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…ídolos peripatéticos en la glorieta de las ponderaciones

sábado 2 de septiembre de 2023
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...ídolos peripatéticos en la glorieta de las ponderaciones, por Carlos Alberto Agudelo Arcila
Escribir porque se desea ser uno con la palabra, visceral con el pensamiento. Ser sujeto y verbo y sustantivo de uno mismo al escribir.

I

Escribir no para autoproclamar yos, no para volverse ídolo peripatético en la glorieta de las ponderaciones. Escribir porque se desea ser uno con la palabra, visceral con el pensamiento. Ser sujeto y verbo y sustantivo de uno mismo al escribir. Zarandear sin descanso el polvo de la expresión por escribirse. Ser un perturbador del lenguaje. Conjugar el vocablo certero. Dar en el blanco de cuanto se debe decir.

Escribir porque corre por las venas sangre de soñador o porque la palabra es secuencia de un mundo por explorar.

Desempolvar el tres más tres igual a seis e ir hasta el resultado infinito de uno más uno igual a la lluvia sobre el tejado donde se torna aire abierto el devenir de dos trinos al unísono. Escribir con precisión sombras de felinos negros entre sombras de las catedrales del mundo. Escribir la cuerda del ahorcado mientras un grito de auxilio verifica un punto y coma ensangrentado por pensamientos del suicida.

Luz y ave muerta, aire abajo como un poema de desesperanza y amor a la escritura. La orquídea pájaro violeta, escrita sobre la hoja de ondear fucsia, levanta vuelo desde su nacimiento para luego posar sus alas vegetales en alambres invisibles no sin antes auscultar el trébol en manos de las bellas durmientes. Enhebrar palabra a palabra el designio de un sustantivo y de un verbo y de un sujeto hasta convertirlo en un solo vocablo capaz de ser articulación diversa del escribir. Prodigarle al raciocinio su libertad vanguardista e invertir en cualquier palabra revoloteos más allá de la estancia donde se encasilla la deducción.

 

II1

La página en blanco, abismo sin fondo donde descienden palabras de toda índole, por ejemplo, índole de esto o aquello sin medida hasta abastecer dicho mundo subterráneo de vocales y consonantes arraigadas en su elemento primario. Oscilación en el aire de las palabras sin rumbo, palabras desorientadas en el precipicio translúcido, palabras para rescatar a través de la escritura semejante al transcurrir del trino, del verde en la distancia, del ladrar tras la sombra escurridiza, al lenguaje de Virginia Woolf, Emily Dickinson, Wislawa Szymborska, Miguel de Cervantes, Fiódor Dostoyevski, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Aurelio Arturo, Álvaro Mutis, Antoine de Saint Exupéry, Juan Rulfo, Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Albert Camus, Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway, Boris Pasternak, Friedrich Nietzsche, Khalil Gibran, Lord Byron, Thomas Mann, André Breton, Vicente Huidobro, Ernesto Cardenal, Oscar Wilde, Federico García Lorca, Octavio Paz, León Tolstoi, Rubén Darío, John Keats, Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Antonin Artaud, Nikos Kazantzakis, James Joyce, Emil Cioran, Pablo Montoya, William Ospina, Umberto Senegal, Nodier Solórzano, Carlos Villegas, Fernando López, Javier Tafur, Julio César Londoño, Hernando Téllez, Jorge Isaac, León de Greiff, Oliverio Girondo, César Vallejo, Vargas Vila, Giovanni Papini, José Lezama Lima, Yasunari Kawabata, Vladimir Nabokov y…, del lenguaje en asombro constante.

 

III

Escribir peripecias de la ceniza en el costado opuesto del barco de papel. Revertirle a la realidad su universo intrínseco. Generar palabra a palabra el surrealismo y el realismo de cuanto existe en la gota blanda de la ola, en la entrelínea sin fin, en el azul de infinitos colores. No simular el escribir de una hoja en el rocío para sobrenadar el orbe con egos de escritor: narcisismo ante el espejo del escribir.

 

IV

Leer. Leer. Leer y leer, leer, leer y escribir, escribir, escribir y escribir… Por último, dejar la página en blanco no sin antes pensar el porqué del escribir con la única respuesta de leer, leer, leer y escribir, escribir y escribir, o no escribir, o no leer, paradoja del sí, del no literario: absurdo grito sin eco.

 

V

Garantizar la palabra lista a acoplarse en el escrito magnífico. O por el contrario terminar por afirmar: en literatura existen páginas en blanco inmortales.

Carlos Alberto Agudelo Arcila
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Notas

  1. Mi admiración a escritores, poetas universales y de nuestra región.
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