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Soy brujo, dice Rubenski Pereira

domingo 21 de febrero de 2021
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Rubenski Pereira
Rubenski Pereira: “Escribir novela, cuento y poesía es, en el fondo, encontrarme con mis ángeles demoníacos”.

Se llama Rubén Campos Arias, pero cada vez es más conocido por el nombre de Rubenski Pereira, un personaje que ha creado. Un personaje que escribe novelas y poemas con desenfado y talento, con profundidad y oficio. Oficio de joyero, podría decirse.

He leído a Rubenski Pereira, el escritor mexicano, por pura casualidad. Un amigo común me envió uno de sus libros. Después encontré varios de sus poemas. Sentí curiosidad porque Rubenski aborda lo misterioso en su narrativa y también en la poesía. Llamo misterioso a esos mundos en que se menciona la magia, la brujería, los demonios, los seres increíbles que han poblado sueños, ilusiones y temores en la historia de la humanidad.

En su celebrado y original libro La diosa blanca, Robert Graves se explaya sobre unos orígenes que parecen abrirle puerta y horizontes a lo que escribe Rubenski:

La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita. ¿Pero “en la actualidad”? La función y la utilidad siguen siendo las mismas; sólo la aplicación ha cambiado. Ésta era en un tiempo una advertencia al hombre de que debía mantenerse en armonía con la familia de criaturas vivientes entre las cuales había nacido, mediante la obediencia a los deseos del ama de casa; ahora es un recordatorio de que no ha tenido en cuenta la advertencia, ha trastornado la casa con sus caprichosos experimentos en la filosofía, la ciencia y la industria, y se ha arruinado a sí mismo y a su familia. La “actual” es una civilización en la que son deshonrados los principales emblemas de la poesía. En la que la serpiente, el león y el águila corresponden a la carpa del circo; el buey, el salmón y el jabalí a la fábrica de conservas; el caballo de carrera y el lebrel a las pistas de apuestas, y el bosquecillo sagrado al aserradero. En la que la Luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como “personal auxiliar del Estado”. En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad.

Es un texto que podría muy bien servir para comenzar una conversación con Rubenski Pereira. Porque él es un escritor que tiene muy en cuenta los misterios de la existencia. Los analiza, los intuye. Y al mismo tiempo, sabe interpretar esta época y buscar lectores.

De su libro Latido izquierdo (Chamán Ediciones, 2018) he tomado este fragmento de un poema:

La poesía es la destrucción del poeta,
muerte acaricia al teclear la máquina.
Y cuando muere,
renace, vidente de esferas y ensueños.
El poeta crea cuando es destruido.

Puede ser un clarificador ejemplo de cómo se comporta el alma de ese creador joven y conmovedor a quien he hecho unas cuantas preguntas hasta obtener esta entrevista.

Aunque me ha impresionado el viaje sentimental que he realizado a través de un poemario suyo: Cantos de Estambul. Me costó un poco porque tuve que leerlo en el bendito teléfono. No supe sacarlo de allí. Soy un viejo escasamente tecnológico. Me quedé con los ojos claros y sin vista. Pero pegados a la pantalla hasta la última página.

Uno de esos poemas, titulado “En el puente de Gálata”, dice así:

Sus orillas se imantan de pescadores
Después de la labor, algunos,
Venden pescado frito.
Luces de neón serpentean en los reflejos del Bósforo.
El Cuerno de Oro agita mis manos.
Hipnotiza la mente.
Los pescadores en el sombrío Puente de Gálata
Escuchan en silencio las bocanadas del mar:
La amargura todo lo recorre.

 

Lo más importante para mí es la imaginación y una intrínseca calidad en el libro, la profundidad de los personajes y la claridad del texto.

La imaginación es lo más importante

—¿Por qué te cambiaste el nombre?

—Porque quien escribe la literatura, la ficción, es mi doble. La responsabilidad del texto es de mi doppelgänger, no mía. Es Mr. Hyde. Entro en un trance y las palabras, de repente, aparecen en el cuaderno, escritas por mi mano izquierda. Yo sólo soy el canal de mi doble. Si alguien sabía de esto era Pessoa con sus cinco principales heterónimos. Los cuales son: Alberto Caeiro, Alexander Search, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis. Cinco distintas cosmovisiones. Él era el ortónimo, Fernando Pessoa, así como yo, Rubén Campos, también lo soy. Pero en mi caso, Rubenski y Rubenski Pereira no son heterónimos, sino semiheterónimos. El doppelgänger es un semiheterónimo en mí. Otra forma de ver en la misma persona. Rubenski, así como Rubenski Pereira, son también mi álter ego. “El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente”, dice Bernardo Soares en Autopsicografía, publicado el 1 de abril de 1931.

Para quienes no lo conozcan, he aquí algunos datos de este joven autor:

Rubenski Pereira (México, D.F., 1977). Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Ha publicado La obscuridad es la reina (México, Letras Vivas, 2003), Coffee Shop Amsterdam (México, Letras Vivas, 2011), Perduración de la palabra: antología de jóvenes poetas (México, Unam, 2008), Corredores salvajes (España, Luhu Editorial, 2016) y Latido izquierdo (España, Chamán Ediciones, 2018). Ha participado en innumerables antologías con el Colectivo Entrópico y otras editoriales. Ha sido traducido al inglés y al bengalí.

—Como escritor ¿qué es lo más importante para ti? ¿Cuál es el momento que más te emociona?

—Lo más importante para mí es la imaginación y una intrínseca calidad en el libro, la profundidad de los personajes y la claridad del texto. Ser conciso. Por otro lado, el momento más emocionante es cuando me encuentro con alguna persona leyendo alguno de mis libros. Puede ser en el metro, en la calle, en un café o en la biblioteca.

—Tu narrativa eres tú. ¿Cuándo comenzaste a detallarte, a analizarte, a sentirte que escribías y vivías de esa emoción? ¿Qué marcó en tu infancia ese destino?

—Todo sucedió a edad temprana. A los ocho escribía narraciones y poemas. Un deseo ardiente por contar historias de todo tipo. A los once gané mi primer concurso literario en el Colegio Sacbe María Alessandri. Era un texto dedicado a la institución. Lo leí el día de nuestra graduación de la escuela primaria. Cinco años después, a los dieciséis años, publiqué, por primera vez, dos poemas en la revista Espacios del Colegio Madrid. En 1994, a los diecisiete años, escribí mi primera novela, intitulada La obscuridad es la reina, publicada en 2003. Una colección de textos en prosa que cuentan una misma historia infernal. Los versos en el libro son los cantos ocultos del joven novelista.

—Escribir, en el fondo de todo, ¿es encontrarte con cierta felicidad de ser tú?

—Para Rubenski escribir novela, cuento y poesía es, en el fondo, encontrarse con sus ángeles demoníacos, encontrarse con uno mismo. Es onírico, pagano, brujo y chamán de senderos lumínicos con sombras. En ocasiones hay tristeza, pero también gozo; en otras más, exaltación de libertad volcánica, contumaz alarido de fuego.

—¿Cuál ha sido tu sueño más preciado?

—Comencé a soñar con París desde los tres o cuatro años, de repente me encontraba caminando por una plazoleta de adoquines, mis pasos eran ligeros y veloces, fumaba mi pipa, el sol en lontananza se ocultaba detrás de mi figura; luego, comenzaba a llover, veía una casa hecha con ventanas y al entrar sólo había estanterías de vidrio. La lluvia plomiza de París generaba un sonido muy especial, una vibración melancólica. Pasaron los años y seguía soñando con la ciudad hasta que en junio del año 2001 pude pisar tierra parisina. Finalmente estaba en la ciudad y deseaba un derroche de bohemia. Todo esto lo contaré en una de mis próximas novelas.

 

Estoy muy cerca de mí, pero también estoy en otros sitios al mismo tiempo. Mi doble puede viajar e ir a otros lados.

Estoy en otros sitios al mismo tiempo

—¿Qué parte de la vida no puedes explicar? ¿Qué se te escapa?

—Hay cosas y situaciones inexplicables en la existencia. La vida es un misterio por definición. La misión es descubrir estos misterios, lo oculto frente a nuestras narices. Hay que romper la burbuja. ¿Qué se me escapa? Vaya, son tantas cosas. Muchos secretos por descubrir, ritos antiguos, impensables hoy en día para la mayoría de la gente.

—¿Cuál es tu gran pasión?

—Mi gran pasión es la magia. Soy un brujo solitario ahora, pero antes, hace muchos años, tenía mi cofradía. Éramos varios brujos y brujas. Todos teníamos maestro y benefactor. Ahora nos hemos dispersado y cada uno ha ido por su ruta, perfeccionando el tonal y el nagual. Creo que todos nosotros, los de la cofradía, hemos visto lo innombrable.

—¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?

—Estoy muy cerca de mí, pero también estoy en otros sitios al mismo tiempo. Mi doble puede viajar e ir a otros lados. Estoy en trance. Todos los lugares en los que me muevo me corresponden. Es decir, esto deriva por mi condición de ser un personaje doble o triple. Directamente soy dos o tres al mismo tiempo. O tal vez cientos de personajes como ya lo dijo Herman Hesse en El lobo estepario y el propio Pessoa con sus 72 heterónimos. En la novela mencionada de Hesse se puede leer en las páginas 133 y 134: “Instrucciones para la reconstrucción de la personalidad. (…) Me puso un espejo delante de la cara, otra vez vi allí la unidad de mi persona descompuesta en muchos yos, su número parecía haber aumentado más. Pero las figuras eran ahora más pequeñas, tal cual figuras manejables de ajedrez, y el jugador, con sus dedos silenciosos y seguros, cogió unas docenas de ellas y las puso en el suelo junto al tablero. Luego con monotonía, como el hombre que repite un discurso o una lección que ha dicho muchas veces:

”La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente, le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad puede dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos, sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por “normales”, y hasta por representar un gran valor social, estando irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo, le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas crean un drama con un puñado de figuras, así nosotros construimos con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas. ¡Vea usted! (…) Esto es arte de vivir”.

 

Leo mucho y escribo intensamente. Estoy escribiendo actualmente tres novelas.

Viene su primer hijo

—¿Dónde vives? ¿Casa? ¿Familia? ¿Apartamento? ¿Perros? ¿Gatos?

—Vivo en la Ciudad de México desde mi nacimiento, es decir, en Norteamérica. Sólo en una época de mi vida viví en España. Ahora vivo con mi esposa en un amplio departamento con balcón en la Ciudad de México. Estamos esperando a nuestro primer hijo. Es un varón, es el orgullo de la familia. Por otro lado, siempre me han gustado los gatos, son bellas criaturas elásticas, místicas. Soy alérgico a ellos. Sin embargo, un gato negro de ornato vive perenne en el balcón.

—¿Qué haces en esta etapa de peste y dramas?

—Leo mucho y escribo intensamente. Estoy escribiendo actualmente tres novelas —como verán no le hecho caso a Henry Miller—. También hago mucho ejercicio. Acoplé un gimnasio en casa con mancuernas, barras y una pera de boxeo. Soy actualmente un escritor-boxeador anacoreta. En el balcón tenemos un jardín mi esposa y yo. Nos encargamos todos los días de hacerlo florecer. Un belén rastrero de flores rojas, azaleas, un velo de novia con pequeñas flores blancas y hasta una palmera con luces. También un limonero y dos naranjos en flor de azahar. Varias hiedras y enredaderas Cissus. Tomates cherry amarillos. Una planta desértica que traje de la isla Holbox, así como una enredadera fosforescente que brilla por las noches. Innumerables tréboles e incluso, flores de cempasúchil. Bebo unas cervezas o un vino tinto en la noche, mientras fumo y hojeo antiguos tratados de cosmogonías.

—¿Qué duele más hoy en día? ¿Qué te conmueve más?

—Duele la ausencia de los amigos, aquellos que han partido a otra realidad. Duele hondo, aunque sabemos que sus fantasmas están con nosotros. Yo platico con ellos y siento su protección. Los ayudo y ellos me ayudan. Uno de mis mejores amigos murió en 2016 y ahora, en ocasiones, se me aparece y me dice: “Rubenski, campeón, enfócate. Por cierto, pásame un cigarrillo Marlboro. Recuerda: no hay prisa”. Lo mismo me ha sucedido con otras almas cercanas a mí que han partido de este mundo. Lo interesante es que todos retornamos en otras vasijas, en otros cuerpos. Un viaje sin fin. Y bueno, para responder la otra pregunta, lo que siempre me ha conmovido, desde mis primeros años de vida, es la gente desamparada, aquella que no puede proveer lo esencial para vivir con dignidad. Me conmueve toda la gente que vive sin un techo y cuatro paredes. Esa es la desesperación total. Es el niño o la niña de la calle, sucios, con los mocos escurriendo viviendo en las alcantarillas de la ciudad, drogándose con thinner. Las Marías desconsoladas vendiendo dulces mexicanos en el suelo. Los limpiaparabrisas, todo el día, bajo el rayo del sol con sólo un tamal en el estómago. Ellos, los desamparados, Los olvidados como les nombró el director de cine español Luis Buñuel. Siempre que puedo les doy una moneda de diez pesos o un billete. Presiento que así sus días serán menos duros. De hecho, tengo un cuento intitulado “Debajo de los puentes” que habla sobre esta situación. Aparece en el libro Corredores salvajes editado por Luhu Editorial en 2016. Pronto aparecerá su segunda edición.

José Pulido