Saltar al contenido

Dos novelas colombianas sobre el canal de Panamá

martes 25 de febrero de 2025
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Canal de Panamá
Para Colombia el Canal de Panamá ha sido un tema de casi siglo y medio, pues fue en su territorio que una compañía francesa dio inicio a la construcción del ferrocarril entre Ciudad Colón y Panamá y a las obras del canal. 📷 Stan Shebs

En varias oportunidades el presidente Donald Trump ha manifestado su intención, lo señaló así en su discurso de posesión, de apropiarse nuevamente (los Estados Unidos de América) del Canal de Panamá. Este tema de soberanía va a ser un punto candente en los próximos días, pues el deseo expansionista y la pretensión de ser el país con mayor poder e intervención financiera en el planeta harán acrecentar odios y afectos y propiciar guerras, obligará a tomar posiciones políticas y económicas en el mundo entero.

Para Colombia el Canal de Panamá ha sido un tema de casi siglo y medio, pues fue dentro de la república de Colombia que una compañía francesa dio inicio a la construcción del ferrocarril entre Ciudad Colón y Panamá y a las obras del canal, que en ese entonces era un proyecto de construcción a nivel y no en esclusas, tal vez por el entusiasmo que despertó la construcción del canal de Suez.

A comienzos de 1900 Estados Unidos propició la lucha por la independencia de Panamá, respaldó a los independentistas con barcos de la marina, sobornó las condiciones del tratado del Canal, compró embajadores y gobernantes y otorgó una ridícula indemnización al país por haber cedido buena parte de nuestro territorio para que luego una firma norteamericana construyera y lo explotara por cien años, al cabo de los cuales se lo entregaría a la república de Panamá, como se hizo el 31 de diciembre de 1999. Hoy se pone en tela de juicio el tratado Torrijos-Carter, que posibilitó la entrega de este paso que soñaron, desde Balboa, todos los hombres que se asomaban al istmo y oteaban un hermoso paisaje y un gigante negocio para cualquiera que poseyera estas tierras.

Mucho se ha escrito sobre el tema: ensayos políticos, análisis financieros, proclamas, novelas y poemas.1 En los últimos años varias novelas colombianas han tocado el tema: Historia secreta de Costaguana, de Juan Gabriel Vásquez, y La guerra perdida del indio Lorenzo, de Rafael Baena, entre otras.

“Historia secreta de Costaguana”, de Juan Gabriel Vásquez
Historia secreta de Costaguana, de Juan Gabriel Vásquez (Alfaguara, 2007). Disponible en Amazon

La primera, Historia secreta de Costaguana (Alfaguara, 2007), narra en primera persona la historia de José Altamirano y de su padre Miguel a través de la voz del hijo, quien como un narrador oral cuenta diferentes episodios personales y colectivos alrededor de las guerras de final de siglo en nuestro país, pero fundamentalmente la novela es la búsqueda de su padre en Panamá, a donde viaja, y con los breves datos suministrados por su madre, Antonia de Narváez, le encuentra, y acompaña durante varios años en su labor periodística, presencia las luchas de los independentistas, la construcción del ferrocarril y el derrumbe del primer proyecto de los franceses de construcción del canal, pero con detalle describe las diversas tramoyas de los intermediarios y cónsules norteamericanos para quedarse con el Canal de Panamá.

En la novela sucede un encuentro con el escritor polaco Joseph Conrad en su fugaz paso por el Caribe, siendo un joven aprendiz de marinero y quien se inaugura traficando armas para los ejércitos conservadores de Colombia, y a quien años después José Altamirano visita en Londres siendo éste ya un novelista importante, y aquél un hombre que huye de la hecatombe de su tierra, del desastre de su vida, buscando un lugar donde esconderse de sí mismo.

No todo es historia; hay dureza en los acontecimientos que rodean a Eloísa, la única hija de José Altamirano, en la trágica vida de su esposa, en el final de su padre, en su siempre y constante fracaso. Novela excesiva a veces, reiterativa en ese intento por dialogar con el lector a quien está dirigida la voz del narrador, quien parece, en algunas oportunidades, como un vendedor de plaza de mercado que juega con el tiempo y que anuncia y reitera que va a contar un acontecimiento sin decirlo. Lo que sí es notable es que la novela posee una gran investigación histórica, un conocimiento de la biografía y de la obra de Conrad que sorprende; hoy la novela es, sin dudas, un material absolutamente valioso para conocer detalles del entorno social, político y mercantil por el que atravesaba la ya república de Colombia, que propició —y cuyos gobernantes conservadores permitieron— la apropiación del canal de Panamá.

“La guerra perdida del indio Lorenzo”, de Rafael Baena
La guerra perdida del indio Lorenzo, de Rafael Baena (Alfaguara, 2012). Disponible en Amazon

La otra obra mencionada, La guerra perdida del indio Lorenzo, de Rafael Baena, novelista, fotógrafo y periodista (fallecido el 14 de diciembre de 2015), fue su última novela,2 y registra con minucia las escaramuzas de las innumerables batallas que libró en Panamá el indio Lorenzo, un liberal “pata al suelo” de un radicalismo natural, de un espíritu combativo y libertario por lograr la emancipación de sus hermanos.

Esta novela no narra el éxito, como lo dice su título, relata las pérdidas, y entre tantas, son éstas las anteriores a la separación de Panamá. La novela reconstruye el paisaje social, político y económico que condujo a la independencia de ese territorio a través de una extensa carta que Vicente Orduz (terrateniente santandereano que se sumó al radicalismo liberal) le escribe a su sobrino. Relata la historia del indio Lorenzo, un héroe anónimo, un líder natural de un grupo de indios armados con palos, machetes y nueve escopetas de fisto, que se atreven a desafiar, con el sistema de guerrillas y la propuesta dada por Orduz —el narrador en primera persona de esta historia— de conformar el primer escuadrón de caballería armada según los consejos de guerra brindados en los textos del general Antonio Maceo (héroe independentista cubano). Obviamente el indio dio la vida defendiendo su tierra, las ideas libertarias y de igualdad.

Este tal Vicente Orduz, narrador protagonista, cronista de las guerras en Panamá, quien aparece también en la novela Bala vendida, parece ser el alter ego de Rafael Baena. Su papel de cronista, historiador, amante de los caballos y experto jinete, lector de obras de aventuras juveniles (Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas), y su actitud, en la novela, al dar opiniones respecto a personajes fundamentales en la historia de las guerras del país como Benjamín Herrera y Uribe Uribe, le dan un certero parecido al autor.

El exceso de detalles sobre las escaramuzas de los diversos bandos liberales, con nombres de generales y personal de tropa, lugares, caminos, pequeñas poblaciones y conversaciones casi de mensajería para adquisición de armas y pertrechos, el planeamiento de emboscadas y estrategias de batalla, hacen que la novela se extienda hasta la monotonía con el recuento y la reiteración del camino acumulado de las batallas fracasadas de Lorenzo. No se trata de una novela que estimule la ficción, su propósito es dar cuenta de la investigación del autor sobre el cúmulo de batallas del indio Lorenzo, que se suman a la lista de otras obras Rafael Baena sobre el tema: Tanta sangre vista, Vuelvan caras, carajo, o La bala vendida, entre otras.

La importancia de las novelas de Baena sobre las batallas del siglo XIX está ahí, en la recuperación histórica, y, para utilizar sus palabras, cuando le preguntaban por qué había escrito novelas históricas, respondía siempre que a los hijos “había que explicarles la violencia, y que los orígenes de la guerra de hoy estaban en las guerras de ayer, en la fundación misma de la patria”.3

Estas dos novelas toman hoy relevancia, por un lado, por connotar a lo largo de todas sus páginas que Colombia y Panamá son un solo territorio dividido a la fuerza, los mismos hombres lucharon y murieron por la misma causa; la historia de las guerras en el siglo XIX y comienzos del XX son escenarios que posibilitan explicación de las actuales;4 pretender el canal por parte del Gobierno norteamericano5 es un exabrupto, sin precedentes, al cual nuestros países deben dar respuesta por ser un aspecto de soberanía mayor.

Carlos Luis Torres Gutiérrez
Últimas entradas de Carlos Luis Torres Gutiérrez (ver todo)

Notas

  1. El artículo “El Canal de Panamá: una historia literaria”, de Luis Pulido Ritter y publicado en la revista Libros & Letras el 11 de julio de 2014, hace un recuento de algunos de los escritos literarios sobre el canal de Panamá. Pongo otros adjuntos: Luna Verde (1941), Gamboa Road Gang (1960), Curundú (1963) y Flor de Banana (1965), de Joaquín Beleño; La otra frontera (1966), de César A. Candanedo; Canal Zone (1935), de Demetrio Aguilera Malta; El último juego (1977), de Gloria Guardia; Los nietos de Felicidad Dolores (1991), de Carlos Guillermo Wilson; No pertenezco a este siglo (1995), de Rosa María Britton, y Manosanta (1996), de Rafael Ruiloba.
  2. El 4 de diciembre de 2015, pocos días antes de su muerte, Rafael Baena aceptó la invitación de presentar la novela en la desaparecida librería Luvina, de la cual yo era propietario. Rafael llegó con su esposa Amalia Carrillo, quien le ayudaba con el equipo de oxígeno mientras él hablaba con entusiasmo de batallas y derrotas y de la importancia de su papel de historiador de las guerras del siglo XIX.
  3. Cita tomada de la semblanza “Un año sin Rafael Baena”, realizada por Sara Malagón.
  4. Existe una intención clara de contar de nuevo la historia de las batallas del siglo XIX ahora desde la boca de hombres absolutamente anónimos como el indio Lorenzo. Aspecto hoy introducido en la nueva forma de hacer la historia, no con hechos fundamentales sino marginales (que no es aquí el caso), pero sí a partir de hombres anónimos o no reconocidos. Baena no pone de narrador al indio Lorenzo pues sería difícil aceptar que desde una cabeza poco “ilustrada” pueda darse una explicación acertada y global de un período política y socialmente complejo. Por tanto, el protagonista es Orduz, su alter ego.
  5. A través de la voz de Orduz, alter ego de Baena, se deja claro el papel de los norteamericanos al estar pendiente en los barcos por el desenlace de la guerra en Panamá. “Yo casi podía imaginar a sus grandes magnates restregándose las manos en alguna conspicua oficina washingtoniana, con ganas de que la guerra acabara pero también deseando que al hacerlo el vencedor quedara tan débil que no pudiera anteponer condiciones o dilatar la puesta en operación de la nueva vía, que anticipaba iba a ser una proeza de tales alcances ingenieriles que en muy corto tiempo le permitirían sumarse al selecto grupo de las grandes maravillas del mundo. Con Victoriano Lorenzo ya habíamos conversado respecto a la multiplicidad de intereses foráneos involucrados en el destino de Panamá; incluso él había llegado a decirme que, una vez derrotados los godos, sin duda alguna la guerra continuaría porque entonces sería necesario echar a los marines al mar” (página 177).
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio