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Histerias de la historia

miércoles 27 de mayo de 2020
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Papeles de la pandemia, antología digital por los 24 años de Letralia

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2020 en su 24º aniversario

Bitácora del capitán. Día 12.

La gente ha salido temerosa. Los niños ya no juegan en las escuelas. Lo atribuyen a junta técnica. Todos sabemos que es el coronavirus. Ojalá todo sea un sueño y mañana, al despertar, todo tranquilo.

 

Bitácora del capitán. Día 13.

Hay escasez de papel higiénico. Parece ser que, con muchos rollos de papel, se puede hacer una fortaleza efectiva para evitar que el virus entre a la nave. Mi vecino ha comenzado a construir una. Yo ya no alcancé papel en el supermercado. Espero no sucumbir a la enfermedad por falta de papel. Todo lo demás tranquilo, aunque ahora uso servilletas.

 

Bitácora del capitán. Día 14.

Aún no suspenden las clases, pero han extendido las vacaciones a un mes. Aún no sabemos si las playas se inundarán de vacacionistas infectados. Las servilletas se acaban y pronto tendré que usar boletos del trolebús.

El cielo todavía es como lo conocemos. Algunas plazas todavía tienen gente. El virus avanza…

Histerias de la historia, por Federico Martínez Reyes

 

Bitácora del capitán. Día 15.

¡Qué desolado se veía todo el fin de semana! Apenas algunos gritos de aliento que se perdían en el eco de la nada. Todo tan solo y tan triste. Qué terrible fue para el futbol jugar sin público. ¡Y no se jugarán partidos hasta nuevo aviso! ¿Por qué, Dios, por qué?

El líder supremo tiene esas canas que tranquilizan a todos. Al parecer tiene inmunidad moral que se transmite a sus seguidores vía abrazos, besos y mordiscos mejillescos. Nosotros lo hemos evitado, su actitud parece otra pandemia.

Comemos tortillas hasta hartarnos. No sabemos cuándo desaparecerán.

 

Bitácora del capitán. Día 16.

Los niños comienzan a abandonar la escuela. En las calles los automovilistas se creen inmunes. La Vida es un encierro constante y yo he comenzado a abrir las ventanas.

Histerias de la historia, por Federico Martínez Reyes

 

Bitácora del capitán. Día 17.

Sigo encerrado en la oficina (de la nave). El líder supremo ha mostrado su “detente” como protección al virus, y yo aquí, evitando contacto humano y lavando mis manos con gel sanitizante, ¡de haber sabido que bastaba con ser honesto!

La gente sigue incrédula. Yo sigo contando los días.

Histerias de la historia, por Federico Martínez Reyes

 

Bitácora del capitán. Día 28.

Una semana para recolectar víveres y limpiar y ampliar las bodegas de la nave. La recolección de los víveres es la más complicada, mucha gente, sin ninguna precaución, lleva a toda su tribu, sin considerar el riesgo de contagio. Al llegar a la nave quemé mi ropa y me lavé cuidadosamente. Sin embargo, el miedo a haber sido contagiado no se limpia con el agua. Espero no presentar síntomas en los próximos catorce días.

 

Bitácora del capitán. Día 29.

Desde el puente de mando de mi nave miro a las demás tribus deambular por las calles, desafiando toda ley natural de la pandemia. Cada uno de ellos es sospechoso, aun más cuando miran sin recelo y con tanta cordialidad a sus iguales. Estoy cansado. Seguiré trabajando, sentado en mi sillón, mientras duermo.

 

Bitácora del capitán. Día 31.

Ayer vi imágenes que no quiero recordar: otras naves están a punto del colapso. No hay palabras para describir el horror. ¡Y pensar que todavía hay naves que creen que todo es un invento!

Esperamos órdenes para zarpar, pero el líder supremo, en vez de dar órdenes, ha mandado estampitas, entre ellas una que dice ¡Detente!

La he pegado en la entrada del baño, pues el papel comienza a escasear. Sin embargo, la cava está llena, lo que nos tiene tranquilos.

 

Bitácora del capitán. Día 34.

Paso muchas horas frente a la pantalla, esperando. Miedo y esperanza se filtran en los mensajes que se pueden leer y escuchar desde la consola de mando. Llegan imágenes de ciudades deshabitadas, plazas vacías y animales llenando el lugar que solían ocupar los humanos. Mi tribu canta y baila en la noche, son momentos de gran remanso.

La ciudad, lejos de la nave, se mira iluminada y en fiesta. Un mal presagio de la soledad que se avecina.

 

Bitácora del capitán. Día 38.

Casi se cumple la cuarentena en la nave. Hace dos días festejamos el cumpleaños de la tripulante más pequeña de la nave. Las felicitaciones fueron a distancia. Somos pocos, pero la algarabía es mucha. La música encendió de luz la nave y los ánimos se regocijaron. Por fuera, la vida es otra. ¿Quién vivirá en la Matrix? ¿Ellos? ¿Nosotros?

 

Bitácora del capitán. Día 42.

Han sido días de nostalgia. Desde lo alto del puente de mando, miré la luna llena, el amanecer a las diez de la mañana y, a lo lejos, entre árboles y casas, el puesto de láminas blancas, abandonado, cerrado, sin el olor a suadero ni el aroma de los tacos al pastor. Un vacío invadió mi estómago, una tristeza que se pegaba hasta la espalda.

Mi nave es una nave suspendida, ligera. En ella, los recuerdos invaden de aromas grasos las frutas y verduras. En tiempos de coronavirus, dicen, es preferible.

 

Bitácora del capitán. Día 48.

Hace cuatro días recibí un mensaje de una nave lejana pero muy querida: el virus había infectado a la tripulación. Minutos después, la comunicación se interrumpió. Fueron días de no saber más nada, de una angustia oculta para no preocupar a los navegantes de esta nave. Después de varios intentos, hoy la comunicación se restableció y se transmitió la feliz noticia: aun cuando un par de tripulantes sufrieron la peor embestida del virus, todos están bien.

Fue conmovedor escuchar la voz de la Capitana, saber que el virus puede vencerse, saber que algunas naves enfrentaron y ganaron la batalla, que ya pueden continuar su viaje, navegar a nuevos puertos.

El futuro es incierto para los que seguimos esperando en cuarentena, para las naves que mantienen a flote a sus tripulantes, sin saber el rumbo final del viaje. Pero escuchar esa voz entrecortada, esa voz de triunfo entrecortada, calma ligeramente las aguas y llena de risas la tarde.

Federico Martínez Reyes
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