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Fuego Blanco: una revista

martes 7 de abril de 2026
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Fuego Blanco

Nota del editor

“En Fuego Blanco la creación no se clasifica sino se invoca”, escribe Luis Manuel Pimentel en la presentación del primer número de esta nueva revista cultural que se puede leer en la Web o descargarse gratuitamente de fuegoblancoediciones.com, y que hoy saluda el reconocido narrador, poeta y periodista venezolano José Pulido.

 

La revista Fuego Blanco, uno de los sueños del poeta Luis Manuel Pimentel, salió rumbo a las calles universales de la lectura. Y ese primer número reúne una serie de puntuales visiones de la escritura actual. La revista Fuego Blanco que soñó Luis Manuel y recibió el respaldo perfecto del escritor Alejandro Padrón tiene en su consejo editorial a José María Paz Gago, Luis Correa-Díaz, Diomedes Cordero y José Pulido. El diseño de la primera portada es de Jorge Gamboa. Está editada en La Coruña, España.

Está en las calles virtuales de la lectura, de los lectores que cuando son hondos es como ganar la lotería.

El primer editorial, escrito por el director Luis Manuel Pimentel, refleja lo que se propone este proyecto que en su primera salida exhibe una calidad expresiva que anuncia esperanzas. De las esperanzas intelectuales. Emociona.

Conjunción de personas creadoras tratando de marcar con sus vidas nuevos trayectos o al menos inquietudes que se forjen productivas. Semillas de algo futuro. La estética como fluido perenne de marcar territorios, la ética como espada de cada quien, necesaria para que haya batallas en el lenguaje y podamos caer.

Una revista de literatura es tan natural como decir una planta con flores para que las abejas hagan miel. Las revistas literarias, ya se sabe, no son de larga duración, aunque hay excepciones, pero lo importante de las etapas que viven y superan es lo que logran revelar, descubrir, difundir. Es la feliz temporada en que diferentes y diversos creadores literarios se encuentran en un mismo lugar y quizás generan una perfecta epidemia de referencias. Asombros del mañana.

Si alguien sueña y quiere contar el sueño, busca las palabras que le den forma y sentido a lo soñado. Las palabras siempre son muy antiguas y con sólo invocarlas reproducen árboles y flores, islas y mares, caras y movimientos, casas y calles, sentimientos y belleza, horror y ternura. Porque las palabras son figuras poéticas llegando hasta nosotros en el río del lenguaje que viene creciendo desde la más remota antigüedad.

Todos ahogados. Recordar a los ahogados y ahogarse otra vez: literatura.

Y cuando las palabras se acompañan con imágenes pintadas, dibujadas o fotografiadas, entonces lo dicen todo y se convierten en un objeto placentero, que genera conocimientos y sabiduría. Que transporta, desde un ser humano hacia otro, lo que se ha creado y lo que se ha inventado. Lo humano y lo divino.

Hacer una revista es como contar un sueño; inclusive, cuesta tanto hacer realidad un sueño como hacer realidad una revista cultural.

Sin embargo, es bien sabido que la obra gigantesca de los artistas de todas las disciplinas ha transformado la manera de vivir, de vestir, de comer, de pensar y de relacionarse con la naturaleza y con la muerte, con la dignidad humana y con la vida.

Quién sabe cuántas veces se ha celebrado la aparición de una revista cultural y quién sabe cuántas veces se ha lamentado la desaparición de una revista cultural. Y, gracias a Dios y a la inteligencia, ambos sucesos continuarán ocurriendo a lo largo del tiempo.

Es lo menos a que podemos aspirar: a que sigan naciendo y formándose seres humanos capaces de amar la lectura y la escritura, seres sensibilizados ante la importancia que tienen el conocimiento y la imaginación.

Porque las revistas culturales no son otra cosa que la materialización de un encuentro de ideas, el lugar donde se juntan las personas que comprenden y sienten la importancia de reunirse para reseñar los instantes de magia que, a través de la palabra, de la naturaleza, del milagro humano y de los paraísos perdidos, nos ha regalado el universo.

Toda revista cultural lleva en su ser el germen de lo efímero y de lo eterno, como una mariposa, como una rosa. Cuando una revista cultural se convierte en revista desaparecida, sigue brillando, igual que una de esas estrellas que se han apagado hace miles de años y cuya luz todavía se puede seguir mirando.

Varias de las alegrías típicamente espirituales que experimentan hoy en día muchos países se deben al recuerdo de revistas que marcaron épocas o que revelaron autores, artistas, planteamientos interesantes, como Sur, en Argentina, que todavía le muestra al mundo, en sus páginas amarillentas, el surgimiento de un estilo llamado Jorge Luis Borges.

Las revistas culturales tienen la cualidad de concentrar pensamiento, creatividad, amor por el arte y pasión por todas las actividades sentimentales que mejoran la vida. Esas actividades sentimentales que convierten las revistas culturales en objetos prácticamente sensuales: provoca tener una en las manos, provoca mirar y leer una. Nadie puede evadir su fascinación. Aquel que no es tocado por la poesía lo es por la narrativa, o se detiene a ver un dibujo, un cuadro, una ilustración; lo atrapan una entrevista o un ensayo. Establece una comunicación que perdura, que ayuda a vivir. Que enriquece el alma, porque cada página es un regalo placentero del conocimiento.

José Pulido
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