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Urayoán Noel:
“Lo que hago con performance le añade otro elemento a mi poesía”

domingo 27 de febrero de 2022
Urayoán Noel
Urayoán Noel: “La investigación, dentro y fuera de las convenciones y los espacios académicos, es esencial para ir evolucionando en mi práctica creativa”.

Urayoán Noel (San Juan, Puerto Rico, 1976) nació un día de abril. Urayoán es poesía, hace o es también performer, traductor, antólogo, crítico literario y docente e investigador. Ejerce de docente-investigador de Inglés, Español y Portugués en la New York University. Tiene un bachillerato en Inglés de la Universidad de Puerto Rico (B.A., 1998), una maestría en Español de Stanford University (M.A., 1999) y un doctorado en Español de New York University (Ph.D., 2008). Sus temas de interés investigativo son, entre otros, las literaturas y las culturas de los latinos dentro de Estados Unidos, la poesía y la poética de las Américas, los estudios de medios y performance, los estudios de traducción, las literaturas y las culturas del Caribe y sus diásporas, la literatura multiétnica, los modernismos y las vanguardias, la literatura y los movimientos sociales, los estudios de discapacidad, las literaturas y culturas de la ciudad de Nueva York, y la escritura creativa. Urayoán, el poeta, ha contestado mis preguntas, y sus amables respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

“Transversal”, de Urayoán Noel
Transversal, de Urayoán Noel (University of Arizona Press, 2021). Disponible en Amazon

—En 2021 publicó Transversal. ¿De qué trata en Transversal? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

—Me interesa en este libro abordar la transversalidad como propuesta formal (el entrecruce de lenguas y formas sin que una sea dominante, etc.) y en lo teórico y político, como manera de pensar otros caribes desde mi posicionamiento muy específico (boricuir y diasporoso, si se quiere). Ya había publicado mi poemario anterior, Buzzing Hemisphere/Rumor Hemisférico (2015), con la serie Camino del Sol de le Editorial de la Universidad de Arizona, y me alegró y honró que Transversal fuera el primer libro de la serie publicado bajo su nuevo editor, el admirado y querido poeta, crítico y narrador, Rigoberto González.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Transversal y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

—Creo que hay muchas continuidades con mi poesía anterior: el juego lingüístico, la autotraducción y el performance (como estrategias composicionales y como horizontes poéticos), lo urbano-isleño desde los archipiélagos de Puerto Rico y Nueva York, las auralidades barrocas, las continuidades y rupturas con las formas clásicas, los poemas que aspiran a ser chistes que te parten el corazón (como los de Pedro Pietri). A la vez hay una vulnerabilidad en este libro que tiene que ver en parte con toda una serie de pérdidas personales (entre ellas la muerte de mi padre en 2017) así como las múltiples pérdidas con que cargo como boricua y caribeño en estos últimos años. En el libro se invoca a nuestrxs muertxs por la austeridad, el ecocidio y la supremacía blanca, pero también hay intentos de evocar los contrarritmos del verano de 2019 (o #Soverano, como le llamo). En ciertos poemas, me interesa además pensar la precariedad (política, ecológica, etc.) de Puerto Rico y sus diásporas en el contexto de un Caribe plural y sus archipiélagos. Lo de la memoria es complicado, porque mi Nueva York (donde vivo desde 1999) es también caribeño políglota y mi Caribe también incluye a Florida (donde vive mi mamá hace décadas y desde donde estoy escribiendo en estos días). Me interesa mucho abordar la poesía como propuesta de vida, no sólo en la ciudad sino desde la ciudad que hace el cuerpo y que puede ser Río Piedras y el Bronx (u Orlando) a la vez. Mi estudio crítico In Visible Movement: Nuyorican Poetry from the Sixties to Slam se enfoca en esta ciudad que hace el cuerpo en la diáspora. En mi trabajo crítico más reciente, estoy intentando abrir esta reflexión a los espacios digitales, y mucha de mi poesía reciente incorpora elementos digitales (apps, hashtags, blogs, etc.), sea en lo composicional o para el performance o la circulación de los poemas. (Hay un @TransversalBot en Twitter que está tuiteando una vez por día de los poemas de Transversal.)

Como performer, no puedo separar mis libros de poesía de más de dos décadas de performances, lecturas, colaboraciones, publicaciones alternativas y gestiones culturales.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritor, docente, investigador, traductor, antólogo y crítico con su época actual de escritor en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—No sé qué pensar sobre un término como madurez. Aunque soy eterno nerd de la poesía (y con orgullo), no me interesa una poética alineada con la ciudad letrada y me identifico con múltiples tradiciones y comunidades. Lo de madurez siempre me suena un poco a “respectability” en los espacios literarios y tiende a dejar a mucha gente fuera. Y ahora que esos espacios de la ciudad letrada están en crisis o ya no existen, me pregunto: ¿madurar hacia qué? Ahora, es claro que como persona he ido recibiendo cantazos de la vida y que esos golpes (que son también golpes de conocimiento) se reflejan en la obra. En mi primer libro, Las flores del mall (2000), y en los poemas tempranos de Kool Logic/La lógica kool (2005), me interesaba una poética pop y paródica como repuesta al derroche/derroque del capitalismo global y sus identidades de consumo, pero en 2021 esas ironías del centro comercial suenan casi pastoriles. No obstante, en Las flores del mall hay par de poemas oscuros y nada pop que podrían estar en Transversal y en Transversal hay poemas (como las “Juliécimas”, décimas con pie forzado de Julia de Burgos) que encajarían en Las flores del mall. Entonces, no sé si es cuestión de madurez o de relación con el mundo.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Estados Unidos, Puerto Rico y el Caribe? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

—El trabajo no existiría sin el compartir. Como performer, no puedo separar mis libros de poesía de más de dos décadas de performances, lecturas, colaboraciones, publicaciones alternativas y gestiones culturales en Puerto Rico, el Caribe y las Américas. Hay un poema extenso en cuaderna vía en Transversal que empecé entre México y Cuba de camino a la Feria Internacional del Libro de La Habana en 2014 y que terminé entre Puerto Rico y el Bronx. Ese poema es de mis favoritos, quizás porque acarrea el sedimento espacial y afectivo de todos esos viajes, lo cual tal vez me ayudó a desplazar y re-animar la forma arcaica de la cuaderna vía. Asimismo, mi trabajo investigativo sobre el performance nuyorican depende de mi participación en esos espacios y comunidades. Aprendí mucho sobre poesía y performance viendo en vivo a poetas como Pietri, Tato Laviera, Sandra María Esteves, Edwin Torres, Willie Perdomo, Mariposa, Nancy Mercado, Emanuel Xavier y Gallego, y todes figuran en mi trabajo investigativo, junto con otres performers caribeñes como Josefina Báez. La investigación, dentro y fuera de las convenciones y los espacios académicos, es esencial para ir evolucionando en mi práctica creativa. Hay una relación necesariamente (dias)porosa entre mi trabajo investigativo y creativo, y me he ido moviendo hacia formas como el poema-ensayo improvisado (en mi vlog, Wokitokiteki), que manifiestan y piensan desde esa porosidad. De hecho, el término “diasporoso”, que uso de forma lúdica y especulativa para marcar mi singularidad diaspórica, surge de un “wokitokiteki” que grabé en Río Piedras, Puerto Rico, en 2011, y que le da título a mi poemario Los días porosos (Catafixia Editorial, 2012; Atarraya Cartonera, 2014). Luego, desarrollo lo “diasporous” como término analítico para pensar el performance nuyorican en In Visible Movement. En parte, me inspiro en poetas como Laviera y Mariposa, cuyos poemas nos dieron términos como “AmeRican” y “Diasporican”, que pasaron a ser parte del caudal de la crítica literaria, en la historia de la recuperación del término “Nuyorican” por Miguel Algarín y Miguel Piñero, y en lo que hace Josefina Báez con términos como Dominicanish y dominicanyork.

—Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la poesía, el performance y la crítica literaria. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Estados Unidos y fuera, y la de sus pares?

—Supongo que tengo una doble recepción: como poeta puertorriqueño/caribeño/latinoamericano en ámbitos hispanoparlantes y como poeta latino o de la diáspora puertorriqueña en el contexto de Estados Unidos y su monolingüismo imperial. No soy excepcional en ese sentido (pienso en el esencial trabajo reciente de Raquel Salas Rivera), pero creo que lo que hago con performance le añade otro elemento a mi poesía que no sé bien cómo ha sido recibido. Tal vez se trate de otro momento. Las flores del mall sale el mismo año que Barrunto, del icónico Gallego, tan marcado por lo nuyorican y brillante en cómo imagina un barrio translocal, en la página y en el performance. Hubo un auge de performances poéticos en esa época en Puerto Rico, pero no sé si guarde vigencia o interés para la poesía emergente en Puerto Rico. Sé que me entusiasma lo que hacen poetas de la diáspora como Joey de Jesús aquí en Nueva York, combinando performance, textualidades experimentales, arte digital y gestión cultural y política. Me interesa más enfocarme en lo que viene por ahí que en preocuparme por la recepción, aunque aprecio enormemente la atención que he recibido de la crítica, especialmente porque sé lo difícil y lo poco valorada que es esa labor, sobre todo cuando se enfoca en poesía emergente y/o alternativa y en un contexto tan precario como el del Puerto Rico actual y sus diásporas.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Me considero escritor y puertorriqueño. Nací y crecí en Puerto Rico. Vivo entre gente puertorriqueña en un área mayormente nuyorican del sur del Bronx. El imperio me recuerda constantemente que soy boricua, incluso cuando soy también mitad gringo y tengo acceso a esos privilegios. A la vez, mi escritura no es ontología, o sea que no la considero inherentemente puertorriqueña, ni creo que el nacionalismo (cultural, o como sea) nos va a salvar. Me interesa más usar la puertorriqueñidad estratégicamente para crear puentes entre el archipiélago y sus diásporas.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación y experiencia creativa de origen puertorriqueño o no?

—No sé si se trata de integrar sino de habitar diferencias, identidades no reducibles la una a la otra. Pienso también en la carga psicoanalítica y colonial del ideal del sujeto integrado. Prefiero pensar en mi trabajo como una proliferación de diferencias, formales e identitarias, que empatan aquí o allá con categorías étnicas, de sexualidad, etc.

Creo que tenemos que construir nuestros propios (contra)públicos.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Estados Unidos hoy?

—Fue mucho más que un paso. Me crie en Río Piedras, muy cerca de la universidad, y mi papá californiano fue profesor de mi mamá puertorriqueña en la IUPI, donde ella también enseñó por muchos años. La IUPI fue decisiva para mí, tanto por la formación amplia y humanística que recibí como por las amistades y comunidades que de allí surgieron y que mantengo hasta el día de hoy. Más que nada, caminar por Río Piedras ha sido una constante en mi vida, antes, durante y después de mis días en la IUPI, y ese walking around riopedrense es de cierta manera fundamental para toda mi obra.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

—No sé cómo contestar esto, ya que hoy por hoy gran parte del público de la poesía suele ser les mismes poetas y sus estudiantes. Creo que tenemos que construir nuestros propios (contra)públicos y por eso considero tan urgente la labor de La Impresora y otras editoriales alternativas y proyectos de autogestión. No podemos conformarnos con soñar con rehabilitar las instituciones de la ciudad letrada colonial; hay que inventárnoslas a flor de piel, como tantas otras veces y tanta otra gente. Sin duda mi capital cultural como hijo de profesores y ahora profesor con permanencia en NYU me permite un acceso bastante privilegiado a los mundos académicos y sus públicos, pero no creo que el futuro de la poesía esté ahí, aunque es una herramienta. Veo mucha poesía y a la vez mucha sed de poesía, de la promesa que la poesía (impresa, digital, performática) y el arte emblematizan como maneras de imaginar otro paradigma. Trato de usar mi plataforma como profesor, crítico y hacedor para amplificar esas poéticas de imaginación radical. Es esa labor pública la que me interesa.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

—Estoy traduciendo al inglés los poemarios artesanales Amoná (2013) y Subtropical dry (2015) de Nicole Cecilia Delgado para publicarlos acá en Nueva York. También estaré colaborando como traductor con El proyecto de la literatura puertorriqueña/The Puerto Rican Literature Project. Quiero grabar un disco de los poemas de Transversal y continuar exhibiéndolos en formatos nuevos, como ya hice con estos gifs en el Museo de la Ciudad de Nueva York. Por último, estoy escribiendo prosa poética sobre y desde la neurodivergencia.