“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Ángel Isián:
“El tiempo me ha servido para confiar más en mi propia voz”

domingo 12 de junio de 2022
Ángel Isián
Ángel Isián: “Creo mucho en la literatura como vehículo para formar y fortalecer la identidad cultural de los pueblos e individuos”.

Ángel Isián (Nueva York, Estados Unidos, 1984) es poeta y narrador, de cuentos y novela. De formación profesional, es educador y lingüista (árabe, francés e inglés), graduado (B.A., 2012) de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Guayama. Es miembro fundador de la Liga de Poetas del Sur. Comenzó a trazar su vida de escritor a la edad de ocho años, tarea que ha retomado con mayor desdén luego de completar sus estudios formales en educación e inglés. También ha sido antólogo y editor, junto a otros, de Cuerpos en la pared (2015), No cierres los ojos 1 (2016) y No cierres los ojos 2 (2019). Tiene un poemario publicado, La casa de los espejos (2013), y su trabajo narrativo más reciente es El cuco te va a comer (2020). Son de su interés creativo la fantasía y los relatos de terror. Él me ha dado el honor de dar respuesta a mis preguntas, y todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Recientemente publicó El cuco te va a comer (2020). ¿De qué trata ese su último libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

El cuco te va a comer es una colección de ficciones breves (nueve cuentos y una novela corta) de horror y terror. Los relatos en su mayoría giran en torno a algún monstruo o fenómeno que interrumpe la cotidianidad de los personajes y amenaza con quebrar su bienestar psicoemocional o físico. Dentro del libro se recogen una variedad de subgéneros del horror, el gótico y la fantasía oscura, y se presentan cada cual en estilos variados de acuerdo con la necesidad de cada relato. El libro evolucionó desde la concepción original que tuve hace más de cuatro años, cuando me di a la tarea de desarrollar los primeros cuentos de la colección, aunque puedo atribuir el origen de estos relatos a los talleres de escritura de horror y terror que ofreció el escritor Eiric Richter Durandal Stormcrow (antes David Caleb Acevedo), a partir de los cuales me fui interesando en desarrollarme como escritor de este género que ya había consumido y estudiado ampliamente a través de la literatura y el cine. Además, luego de haber coeditado y aportado a la antología No cierres los ojos (la primera colección de cuentos contemporáneos de horror y terror de Puerto Rico), me pareció un paso natural compilar una colección propia de este tipo de relatos.

Mi enfoque se mantiene en seguir expandiendo el universo de horror puertorriqueño que acabo de revelarle a mis lectores.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a El cuco te va a comer y su trabajo creativo-investigativo hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

—En cuanto a mi trabajo creativo de hoy, sigo escribiendo narrativa que nace del hilo conductor que comencé en El cuco te va a comer. Todavía siento que tengo más que ofrecer con mis historias dentro de este género, y aunque estoy ansioso de continuar experimentando con otros géneros como la alta fantasía, la ciencia ficción, y en algún momento volver a conversar con mi yo poeta, mi enfoque se mantiene en seguir expandiendo el universo de horror puertorriqueño que acabo de revelarle a mis lectores. En cuanto a mi experiencia puertorriqueña-caribeña dentro del contexto de este trabajo, puedo afirmar que el libro fue concebido como un libro de cuentos de horror y terror obstinadamente puertorriqueño, y, por ende, caribeño. Fue muy a propósito; desde los elementos folclóricos y mitológicos, las concepciones, supersticiones y sincretismos religiosos, el lenguaje de los personajes, las ambientaciones de los pueblos, las dinámicas familiares y socioeconómicas, y la manera en que desarrollé cada monstruo y fenómeno está atada directa o indirectamente a nuestra identidad y herencia cultural. Creo mucho en la literatura como vehículo para formar y fortalecer la identidad cultural de los pueblos e individuos.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor, con su época actual de escritor en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Es difícil responder esta pregunta, dado que es mi primera publicación narrativa no antológica. Dicho eso, una parte fundamental de ser escritor es buscar ese crecimiento continuo. La constante lectura y el ejercicio de escritura, entiendo yo, deben empujar ese tipo de evolución creativa. Parte de ese crecimiento creo que me ha permitido tomar más tiempo con mis proyectos antes de empeñarme en publicar, a darle tiempo a que cada trabajo llegue a su justo desarrollo, a repensar o descartar ideas, y empezar completamente desde cero cuando es necesario. También el tiempo me ha servido para confiar más en mi propia voz y a independizarme de modas, estilos y tendencias que se dan dentro del mundo creativo y enfocarme en lo que quiero y puedo ofrecerle a mi público. Por lo pronto, dentro de unos años más, volveré a repasar esta pregunta.

“El cuco te va a comer”, de Ángel Isián
El cuco te va a comer, de Ángel Isián (Eikon, 2020). Disponible en Amazon

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

—Creo que soy muy representativo de los fenómenos que se están dando en el mundo de la literatura en Puerto Rico; es decir, soy parte de una generación de escritores que no pertenece a un gremio creativo o académico específico. Soy parte de esa ola nueva de escritores que se independizan de la publicación tradicional y que ayudan a descentralizar y democratizar los procesos de publicación. Gracias a la accesibilidad de herramientas como Lulu y KDP, han surgido una variedad de escritores autopublicados y de editoriales independientes que le han dado un nuevo dinamismo al mundo editorial en la isla. Tiene sus retos, sin duda, como todo lo novedoso, pero ciertamente mueve la producción y distribución literaria en nuevas direcciones y hay mucha promesa ahí, porque ya la literatura no está en manos de unos pocos. Más allá del proceso por el cual he decidido publicar mis obras, en el aspecto del género, el horror y el terror sigue siendo novedoso en Puerto Rico, con un puñado de escritores que lo desarrollan, y la mayoría tiene su propia línea argumentativa y un estilo propio. He podido compartir con muchos de ellos, además de colaborar en antologías, y les tengo un cariño y respeto particular, porque los siento como hermanos creativos. Hay una solidaridad especial entre nosotros. Más allá de eso, no sé cómo compararme con mis contemporáneos. Hago lo que hago porque me gusta y me llena, sin pretensiones mayores ni complejos. Prefiero que el público me juzgue y, si en el futuro a algún estudioso le interesa mi obra, que sea esa persona la que me compare con mis pares. Hago respetar mi trabajo y viaje dentro de este mundo, así como respeto el viaje y el trabajo de mis colegas escritores.

En el poco tiempo que llevo promoviendo mi trabajo en la narrativa, he podido ver un mayor interés de parte del público.

—Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la narración y la poesía. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Bueno, en términos de mi poesía, es algo que sigo desarrollando. He leído y performado en cada rincón de la isla, escuchado aplausos después de leerla, recibido críticas positivas y no tan positivas, y bueno, como dije anteriormente, el tiempo y el público serán los mejores jueces de si eso tiene algún valor o no. En el poco tiempo que llevo promoviendo mi trabajo en la narrativa, he podido ver un mayor interés de parte del público. Mi enfoque hasta el momento ha sido los lectores de la isla y la diáspora puertorriqueña, porque es a quienes les escribo por el momento. Entre este público ha tenido muy buena acogida y recepción. Dicho eso, sí he tenido oportunidades de compartir con escritores y lectores de otros países y la recepción ha sido de igual forma positiva. Hay mucho interés en la literatura de horror y terror en español a través de todo el mundo hispanoparlante y ya hay congresos y revistas que se dedican a promocionar estos trabajos. En el último año he podido participar de algunos de estos congresos de forma virtual, donde tuve el espacio de exponer sobre la narrativa de horror y terror en Puerto Rico y entrevistar a otros colegas que escriben el género. En términos del desarrollo del horror en Puerto Rico, es un momento importante, y me siento afortunado de compartir la escena con escritores que están moviendo el género en otras direcciones y ayudando a crear una base sólida de obras y lectores aquí en la isla.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Cada día más elijo sentirme más y más puertorriqueño. Me enamoro más de mi cultura, de mi país y su gente con todo y sus problemas, complejidades y contradicciones.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en la Universidad Interamericana de Puerto Rico?

—Siempre escribo cada obra pensando en lo que es necesario para que sea efectiva, y el proceso creativo es bastante orgánico. Prefiero que mis personajes hablen por voz propia, pero a su vez, como persona que defiende la idea de la diversidad, mis personajes en mayor o menor escala parten de sectores tradicionalmente excluidos u oprimidos, e inevitablemente los temas y subtextos tienden a favorecer ideas de vindicación social, diversidad sexual y de género, justicia económica y racial, descolonización y liberación de sectores marginados. Dicho eso, no me gusta ser panfletero y por eso dejo que cada ficción o poema se desarrolle sin forzar mis posturas. Es importante dejar que los lectores lleguen a sus propias conclusiones y uno sólo tiene la tarea de presentar perspectivas que quizás no habían considerado antes, todo a través de los personajes, las tramas o el juego del lenguaje propio de la poesía. Mis años en la Universidad Interamericana fueron muy formativos y cruciales para mi desarrollo como escritor, encontré amplio apoyo y foros para crear, crecer y expresar mi creatividad, y encontré mentores que me guiaron y pulieron y les agradezco infinitamente por ello.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad Interamericana de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

—Bueno, antes de llegar a la Inter serví una misión religiosa para una iglesia. Atendí por unos años BYU, una universidad que pertenece a la misma iglesia. En ese tiempo estaba luchando por aceptarme como persona LGBT, y supe que tenía que alejarme de esa universidad y de la iglesia para completar ese viaje personal de liberación, así que regresé a Puerto Rico, por esa y otras razones. Había pensado trasladarme a la UPR, pero no tenía dinero ni carro ni manera de llegar a Río Piedras, donde quería estudiar originalmente, así que volví a la Inter de Guayama, donde había estudiado un semestre antes de ingresar a BYU y donde tuve muy buena experiencia con los profesores. Así que mis años en la Inter fueron unos años de autodescubrimiento y búsqueda de aceptación personal. Muchas de mis crisis de identidad al abandonar la fe, al desilusionarme con la religión y los “valores” con los que había crecido, se reflejaron en la poesía que escribí en ese tiempo. Además, libre de dogmas y pudiendo ejercer mi propio criterio, definí por vez primera mis posturas políticas. Fue ahí, además, que comencé a colaborar con otros escritores locales del área sur y me convertí en cofundador de la Liga de Poetas del Sur bajo la guía de mi madre en la poesía, Nora Cruz Roque, con quien continúo trabajando hasta el día de hoy. Cuando publiqué mi primer libro, la Inter me apoyó comprando muchos ejemplares de mi libro para distribuir entre el estudiantado gratuitamente, y además me dieron foro para presentarlo, con mis mentores, los profesores Edgardo Jusino, Ramón Soltero y José Mateo como presentadores y comentadores. Creo que mi trabajo ahora es una evolución natural del proceso de maduración y crecimiento que se ha dado a partir de esas experiencias pre y posuniversitarias. Estudié educación y siempre busco oportunidad para visitar y colaborar con escuelas y universidades y darle apoyo a voces jóvenes que apenas comienzan este viaje que yo comencé hace muchos años ya, y sigo buscando siempre aprender más, desaprender nociones equivocadas y ser más justo en mis tratos interpersonales, a la vez que me defiendo de personas malintencionadas. En mi obra se reflejan muchas de mis experiencias, tanto en mi poesía como en mi narrativa, así que, al fin, todo influye como un todo indivisible; creatividad, experiencias de vida, aprendizaje y capacidad expresiva, humanidad: literatura.

El juicio sobre cómo ha evolucionado el sentir del público sobre mi narrativa está por verse.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Siento que apenas comienzo como narrador, a pesar de que escribo desde los ocho años, sólo comencé a publicar narrativa en 2016 y apenas el año pasado saqué mi primer libro. Creo que hasta tuve más cautela con publicar narrativa que cuando publiqué poesía por primera vez, quizás porque ya había pasado por ese proceso, o quizás porque me concebía ante todo como un narrador, por lo que quería hacerlo bien desde el inicio. De todos modos, creo que el juicio sobre cómo ha evolucionado el sentir del público sobre mi narrativa está por verse. Cuando publique un segundo libro de narrativa, lo sabré. Por lo pronto, lo que percibo es un público hambriento por el tipo de ficción que escribo y que, en su mayoría, reacciona positivamente a mi obra.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

—Yo no soy nada sin mi pareja, compañero de vida, mejor amigo, editor e ilustrador, Melvin Rodríguez-Rodríguez. Juntos dirigimos el proyecto editorial Eikon, desde donde publicamos las antologías No cierres los ojos 1 y 2, y mi libro El cuco te va a comer. Tenemos muchos proyectos que pronto saldrán a luz, incluyendo una novela de horror que tengo casi lista y que entiendo se podrá publicar el año entrante; tenemos una serie de relatos breves de horror que estamos trabajando en conjunto, tenemos libros de fantasía que estamos desarrollando y, además, estamos en el proceso de trabajar con otros autores para publicar más narrativa de fantasía, horror y ciencia ficción, puertorriqueña-caribeña.