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Karina Sainz Borgo: “La hija de la española conversa con mis obsesiones”

• Domingo 17 de marzo de 2019
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Karina Sainz Borgo
Sainz Borgo: “No tengo lecturas favoritas, tengo lecturas importantes”.

Karina Sainz Borgo presenta por estos días en España su novela La hija de la española (Lumen). Una historia que mezcla ternura y belleza con el sentimiento de furia de una valiente mujer que, para migrar en busca de sobrevivencia, en medio del caos reinante en Venezuela, deberá hacer cosas impensables.

Millones de venezolanos han tenido que emigrar los últimos años a otras naciones, igual que, años atrás, europeos y latinoamericanos dejaron sus países para buscar refugio en Venezuela.

La obra literaria llegó a las librerías el 7 de marzo, un día antes de la celebración del Día Internacional de la Mujer, y es tal el interés que ha suscitado la preventa del libro que ya en España han impreso una segunda edición y se ha vendido a editoriales de veintidós países, en quince idiomas.

Esto es estrenarse entrando por la puerta grande, sin miedo, como toda una campeona. Sainz Borgo rompe con muchos paradigmas y se impone, orgullosa y a la vez enigmática, en el mundo literario, de donde —sospechamos— ya no saldrá jamás.

 

La novela: una historia que es la de muchos

Adelaida Falcón es la protagonista de esta ficción. Se expresa en primera persona y nos cuenta, con la intimidad de quien habla con un amigo y un deje de ternura muy femenino, lo que fue enterrar a su madre, una maestra cuyo nombre es el suyo mismo y cuyo amor es, en realidad, el único que ha conocido de veras.

No conoce a su padre y aquella muerte sucede luego de una difícil enfermedad, en una ciudad donde no hay comida ni medicinas y donde los pocos amigos de su pequeña familia viven también las calamidades de un país que parece derrumbarse ante sus atónitos ciudadanos. Sin tiempo para recuperarse de esa pérdida, Adelaida llega a su casa un día cualquiera, y la encuentra invadida por un grupo de personas bajo el mando de una mujer que se dice revolucionaria.

En medio de situaciones extremas, ella deberá esconder un cadáver, usurpar la personalidad de alguien, correr riesgos inusitados… Todo ello para e escapar de su vida, de su casa, de su país y hasta de su propio nombre. La misión es sobrevivir, convertirse en otra persona. Atravesar el mar.

Millones de venezolanos han tenido que emigrar los últimos años a otras naciones, igual que, años atrás, europeos y latinoamericanos dejaron sus países para buscar refugio en Venezuela. De alguna forma, esta historia, aunque es sólo la de Adelaida, resulta también la de todos ellos.

 

Nuestra entrevista: un preámbulo para voraces lectores

—La historia comienza en Caracas, una ciudad convulsionada y de grandes contrastes. Usted vivió allí, conoce la ciudad y sus intríngulis. Como periodista, “pateó la calle”, tal como se dice en Venezuela, y fue partícipe de momentos muy duros. ¿Se siente identificada de alguna manera con Adelaida, la hija, al encontrar tal vez una salida, en la posibilidad de migrar y empezar una nueva vida fuera del país?

—Esto es ficción. Adelaida Falcón es una construcción, una alegoría. Ella funciona de manera independiente de quien la creó.

—La protagonista y su madre se llaman Adelaida Falcón. ¿Algo en particular le hizo elegir y repetir ese nombre?

—Es una estructura de espejos. Madre e hija suponen extremos políticos de un país truncado. El nombre, ya ve usted, es algo más arbitrario.

—¿Es usted hija o quizá nieta de españoles? De ser así, ¿de qué parte de España eran y cuándo llegaron ellos a Venezuela?

—Soy hija y nieta de españoles. Son de Cantabria. Llegaron a Venezuela, desde Francia, en 1944.

—¿Llegó usted a Madrid ya con la idea de escribir esa novela o es una idea que surge viendo las cosas desde afuera? ¿Qué la motivó a escribirla?

Extraño Venezuela, por supuesto. El Rey del Pescado Frito, el Ávila y Prados del Este es de lo que más extraño, y mucho.

—Escribo desde hace muchos años. Esta es una tercera novela, la primera publicada, que conversa con mis obsesiones.

—Precisamente, revisando Internet, encuentro comentarios acerca de su capacidad para escribir a toda hora… Y quien mucho escribe, mucho lee, ¿no? ¿Tiene usted lecturas favoritas?

—No tengo lecturas favoritas, tengo lecturas importantes. El siglo XIX francés, sobre todo. Coetzee y Doris Lessing son fundamentales. Cervantes y Shakespeare me lo enseñaron todo. También Thomas Mann y Thomas Bernhard. También las venezolanas Yolanda Pantin, Elisa Lerner, Miyó Vestrini. Mozart, Verdi y Bellini cuentan en esa biblioteca personal.

—Parece que no se define como alguien especialmente apegada a los lugares, lo cual, podemos pensar, le da un carácter especial, universal. Sin embargo, ¿qué extraña usted de Venezuela, ahora que lleva más de una década viviendo en Europa? ¿Qué calles o qué lugares le gustaría visitar nuevamente, de regresar a Caracas?

—No sé dónde leyó usted eso, pero no lo he dicho. Extraño Venezuela, por supuesto. El Rey del Pescado Frito, el Ávila y Prados del Este es de lo que más extraño, y mucho.

Aquí debo acarar a los lectores que no conocen Caracas a qué se refiere la escritora con El Rey del Pescado Frito. Es un lugar al que los caraqueños solían asistir a degustar comida del mar. Allí, propios y turistas podían sentarse al borde del malecón y sentir cómo las olas rompían contra sus rocas. Una experiencia sin duda hermosa, pero también violenta, como lo es la propia cotidianidad del venezolano.

El Ávila es la montaña a los pies de la cual se dispone la capital venezolana, y Prados del Este es un bonito barrio dentro de la ciudad, que se caracteriza por sus amplias quintas (casas con jardines y árboles frutales). Como en todos los barrios caraqueños, al lado tiene una barriada humilde, marcada por situaciones inverosímiles.

—¿En qué parte transcurrió su niñez? ¿Tenía hermanos? ¿Su familia migró también o sigue en Venezuela?

—Soy la menor de cuatro hermanos. Crecí en Caracas. Mi familia está, como la de miles de venezolanos, disgregada por el mundo.

—¿Dónde estudió periodismo ? ¿Qué profesores cree que hayan sido de mayor influencia, durante su formación, en la profesional que hoy en día es?

—Estudié en la Universidad Católica Andrés Bello. Tuve magníficos profesores, Marcelino Bisbal fue el tutor de mi tesis. Una persona brillante e importante en mi formación.

Invito a los lectores a asomarse a La hija de la española. Estaría muy agradecida si se quedan o se demoran en estas páginas.

—Ya en España, ¿a quién quisiera agradecer el apoyo a su trabajo? Alguien que especialmente le haya dado la mano o la animara a seguir adelante.

—Hay un conjunto de profesionales y amigos que han sido importantes para mí. Es un grupo heterogéneo y generoso.

—Habitualmente, en Madrid, ¿en qué trabaja aparte de escribir?

—Soy periodista y desde hace ya casi diez años trabajo en el sector de la información cultural.

La hija de la española está a punto de salir a las librerías y se considera un éxito editorial. ¿Cómo se siente ante esto? ¿Se lo esperaba cuando comenzó toda esta historia?

—No, no me lo esperaba. Estoy agradecida y entusiasmada, sin duda.

—¿Hay algo en particular que quisiera resaltar sobre la novela?

—Invito a los lectores a asomarse a ella. Estaría muy agradecida si se quedan o se demoran en estas páginas.

—Muchos de sus seguidores no solamente esperamos por leer La hija de la española, sino que ya la imaginamos escribiendo una segunda publicación. ¿Es así o esperará un tiempo para darnos el segundo gusto?

—Agradezco la cercanía y la empatía, ante todo. Estoy trabajando en un segundo libro, hace ya rato.

Mari García Herrero

Periodista venezolana (Caracas, 1969). Egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Mari García Herrero

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