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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

María Dayana Fraile:
“Fui atea hasta hace poco”

domingo 8 de agosto de 2021
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María Dayana Fraile
María Dayana Fraile: “Mis temas son muy contemporáneos y a veces hasta futuristas”.

—¿La leíste? —pregunta el poeta Julio Bolívar.

No sé de qué me está hablando. Nota el titubeo en mi cara. Y hace un gesto de contrariedad que podría significar “no puedo contigo”. Julio siempre me envía libros, artículos, cuentos. Todo lo que le llama la atención lo comparte conmigo. Él y yo somos como hermanos. Me conmueve su poesía de hombre callado. Y su amistad funciona como un oasis en cualquier circunstancia. Cuando estaba en Caracas nos veíamos con frecuencia para hablar de libros o visitar a otros amigos. Ahora nos conectamos por teléfono, por Zoom, o chateamos y de repente y tal no sé de qué estamos hablando. Se nos amontonan los nombres de amigos y ciudades.

—¿De quién me estás hablando? —le pregunto para salir indemne del enredo.

—De María Dayana… ¿La leíste?

Entonces caigo en cuenta de que él me envió un cuento de María Dayana Fraile hace tiempo. Ya la había leído en el año 2012, creo. Después me enfrasqué en el poemario Ahorcados de tinta y luego no la pude soltar más. Hasta que llegó a mis manos el libro La máquina de viajar por la luz.

Cuando Julio pregunta “¿la leíste?”, más bien está indagando si me he dado cuenta de todo lo que significa la escritura de esa persona. Él profundiza en todo. Y para conversar necesita que uno se ponga a la altura de su órbita.

María Dayana Fraile es un fenómeno literario. Una poeta de otro mundo. Sus narraciones contienen poesía y su poesía es un resultado de alto voltaje anímico.

Kelly Martínez-Grandal escribió en el prólogo del libro Ahorcados de tinta: “Si tuviera que escoger un adjetivo, uno solo, para definir Ahorcados de tinta, ese sería: inquietante. Un libro —un poco a la manera de Lovecraft— con un tiempo anterior al tiempo: imágenes arquetipales y, al mismo tiempo, profundamente propias. Oscuros absurdos, hermosos amuletos que conviven, dialogan, se sostienen. Su voz, me atrevo a decirlo, es una de las más poderosas de su generación”.

 

Toda mujer que se llame María sabe que es un nombre muy antiguo, elevado hasta las alturas solares gracias a la madre de Jesús.

Datos sobre ella

Maria Dayana Fraile (Puerto La Cruz, Venezuela, 1985) es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Obtuvo una maestría en Hispanic Languages and Literatures en la Universidad de Pittsburgh. Su primer libro de cuentos, Granizo (2011), recibió el Primer Premio de la I Bienal de Literatura Julián Padrón. Su cuento “Evocación y elogio de Federico Alvarado Muñoz a tres años de su muerte” (2012), recibió el primer premio del Concurso Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores. Su poemario Ahorcados de tinta (2019) fue publicado por CAAW en Miami. Escritos de su autoría han sido incluidos en distintas muestras de narrativa venezolana como, por ejemplo, en la Antología del cuento venezolano de la primera década del siglo XXI, editado por Alfaguara, y el dossier de narradores venezolanos del siglo XXI editado por Miguel Gomes y Julio Ortega, publicado en Inti, Revista de Literatura Hispánica.

 

Primer nombre: María

El nombre de María es sagrado. Es precioso. Es común porque lo han regado tanto como Jesús y José. Como Pedro y Juan. Entre tantas Marías, siempre me atrajeron María Félix, María Callas, María Zambrano y Mary Shelley.

Toda mujer que se llame María sabe que es un nombre muy antiguo, elevado hasta las alturas solares gracias a la madre de Jesús. Tener ese nombre es un serio compromiso. Haces algo medio malo o poco bueno y se te quedan viendo. Aunque toda mujer sufre lo suyo y por naturaleza honra la jerarquía de la señora cuyo hijo fue crucificado. La mayoría de las Marías, cuando tienen un hijo varón nunca le ponen el nombre de Jesús, por re o por fa.

El nombre María encierra mucha historia. María es Miriam, originalmente Myriam o Maryam. La hermana de Moisés, Miriam, la profetisa, fue tal vez la primera María. El nombre significaba en esos tiempos “mujer que predice, mujer inspirada”.

En el libro Éxodo aparece la hermana de Moisés de esta manera: “Porque el Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre ellos; pero los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar. Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres la siguieron con panderos y danzas. Y María les respondía: Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; Ha echado en el mar al caballo y al jinete”.

El nombre María también significa eminente, excelsa, rebelde, gorda bella, señora, amargura, luz sobre el mar, y en definitiva es un nombre que se emparenta con el amor. Hay Marías en todos los países y en todos los idiomas.

 

Segundo nombre: Dayana

El primer superhéroe moderno fue creado por Lee Falk en 1936, dos años antes de que apareciera Superman en el número uno de Action Comics. Ese personaje era The Phantom, el Fantasma que Camina, el que vivía en una cueva con forma de calavera, tenía un perro lobo llamado Diablo y un caballo llamado Héroe.

En una serie de televisión creada en 1943, el Fantasma que Camina aparece con su novia Diana Palmer, y por supuesto, al llamarla pronuncia el nombre Diana en inglés: ¡Daiana! Que sonó así: ¡Dayana! y comenzaron a aparecer niñas llamadas Dayana desde entonces.

 

Ella escribe de esta manera

He conocido a varias Dayana, pero ninguna ha tenido tanta vida interesante y quizás abrumadora, como María Dayana Fraile: ella será quien ponga ese nombre en el tope de una sensación esplendorosa. Su condición de poeta y de narradora plantea una confusión gigantesca a quien no haya leído en verdad la intensa poesía que juega con las imágenes de la realidad y la ficción que nos agobian. Y toca los cartílagos espirituales. Bueno: lean este fragmento de un poema. Así escribe:

y el ordenador de esta galaxia se refiere siempre a mí con
palabras obscenas.
Ayer mismo le preguntaba si su constitución era de diosa
o de monstruo interestelar. Me miraba desde la pared
desde el afiche
exactamente eso es la cultura impresa,
un recuerdo de hace siglos pegado en la pared.

He estado pensando en Ifigenia,
en la carta de navegación del venado.
Hay todo un bosque de por medio e imágenes translúcidas.
Una corte y ocho empleados para servir el banquete.

Colocar una piel de venado en el repositorio del sacrificio,
dos puntos y sustitución de utilería del espíritu
un corazón de ciervo a cambio de un corazón humano.

 

Cuando la leo me percato de que ha surgido con un don, un duende (como expresaba García Lorca) muy por encima de nosotros.

Asombrosa

Sé por qué lo digo. Tal vez se trata de una conclusión meramente literaria, porque no la conozco personalmente. Pero María Dayana Fraile es una escritora asombrosa. He leído narradores de esa categoría, pero nunca con una fuerza parecida a esos terremotos que levantan capas de suelo y arrugan enormes puentes. Si tuviera que buscar una frase primitiva para expresar la fuerza de sus palabras, diría que es similar a la que exhiben esos hombres que le quitan la cabeza de un machetazo a un toro. Me hubiese gustado descubrirla. Lo ratifico: quien me habló de ella y me hizo leerla con interés fue el poeta Julio Bolívar. Y después, cuando pude leerla por mi cuenta sentí ganas de descubrirla, pero ya estaba descubierta. Es venezolana y creo que ocupará uno de los más altos y primeros lugares de la literatura latinoamericana.

Cuando la leo me percato de que ha surgido con un don, un duende (como expresaba García Lorca) muy por encima de nosotros. De muchos de nosotros, que sin embargo escribimos con la pasión y el amor por la escritura que ella manifiesta. Pero su logro es como de ostra haciendo perlas.

Ahora copio un fragmento de su libro para que sigan constatando lo que ella hace:

La máquina de viajar por la luz

Otros días me recuerda a un poema de Walt Whitman, un poema fervoroso y meridiano. Canto de pájaros venidos de Alabama, ondas de ríos invisibles, vientos místicos y dulces, cubriendo el cielo, la tierra y esta ciudad brillante (esta ciudad pequeña que titila como un aviso luminoso desde la quijada rota de otra ciudad más grande y perdida). Somos niñas entonces, niñas acostadas en la hierba, celebrando cada uno de nuestros átomos. Y otros días sufre, simplemente, como un poema de Vallejo. Sueña que vive de nada y, más aún, que muere de todo. Se dedica a ponerle acentos lóbregos al día mientras se sienta borracha sobre ataúdes imaginarios en algún cementerio parisino. Entonces siento la naturaleza del dolor, el dolor dos veces.

 

“La máquina de viajar por la luz”, de María Dayana Fraile
La máquina de viajar por la luz, de María Dayana Fraile (CAAW Ediciones, 2020). Disponible en Amazon

La entrevista

María Dayana Fraile es una joven escritora que vive intensamente su escritura y escribe con muchísimo arte lo que vive, sea amenazante o no. Sea asolador o no. La entrevisté viajando por las autopistas de la computadora. Y la he leído detalladamente en la librería infinita que Borges intuyó. La misma que se inició con la Biblioteca de Alejandría hasta convertirse en el verdadero tesoro del caos virtual. Aquí, donde las musas jamás serán derrotadas.

 

“No me gusta la vida pública”

—¿De cuáles palabras te alejas?

—No me gusta la vida pública, no me gusta ser una opinadora de oficio. He aprendido a resguardar mi vida privada y no dejar a nadie entrar en ella. Lo aprendí a los trancazos. Mis temas a veces son muy heavys y la gente cree que puede derrumbarme por eso. Soy una intelectual un poco rara. Me basta con escribir, con crear mundos ficcionales.

—¿Prefieres contar sólo el presente?

—Hasta ahora sólo he contado el presente. Mis temas son muy contemporáneos y a veces hasta futuristas. En mi último libro, Colección de primeros recuerdos, incursiono un poco en la ciencia ficción. Me encanta contar el futuro.

—¿Qué determinó en tu infancia el camino que seguirías, esa escritura?

—Mi abuelo era periodista y político. Escribía para El Tiempo, el periódico del pueblo oriental. Crecí admirándolo, viéndolo leer en su inmensa biblioteca. Mi abuelo fundó lo que ahora es la Alcaldía de Puerto La Cruz y mi padre, un coronel retirado de la Guardia Nacional, fundó la policía municipal. Mi familia era la ciudad letrada en pleno en aquella ciudad devorada por el sol. Nunca tuvimos mucho dinero. Mi padre y mi abuelo eran hombres honestos que creían en la rectitud de los funcionarios públicos. Algo que no se ve ahora. En la biblioteca de mi abuelo empecé a leer. Mi abuelo coleccionaba toda clase de libros, especialmente clásicos. Durante mi adolescencia me robaba los libros de filosofía de la biblioteca de mi abuelo. De niña compraba muchos libros infantiles imitando a mi abuelo. Me fascinaban los libros de Ekaré. Cuando estaba en sexto grado de la primaria quería ser la primera presidente mujer de Venezuela.

Me fascina acaparar y exhibir la cultura de mi país. Soy una venezolanista verdadera.

—¿Cuál es tu sueño más preciado en este tiempo?

—Que la embajada de Estados Unidos regrese a Venezuela para que mis familiares renueven sus visas y puedan venir a visitarme.

—¿Cuándo sentiste que eras narradora, escritora?

—Cuando tenía catorce años leí a Nietzsche. Yo quería ser una filósofa y escribir sobre mi vida. También tener dieciséis y leer a Dostoyevski me arrastró hacia el camino de la narrativa. Me encantaban sus mundos oscuros y nihilistas. Sin embargo, mi primer texto narrativo lo escribí a los veintidós años. Eran cuenticos que intentaban ser cortazarianos. No creo que eran textos muy logrados pero me permitieron ser aceptada en un taller de narrativa de los que ofrecía Monte Ávila Editores. Ese fue mi verdadero punto de partida. Durante el taller encontré el sustrato de mi primer libro de cuentos, en esa época deliraba con la literatura venezolana. Trabajaba en Monte Ávila durante el día, estudiaba la Maestría en Literatura Venezolana del Instituto de Investigaciones Literarias de la UCV en las noches y escribía los fines de semana. Yo quería inscribirme en la tradición de la literatura venezolana. Me fascina acaparar y exhibir la cultura de mi país. Soy una venezolanista verdadera.

 

Leer es una bendición

—¿Cómo te ha ayudado la escritura?

—Me ha ayudado a no hundirme en la locura. Hace ocho años sufrí un colapso nervioso y mi recuperación fue muy lenta. Me sentaba a escribir varias veces a la semana para distraerme y hacer algo productivo. Escribí poesía y narrativa. He publicado casi todo, y lo que no he publicado todavía estará pronto en proceso de evaluación. Programo esta dimensión a través de la escritura, ordeno mis ganas de vivir, es un proceso muy saludable. El hecho de publicar inaugura otros universos; creo que escribir es una técnica espiritual para alcanzar la iluminación.

—¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?

—La muerte. No hay claridad sin oscuridad. Sin embargo, la muerte se me hace tan fría. Envejecer y morir es uno de mis últimos temas preferidos.

—¿Cuál es tu gran pasión?

—La lectura. Adoro leer, aunque durante mi enfermedad no podía concentrarme. Leer se me hace un jardín del edén, un terreno utópico, una playa dorada. A partir de la enfermedad leer me parece una verdadera bendición.

—¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?

—Estoy lejos de todo. Pero eso me ha llevado a entender que puedo ser muy versátil. Me he adaptado muy bien a la vida estadounidense. Obtuve una licenciatura en Letras en la Universidad Central de Venezuela y una maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Pittsburgh, pero por vueltas de la vida se me hace más cómodo ahora no ejercer mi profesión. Conseguí un trabajo cerca de mi casa en un hospital. Es un trabajo práctico y sencillo que me une a la tierra. Este trabajo también me permite tener tiempo para escribir. Me fascina la vibra del hospital y ayudar a los pacientes se ha convertido en mi bandera.

—¿Qué lugar ocupa la religión en tu vida?

—Yo fui atea hasta hace poco. Ahora creo en los extraterrestres, seres de luz que descienden a nuestro plano para iluminarnos. Mientras estuve enferma sentí que podía conectarme con ellos. Dios siempre ha sido un extraterrestre, porque de ninguna manera puede ser terrestre. Su cuerpo material habita esta galaxia de manera diferente. Dios es pura energía y es omnisciente y todopoderoso en nuestro plano. Dios es el programador eterno, la cabeza maestra de esta dimensión.

—¿Dónde vives?

—En Clearwater, Florida. Queda a 45 minutos de Tampa. Clearwater es conocida por ser la capital mundial de la cienciología, una religión fundada por un escritor de ciencia ficción llamado L. Ron Hubbard. No podría estar en mejor lugar. La vibra de la ciudad ha sido inspiración de mis últimos libros.

Venezuela va a salir del agujero negro muy pronto.

—¿Qué haces?

—Soy asistente de enfermería en un hospital. Escribo en mis días libres. Cuido al perro de mi suegra. Monto un triciclo cuando tengo tiempo. Cocino a veces. Hablo a través de WhatsApp con mis padres todas las semanas. Voy a la playa con mi esposo a menudo. Colecciono libros de literatura venezolana. Me tomo tres cervezas India Pale Ale todos los viernes por la noche.

—¿Hacia dónde conduces tu escritura?

—Hacia lo distópico cada vez más. Quiero escribir sobre mis experiencias fluctuantes, sobre mis mudanzas espirituales. Quiero escribir las imágenes eternas. Quiero transcribir la contemplación.

—¿Cómo ha cambiado dentro de ti la ciudadanía, en un país que ha cambiado tanto?

—En el plano de lo personal diría que tengo miedo de viajar a Venezuela. Son tantos los peligros que prefiero invitar a mi familia a visitarme. En el plano literario sólo puedo decir que me preocupa a veces no publicar en Venezuela. Mis últimos tres libros fueron publicados en Estados Unidos, dos en Miami con Cuban Artists Around the World y uno en New York con Sudaquia. Me preocupa perder conexión con mi país y con mis lectores habituales. Me gustaría que el correo postal funcionara en Venezuela para que los venezolanos pudieran comprar por Amazon.

—¿Qué crees que pasará con el país?

—Venezuela va a salir del agujero negro muy pronto.

—¿Se ha dispersado tu familia?

—Sí, mis hermanos abandonaron Venezuela. Ahora mi hermana vive en Uruguay y mi hermano vive en Colombia. Mis padres se quedaron solos en Puerto La Cruz. Están divorciados, pero se apoyan el uno al otro muchísimo.

—¿Qué te ha hecho sentir la cuarentena?

—La cuarentena me recordó una canción de Cannibal Corpse, una banda de death metal de aquí de Tampa. Sin embargo, debo aceptar que me gustó quedarme en casa y hacerlo todo on line.

José Pulido