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Oscar Zambrano, un escritor joven, y su primera novela:
“Le he dedicado más tiempo a soñar con el porvenir”

domingo 21 de noviembre de 2021
Oscar Zambrano
Oscar Zambrano: “Anhelo crear un universo aparte, independiente, alternativo y que al mismo tiempo satirice y parodie este tiempo”.

Un buen día, Nabor Zambrano me dijo:

—Compadre: Oscar escribió una novela.

Por supuesto que no me asombré para nada. En primer lugar, porque Oscar desde niño ha sido precoz para la escritura como su hermano Rodrigo lo ha sido para la música. Y en segundo lugar hay que decir esto: ¿cómo no va a escribir un hijo de Nabor Zambrano y de Marisela Montes que han pasado la vida ante un teclado y cuyas sensibilidades y sabidurías parecen una marca familiar?

Sin embargo, esa llamada fue inolvidable para mí. Percibí el orgullo en Nabor y él percibió lo mismo en el breve silencio de mi emoción, porque soy el padrino de Oscar. Petra y yo hemos estado queriendo a Oscar y a Rodrigo desde que aparecieron en el mapa.

—Me gustaría leerla —respondí.

—La tiene guardada, no sé si quiere publicarla. Pero veré si puedo enviártela —dice Nabor.

Oscar y Rodrigo Zambrano
Oscar y Rodrigo Zambrano.

Antecedentes

Cuando Nabor Zambrano y Marisela Montes eran novios, todos sus amigos celebrábamos la alegría que los embargaba cada día. Ellos formaban parte del periodismo cultural venezolano más exigente y de buena memoria. Ese fue un matrimonio que nos emocionó y que luego hizo que todos los amigos nos convirtiéramos en una gran familia en torno a los nacimientos de Oscar y Rodrigo. Y no nos extrañó para nada que los dos hijos de Marisela y Nabor sintieran como cosa normal asistir a eventos de música, teatro, artes plásticas, presentación de libros, recitales. Tampoco se vio como algo fuera de lugar que los dos muchachos mostraran talento y vocación para el arte. Rodrigo hace música y Oscar escribe.

 

Después que publicó esa primera obra, supe que la había escrito hacía un tiempo y que ahora estaba ocupado con su segunda obra.

Lo que ocurrió después de la llamada

El asunto es que Oscar no tenía deseos de mostrar su novela. Y mucho menos de que lo ayudaran a publicarla. Además, estaba corrigiendo, reescribiendo. Es muy exigente. Cuando al fin conseguí que me la enviara, la leí en plena cuarentena. Me quedé perplejo, casi tuve envidia de lo que había conseguido expresar. Borré el conato de envidia porque siempre es algo injusto sentir eso, y le dije a Oscar:

—Lo primero que he sentido al terminar tu novela es que, si yo hubiese escrito a tu edad una novela con esa estructura y esa mixtura de calidad, a estas alturas estaría metido en un boom literario de esos que estremecen los cimientos de las librerías y las bibliotecas.

A Oscar eso no le dijo nada. Él es alérgico a todo lo que se parezca a un halago. Pero la verdad es que su novela La Serpiente C.A. es una buena noticia para los deprimidos venezolanos de esta época. Hay logros. Hay obras que se gestan al margen de tanta tragedia. La juventud venezolana no detiene sus sueños ante obstáculos como los que esta época riega en sus caminos. Después que publicó esa primera obra, supe que la había escrito hacía un tiempo y que ahora estaba ocupado con su segunda obra. Casi siempre es mejor la segunda porque se aprende a construir con más delicadeza y efectividad el laberinto que es una novela.

 

“La Serpiente C.A.”, de Oscar Zambrano
La Serpiente C.A., de Oscar Zambrano (2021). Disponible en Amazon

La Serpiente

El tema de La Serpiente C.A. es la venganza como empresa, como negocio. Aunque los vendedores siempre dicen “No es venganza, es justicia”. Oscar lo usa como ironía. El desastre de una sociedad donde es posible comerciar con cualquier cosa y hacer del absurdo algo cotidiano.

El tema de la venganza como empresa es interesante y atractivo porque a lo largo de todas las obras dramáticas la venganza es el trasfondo, es lo que atrae. En una película o en cualquier trama, nada se desea más que llegar al final y presenciar un triunfo sobre los perversos, los maléficos: un castigo. Por eso en las películas de acción los perversos terminan acribillados o destruidos de alguna manera.

Y hoy en día, cualquiera desea tener un poder para hacer pagar al ladrón que le arranca el celular, al violador, al secuestrador, al creador de mentiras que destruyen vidas. Es un gran tema. Aquellos que han sido atracados, vejados, humillados alguna vez y sintieron la terrible impotencia de no poder desquitarse, saben lo que la venganza significa como obsesión. Esta novela sería un gran éxito llevada al cine. Es, sin duda alguna, muy cinematográfica

 

Oscar

Oscar Zambrano es de una inteligencia afinada y lógica en alguien que lee y estudia de manera imparable, pero también predomina en su personalidad un aura de ironía y ternura. Es un escritor joven cuya escritura es muy madura, porque se obsesiona con el manejo impecable de las palabras. Y es tan exigente con su vocación que no tendrá un destino común y corriente en la literatura. No tengo dudas al respecto. Él es maravillosamente directo en su escritura y muy vital. Ya se convencerá el día menos pensado de que soy un lector sincero de sus textos y no tiene que ver con que sea mi ahijado. Para mí ha sido cuestión de suerte tener ese privilegio. Y le prometo que cuando vea a alguien leyendo su libro en el Metro, en una plaza, en alguna parte del mundo, no voy a comentar:

—Ese es mi ahijado.

Pero mi alegría se notará. Mi orgullo se notará.

Como les dije antes: todo comenzó cuando celebramos el noviazgo de una pareja que queríamos y seguimos queriendo: Nabor Zambrano y Marisela Montes. Periodistas que han hecho historia en el periodismo cultural venezolano.

 

Tal vez sea casi imposible no hablar de nuestro tiempo en las ficciones, incluso tratándose de obras históricas, de ciencia ficción, futuristas o fantásticas.

La entrevista

—Me gustaría saber cómo se iniciaron tus ganas de escribir. ¿Fue leyendo a un autor en particular? ¿Fue por la profesión de tus padres?

—La realidad no tiene sentido y recurrimos a la ficción para intentar dárselo. Cuentos, películas, fábulas, series, novelas, obras de teatro. Me picaban las manos por fabular también. Pero el encantamiento comenzó por la lectura, que es lo que fascina y descoloca. Tuve la fortuna de crecer en una casa con libros, con padres periodistas y dedicados a la escritura, lo que sin duda me marcó. Recuerdo un viaje familiar que se frustró porque me fracturé el tobillo y pasé la recuperación echado en un sofá, leyendo bastante. Fueron unas buenas vacaciones y me enseñaron que no hace falta moverse para viajar. Mis primeros amores literarios fueron las estrellas del boom latinoamericano: García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Borges, Fuentes, Cabrera Infante. Luego conocí a Bukowski, a Cervantes, a Rabelais, a Dumas, a Chandler, a Cabrujas, a Ramos Sucre, a Dostoievski, a Baricco. Más que autores o formatos, lo que me hechiza es la ficción.

—¿Qué deseas escribir con más cercanía? ¿Novela policial? ¿Hablar del presente? ¿Interpretar tu tiempo?

—Tal vez sea casi imposible no hablar de nuestro tiempo en las ficciones, incluso tratándose de obras históricas, de ciencia ficción, futuristas o fantásticas. Anhelo crear un universo aparte, independiente, alternativo y que al mismo tiempo satirice y parodie este tiempo. Hacer arte, cualquiera que sea, para mí debería combinar algo de rebeldía con exploración, amor y protesta.

—En tu primera novela sentí que podías hacer cine. ¿Lo has pensado?

—Intuyes bien, porque aunque no he trabajado con cine, sí hice teatro durante unos cinco años en mi juventud: comencé actuando en el grupo de teatro del colegio y luego dirigí obras, ajenas y originales (creaciones colectivas), con un grupo independiente, lo que moldeó mi manera de entender las historias: desde las palabras, claro, pero también desde la escenificación. El teatro limita el tiempo, condensa y usa recursos diversos. Probablemente por eso la profusión acaso excesiva de diálogos en la novela, que tiende a la proporción contraria. Tal vez de allí venga tu percepción.

Oscar Zambrano
Oscar Zambrano: “Vivo en Brasil, en la cima de una de las favelas de Santa Teresa, con una vista panorámica del Pan de Azúcar y el océano Atlántico”.

No sé si he aprendido, pero por lo menos vivo.

—¿Dónde vives? ¿De qué vives?

—Vivo en Brasil, en una posada que tiene más de un año cerrada al turismo y que queda en la cima de una de las favelas del barrio bohemio de Santa Teresa, con una vista panorámica del Pan de Azúcar y el océano Atlántico. Estudio un doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Federal de Río de Janeiro y trabajo como secretario multiuso de una chamana israelita que se dedica a guiar la vida de pacientes regados por el mundo y a hacer retiros espirituales en una hacienda en Minas Gerais, que es como la Mérida de aquí. Y mato tigres de traductor, revisor y bongosero con un grupo de salsa.

—¿Cómo reaccionan tus amigos con tu escritura?

—Con mucho cariño, con entusiasmo y con críticas desafiantes. Los amigos cercanos saben que siempre he escrito, aunque no hubiera publicado nada hasta ahora, y paradójicamente esos amigos cercanos están regados por el mundo, casi llovidos, y lejos de estas latitudes. Los nuevos amigos que me han dado la vida y las circunstancias, amigos entrañables y variopintos que a veces ni leen, reaccionan con cierto impacto exagerado, pensando que los libros son solemnes, eruditos y pomposos… nada más alejado de esa primera novela.

—¿Cómo has vivido esta temporada?

—Cuando hablas de esta temporada siento que te refieres a los casi dos años de pandemia que hemos sufrido. Los he vivido como tantos: al borde de un ataque de nervios, en el límite entre la salud mental y la locura, paranoico, eufórico, entusiasta y luego pesimista, asustado y luego esperanzado, y luego frustrado y luego enfurecido. Me mudé de ciudad, comencé el doctorado, me separé, comencé a tocar en una banda, me tatué, hice amigos, viajé, amé, peleé, fui, cambié, volví. Viviendo y aprendiendo. No sé si he aprendido, pero por lo menos vivo.

—¿Has tenido tiempo para añorar algo?              

—¡Claro! Con tanto encierro, creo que todos hemos tenido ese tiempo. Pero la añoranza, como el cangrejo, camina hacia atrás. Creo que le he dedicado más tiempo a anhelar y soñar con el incierto porvenir.

José Pulido
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