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Entre los recuerdos y los espejos de Frida

domingo 2 de julio de 2023
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En un momento cuando los influencers y artistas mediáticos acaparan la atención de las mayorías, es caso curioso que no haya nadie que no sepa quién es Frida Kahlo. Desde hace algunos años, se convirtió ella en una figura popular, de uso comercial en algunas ocasiones, pero más interesante para dibujar una propuesta feminista y para conocer las otras tradiciones del arte latinoamericano, donde estarían Leonora Carrington y Remedios Varo, entre muchas otras.

De todos es conocida su vida pasional; de menos, sus obras pictóricas. Quizá por tener una existencia tan seductora se la haya reelaborado tantas veces en el cine, en las biografías y en otros imaginarios. No obstante, lo que de ella sabemos, y los miles de historias añadidas, no bastaría para hacer un buen texto teatral. Sólo los aguzados escritores podrían tomar la materia de los sueños y la realidad para convertirla en deslumbramiento y maravilla. No es fácil, pues, hacer una obra sobre Frida Kahlo porque se podrían repetir los mismos estereotipos o porque la intensidad o inercia de las acciones roerían la pieza.

Hace años, un joven autor venezolano escribió Las dos fridas, la cual ha gozado de la ventura del encuentro con varias artistas y puestas en el país y en España, Estados Unidos, Colombia y Argentina. De ella quiero comentar en las próximas líneas.

Asistí el viernes 16 de junio de 2023 a un nuevo estreno, esta vez con el atractivo de la reconocida Irene Arcila. Una actriz que quedó fijada en la memoria de las multitudes con Macho y hembra (1984), la película dirigida por Mauricio Walerstein y protagonizada también por Orlando Urdaneta y Elba Escobar. De Arcila no mucho se sabía en el país, de sus itinerarios en el cine y el teatro y de su larga residencia en México. A Caracas regresó después de 35 años para, entre otros asuntos, representar a Frida en esta nueva versión del texto de José Jesús González, quien además fungió como director.

Me senté en una pequeña sala del Trasnocho Cultural y vi cómo el texto se desplegaba como una síntesis de la vida de la Kahlo.

Así que me senté en una pequeña sala del Trasnocho Cultural y vi cómo el texto se desplegaba como una síntesis de la vida de la Kahlo. Lo hacía acudiendo a aquellos momentos críticos de su vida, bordeando algunas veces lo ya sabido, bordeando los estereotipos, pero sin caer en ellos. En un poco más de una hora, la obra se pasea por la alegría y la plenitud de la pintora, por los momentos de la intensidad creativa y los devastadores del amor. Se sumerge en las incesantes penas vividas por el cuerpo herido.

Entre otras virtudes del texto está la integración de los elementos de la puesta en escena. Uno de ellos es el canto y la elección de ciertas melodías reconocibles que consiguen un efecto empático con el espectador. Es la oportunidad para que la actriz module un manojo de canciones que hablan de Frida, de México, de la sensibilidad machista, pero también de la excelente intérprete Chavela Vargas, mítica amante de la pintora.

En cuanto a los otros elementos, acertada es la escogencia de un músico en vivo. Así, Rudyard Villalobos se integra con su guitarra y su presencia física, pero silenciosa. En cuanto a la escenografía, los escasos objetos seleccionados son justos. Los alebrijes, animales fantásticos de la cultura mexicana, se convierten en vigorosos elementos simbólicos y también en los reflejos de Diego Rivera. Ahí está el Baúl lleno de recuerdos y sugerencias, lugar, además, central de la obra, pues desde él dimana gran parte del monólogo. A un lado, está un espejo que multiplica los rostros de estas múltiples fridas. Todos estos elementos expresan bien la producción de Zara Fermín Rapisarda.

Una mención aparte es el vestuario realizado por Franklin Bonilla. Sin grandes estruendos ni aparatajes, ante nuestros ojos Frida se viste y desviste según va contando su vida y cada traje tiene una enérgica función narrativa. Como si se dividiera una etapa en el recorrido, como si terminara un pequeño acto, cada cambio introduce un elemento dramático. Pero aparte de esa función, también tiene una carga icónica, pues se conecta con las obras pictóricas de Kahlo, con sus colores, con sus formas.

Habitar el cuerpo de Frida no es tarea fácil y en el recorrido Irene Arcila sale airosa. Momentos de real empatía entre texto y espectadores ocurrieron con frecuencia, en momentos fulgurantes del canto, en la interacción con un poquito de tequila, en alguna complicidad de las revelaciones sobre el gigante y miserable Diego Rivera. Arcila habitó bien el pequeño espacio del escenario entre el baúl central y el espejo de costado. Sin embargo, en algún momento, en la transfiguración del dolor, algo de peso se perdió, y en ese traspié cayeron la voz y la gestualidad y también las luces y también los objetos. Sobre todo ocurrió en el instante de los abortos o en el accidente donde perdió la pierna. Aun así, la actuación se sobrepone a ese tropiezo y se levanta y sigue y nos convence. Logra hacernos reír, conmovernos y quererla.

Sólo tres funciones tuvo en Caracas la obra para demostrar la capacidad actoral de Arcila. Es una pena que una puesta tan interesante tenga vida tan efímera en nuestros escenarios. Bien merece otras presentaciones.

Rafael Rondón Narváez

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Comentarios (4)

MUCHAS GRACIAS por la información. El talento de esta DIOSA solo puede compararse con su SEÑORIAL BELLEZA. Nada más, una pequeña observación, ella es de origen venezolano y, desde hace años, radica (para fortuna nuestra y desgracia de los sudamericanos) en nuestras tierras, así que podemos considerarla como mexicana ya.

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Este texto del prof.Rafael Rondón Narváez sobre la obra teatral: Las dos Fridas, de José Jesús Gonzalez puesta en escena en las salas de Caracas, nos presenta a una Frida más humana y real, esa que no conocemos.Esa, que en las palabras del prof. Rondón, desde los recursos usados por la dirección de la obra, música, vestuario, objetos, ambientación…y sobre todo la actuación magistral de quién la represento magistralmente: Irene Arcila y, aún tocando sutilmente los estereotipos de Frida, permitió catar a un personaje vivo que sorteo de la mejor manera, los escollos presentes en su vida. Gracias prof. Rondón y ojalá vuelvan a ponerla en escena, para poder verla.

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Sin duda alguna, que la vision que nos transmite el profesor Rafael Rondón sobre Frida Kahlo, luego de deleitarse con la puesta en escena de la obra Las dos Fridas, escrita y dirigida por José González y acompañada de un excelente elenco, como es el caso de Irene Arcila quien representa a Frida, nos lleva reflexionar sobre Frida Kahlo y admirar la huella que marcó en una época dominada por hombres pero donde ella valiéndose de su arte e ingenio pudo destacar y cambiar paradigmas en el colectivo imaginario. Su huella aún sigue presente entre nosotros. Ojalá estos encuentros teatrales se repitan para el deleite de muchos.

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Es la opinión del profesor Rafael Rondón Narvaez con respecto al interés que demuestran las personas al hecho de conocer en profundidad al personaje de Frida. Aunque las redes sociales sean de gran uso, no hay quien se interese.
Manifiesta que en el cine se ha trabajado un poco la vida pasional y obras pictóricas de Frida, añade que lo que ya se conoce y lo que se ha agregado no da para hacer un buen texto teatral. El escritor de éste texto busca motivar a quienes les interesa relatar la vida de Frida hacer una buena sinergia entre lo que conoce y derroche de imaginación y creatividad, además de los actores,para poner en escena una buena pieza teatral. Así describe, la versión del texto de José Jesús González la cuál despertó muchas emociones en él, y que a su parecer aunque en algún momento se presentaron detalles, no dejó de ser una buena presentación de Frida. El autor sugiere que una pieza teatral tan buena e interesante vale la pena repetirse y que así sea, pues me gustaría deleitarme con dicha obra.

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