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Una visita a Los Cuatro Gatos

martes 24 de octubre de 2023
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Bar Restaurante Els Quatre Gats (Los Cuatro Gatos)
Allí, alrededor de sus fotos, nos imaginamos los encuentros de estos artistas a contracorriente que pusieron en entredicho la existencia perfecta burguesa y la sacudieron hasta sacar a la luz aquellas insinuantes y provocativas obras.

El 8 de abril de 2023 se cumplió el quincuagésimo aniversario del fallecimiento del artista español Pablo Picasso. Esta crónica rememora los encuentros del pintor con los artistas de la vanguardia barcelonesa en el bar restaurante Los Cuatro Gatos.

En Los Cuatro Gatos (Els Quatre Gats), llenos de emoción, nos tomamos el primer vermut del día. Estábamos contentos de encontrarnos en ese lugar donde Pablo Picasso, con toda la vanguardia joven de Barcelona, se reunió, bebió, habló, se enamoró hacia finales del siglo XIX, planeando cambiar las formas y el ritmo de la vida y la pintura. Con el segundo vermut entraron a nuestra conversación el mismo Picasso y sus cómplices, quienes relataron cómo aquel bar restaurante fue el sitio perfecto para exponer su arte y su aventura libertaria. Allí, alrededor de sus fotos, nos imaginamos los encuentros de estos artistas a contracorriente que pusieron en entredicho la existencia perfecta burguesa y la sacudieron hasta sacar a la luz aquellas insinuantes y provocativas obras.

Hasta allí llegué, acompañado de varios amigos, un otoño veraniego, viendo desfilar en la mesa uno, dos, tres vermuts de la casa, con sus respectivas tapas de variadas aceitunas, lo que nos animó para poner a navegar nuestra palabra, recordando aquella generación finisecular que se sentó en este mismo sitio hace más de ciento veinte años.

Así fuimos deshilvanando los lazos secretos que nos unen al Picasso joven, aquel que dijo un día que no buscaba, sino que encontraba; el que afirmaba con orgullo que nunca se repetía a sí mismo y que pintar era una forma de exorcismo.

Cuántos secretos y datos no guardan esas paredes. Sobre todo del Picasso que llegó a los trece años a esa Barcelona modernista. Era 1895. Venía de Málaga y de La Coruña, ciudades en las cuales su padre, don José Ruiz Blasco, había sido profesor de dibujo. De la región gallega, don José se trasladó a Barcelona para ocupar una plaza docente en la Escuela de Bellas Artes, llamada también “La Lonja”.

La fuerza del espíritu modernista generaba un ambiente cosmopolita que se sentía entre los artistas.

Barcelona pasaba por un momento de transformación arquitectónica y cultural. La fuerza del espíritu modernista generaba un ambiente cosmopolita que se sentía entre los artistas. Era la ciudad de Gaudí y de Verdaguer; de los movimientos políticos socialistas y anarquistas revolucionarios. En ese ambiente llegó Pablo Ruiz Picasso, quien entre 1895 y 1896 pintó al óleo su famoso cuadro La primera comunión, en el cual ya se observaba el dominio de las técnicas académicas. En 1897 realizó su segunda y última pintura con aires académicos, titulada Ciencia y Caridad. De allí en adelante la influencia del impresionismo y del posimpresionismo se hará notoria en el joven genio.

En una corta estadía en Madrid, en 1897, se le ve como estudiante en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, la cual abandonó por no encontrar nada novedoso en sus métodos de enseñanza. Aprovecha para mirar las obras de los maestros en el Museo del Prado, sobre todo del Greco, tan importante en su llamada época azul.

De Madrid sale enfermo de escarlatina, regresando a principios de junio de 1898 a Barcelona. Recuperado, viaja al pueblo de montaña Horta de Ebro, donde realizará sus exploraciones de pintura vanguardista. Retorna en la primavera de 1899 a Els Quatre Gats —Los Cuatro Gatos—, reuniéndose con pintores, músicos, intelectuales y poetas, entre ellos con Santiago Rusiñol, Nonell Ramón Casas, Isidro y Joaquín Suryer, Manolo, los hermanos Àngel y Mateu Fernández de Soto, Ramón Reventós, Eugenio D’Ors, Carlos Casagemas y Jaime Sabartés, estos dos últimos, amigos de una gran importancia para su vida y futura obra.

En medio del ambiente bohemio, colgó en las paredes del bar su primera exposición individual en febrero de 1900 con dibujos y cuadros con influencia del art nouveau francés y de los prerrafaelitas ingleses. Y allí todavía podemos ver algunas de sus reproducciones expuestas en las paredes, con las fotos de intelectuales y artistas, tan importantes para el Picasso en busca de su propio lenguaje plástico.

Bar Restaurante Els Quatre Gats (Los Cuatro Gatos)
Fundado en 1897, el bar restaurante Los Cuatro Gatos fue centro de reunión para artistas e intelectuales, entre los que se contó un joven Pablo Picasso, quien en 1900 presentó en sus paredes su primera exposición individual.

Octubre de 1900. Picasso viaja a París con su gran amigo Carlos Casagemas y se instalan en Montparnasse. La fatalidad rodea a Carlos, quien se enamora perdidamente de la modelo Laure Gargallo, llamada por todos Germaine. Al no ser correspondido regresa a España. Muy pronto Casagemas vuelve a París. Germaine lo ignora y el mal amado se quita la vida en un café de París el 17 de febrero de 1901. Golpe duro para Picasso. Se dice que desde aquel momento, sobre todo con el cuadro El entierro de Casagemas, los tonos azules y grises, de soledad, tristeza y orfandad, poblaron sus pinturas. Entonces, nos lo imaginamos pintando a prostitutas tristes, mendigos ciegos, a personajes solitarios, artistas y bohemios del hambre, toda una iconografía de la angustia existencial, emocional y psicológica tan sentida por los artistas de aquella época. Picasso asumió la ruptura y los retos. La pintura era para él una forma de interrogar y de entender el mundo, de allí que sus temas tocaran los problemas más álgidos, conflictivos y trágicos de los seres humanos: dolor, angustia, soledad, desamor, muerte. Durante cuatro años el color azul será su fiel acompañante.

1903. Pablo Picasso retorna a Barcelona. Pinta los emblemáticos cuadros del período azul: La vida, Mendigos junto al mar; hasta que en 1904 se marcha definitivamente a París, donde se encontrará con los poetas Max Jacob, André Salmón y Guillaume Apollinaire. Pondrá su taller en un edificio destartalado, ruinoso y de madera. Su amigo Max Jacob lo bautiza como Bateau Lavoir (baño lavadero). De allí en adelante lo vemos entrar a una nueva etapa con un amor que lo acompaña, cuyo nombre y figura aparecerá paulatinamente en su obra: Fernande Olivier. Con ella vivirá siete años y transformará sus grises y azules en un tono rosa sereno, cálido, vivaz, reflexivo. Ahora se puebla de arlequines, saltimbanquis, mujeres desnudas, maternidades, el mundo del circo Medrano situado en Montmartre. Es la alegoría a la libertad. Unos años más tarde, Picasso estará a un paso de revolucionar, con el cubismo, la pintura de Occidente.

Y allí lo dejamos, pues de este lugar salió en busca de otros horizontes, pleno de vitalidad y lucidez creadora, inventándose, inventándonos.

De modo que nos levantamos, no sin antes tomar otro vermut, y con una señal de agradecimiento a estos Cuatro Gatos me sumergí en el misterioso, laberíntico y poético barrio Gótico.

Carlos Fajardo Fajardo
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