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Mairym Cruz-Bernal: “La patria del poeta es su lengua”

domingo 30 de julio de 2017
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Mairym Cruz-Bernal
Cruz-Bernal: “Las palabras no tienen sexo ni nación”. Fotografía: La Parada Poética

Mairym Cruz Bernal (Puerto Rico, 1963) es poeta. Escribe poesía confesional. Cruz Bernal estudió psicología en Loyola University (1983) y escritura creativa en Norwich University (1994). Su trabajo poético-creativo ha sido publicado en España, México, Colombia, Perú y otros países, y traducida parte de su poesía, entre otros idiomas, al macedonio, árabe, inglés, alemán, portugués, italiano y francés. De su época de estudios universitarios no conocemos poemario publicado alguno, pero a partir de entonces Mairym tiene más de trece libros publicados, casi todos poemarios, entre los que destaca uno junto al conocido cantautor Danny Rivera, intitulado: Querida amiga, querido amigo (Puerto Rico: Isla Negra Editores, 1999).

Otros de los poemarios de Cruz Bernal son Poemas para no morir (Puerto Rico: Editorial Mairena, 1995), Cuando él es adiós (Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico, 1997), Soy dos mujeres en silencio que te miran (España: Torremozas, 1998), Encajes negros (Perú: Casa del Poeta Peruano, 1999) y Alas de islas (Colombia: Oveja Negra, 2003). En 2011, Cruz Bernal trabajó en la antología de poetas puertorriqueñas vivas Ejército de rosas (Puerto Rico: Editorial Boreales, 2011). Previamente, en 2003 presidió el V Encuentro Internacional de Escritoras celebrado en Puerto Rico, entidad a la que se ha mantenido vinculada hasta hoy. Entre 2008 y 2012 presidió el Pen Club de Puerto Rico. Mairym me ha soltado unas palabras en respuesta a mis preguntas sobre su trabajo creativo, que comparto con todos vosotros.

Qué otra cosa es la poesía, si no esa invitación del Ser a ser. ¿O ser es otra ficción?

—Escribes poesía confesional. Eres poeta y mujer. También has sido hija. Tienes en tu valija un poemario más, Amanecida de dolores, poemas para mi madre (Puerto Rico: Lúdika / Isla Negra Editores, 2016). ¿De qué trata o tratas en este poemario? ¿Qué le hace diferente a tus otros poemarios?

—Este es un poemario muy íntimo. La luz de estos poemas es el dolor de ver a tu madre agonizando, sufriendo, en inmenso dolor. Todos estos poemas fueron escritos en las salas de emergencia, mientras velaba a mi madre en su “cuna” última y entristecida. Esta despedida tomó tiempo, se anunciaba la muerte y revivía. Enloquecimos los hermanos, nos amamos, nos peleamos, dejamos de hablarnos, inventamos pleitos, hasta la tarde que murió, aquel catastrófico primero de enero de 2016. Entonces nos abrazamos y dejamos ir tanto dolor, ahora de perderla. Su muerte anunciada era una realidad. Amanecida de dolores, poemas para mi madre, fue mi manera de manejar este dolor de su ausencia, pero también los conflictos que me parece quedan incompletos en esa relación tan conflictiva entre madre e hija. La culpa de no haber hecho lo suficiente siempre me rondará.

Poemas para no morir es tu primer poemario. ¿Cómo surge la oportunidad de trabajar este primer poemario? ¿Qué relación tiene con tus estudios en escritura creativa en Norwich University?

Poemas para no morir no tiene mucho que ver con mis estudios en Estados Unidos en escritura creativa. Ya se escribían. Ya me sucedían esos poemas tan vallejianos como inevitable es no escribir cuando leemos a Vallejo, cuando conocemos el mundo en viajes largos y faldas que van arrastrando el polvo de los caminos. Esos poemas comienzan un diálogo conmigo misma, diálogo que continúa hasta el día de hoy. Y qué otra cosa es la poesía, si no esa invitación del Ser a ser. ¿O ser es otra ficción?

—Si comparas tu crecimiento y madurez como persona y escritora entre la época que realizas tu poemario Poemas para no morir con la de Amanecida de dolores, poemas para mi madre, ¿qué diferencias observas en tu trabajo creativo?

—Desde muy temprano en mi escritura capturé la voz. Supe que cuando una escribe, no hay nadie detrás espiándote. También entendí que no escribía para nadie, excepto para mí misma. A mí las publicaciones me fueron sucediendo. No fue algo que busqué, excepto en mi primer libro que quise publicar. No tenía amigos ni contemporáneos poetas a quienes consultar. Busqué ayuda y consejo con el profesor don Manuel de la Puebla, a quien estoy profundamente agradecida de identificar mi problema con los gerundios y decirme que mi libro estaba listo para publicarse. No me publicó en la legendaria revista Mairena. Pero un día, años después, asistió solo a un recital que ofrecí en la sala Raúl Juliá del Museo de Arte de Puerto Rico. Leí un poema dedicado a mi esposo. Al despedir al público, se me acercó y me dijo: “Con ese poema hoy se ha hecho poeta ante mis ojos”.

—Mairym, ¿cómo visualizas tu trabajo creativo con el de tu núcleo generacional de escritores con las que compartes o has compartido dentro y fuera de Puerto Rico?

—Cuando me formé en Estados Unidos y me eduqué en dos universidades, en dos ciudades, una del sur y otra del norte, fui construyendo literariamente y/o fui influenciada por una escuela de pensamiento, esa es la Confesional. Creo que ya mis esquemas mentales estaban abiertos a este movimiento artístico. Me formé y me conformé bajo este pensamiento porque también mi vida ha sido una de crisis en crisis. El movimiento confesional es sin duda un género de crisis, y ahí estaba yo… en mi caos. Nunca me he sentido parte de un gremio o un movimiento generacional como planteas en tu pregunta. Yo hago mi cosa. Allá el mundo.

Penetrar el ser, autodescubrirte, luego escribir. Pero la escritura es en sí un proceso de penetración y de autodescubrimiento.

—¿Cómo concibes la recepción a tu trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de tus pares, bien sean escritores de poesía u otro género?

—Me siento honrada cada vez que un país desea publicarme un libro. O me invitan a un festival de poesía. O alguien quiere escucharme en un recital. O un amigo me dice “Léeme tu último poema”… siempre es un honor. No puedo quejarme. El mundo es mi casa, y todo hombre y toda mujer, mi hermano y mi hermana.

—Sé que eres de Puerto Rico. ¿Te consideras una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de poesía, sea esta puertorriqueña o no. ¿Por qué?

—Hace ya varios años no deseo hablar de géneros literarios, que son clasificaciones de la academia. No. Cuando una escribe salta la palabra, y sólo la palabra. Ella te sucede como te sucede el sudor, el deseo sexual, el hambre. Ahí está, incongruente y desafiante, jodiéndote la vida. Qué vas a hacer, si no sucumbir. Derrotarte para que ella te conforme. Las palabras no tienen sexo ni nación. Son. Te suceden. Yo soy una mujer y nací en un país, pero soy todas las mujeres, a veces también soy hombre, y pertenezco sólo a la anarquía del pensamiento.

—¿Cómo integras tu identidad étnica y tu ideología política con o en tu trabajo creativo y tu formación en psicología y escritura creativa? ¿Qué tiene que ver tu poesía confesional con tu formación en psicología en Loyola University?

—Estudié psicología clínica, pero no terminé ese programa doctoral. A cambio, me fui a estudiar escritura creativa en busca de mi definición. Ya de regreso, diseñé un taller de escritura que me hubiera gustado tomar. Les ofrezco a mis talleristas que visitan mi sala mi propio proceso. Un poco de psicoanálisis, un poco de psicomagia a lo Jodorowsky, y escritura. Penetrar el ser, autodescubrirte, luego escribir. Pero la escritura es en sí un proceso de penetración y de autodescubrimiento.

—Tu trabajo creativo se inicia en tus libretas de estudiante de psicología, a los dieciséis años, cuando una compañera de estudios te advierte lo que es ser poeta. Estudiaste un tiempo en Nueva Orleans y otro en Vermont, donde realizaste tus estudios universitarios (1980-1994). De esa época no conocemos de poemario alguno. Luego, tienes más de trece libros publicados, casi todos poemarios, entre los que destaca uno junto al conocido cantautor Danny Rivera. Se te publica en España, México, Colombia, Perú y otros países, y se traduce parte de tu poesía, entre otros idiomas, al macedonio, árabe, inglés, alemán, portugués, italiano y francés. ¿Cómo se integra tu poesía a tu experiencia de vida como estudiante en Estados Unidos con tu experiencia de vida en Puerto Rico? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en tu propio quehacer de escritora entonces y hoy?

—La verdad: En esa época, a mis diecinueve, escribí un libro titulado Fragmento de lágrimas. Ya graduada y en Puerto Rico quise publicarlo. Esa misma amiga que me había identificado mis escritos como poesía, aunque estaban en forma de párrafos en aquellas libretas gordísimas, ella misma me escribió un prólogo. Lo llevé a una imprenta, Ramallo. En menos de veinticuatro horas estaba sacando el manuscrito de la imprenta. Desde entonces está sepultado en un baúl, con prólogo y todo. Un libro de sueños, pero también llorón. Dejémoslo ahí hasta mi muerte. Cuando estudié escritura en Estados Unidos me gané un premio por mis poemas en inglés. Esa colección fue publicada en Provincetown Art Press con el título de On Her Face The Light of La Luna… Después el idioma fue una decisión que tuve que hacer. Elegir. Decidí regresar a la isla y ser poeta aquí, en español. La patria del poeta es su lengua. Un viaje entre dos idiomas, dos culturas que luego se expandiría al mundo que una construye cuando viaja.

—¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a tu trabajo creativo y a la temática poética del mismo? ¿Cómo ha variado?

Me urge la vida, la disfruto aun en esta soledad de palacio en la que ya hace un tiempo me he enclaustrado.

—Creo que hoy soy más libre. En realidad, creo que toda la vida he alimentado ser libre. La escritura es un espejo. Si rompo amarras, si hago un viaje interior, si amo y desamo, si me revelo y me rebelo, si anuncio o denuncio, todo está develado en ese espejo de la escritura. A veces me siento insegura y creo que todo lo que he escrito no vale nada. Entonces regreso a mi primer libro, mi primera inocencia. Recobro un poco la fe en la palabra como una diosa, y me entrego nuevamente a sus designios. Cierta fragilidad.

—¿Qué otros proyectos creativos tienes pendientes?

—Como a veces me ha sucedido, este año 2016 vi organizarse finalmente cuatro libros que ya se incubaban por años. El libro de los poemas para mi mamá, Amanecida de dolores, un libro de microtextos titulado Pequeños monstruos del submundo, el libro Paseos con Leo, 48 columnas publicadas por El Post Antillano en tiempos recientes, y mi libro más fundamental de estos tiempos: La Hija Hereje, firmado por mi homónimo Sor Eva Teresa del Moisés y que pronto verá la luz bajo el sello de Isla Negra Editores. Estos cuatro libros ya tienen casa.

Concluir con tres puntos suspensivos. Hace varios meses he estado haciéndome exámenes médicos ginecológicos pues unas células extrañas precancerosas aparecen como pequeños demonios a mortificar mi sistema de ilusiones. He meditado profundamente sobre la vida y la muerte, más sobre la muerte. Y no quiero morir todavía. Un pequeño niño me ronda, mi niño de arena. Ese será el título de mi próximo libro. La pasada semana, después de una biopsia en el hospital, supe que todas las pruebas salieron negativas. Estoy sana. Lloré. Me urge la vida, la disfruto aun en esta soledad de palacio en la que ya hace un tiempo me he enclaustrado, como esa monja que firma La Hija Hereje. Extiendo la mano y acaricio a mi niño de arena. Me falta mucho. No me voy todavía.