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Rafael Pineda: un escritor polivalente

jueves 17 de septiembre de 2026
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Rafael Pineda
Pineda no calzaba muy bien en esos escritores fáciles de agrupar y quizás por esa razón nunca fue considerado a cabalidad como poeta y novelista; su faceta como crítico de arte era la más reconocida.

Hay escritores que dejan su impronta en el mapa de nuestra literatura a pesar de los silencios premeditados de la crítica o de esa maleza del olvido que crece con lentitud en torno a su obra. Con Rafael Pineda ha sucedido algo bastante curioso. Fue un escritor polivalente que se desplegó con soltura y talento escribiendo ensayos, obras de teatro, poesía, novela, la crítica artística o el trabajo histórico con acuciosa investigación de fondo. A pesar de haber desarrollado una obra literaria sugestiva la crítica literaria lo obvió, o por lo menos no le prestó la atención necesaria. Sin embargo su trabajo literario no pasó desapercibido y un buen número de premios y reconocimientos no le fueron ajenos.

Rafael Pineda no calzaba muy bien en esos escritores fáciles de agrupar y quizás por esa razón nunca fue considerado a cabalidad como poeta y novelista; su faceta como crítico de arte era la más reconocida. Su activismo en el ámbito cultural fue notorio; siempre estaba ideando proyectos, redactando libros, creando un museo, etc. Estuvo bastante atareado y no se apoltronó a escribir una obra como Dios y la crítica mandan.

Los libros de Pineda dejan en claro su decidida vocación de escritor, por lo demás nada común.

Revisar los libros escritos por Pineda proporciona un saldo extravagante. En primer lugar, se percibe que su trabajo con la escritura era constante y no estaba circunscrita a un tema (o género) en específico; Pineda nunca huyó de los temas por más complicados que éstos fuesen. Luego estaba su labor colateral de investigación, siempre exhaustiva y sin cabos sueltos debido a que buscaba todas las aristas del asunto tratado. Agotaba el tema con datos, cifras y buen número de referencias que enriquecían de manera clara y hasta amena el tema en cuestión. Por último, los libros de Pineda dejan en claro su decidida vocación de escritor, por lo demás nada común. En el libro Quiénes escriben en Venezuela: diccionario abreviado de escritores venezolanos (siglos XVIII a XXI), firmado por Rafael Ángel Rivas y Gladys García Riera, recopila los títulos de los libros escritos por Pineda. Citemos algunos:

Estudios, monografías y ensayos: Robert Frost en los bosques de la Nueva Inglaterra (1960); Francisco de Miranda en Italia. Homenaje en el sesquicentenario de la muerte de Miranda (1966); Monumento a la pintura venezolana (1966); Ítalo-venezolano; notas de inmigración (1967); Revelaciones de un pintor desconocido: Jesús María de las Casas (1968); Escultura y pintura de Francisco Narváez (1968); La pintura de Tito Salas (1969, 1974); San Felipe el Fuerte, la epopeya de Venezuela (1972); Hierbas, púrpura y magnolias (1973).

La primera vez que visité el estado Bolívar quería ver tres cosas: el Caroní, el Orinoco y el Museo de Arte de Angostura, también conocido como Museo de Angostura, fundado por Rafael Pineda en esa vetusta casa colonial donde funcionó el histórico diario Correo del Orinoco.

Recorrer el museo me recordó el famoso cuadro El gabinete de arte de Cornelis van der Geest, obra del artista flamenco Willem van Haecht que se encuentra en el Museo Rubens, en Amberes. En las paredes de una sala se exhiben 42 cuadros; en su mayoría son pintores flamencos, se incluye un cuadro de Van Eyck con la escena de una mujer desnuda ante un tocador, de singular relevancia, debido a que el original se desconoce, además de obras de Rubens y otros artistas. De igual forma se reproduce el cuadro de Elsheimer Ceres en casa de Hécuba, probablemente el mismo que en la actualidad pertenece al Museo del Prado. Hay también esculturas, porcelanas, estampas y otros objetos. El museo me resultó abarrotado y con un orden decididamente caprichoso y hasta heterodoxo, como el cuadro de Haecht. Había cuadros de muchos pintores del estado Bolívar y de otros estados del país. También cestas indígenas, esculturas y otros objetos de variado tenor; Incluso había una reproducción fidedigna de la Venus de Tacarigua.

Pineda fue también uno de los principales promotores del Museo de Arte Moderno Jesús Soto, lo que evidencia su interés por darle cohesión trascendente a la memoria artística nacional y regional del estado Bolívar.

Pineda en cuanto estilo como poeta no hizo experimentos vanguardistas y su poesía más bien se inclinó hacia la tradición poética. En cuanto a la novela fue más temerario y La casa flotante jugueteó con el realismo mágico antes de que se volviera una moda. En sus trabajos como crítico de arte fue preciso y desmenuzó el trabajo artístico para encontrarle sus aciertos y errores. En el prólogo del libro Las estatuas de Simón Bolívar en el mundo, Rafael Caldera escribe: “Ha entregado un texto cuyo contenido documental marcha parejo con la amenidad. Se lee con agrado y no solamente con provecho. Por supuesto, que su condición de crítico de arte y la libertad de que siempre ha hecho gala en la exposición de sus ideas lo llevan en algunos casos a formular juicios que pueden aparecer severos y que tal vez no sean compartidos por la unanimidad de los lectores, pero que en todo caso están respaldados por su sinceridad y por su autoridad en el ramo”. Pineda realiza una pesquisa detectivesca para un libro clave. Caldera acota: “Para prepararlo, Pineda tuvo que recorrer mucho mundo y seleccionar, en más de cincuenta países, las esculturas originales, comprendiendo no tan sólo las obras que se basan en la interpretación iconográfica propiamente dicha —bustos, estatuas ecuestres y de pie, medallones, medallas, monedas, mosaicos de las más variadas técnicas y formatos—, sino también las no figurativas, que a través de distintas escuelas de arte rinden testimonio perenne a la gloria de Bolívar”.

Esta manera minuciosa de encarar la escritura crítica la encontramos de igual modo en otro libro, La historia pintada: los retratos de la Casa del Congreso de Angostura (Ciudad Bolívar). Este libro, que el propio Pineda denomina catálogo, abre con un dato singular referido a la estatua de Simón Bolívar que es una copia del original del artista italiano Pietro Tenerani. La estatua se compró gracias a la contribución de una serie de ciudadanos de la ciudad. Pineda escribe los nombres que participaron para completar en pesos el monto requerido para adquirir la estatua. Y así un sinfín de datos y curiosidades sobre la ciudad de Angostura, hoy Ciudad Bolívar. El libro hace un escaneo tanto de las obras como de los artistas presentes en la casa del Congreso de Angostura. Un libro que se ramifica en historia, crítica de arte y numerosas anotaciones menores para ofrecer un amplio espectro de una casa que forma parte de nuestra historia.

El mejor homenaje que se le puede brindar a un escritor es leer su obra (que se reediten sus libros y que pasen, incluso, a las plataformas electrónicas). Sin duda Rafael Pineda, para ese mundillo de la literatura (siempre mezquino y capaz de las triquiñuelas más voraces), era sólo un artesano de la escritura, pero lo cierto es que era un artista en su sentido más amplio. Mientras tanto una porción elevada de escribientes (en el sentido que Roland Barthes les daba) se promocionaban como lo plus ultra de la literatura nacional. Pineda seguía en su trabajo de zafra con las palabras, abordando los diferentes géneros sin dejarse encandilar por ese protagonismo de oropel. Por su parte, la crítica tenía otros asuntos más urgentes (la tesis para el ascenso de grado, la nota de crítica literaria charcutera para diarios y revistas). Refiriéndose a la crítica literaria, no sin razón Henry James escribió: “La vulgaridad, la crudeza y la estupidez que la apreciada combinación entre la reseña improvisada y nuestro maravilloso sistema de publicidad han puesto en circulación a una escala tan vasta pueden verse como una invención sin precedentes pensada para negar la valoración”.

En lo personal, Rafael Pineda representa a ese escritor que trata de hacerse de una vida con lo que sabe hacer: escribir. Y escribe desde esa visión del sacerdocio. Para él la escritura fue un oficio, pero también un arte. Fue un escritor vital muy contrario de ese escritor enfermizo centrado en su escritura y como atornillado a su silla de trabajo. Sin duda para Pineda la literatura fue una aventura que él vivió con esa intensidad de la inquietud, y ahí está su obra a la espera de mejores lecturas.

Carlos Yusti
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