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Alessandro Prusso habla sobre El Canto mayor:
Un libro hecho a mano para Alejandra Pizarnik

domingo 29 de agosto de 2021
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Alessandro Prusso
Alessandro Prusso: “Me motivó el gran amor que tengo por Alejandra Pizarnik”.

Un sábado 13 de octubre, Alejandra Pizarnik escribió en su diario:

Importa encontrar una nueva esperanza, una manera inédita de esperar. Importa divinizar un mundo sin divinidad; encontrar mitos en un mundo vacío. El rechazo rotundo, el no absoluto, es semejante por su comodidad a la creencia en el cristianismo. Si Dios no existe —cosa que me es indiferente— yo sí existo. Además yo no rechazo el mundo, sólo me horrorizan ciertos “detalles”. Lejos del suicidio de Kirilov, que tiene en cuenta sobre todo a Dios, mi suicidio se remite a los “detalles”, changer la vie.

La poeta argentina, cuya expresión anímica se regó por el planeta y llamó la atención de los sensibles y de los indiferentes, pasó a formar parte de un núcleo poético que nunca será ignorado ni borrado.

Alguien ha encontrado su verdadera voz y la prueba en el mediodía de los muertos. Amigo del color de las cenizas. Nada más intenso que el terror de perder la identidad. Este recinto lleno de mis poemas atestigua que la niña abandonada en una casa en ruinas soy yo.

Incontables veces aludió a su infancia, a la niña eterna. Muchas personas han escrito sobre ella y su poesía. Muchas personas han sido tocadas por su poesía. Pocos seres han profundizado en ese terrible amor. Ella amaba el final. Ella amaba su oscuridad y su desesperación. Era una verdad tan cruda como hermosa.

En Los pequeños cantos hay momentos como este:

las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?

Es fácil adorarla y sentir que ha debido vivir más, pero lo cierto es desde que comenzó a escribir le dio inicio a una despedida inevitable.

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

Eso también es de ella, de Alejandra Pizarnik. Aparentemente, es uno de sus versos más leves. Y sin embargo contiene toda su angustia y su fuerza creadora. Y no es una definición de su poesía porque eso sería exagerar, pero se puede esbozar un retrato de ella a partir de esa larga, dramática y muy bella frase.

¿Quiénes no se asombran ante la poesía de Pizarnik? ¿Quién no resulta transformado después de leer Árbol de Diana o Extracción de la piedra de la locura?

Octavio Paz y Julio Cortázar fueron dos de sus más cercanos amigos. Ambos la admiraron y trataron de que ella no se alejara hasta el borde del abismo que se la tragó después.

 

Alejandra Pizarnik seguirá siendo por siempre un ser humano muy particular, una poeta intensa y cuya vida se fundió con su poesía.

La Editorial de lo Imposible

La Editorial de lo Imposible, pero pegado, así: editorialdeloimposible, publicó hace cinco años (en 2016) una obra denominada El Canto mayor que ya tiene varias ediciones. Esta obra es una especie de homenaje a Alejandra Pizarnik, pero también a la poesía y a todos los poetas y escritores que tuvieron alguna relación con ella. El autor es Alessandro Prusso. Su amor por la poesía de Pizarnik no es para asombrarse porque la poesía de esta creadora es única y atrapa a cualquiera. Pero Prusso ha dedicado muchos años de su vida a homenajear a la poeta.

Alejandra Pizarnik seguirá siendo por siempre un ser humano muy particular, una poeta intensa y cuya vida se fundió con su poesía. Su libro Árbol de Diana fue prologado por Paz, quien dijo entre otras cosas:

Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada. Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente, los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos.

En su libro El Canto mayor, Alessandro Prusso comienza diciendo:

Alejandra amaba las cosas pequeñas. De hecho, su escritura era pequeña, como un delgado hilo de sangre. Le encantaban los cuadernos rayados, los estuches y los lápices de colores que luego les dio a sus amigos con especial afecto y estima. Así que no tengo dudas de que amaba esos minúsculos poemas de Los pequeños cantos, estas “pequeñas canciones” minuciosas y elaboradas, como si fueran una especie propia de haikú, tan preciosas como esenciales. Los últimos Pequeños cantos están “casi felices”, me atrevo a decir, tan felices como Alejandra podría haber estado, antes de la gran caída —sólo poco antes—, de su entrada en el Gran Transparente por decirlo así, a la manera de Julio Cortázar.

Alejandra Pizarnik afinó su escritura haciendo traducciones de Aimé Césaire, Yves Bonnefoy, Antonin Artaud y Henri Michaux. Leía mucho y sufría más.

 

“El Canto mayor”, de Alessandro Prusso

En realidad, El Canto mayor sigue un preciso plan. Y para descubrirlo no queda otra opción que leer la obra misma.

Habla Prusso

—¿Qué es El Canto mayor?

El Canto mayor es una obra muy particular. Nació desde la idea postista de don Antonio Beneyto Senabre que revolucionó los Pequeños cantos de Alejandra Pizarnik. Una revolución copernicana literaria. Desde la obra más diminuta y sutil, a la obra más extensa y grande. Además, todo hecho después del fallecimiento por suicidio, de Alejandra, en 1972. Bueno, me motivó el gran amor que tengo por Alejandra Pizarnik y este inesperado llamado de don Antonio, quien era su amigo, confidente y editor. Y como ella: letrado, creador, y digamos la palabra precisa: genio.

—¿No es un libro caótico?

El Canto mayor no es caótico. Sólo que fue hecho con la modalidad del work in progress, y por ende con un continuo, y tal vez desordenado y poderoso crecimiento. De allí su apariencia caótica. En realidad, El Canto mayor sigue un preciso plan. Y para descubrirlo no queda otra opción que leer la obra misma. No es un plan oculto.

—¿Cuál es su aporte?

—Lo que aporta Alessandro Prusso es, digamos, “el trabajo sucio”. Pero no menos importante y en fin decisivo. Sin la abrumadora poesía de Alejandra, no existiría ningún Canto mayor. Tampoco sin la idea extraordinaria de don Antonio. Y sin la realización práctica de Alessandro Prusso, quien tuvo que crear una obra que no existía. Y nadie esperaba… Con los poemas de Alejandra, las páginas de los diarios (que son 1.094 y en doble edición, curadas por Ana Becciu, por la editorial Lumen), y rescatando además preciosas notas críticas. Notables la de María Negroni, la reconocida mejor poeta argentina contemporánea, con doctorado y máster en Columbia University. Y aquella de Cristina Piña, que con Patricia Venti es la biógrafa oficial de Pizarnik. Una novedosa biografía del Bicho está por salir, hecha por las dos estudiosas. Y pues poemas de varios letrados amigos del Bicho, y otros de amantes y estudiosos de ella. O sea, en una palabra, contextualizar el Canto mayor mismo. Darle vida y carne. Desde la nada…

—¿Qué es lo más importante dentro de esa obra?

—Todo es importante. Hasta los más mínimos detalles. Pues es el develamiento del misterio mismo de Alejandra. Poco a poco, sin solución de continuidad. Y con golpes y auténticas sorpresas y revelaciones. Algunas de veras increíbles.

—¿Es usted editor o es poeta?

—¿Quién soy yo para la poesía? ¿Cuál es mi lugar y mi destino en ella y por ella? Sería una mejor y más adecuada pregunta. La poesía es la razón oculta y manifiesta de mi vida. A pesar de todo y más allá de todo. Es aliento…

Los ejemplares son hechos uno a uno, de manera absolutamente artesanal.

—Habla usted algo el español, ¿ha vivido en América Latina?

—Viví cinco años en Aiguá, en mi campo El Candil, situado en el departamento de Maldonado en el Uruguay, pero antes estuve unos meses en la Argentina, y también aconteció un viaje a Costa Rica, en pos siempre de la literatura y del amor.

—¿Cuántas ediciones lleva su libro?

—Bueno, ya va por los seiscientos ejemplares vendidos. Y despertó bastante interés. La editorialdeloimposible que publica El Canto mayor es una muy pequeña editorial. Los ejemplares son hechos uno a uno, de manera absolutamente artesanal. Llegamos ya a las doce ediciones. Algunas con muy poquitos ejemplares que se cuentan en una mano y otras de algunos centenares. Pues hay una profecía que habla de cuatro mil libros que serán vendidos del Canto. La de Tubinga es una de las más importantes; la de Princeton y la de Berkeley. En Tubinga están los principales textos hechos para Pizarnik. En Princeton son conservados los textos de Pizarnik, inclusive unos inéditos, y Berkeley es la más importante universidad americana relacionada con los asuntos de la literatura hispanoamericana. Y allí enseña también Carlota Caulfield, amiga de Beneyto, poeta y otra destacada estudiosa de la Pizarnik.

—¿Se vende en librerías?

—Hay que contactarme directamente a mi correo electrónico, alessandroprusso@yahoo.it; no hay otra manera. No se halla en librerías. Gracias por la entrevista.

José Pulido