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Héctor Torriente:
“Me interesa cultivar la palabra urgente y necesaria”

domingo 29 de mayo de 2016
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Héctor Torriente: “Soy primero borincano y luego todo lo demás. Eso de ‘ciudadano del mundo’ suena bonito, pero no va conmigo”.

Héctor Torriente en su vida cotidiana es el doctor Héctor Sepúlveda Rodríguez, docente e investigador en la Universidad de Puerto Rico. Está adscrito a la Escuela de Comunicación desde 1983. Ha concentrado su trabajo creativo al estudio de los medios de comunicación de masas en Puerto Rico y a la producción de una ristra de verso tras verso, los cuales también ha acompañado de uno que otro cuento. Cuando me atreví a acercarle unas preguntas por escrito, le dejé claro que la entrevista era para el primero, no el segundo. Tuvo la cortesía de compartir con él mis preguntas, y estas son sus respuestas sobre su trabajo creativo en ese Puerto Rico que le ha tocado vivir, describir y observar con ojo de investigador-docente y escritor empedernido.

—Entrevistarte no debe ser fácil. Pero lo fácil sería negarme a intentarlo y lograr sacarte unas palabras de amor que no sean poesía, nada más, o un simple cuento. ¿Te has puesto erótico o lo de Soledumbres de Eros (2016) son sólo versos, versos, versos? ¿Cómo surgieron a la vida esos versos de amor? ¿De qué tratas en este último trabajo creativo-poético publicado? ¿Cómo insertas este y todo tu anterior trabajo creativo con tus pasiones de vida: la comunicación social y la literatura?

Tengo cuatro poemarios publicados y otros cuatro inéditos. El arte poético para mí es vital y casi cotidiano.

—Primeramente, gracias por interesarte en mi trabajo y por brindarme la oportunidad de conversar contigo. Escribo poesía y relatos desde mi niñez, alrededor de mis ocho o nueve años, cuando en casa no tenía otra diversión. Me crie en el campo y la naturaleza que me rodeaba fue el primer motivo de mi inspiración. Tengo cuatro poemarios publicados y otros cuatro inéditos. El arte poético para mí es vital y casi cotidiano. Mis primeros versos eran puramente catárticos, un poco hasta cuando termino el bachillerato, en que me intereso en trabajar más la palabra y los tropos. Pienso que sucedió a partir de aquello que decía Juan Ramón Jiménez: “Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas”. Desde entonces, buscar la palabra apropiada y la estética de la metáfora para expresar los sentires es lo que me ha ocupado en la poesía. Claro, siempre con la agenda de buscar la mejor comunicación posible con el lector, sobre todo aquella que despierte en él, más o menos, las mismas emociones que relato.

El tema erótico nunca lo había cultivado adrede hasta este poemario, que lo terminé hace unos diez años, pero que es ahora cuando me atrevo a publicar. El motivo principal fue una ninfa que me retó a cultivarlo porque, según ella, el erotismo era la característica principal de mi discurso creativo. En realidad son poemas más sugerentes que manifiestos de lo erótico, aunque debo confesar que siempre traté de que fueran más explícitos que implícitos del tema.

“Atrevimientos culturales”, de Héctor Torriente—También en 2016 has sacado un libro de ensayos, Atrevimientos culturales: pensar comunicación en Puerto Rico. Mediaciones y educologías (2016). Recoges en este trabajo reflexiones previas, las cuales demarcas en por lo menos 1992. ¿Piensas que has logrado tu propia lectura de los medios de comunicación de Puerto Rico a lo largo del trayecto trazado dentro de este trabajo creativo?

—Lo pienso, definitivamente. Mi segundo libro, Suaves dominaciones, publicado en 2005 y 2012 (segunda edición ampliada) es el primer intento en Puerto Rico de reflexionar la comunicación social, como disciplina epistemológica. De la misma manera que ya lo habían hecho colegas estadounidenses, europeos y latinoamericanos, me lancé a convocar a los intelectuales “tradicionales” del patio al debate mediático y dejar de considerar los medios como meros inventos de la tecnología para el divertimento y enajenación de las masas. Estos “atrevimientos” que publico ahora profundizan aún más en ese espacio, que desde mi juventud temprana ocupa mi vocación universitaria. En ellos, me interesó más convocar al lector común, el puertorriqueño de a pie, de la manera más amena posible, para interesarlo en temas complejos y poco cotidianos. Van desde lo pedestre, como los certámenes de belleza, como los de economía política, las reflexiones sobre la geopolítica y algunos perfiles de sus cómplices protagonistas, como el ex presidente ya fenecido, Hugo Chávez.

—Si comparas Atrevimientos culturales (2016) con Suaves dominaciones: críticas y utopías de los medios en Puerto Rico (2005, 2012), ¿qué diferencias observas en tu propio trabajo creativo además de su diferencia en el tiempo en que se expresa? ¿Qué es aquello que has aprendido dentro del proceso creativo de dar forma y contenido a su corpus teórico de los medios de comunicación de tu país?

—Creo que contesto algo de lo que preguntas, anteriormente. Excepto que Suaves dominaciones es un libro sincrónico y este de ahora es más diacrónico. Es decir, aquel libro tiene una secuencia ordenada por capítulos y por temas, mientras este de ahora es una recopilación de ensayos y reflexiones muy diversas a través de los últimos 25 años de mi cátedra universitaria, tanto mediática como educológica. Incluyo tanto ensayos epistemológicos de la disciplina como mis intervenciones en los medios y también charlas y conferencias en diversas universidades, tanto en PR como internacionalmente.

—También tienes un trabajo relacionado con la radio o, más bien, sobre los mensajes que se enviaron por este medio dos de los mejores actores políticos de su país entre 1930 y 1955. Esa es una época de transición en la que no queda duda que el Estado moderno concebido por Foraker (1898-1900), a la manera de organizar o civilizar los territorios conquistados a México o a las tribus indias originarias, no pasó por su mismo tramo final. Pero no nos detengamos ahí, que no nos vamos a entender, y no estamos en vivo por la radio ni en ánimo de enfrentarnos a tiro limpio. Me refiero a: ¡Avísale a mi contrario! La radio en tiempos revueltos. Albizu y Muñoz: encuentros y desencuentros 1930-1955 (2014). ¿De cuáles encuentros tratas en este trabajo y a cuáles desencuentros haces referencia? ¿Qué debemos aprender hoy de esa época, de esos encuentros, de esos desencuentros entre don Pedro y don Luis I?

—Estuve investigando la literatura histórica de estas dos figuras y nadie se ha ocupado de lo que me ocupo en este texto, excepto un librito de un médico que fue secretario de Salud (no recuerdo su nombre), pero de poca calidad académica. Estuve trabajando los conceptos de identidad cultural en los discursos radiales de ambos políticos, específicamente la negociada en Luis Muñoz Marín y la revolucionaria en Pedro Albizu Campos. A partir de su primer encuentro personal en 1932, en el hotel Normandie, ya Albizu como presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico y Muñoz como senador del Partido Liberal, me ocupo de sus encuentros discursivos en estos dos renglones. Y como todos sabemos, en la medida que LMM se va convirtiendo en la figura de confianza del gobierno estadounidense en la isla y Albizu en la figura que pone en jaque dicha intervención, es que van sucediendo los desencuentros. El “personaje” protagonista es la radio, en la medida que a través del medio la gente se apropia de esos conceptos y desarrolla esas dos miradas de amor a la patria. Otro de mis motivos principales también fue explorar este renglón: reflexionar esa diversidad de concepción de la puertorriqueñidad y amor a la patria, fundamentado en una acusación que siempre me han hecho algunos de mi familia de que los independentistas se creen que son los únicos que aman la patria.

—Tienes otros dos poemarios, y un libro de cuentos. ¿Por qué los títulos de los poemarios y el del libro de cuentos? ¿Qué tiene de particular tu trasfondo personal (historia de vida) en la formación del contenido de tu trabajo creativo en estos poemarios y cuentos? ¿Cómo se ha integrado tu trabajo de creación literaria de por sí (poemas y cuentos) con tu trabajo de ensayista e investigador? ¿Cómo integras tu experiencia de vida en tu propio quehacer creativo hoy en Puerto Rico?

—Esperaba esa pregunta brillante, que muy pocos me han hecho, pero que me gusta contestar. Los tres espacios, como en otros autores mucho más anteriores que yo, me parecen necesarios en un académico que fue primero poeta y narrador. Borges y Corretjer transitaron por esos tres renglones y no les parecieron nunca contradictorios. Como poeta, ya te lo digo arriba, me interesa cultivar la palabra urgente y necesaria. Y si fuera preñada de tropos, pues mejor. Como narrador, igual que Rulfo, me interesa rescatar las voces barriales y de la calle o del margen con las que conviví, compartí y crecí. En cierto sentido me gusta homenajear esas voces populares que nunca he olvidado, y que me han hecho disfrutar la vida, con un humor maravilloso. Y, obviamente, como ensayista e investigador, me ocupo de lo universitariamente “serio”. Me encanta escudriñar el origen del misterio y la historia es el primer vehículo. Sobre todo, como ensayista, me ocupo de rescatar lo comunicacional de lo histórico y otorgarle su propia esencia e identidad.

“Soledumbres de Eros”, de Héctor Torriente—Sé que eres un autor caribeño que nació en San Juan, Puerto Rico, pero que creció en Yabucoa, y ya crecido, vive en Carolina. ¿Te consideras de Isla Verde? O, al igual que Eduardo Lalo o José Luis González y, creo yo, Mayra Montero, ¿te consideras puertorriqueño? ¿Existe el puertorriqueño o sólo su literatura? ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace que tu literatura sea tuya y lo que es tuyo es o decide ser?

—Soy “visitante” de Isla Verde; nunca “residente”. Vivo aquí por un puro accidente histórico y he acudido a la playa en tres ocasiones en los últimos catorce años de mi estadía aquí. Después de mi sacrificado divorcio, que me dejó casi en la calle (descubrí entonces que el divorcio es peor que el matrimonio), encontré este breve espacio y desde entonces no he podido marcharme. No tengo mucho que ver con esos colegas creadores que mencionas, aunque conozco las obras maravillosas que los caracterizan. A algunos y algunas que han interactuado conmigo en el cuchicheo de los pasillos y vericuetos de la vida les cuesta creer que soy el autor de la poesía que cultivo, cuando se confrontan con mis textos. Lo que quizás quiera decir que tengo esa capacidad de desdoblamiento en varias identidades. Pero con el común denominador de una profunda y reflexiva puertorriqueñidad. Nadie que me conoce duda de ella y sabe que soy primero borincano y luego todo lo demás. Eso de “ciudadano del mundo” suena bonito, pero no va conmigo.

—Héctor, ¿cómo visualizas tu trabajo creativo de carácter literario con el de tu núcleo generacional de escritores en Puerto Rico y ese insoportable Caribe que nos habita aún dentro de Carolina o Isla Verde? ¿Cómo has integrado tu identidad étnica y tu ideología política con o en tu trabajo creativo?

—En el reciente texto que acabo de presentar, Atrevimientos culturales, entre otras cosas hago una reflexión antropológica de esa tercera raíz africana inmanente de nuestra identidad. La ocasión que motivó fue la condena que hacía el poder oficial a la movilización de unos vecinos de Loiza que se oponían a que una empresa se enriqueciera mediante la venta de la arena de la playa cercana a su comunidad. En el ensayo respectivo, “La arena de la identidad o la identidad de la arena”, me declaro mulato caribeño y viceversa (el orden de los sumandos no altera el total). Integro mi identidad étnica como albizuista, en mi ensayística. De la misma manera, pienso que el trabajo de Palés en la negritud poética es inigualable, aunque siempre hay espacio para añadir algunos ingredientes. Palés no fue independentista ni mucho menos nacionalista y no se inmiscuye en esos renglones en su tratamiento de la negritud criolla, sino en su carácter bullanguero, festivo y vacilonesco. En mi ensayo “La dulcedumbre del corazón” (incluido en Atrevimientos…) me lanzo a reflexionar sobre Barbosa y su papel histórico en la política colonial, desde esa mirada negra y poco estudiada en el país. Pienso que hace falta más reflexión de la que hacía José Luis González cuando señalaba en “El país de los cuatro pisos” que Barbosa se tornó estadista cuando España se negó a aceptarlo como estudiante de medicina, porque era negro, mientras que Estados Unidos le brindó esa oportunidad. Me parece muy simple esa razón, aunque bastante determinante. Corretjer dice en uno de sus ensayos que Barbosa fue el primer agente de la banca estadounidense en Puerto Rico, específicamente de Baltimore. En mi obra creativa siempre bordean todas esas inquietudes que surgen de nuestra historia oficial.

Intento siempre vivir mi vida no como una tragedia sino como arte.

—Tu trabajo creativo literario no se inicia recientemente. No obstante, has dedicado una parte de tu vida a la cátedra universitaria. ¿Cómo relacionas tu trabajo político-cultural con tu lectura particular de la vida y tu propio quehacer literario hoy?

—Un colega habanero me preguntaba en esa bella capital en 1991: “¿De qué ustedes van a escribir después de que resuelvan el problema colonial?”. “De lo mismo que ustedes”, le contesté. Claro, sabía que me hacía una broma y le respondí de la misma manera. Intento siempre vivir mi vida no como una tragedia sino como arte. Como decía la abuela, gusto “hacer de tripas corazones”. De manera que trato siempre de encontrar inspiración, tanto en las bendiciones que nos da la vida como en las desgracias que se suceden sin nuestro permiso. Más en lo segundo que en lo primero, raramente acaecido.

—¿Qué diferencias observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción de tus compañeros de viaje o aventura creativo-literaria con tu trabajo creativo y la temática o las temáticas que has abordado y los géneros literarios desde los que los has abordado?

—Un colega, Carlos Cana, veinte años menor, es quien se ha ocupado de la crítica de mi obra. No creo pertenecer a ninguna peña o generación literaria, sencillamente porque nunca busqué formar parte de ninguna de ellas, más bien por timidez que por desinterés. De la lectura intensa salté a la escritura porque un filósofo y pensador español, Gabriel Moreno Plaza, me lo exigió: “Ya es hora de que dejes a un lado la lectura y te pongas a escribir”. Me lo dijo a principios de los 90, cuando comencé mis estudios doctorales. Desde entonces no he parado de hacerlo. No escribo para ser famoso ni para ganar ningún premio. De hecho nunca he participado en ningún certamen, ni me interesa; escribo solo para intercambiar emociones e información con mis lectores.

—¿Qué otros proyectos creativo-literarios tienes pendientes?

—Te decía arriba que tengo otros cuatro poemarios, terminados y en proceso, que publicaré en su momento o cuando lo juzgue necesario. Además he comenzado una novela hace unos veinte años, que no se si la publique alguna vez antes de morirme, ya que es un proyecto muy ambicioso que a veces juzgo como una “misión imposible”. Creo que en ese sentido me parezco más a Borges, quien nunca publicó una novela. Me considero más poeta y cuentista que novelista, a pesar de que disfruto mucho de ese género burgués, como el que más. En dicha novela comenzada me motiva mucho la estructura de Rayuela, más que la de la novelística tradicional de García Márquez, Vargas Llosa o Saramago, por mencionar los más que me seducen en dicho género. Como narrador, no me gusta guiar demasiado al lector, sino dejarlo que camine a sus anchas por el texto.

Wilkins Román Samot

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