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Nicomedes Febres Luces, el médico que ha descubierto tesoros espirituales

domingo 15 de agosto de 2021
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Nicomedes Febres Luces
Nicomedes Febres Luces: “En privado los médicos son grandes humanistas”.

Ha visto nacer gente y ha visto nacer artistas. Ha salvado vidas y ha salvado obras de arte. También ha salvado del olvido a unas cuantas historias, porque Nicomedes Febres Luces está siempre dispuesto a desentrañar, revelar y generar claridad. Así como aprendió a observar el cuerpo humano y a entenderlo, se dedicó a comprender el arte y adquirió una profunda visión que descubre y traduce las hazañas con que se manifiestan la verdad y la belleza.

El ser humano se transforma haciendo lo que le gusta, lo que le produce más satisfacciones. Michel Foucault dijo algo que podría servir para ilustrar esa idea:

Para mí, el trabajo intelectual está relacionado con lo que usted podría llamar “esteticismo”, lo que significa transformarse a sí mismo. Creo que mi problema es esta extraña relación entre conocimiento, estudio, teoría e historia real. Sé que el conocimiento puede transformarnos, que la verdad no es sólo un modo de descifrar el mundo, sino que si conozco la verdad seré cambiado. Ya ve, eso es por lo que trabajo como un animal. Y trabajé como un animal toda mi vida. No estoy interesado en el estatuto académico de lo que estoy haciendo porque mi problema es mi propia transformación. Esta transformación de uno mismo por el propio conocimiento es, creo, algo más cercano a la experiencia estética. ¿Por qué trabajaría un pintor si no es transformado por su pintura?

Nicomedes Febres es un buen ejemplo de ser humano que se ha transformado ejerciendo con pasión y conocimiento su compromiso con la ciencia que salva el cuerpo y el arte que alivia el espíritu.

 

Nicomedes Febres ha consolidado dos trayectorias en una sola vida.

Nicomedes es un testigo espiritual idóneo porque prefiere observar el desarrollo de los hacedores de arte sin intervenir en sus libertades. Un testigo con brillo propio cuya opinión es respetada por los artistas que lo conocen. No sólo escribe invocado por la pasión de lo verdadero: también actúa y vive como cree y como habla. Es posible definirlo y retratarlo revisando sus libros, sus curadurías, su trayectoria en favor de una libertad de pensamiento, pero nada lo muestra con mejor nitidez que su amor por el arte y su respeto por la amistad.

Hace unos meses, estuvo hospitalizado el artista plástico Miguel von Dangel —quien moriría el 25 de julio de 2021—, y Nicomedes escribió lo siguiente:

Estoy saliendo a participar en la operación quirúrgica de mi amigo Miguel von Dangel, en una cirugía muy complicada. Miguel es quizás el artista más radical de nuestro país y para quien el arte es también una forma ética de existir pues para él la obra y la vida del artista son inseparables y una es testimonio de la otra. La vida de Miguel ha sido una novela y en parte de la cual hemos sido testigos y a veces actores de reparto Nelson Garrido y yo. Nelson, Von Dangel y yo somos fraternos y leales amigos desde hace décadas porque creemos que “el arte existe” y es testimonio de una forma superior de expresión y no una forma de decoración. Por supuesto, compartir con Nelson o Miguel no es asunto fácil porque son personalidades muy fuertes y el suscrito tampoco es caramelo de palito en asuntos de trabajo. Ruego a Dios que Miguel supere esta dura prueba y regrese triunfante para ser el inmenso artista que siempre ha sido.

Nicomedes Febres ha consolidado dos trayectorias en una sola vida. Es conocido por ser un médico que se ha entregado a esa vocación de una manera sensible y responsable, generando confianza y agradecimiento en sus pacientes. Y también es conocido como experto en arte, como curador de arte, como escritor y cronista, como hombre ilustrado y amante perenne del hecho cultural.

Lo espiritual es tan necesario como lo material. Leer y comer; ir al teatro y comprar ropa; escuchar música y tener acceso a médicos y medicinas. El ser humano necesita alimentarse, vestirse, resguardarse del clima, proteger su cuerpo, su salud, pero después que logra todo eso, entiende que también necesita saber por qué ha alcanzado tantos conocimientos y ha llegado a ser lo que es, a tener una conciencia, un gusto, un criterio. Nicomedes es un hombre pendiente de ambos aspectos.

Cuáles son las cosas más elevadas y maravillosas que ha creado el hombre; cuáles son las mejores obras de arte y de cultura que se han hecho y desarrollado en el país. Y quiénes son sus autores. Nicomedes Febres ha tratado de responder cotidianamente a esas interrogantes.

La gente no debe ignorar lo que ocurrió antes y lo que está sucediendo; le es perentorio saber lo que se supo y lo que se sabe; ahí están la historia, los libros, las obras de arte, la música, la ciencia, las ruinas que hablan de civilizaciones anteriores; cada generación debe abrir los ojos y conocer lo que el ser humano ha vivido y ha descubierto para no partir de un punto cero. Nicomedes se ha esmerado escribiendo de lo humano y lo divino. Llamemos divino a lo referido a la creación artística.

 

Nelson Garrido, Nicomedes Febres Luces y Miguel von Dangel
Nelson Garrido, Nicomedes Febres Luces y Miguel von Dangel.

“El arte es testimonio de nuestra propia historia”

—¿Fue primero la vocación por la medicina que el amor por el arte?

—La vocación por la medicina fue innata y quizás producto de haber en mi familia varios médicos. Lo del arte fue secundario a la medicina a través de mi maestro el doctor Rafael Domínguez Sisco, quien además de un gran partero era presidente del Concejo Municipal de Caracas, creador de todos los museos municipales y editor de casi toda la producción literaria sobre la ciudad. Con él aprendí que el coraje no está divorciado de la sensibilidad espiritual y eso es mucho en este país. A su muerte escribí para El Nacional una crónica describiéndole, desde el ejercicio profesional hasta la compatibilidad de la hombría con la sensibilidad artística.

Afortunadamente nunca perdí una vida, y permíteme decir que no es jactancia sino suerte.

—¿Cómo fue ese comienzo en el conocimiento de las artes plásticas?

—Fue un aprendizaje autodidacta, de entender el arte, leer, oír, sentir la diferencia de lo que es arte y lo que es la decoración, de cómo el arte es testimonio de nuestra propia historia. Tuve que aprender nuestra propia historia comenzando desde la contemporaneidad hacia el pasado, y no como lo hace la formación académica que se comienza por el principio. Debía ir a nuestros orígenes e investigarlos. He descubierto, escrito y publicado sobre nuestros orígenes fotográficos, descubierto a nuestros primeros fotógrafos desconocidos, desde Juan José Benzo, nuestro más importante fotógrafo caraqueño del siglo XIX, o Bernardo Díaz Báez, el primer venezolano en hacer fotos en vidrio o hacer fotos estereoscópicas, y que era un desconocido. He escrito y publicado los primeros libros sobre las linternas mágicas, la técnica preponderante para enseñar las imágenes del pasado y que nunca se habían hecho en Venezuela. He descubierto tesoros espirituales para los venezolanos, quizás por las inmensas falencias editoriales de la actualidad, donde la verdad es la primera víctima de la realidad y la prioridad es evitar que se le siga echando tierra a la verdad y al pasado.

—¿En qué punto coincidieron el ejercicio de la medicina y las artes plásticas para darte una visión de la vida?

—El ejercicio de la medicina, en especial de la cirugía, es duro y cruento, amuebla el alma de angustia y de responsabilidad. Nadie puede dormir con un paciente grave y debía ser compensado con algún bálsamo del espíritu. Afortunadamente nunca perdí una vida, y permíteme decir que no es jactancia sino suerte, pues nuestros médicos son o eran excelentes y a la cabeza del ejercicio y el estudio cotidiano. Nadie sabe el complejo de culpa que sentimos cuando, aunque haya mucho trabajo, no seguimos la norma de estudiar cada día. Entonces apelamos mucho, por necesidad espiritual, a esos saberes humanísticos mediante el cual compensamos el vivir entre la vida y la muerte. En privado los médicos son grandes humanistas. Cuando estamos en confianza, sólo entre nosotros hablamos de literatura, arte o música. Que ellos me perdonen por divulgar este secreto.

—¿Cuáles fueron las grandes satisfacciones en ambos ejercicios?

—En la medicina la gran satisfacción es salvar vidas y el reconocimiento social que los médicos poseen dada la tremenda responsabilidad cotidiana. Eso de saber que un error tuyo puede representar la vida de alguien pesa mucho en el alma. El estudio cotidiano es un exorcismo y el arte es una compensación parcial ante tanta responsabilidad. Como partero te confieso que la sonrisa de una madre cuando le presentas por primera vez a su hijo es una sensación muy placentera que nos llena de orgullo con nosotros mismos. El placer del trabajo bien hecho como médico no tiene ninguna comparación.

 

Veinticinco ediciones de jóvenes artistas

—¿Qué artistas venezolanos son un valor indiscutible para los anales del arte fuera del país?

—Dada mi posición de dueño de una galería importante y promotora de artistas debo ser prudente. Ahora estamos abocados a la promoción de artistas jóvenes cuyas posibilidades están coartadas por el peso inevitable de la realidad. Pero Venezuela es un país donde los creadores de la plástica han tenido gran preponderancia y sigue habiendo excelentes en la actualidad. Allí están las veinticinco ediciones de Jóvenes con FIA que hemos realizado y seguiremos realizando. En los años de bonanza fiscal ningún evento superó las seis ediciones. Por nuestro salón de jóvenes y por la feria ha pasado lo más granado del arte venezolano. Hemos rotado los curadores jóvenes que se han curtido de esa experiencia y con esa libertad de selección. De la selección que hagan, dependerá el éxito de su trabajo diez años después.

—¿Qué añoras?

—La fuerza de la juventud y aquella Caracas de hace más de veinte años donde había unos museos pletóricos de gente y docenas de galerías en libre competencia. La Caracas donde creamos la Feria Iberoamericana de Arte, venían grandes espectáculos y paseabas libre por las calles. Había paz y los gobiernos se preocupaban por la libertad y el progreso. Al que le gustaba la música asistía a los conciertos cada semana. El Teatro Teresa Carreño era un hervidero de trabajo y los otros también. Había muchas salas alternativas y experimentales con plena libertad de creación en todos los campos.

—¿Cómo vives, de qué vives?

—De mis ahorros y algunos intereses afuera desde antes. Soy poco ostentoso en lo material. Me visto con ropa de Walmart en descuento, con zapatos Sketchers, los cuales recomiendo por su comodidad y no me pagan por hacerle publicidad. Mis carros tienen, uno veintisiete años y el otro trece años.

 

Espero haber sido y seguir siendo un venezolano útil. Duermo con mi conciencia tranquila y eso es lo que más vale.

“Nadie llora por mi culpa”

—¿Qué deseas hoy en día con más pasión?

—La vitalidad de la juventud, regresar a vivir en paz y libertad y mantener a mis amigos y afectos que aún están presentes. Que nuestra juventud sepa del país que fuimos y conozcan su verdadera herencia cultural. Poder seguir en lo que hago rememorando a la Venezuela de antes, escribiendo, investigando y descubriendo cosas del pasado que ignoramos. Buscando imágenes de ese pasado, indagando y coleccionando cosas que se desconocen. Nuestro pasado es tan rico y plural que nuestros historiadores no podrán solos descubrirlo, y esa es nuestra herencia cultural común. Es un reto apasionante y como siempre tuve inclinación por nuestra historia busco nuevas fuentes para darlas a conocer. He colaborado regularmente para revistas como El Desafío de la Historia, incluso fui por muchos años columnista semanal de arte en El Nacional. Soy “nacionalero”.

—¿Qué ha cambiado en tu vida hoy en día?

—La conciencia de que no puedo ser seducido por el poder, de que el afán de lucro debe tener limitaciones pues el dios del dinero es una banalidad además de una utopía; tampoco ando compitiendo con nadie por el poder ni la figuración social. Disfruto mucho lo que hago y espero con mis investigaciones dejar despejadas muchas incógnitas de nuestro pasado. Espero haber sido y seguir siendo un venezolano útil. Duermo con mi conciencia tranquila y eso es lo que más vale. Por mí ninguna persona sufre ni ningún niño pasa hambre y nadie llora por mi culpa.

—¿Cómo has vivido esta temporada de pandemia?

—La recibí en Colombia por un evento familiar y pude ir al día siguiente a Estados Unidos, donde seguí por varios meses mis indagaciones por Internet, y como consecuencia de esa investigación tengo un libro por publicar sobre fotografía venezolana en la Venezuela de los años 1920. Luego regresamos en un vuelo humanitario por México y desde septiembre del año pasado estoy dedicado a mi trabajo en la galería, pero más a mis investigaciones históricas.

José Pulido