XXXIV Premio Internacional de Poesía Fundación LOEWE • Hasta el 24 de junio de 2021
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Mariela Cordero:
“El fuego de la esperanza sigue ardiendo”

domingo 2 de mayo de 2021
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Mariela Cordero
Mariela Cordero: “Escribir poesía es un proceso doloroso”.

Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Así dicen unos versos de Gutierre de Cetina, poeta sevillano, petrarquista, cálida voz de la poesía amorosa del Renacimiento. Dicen que murió por cantar debajo del balcón de una mujer casada, en Puebla, México. De la oscuridad llegaron cuchilladas que en poco tiempo lo dejaron sin vida a los cuarenta años de edad.

Alguien lo leía en la población de Belén. Transité muchas veces por sus calles y nunca pensé en esa posibilidad. Jamás habría podido imaginar que cuando yo pasaba levantando polvo con mi viejo Mustang, había una niña concentrada en la frescura de las sombras leyendo a ese poeta, que sólo los muy viejos lectores han conocido y disfrutado.

Terminando los años noventa iba con frecuencia a Belén, en el estado Carabobo, a visitar a un tío sembrador de piñas, a encontrarme con mis primos y de paso a comprar queso de mano. Mi tío sembrador de piñas escondía botellas de guarapita y de cocuy en algunas matas erizadas. Era su modo de compensar lo largo del día, que gastaba trabajando y sudando y de repente se acordaba y decía “ahí está una” y yo miraba entusiasmado el surgir de una corona, la belleza de una piña, pero mi tío aclaraba que estaba descubriendo el escondite de una botella. Luego nos bebíamos su líquido ardiente mientras hablábamos de lo humano y lo divino.

Era una niña cuando yo visitaba ese lugar y he debido presentir que se estaba gestando una poeta en aquellos lugares tan parecidos a Canoabo.

Arboledas de diversas hojas, platanales, olor de caballos en el aire, una inundación de aire fresco, de empanadas, de frutas completamente aéreas. El queso de mano verdadero es una delicia. Ay, Belén. Debo confesar que añoro la existencia de ese lugar.

La poeta Mariela Cordero nació en Belén.

Era una niña cuando yo visitaba ese lugar y he debido presentir que se estaba gestando una poeta en aquellos lugares tan parecidos a Canoabo, a los paisajes que vio en su infancia el poeta Gerbasi. Una niña rodeada de arrendajos y paraulatas, de tamarindos y guayabas. De aires montañosos. De lenguajes atávicos. Tenía que escribir, necesitaba hacerlo. Afortunadamente, después conocí sus versos determinantes, sus poemas que son como un viaje por toda la interioridad de quien los lee. He conocido su hondura y su implacable canto.

Morir es cambiar

Has muerto,
no te desparramas
en la feria interminable.

Las máscaras cayeron al suelo
el bullicio se quebró con la caída.
Los seres que creías cosidos a tus días
son amarillentas imágenes difusas.

La voz que amabas
es un eco de interferencia.

El rostro que amabas
es una obra abstracta gris y remota
que se desmorona sin piedad.

Y tu vida tan contaminada
de ruidos manchados
ahora es un vacío luminoso y limpio

Una síntesis de su trayectoria hallada en su blog

Mariela Cordero
Mariela Cordero dibujada por Carlos Yusti.

Mariela Cordero (Valencia, 1985) es abogada, poeta, escritora, traductora y artista visual. Su poesía ha sido publicada en diversas antologías internacionales. Ha recibido algunas distinciones, entre ellas: Tercer Premio de Poesía Alejandra Pizarnik (Argentina, 2014); Primer Premio en el II Concurso Iberoamericano de Poesía Euler Granda (Ecuador, 2015); Segundo Premio de Poesía Concorso Letterario Internazionale Bilingüe Tracceperlameta Edizioni (Italia, 2015); Premio Micropoemas en castellano del III concurso TRANSPalabr@RTE (2015), o Primer Lugar en Concurso Internacional de Poesía #AniversarioPoetasHispanos mención calidad literaria (España, 2016). Sus poemas se han traducido al hindi, checo, serbio, shona, uzbeko, rumano, macedonio, hebreo, bengalí, inglés, árabe, chino, ruso, polaco. Actualmente coordina las secciones #PoesíaVenezolana y #PoetasdelMundo en la Revista Abierta de Poesía Poémame (España).

 

La poesía fue el resultado de lo que observaba y cómo sentía lo que observaba.

El frenesí de escribir

—¿Puedes hablar un poco de tu vida, tus estudios, tu familia?

—Nací en un pequeño pueblo de Carabobo llamado Belén. Mis padres eran comerciantes y soy la menor de cuatro hijos. Mi padre falleció cuando yo comenzaba la adolescencia, fue un dolor muy grande que cambió mi manera de ver, sentir y percibir el mundo. El dolor transforma y transfigura. Con el tiempo he aprendido que el amor realmente es una energía, y tal como reza la primera ley de la termodinámica o ley de conservación, no puede entonces el amor destruirse. El amor no muere sino que sigue en constante transformación ad infinitum. Cuando terminé la escuela secundaria me mudé a Valencia para estudiar una carrera universitaria. Estudié Derecho, aunque en realidad me hubiese gustado estudiar Letras, pero eso estaba fuera de mi alcance a nivel geográfico. Así que hoy en día soy abogado, pero nunca abandoné mi amor por las letras y por la poesía. Durante años, la poesía fue mi pasión secreta.

—¿Desde cuándo te sentiste que escribir era tu destino?

—Llegué a la escritura por medio de la lectura. Aprendí a leer siendo muy niña, leía con voracidad, cualquier cosa. Luego fui encontrando poco a poco lecturas que me marcaron. Un verso de Gutierre de Cetina, hallado en un libro de gramática de mi padre, me llevó a conocer un lenguaje musical y dulce. Fue una fascinación certera e inmediata. Al cumplir quince años, ya con varias lecturas que encendieron partes de mi propio ser que desconocía, sentí que, además de leer, un impulso me conminaba a expresarme de manera escrita. La poesía fue el resultado de lo que observaba y cómo sentía lo que observaba. Fue una manera de traducir el mundo que me rodeaba en imágenes y en símbolos.

“El cuerpo de la duda”, de Mariela Cordero
El cuerpo de la duda, de Mariela Cordero (Public-Arte, 2013).

—Tú y la poesía, ¿cómo es la relación entre las dos? ¿Quién guía, quién se somete?

—La poesía manda, impone, es una sed que no cesa. Pero con los años hemos llegado a un acuerdo armónico de convivencia, ella tiene sus espacios y yo tengo los míos. El frenesí de escribir, el incendio de los primeros días se ha convertido en algo más maduro, más sólido. Se ha transformado en fuego perenne y sereno.

—En definitiva ¿qué marca tu búsqueda en la poesía? ¿En qué etapa encuentras la máxima satisfacción?

—Escribir poesía es un proceso doloroso. Hay poemas que duelen mucho y sin embargo, una vez escritos, siento que me libero. Por ejemplo, mi poema “Cuerpo público” fue un poema que lo sentí hondamente. No resultó fácil escribirlo, pero extrañamente emergió completo. Creo que la paz llega a mí luego de escribir el poema.

—¿Qué significa en ti, poeta, ser del país que hoy parece agonizar?

—Pues el país es un cuerpo que siente, que sufre, que padece, que agoniza. Yo lo habito, pero como en “Cuerpo público”. Espero que, tras la larga noche de las jaurías, el amanecer nos asombre con la revelación de que hemos sobrevivido.

—¿Qué es lo que más amas en la vida?

—Amo amar. Dar y recibir amor. Amo a la poesía. “Omnia vincit Amor; et nos cedamus Amori”. “El amor todo lo puede, démosle paso al amor” (Virgilio, Bucólicas).

La esperanza para mí no representa quedarse en la inercia, creo que se debe hacer cada día lo que mejor se sabe hacer.

—Tu poesía es un arte elevado, esencia del lenguaje, es lo que haces. ¿Sientes la respuesta de los lectores?

—He recibido el aprecio de los lectores y lo agradezco profundamente. Cuando escribo un libro, un poema, lo entrego al mundo. Ya no me pertenece, se funde en el todo.

—¿Qué haces cuando te desanimas?

—Disfruto en un jardín epicúreo y lo cuido con amor. Contemplo la belleza, las flores y los colores, converso con amigos, tomo fotografías, veo puestas de sol. Observo la forma de las nubes. Camino descalza. Escucho los poemas sinfónicos de Mahler y los nocturnos de Chopin. Observo la lluvia, aspiro el aroma del petricor. Leo poesía. Releo libros que amo. Mimo a mis gatos. Y cuando estoy animada hago exactamente lo mismo. Puesto que somos mortales, creo que hay que hacer dichoso nuestro tránsito.

—¿Has avanzado con lentitud o con prisa? ¿Con dolor o alegremente?

—Creo que he avanzado con los pasos justos. Con dolor y con alegría al unísono. La vida es una mezcla de ambas cosas.

“Transfigurar es un país que amas”, de Mariela Cordero
Transfigurar es un país que amas, de Mariela Cordero (Dos Islas, 2020). Disponible en Amazon

—¿En dónde vives? ¿Cómo desarrollas tu poesía allí? ¿Puedes hablar de tus proyectos? Tienes una gran repercusión internacional.

—Vivo en Venezuela. Además de escribir, también soy traductora de poesía. Traducir me ha hecho conocer diferentes poetas alrededor del mundo. Yo misma he traducido algunos poemas míos al inglés y esto también ha permitido que lectores no hispanohablantes puedan acercarse a mis poemas. Traducir es una labor que amo, pues principalmente me considero una lectora de poesía. Vivir en Venezuela en los momentos actuales representa un desafío. No es nada fácil trabajar con fallas en el servicio eléctrico y una costosa y a veces inexistente conexión a Internet. Esto sin contar con todo el gran cúmulo de circunstancias que dificultan la cotidianidad del venezolano. Sin embargo, creo que el fuego de la esperanza sigue ardiendo. La esperanza para mí no representa quedarse en la inercia, creo que se debe hacer cada día lo que mejor se sabe hacer. Y saber que resistir y persistir es, además de un derecho, un deber para con nosotros mismos.

—¿Qué es lo que nombras con más insistencia en tu poesía?

—El cuerpo, el fuego, la luz. Hay muchas cosas que nombro y que no nombro en lo que escribo. Hay silencio que también es poesía.

—Este tiempo ¿lo has visto bien? ¿Lo has podido atrapar con tus palabras?

—Han sido tiempos difíciles hasta para escribir, y como mencioné en Pasajeras, un libro de reflexiones de escritoras desde el confinamiento editado por Les Quintero y Graciela Bonnet, se me hizo difícil escribir, traducir y hasta leer durante los primeros días de la pandemia. Fue un lapso de inercia angustiosa, que poco a poco se fue disolviendo. Todavía seguimos en confinamiento, pero sin prisa he ido retomando la traducción y la escritura. No sé si pueda traducir este tiempo en poesía; quizás sí, pero no ahora.

José Pulido
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