, siendo parte de la misma, pero con la responsabilidad de ser nosotros mismos, en originalidad y en camino, no hay dos caminos iguales. Así ha sido el nacer de la poeta, Efi, un proceso de reconciliación con su extrañeza que siempre le acompaña y le configura, una gestación que nunca acaba, un parto que se hace radical en la madurez de un amor ausente, una forma de vivir y de sentir que va en la tensión de la inquietud, a veces llena de miedo en el vacío, acompasada siempre con el sosiego: “Un solo se interpreta en el vacío: su ejecución te impedirá el reposo…”.

En el acorde será “la soledad” la que desnuda al poema de hojarasca para rescatar las notas vivas de cada vida o de cada solo: “lo que no aspira a nombre ni frontera / enlaza lo distinto para unirse en un todo. / El solo indivisible que sólo el alma entiende”. El sujeto se abre a la vida sin límite: “Sabías cuando me desnudaba por entero…”, un golpear sobre el silencio buscando una escala de armonía en la que descansar peregrinando frente a la nada.

Solo inclasificable es trabajo puro de un alma, “leve soplo”, en búsqueda de preguntas eternas de lo humano heridas por la ausencia del absoluto: “¿Cómo serán los filos de otro espacio? / …¿habrá reencuentros?… Cómo tiembla la vida, el cuerpo y el deseo, la materia, el silencio”. Este y no otro es el acorde de la verdadera ley de lumbre planetaria la que se hace fuego propio de todas las partituras de lo humano. Sin estos acordes, para la autora, no hay sinfonía y queda muda la partitura.

 

Contrapunto: la vida afirmada por la pérdida

Entrar en el camino de la contradicción por el camino de la pérdida, ciertamente, no tiene que ver en esta obra con la flaqueza de ánimo que pueda pedir piedad lastimera. Más bien se trata de la apertura radical a la metafísica de la existencia que nos da su esencia en la desnudez más absoluta del amor que se hace presente de otro modo en la ausencia (solo), en un misterio que, siendo tan real y tan cercano, vivo en la herida amorosa, nos trasciende y nos adentra en una oscuridad luminosa donde permanecer en pie y amando. Este misterio sólo se entiende como signo fugaz de lo eterno esperado y ansiado: “Qué largo itinerario, / tan fuerte el miedo pero ya sin sábanas / que arroparan los ojos del insomnio / …Olvidé que para andar necesita usted la luz, dijo el músico ciego”.

En este caminar de contrapunto la autora nos invita a no desviarnos de los colores, pinturas, en los atardeceres coralinos… de la VIDA. Ahí están los iconos de lo último que se nos regalan en lo cercano de la luz, pero que hemos de entenderlos en otra caligrafía de la vida que supera la contemplación y fija la mirada auténtica en la dirección de lo definitivo. Definitiva es para nuestra poeta la infancia en las sandalias remendadas, y el sueño de lo inefable en las aguas limpias de la vida donde chapotea el pie desnudo de la niña en la frontera de la eternidad, donde el rito es puro silencio, donde todo se hace un “solo”. La autora nos adentra en el naufragio de la existencia con el mapa del cuaderno de vida y nos señala el faro que nos ayudará a entablar el agua con el fuego del vivir.

 

El allegro: de la firmeza de la vida

Aquí la entrada lo celebra y lo descifra: “Todo es música”. Es la confesión radical del alma amada, amante y habitada, aún en la separación. Todo se puede leer en la clave de lo vivido y lo esperado, en la tensión de los silencios y sentidos, de los sentimientos y las emociones.

La poeta hace confesión de lo amado, a solas contra el viento, será como la cometa y nos hablará de trigos y harina, de lo pequeño, y del ritmo de lo inevitable vivido con la quietud de una soledad fecunda, del aroma y el sonido del campo en el eco del tambor, del verano y su cosecha acabada, de los vuelos de los pájaros y del limonero, de la blancura calmada y de la poesía humedecida por lágrimas de consuelo y de alegría. Es toda la vida y toda la naturaleza la que se hace pentagrama bailado con la firmeza de la encina que hace de la fragilidad solitaria su fortaleza, sin olvidar nunca el muro de la casa que guarda todo el espíritu en su alacena.

 

El andante: tantos caminos acompasados

De ida y de vuelta, pero sobre todo de adentro y de afuera. Los caminos de incertidumbre de una interioridad habitada y compartida sin más seguridad que la apuesta radical por el otro en la mayor de las debilidades, de un amor creativo que aúna miradas y hace de las vivencias y lo viajes baile de almas gemelas ¿Qué queda de ello? “Escritura en el agua, huellas, el valor de lo auténtico frente a la moneda, volcanes de ternura en el mejor mundo de los clásicos, y la docilidad de lo erosionado y sedimentado”. ¿Cómo no recordar ahora aquellas nieblas de Londres ante el laberinto de una imposible huida? “Y ese código inescrutable donde el jaque mate lo dará la muerte”. Aunque siempre permanecerán las cítaras y el saxo de un salmo de esperanza, en un baile solitario de un jazz de madrugada, en la pista de las cenizas y sus brasas resguardadas.

 

El adagio: no es despedida, es pura tensión de un amor que permanece, aunque es de noche

El adagio de esta obra no es final, es coronación de un camino de tragos de espera que revelan la sed de una eternidad, la que ansía el amor que se ha hecho verdadero en la mayor fragilidad y en la ruptura sobrevenida en radicalidad. Se trata de la esperanza en dolor de esperas truncadas, pero no apagadas. Tiene que haber fuente si tenemos tanta sed: “Ya era tarde. / tan solo tarde. / pero ardía”.

Efi Cubero, en el adagio, cabalga continuamente entre el canto elegíaco de la finitud dolida al sueño de la LUZ enamorada que aviva la esperanza y el sentido: “El cercano horizonte era fogata. / Mas la mirada se volvió pavesa”.

El compás de 3/4 nos revela explícitamente de un modo muy directo la transversalidad de la obra en la vivencia de la poeta, el interrogante profundo que grita desde lo humano a lo divino: “Bajo distinta luz de agua despierta, / bebes así la irrealidad del mundo, / y eres tú y no eres tú. / ¿Cómo explicarlo?”. Lo hará desde el recuerdo, “tejiendo en la memoria la alegría que fue lo indisoluble” y sintiendo la no vuelta: “Abrir la puerta, / cerrada tras de mí con noche dentro, / la noche que tirita sin consuelo sabiendo que aunque vuelva / ya no vuelves…”, queriendo retener: “¿Con qué momento único me quedo?” aunque sé “que todo final es insaciable”.

Estamos ante una elegía con sed de infinito, con interrogante radical desde la ráfaga y los momentos de la vida amada, sin poder retirarse: “Puedo decirte / que sigo aquí / y espero / libre y segura de mi propia muerte”. Y desde ahí la declaración firme de un deseo amoroso invencible: “Sus ojos que eran luz de un tiempo eterno / sobreviven en esta incertidumbre / mientras siguen en mí desde el dolor / soñando que otro plano nos reúna”. Mientras tanto nos vamos alimentando con retazos, fotografías que no dejan de ser “cenizas que siguen abrasando”, testimoniando al sol que parece huido. El que reclama el frío del cumpleaños, tras tu partida, que nos llama a vivir intensamente nuestro presente: “No queda otro remedio / que replegarme al fondo de mí misma / de una justa manera / cuando el presente ya es solo pasado… atenta a jerarquías más precisas / me inclino hacia otro tiempo para hallar esta voz que parpadea… fulgor que sobrevive…”. Pero sola en el acantilado de la vida, donde más que respuesta hay niebla. Aun así, en esta niebla la poeta ha encontrado un arma de luz, un pequeño faro en su extrañeza: “Para eludir la muerte, atestiguar la vida”. Aunque sea Solo inclasificable.

José Moreno Losada
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