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Andreína Mujica:
La irreverencia como arte

domingo 4 de julio de 2021
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Andreína Mujica
Andreína Mujica: “No somos números, somos personas”.

En cada frase que Andreína Mujica escribe hay un ramalazo poético. Y ocurre lo mismo con sus fotografías. Pero en los resultados que arrojan sus quehaceres en la fotografía, en la escritura y en el periodismo propiamente dicho, predomina un sentido de humor muy irreverente que se convierte en la característica esencial de su obra. Ese humor muy irreverente es lo que en América Latina llamamos joda. Andreína Mujica es una artista de la joda. Una comunicadora de la joda. Ese tipo de humor es un látigo que nunca golpea con crueldad. Sólo te asombras y te ríes.

Los retratos de Andreína revelan la gracia y lo salvable de lo retratado. Ella rescata la visión amorosa de aquellos fotógrafos que con una enorme cámara tipo acordeón esperaban en las plazas a las madres con sus niños. Pero también rescata la necesidad de sincerarse y de mostrar lo que se siente y lo que se piensa de una buena vez.

Ella ha retratado la verdad y la belleza, el amor y la naturaleza, la gente con dolor y sin dolor. Y todo lo ha mostrado desde un punto de vista fiestero, con espíritu criollo universal y vanguardista porque ella cree que cualquier rotura, que cualquier desastre, pueden repararse y mejorarse. Andreína es un talento armado con la espada de la irreverencia. Pero siendo tan irreverente, es una persona que se apega a las leyes, que respeta las costumbres y tradiciones.

¿Cómo creen ustedes que iba a ser Andreína Mujica, la hija que ha hecho objetivo de vida rendirle homenaje constante a su padre?

Y por encima de los avatares, Andreína Mujica trata por todos los medios posibles de ser una creadora con mensaje propio, con vida propia, aunque esté inspirada de modo imborrable por el espíritu bohemio de escritor que hacía de su padre un político extraño, un poderoso intelectual capaz de renunciar a todo por un minuto de verdadera libertad.

Héctor Mujica era un intelectual, luchador político, escritor, periodista, apegado al pensamiento democrático, defensor de los derechos humanos y de la libertad de expresión como necesidad cotidiana.

¿Cómo creen ustedes que iba a ser Andreína Mujica, la hija que ha hecho objetivo de vida rendirle homenaje constante a su padre? ¿Cómo podía actuar de otra manera esa hija inquieta, Andreína Mujica, quien a los catorce años de edad fue motivada por Miguel Otero Silva para que publicara un poema en El Nacional?

 

Teodoro Petkoff
Teodoro Petkoff retratado por Andreína Mujica en su serie “Enmárcate Venezuela”.

Los derechos humanos

Andreína Mujica es como una cascada o como un incendio forestal: no se queda quieta en ningún instante. Y su inquietud perenne está motivada por un entusiasmo natural y cotidiano. La piquiña de crear, de fundar, de lograr soluciones.

Todos los días se empeña en realizar algo que le guste, que le agrade, que resulte beneficioso para el arte o la comunicación. Ella es, por crianza, una persona sensible, culta, laboriosa y solidaria.

Todo lo que atente contra los derechos humanos recibe un rechazo inmediato de Andreína Mujica: esa es su reacción natural.

No constituye una rareza leer una protesta suya respecto a los colegas y otra gente que es encarcelada en Venezuela, su país, de donde salió hace once años para vivir en Francia y residenciarse en París. Ella es comunicadora social, fotógrafa y cocinera. Periodista por naturaleza, graduada en la Universidad Central de Venezuela, donde también estudió Letras. Aunque no terminó los estudios de Letras fundió este conocimiento con el de la comunicación social para escribir con hondura en varios medios donde ha desarrollado proyectos diversos.

Hoy, Andreína Mujica Áñez se pregunta: ¿qué parte de derechos o humanos no se entiende?

Como fotógrafa ha logrado una trayectoria de alcance internacional y es fundadora, con su maestro Nelson Garrido y la historiadora Liliana Martínez, de la nueva escuela de fotografía ONG. Centro de actividad cultural, de vanguardia comunicacional y estética conocida ampliamente en toda América Latina como Organización Nelson Garrido.

En Francia, Andreína ha emprendido muchos proyectos y además, se ha dedicado a la gastronomía como modo de vida. Escribe, busca imágenes y hace comidas para mantenerse y seguir viviendo a su manera, que es algo que todos nosotros, su andanada de amigos, llamamos “alegría de vivir tipo Andreína”. En 2017 recibió en París el premio Mejor Reportaje del Año, que otorga la Agencia de Prensa Extranjera. Fue reconocida por su cobertura del Festival de Cine de Biarritz.

Ya se ha dicho y se ha publicado a nivel internacional: hoy en día, Andreína Mujica se siente perseguida, perjudicada en su quehacer cotidiano, a causa de sus opiniones. Y no hay ninguna duda al respecto: Andreína será mencionada y comentada muchos años después que todo esto pase, porque ha sido injustamente tratada como ciudadana que ejerce sus derechos y como profesional formada bajo la inspiración de un padre que sabía reconocer la libertad y la ausencia de libertad.

Hoy, Andreína Mujica Áñez se pregunta: ¿qué parte de derechos o humanos no se entiende?

Y ella misma responde:

—La libertad de expresión se reconoce como un derecho humano en virtud del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y se reconoce en el derecho internacional de los derechos humanos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

 

Frida Gaby
“Frida Gaby”, de la serie “Todas sufridas”.

Estamos hablando de un proyecto ideológico, de cambiar por completo el rostro de todo un continente a través de la maquinaria cubana.

Unas pocas preguntas

—¿Te has limitado en tu opinión, después de todo este suceso?

—Yo sigo escribiendo, publicando, con medios como El Pitazo, Tal Cual, Actualy.es y Viceversa Magazine. También apoyé a Rayma Suprani cuando era directora en The Wynwood Times; escribo sobre eventos culturales en Francia e intento hacer llegar buenas noticias a los venezolanos de lo que se hace fuera del territorio secuestrado, Venezuela. Tengo un profundo compromiso con mi país, con mis colegas, y creo que es un deber como periodista y una necesidad como ciudadana europea sensibilizar a la opinión pública sobre lo que ocurre en los países latinoamericanos; estamos hablando de un proyecto ideológico, de cambiar por completo el rostro de todo un continente a través de la maquinaria cubana. Quedarnos callados es un error que pagarán las generaciones que vienen detrás. La democracia se defiende en el país donde te encuentres, sobre todo si hay leyes que te protegen; no pueden tratar a Francia como si fuera Venezuela.

—¿Qué proyectos proseguirás?                                                            

—Como artista y fotógrafa tengo varios proyectos. “Enmárcate Venezuela” lleva más de diez años; comenzó en el 2007 en Caracas, se llamaba “Caracas enmarcada”. Con un marco azul que representaba la Constitución, enmarqué a políticos, artistas, periodistas, gente en la calle por Venezuela. Tenemos que caber en el territorio respetando ideas diferentes, pero también aceptando que nos rige un marco legal. Creo en la justicia, no en amedrentamientos, ni insultos, ni amenazas. Al chavismo le hieren profundamente el humor y la decencia.

—Supe que tienes una instalación con estadísticas…

—Tengo una instalación, “Caracas desde una lupa”, es una foto aérea que tomé, antes de irme, de los cerros, donde vive una enorme parte de la población de la capital y sufre el infierno de no tener casi cómo sobrevivir a tantas penurias. Cuando te acercas con la lupa puedes leer entre los cerros los números, las estadísticas de muerte y hambre que hay en Venezuela. No somos números, somos personas, son historias de familias, casi siete millones de venezolanos fuera. Es necesario que se sepa.

—¿Qué has hecho en este encierro de pandemia?

—Recientemente en confinamiento hice un trabajo de siete primeras obras llamado “El cine se sienta en la mesa”, soñé con Scarface en Venezuela —creo que tantas noticias ligadas al narcotráfico invaden el subconsciente—, en esta ocasión Al Pacino consumía kilos de harina pan como si de cocaína se tratase; mi idea es profundizar a través de los iconos del séptimo arte sobre el hambre en el mundo, no sólo Venezuela. Trabajé pensando en los siete países que se han vuelto más vulnerables a causa de la situación pospandemia.

—¿Algún libro?

—Está planteado editar un libro sobre mi trabajo “Todas sufridas”, sobre Frida Kahlo; el diseño fue hecho por la gran Waleska Belisario, con fotos mías realizadas en Caracas y París.

José Pulido