“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Karla Gómez hablando de la obra de Rolando Peña:
“Mientras más se profundiza más se aprecia”

domingo 12 de junio de 2022
Karla Gómez
Karla Gómez: “Mi primera percepción de Rolando fue de una persona atrevida”. Fotografía: Rolando Peña

He comentado las muchas veces que me encontré con Rolando Peña en Bello Monte. Hemos sido amigos desde hace cuatro décadas y vecinos de Bello Monte en Caracas. También era cosa nuestra encontrarnos en salas de redacción, en exposiciones, en presentaciones de libros. Él siempre se vestía de negro y en las ocasiones que yo también me trajeaba de oscuro y coincidíamos en algún sitio el príncipe decía “¿Y entonces? ¿Cómo vamos a resolver esta vaina?”, porque le encanta sobremanera hacerte perder el equilibrio con su sentido del humor.

Aunque ha tenido y tiene tantos amigos que sería muy difícil contarlos, Rolando permanecía fiel a su clásica soledad en la avenida Miguel Ángel. A veces leía ensimismado en una mesa de cualquier cafetín-panadería; en ocasiones te tropezabas con aquel hombrón y su barba resistiendo las canas, un caminante observando la vida de la ciudad con carisma de monje. Hablábamos y para mí era un placer verlo surgir en pleno día y comenzar cualquier conversación. A veces nos citábamos en el refugio extraordinario que tienen las artes en la casa de Nelson Garrido, la famosa ONG.

Pero debo emitir una opinión de amigo informativamente necesaria: nunca le había visto una cara tan alegre y festiva como cuando de pronto apareció confesando que estaba enamorado. Y a su lado se hallaba ella: Karla Gómez.

Con razón se enamoró, es lo que uno decía.

 

Ella tiene una segunda belleza, un uppercut sorpresivo, cierta sensación que fluye entre sus palabras y su inteligencia.

Karla Gómez

Aunque su belleza física es tan evidente como ver un amanecer en la playa, ella tiene una segunda belleza, un uppercut sorpresivo, cierta sensación que fluye entre sus palabras y su inteligencia. Es una gracia añadida por duendes, un plan b del espíritu. Eso hace que conserve la frescura de su adolescencia adonde quiera que vaya y haga lo que haga. Y se torna parábola haber comprendido perfectamente, y sin necesidad de mayores comentarios, la frase aquella que pronunció el Príncipe Negro, la única vez que no ha sido irreverente:

—Estoy enamorado.

 

El orden

Cuando se hacen tantas cosas y tan diferentes, llega un momento en que se necesitan palabras para crear un orden.

Seguramente eso es lo que interpretaron todos aquellos pensadores altamente poéticos que se dedicaron a escribir libros sagrados.

Cuando las ideas se van convirtiendo en realidad y van ocupando espacios desplegando expresiones, sentimientos, discursos emanados a través del arte, todos los resultados podrían olvidarse si no se recogieran en un cosmos verbal y gráfico, en un cuento echado con rigor y entendimiento.

Con Rolando Peña es siempre necesario buscar un lugar y una fecha a tantas actividades, acciones, creaciones, porque ya se sabe que este caraqueño incansable es una especie de torbellino cuya esencia vital responde una y otra vez a las motivaciones del arte. Él es un hijo del arte.

A Karla y a Rolando les pareció urgente comenzar a recoger todas esas acciones y momentos históricos del arte conceptual que podían convertirse en la narración particular de una persona que ha estado permanentemente y sin fallar en el lugar exacto de los hechos, en el centro del huracán transformador de la expresión artística en el siglo veinte. Es decir: en Nueva York. Es decir: donde estaban todos los protagonistas de cualquier ruptura con los prejuicios y de cualquier vanguardia transformadora.

 

La entrevista

Cuéntame del libro.

Rolando es un artista que está siempre muy activo con su trabajo, y el libro es algo que él ya había iniciado con el diseñador Antonio Pedota, pero que no se llegó a concretar. Cuando empiezo a colaborar aleatoriamente con Rolando, con sus proyectos y sin plantearme hasta ese momento el libro, me doy cuenta de que su obra es muy vasta y para entenderla era muy importante ordenar los archivos con la cronología de su obra y de su vida. Sobre todo, necesitaba organizarlos en mi mente para poder ayudarlo.

Rolando ha sido siempre muy consciente de la importancia de la documentación, y es gracias a ello y a su sentido común que gran parte de su trabajo está documentado. Otro hecho importante como parte de la documentación fue que el profesor Humberto Valdivieso, de la Universidad Católica Andrés Bello, digitalizó una enorme cantidad de textos, recortes de periódicos y revistas con artículos sobre su trabajo y su vida. Ese fue un material de gran apoyo.

Empecé a familiarizarme con toda su obra y a ubicarla en un contexto para poder entender su desarrollo. Mientras más se profundiza más se aprecia la obra de Rolando. Y se aprecia mucho más cuando es acompañada de su mano.

Karla Gómez
Karla Gómez: “El libro es una invitación a entrar en el mundo del arte de Rolando; de ahí su nombre: Welcome to My Art World, Bienvenido a mi mundo del arte, Bienvenue à mon monde d’art”. Fotografía: Rolando Peña

Con tanto material y textos importantes recolectados y otros actualizados, en 2019 decidimos iniciar el proyecto del libro, con la colaboración de muchas personas que estuvieron involucradas o relacionadas de una u otra manera con la obra y vida de Rolando.

Es por ello que el libro es una invitación a entrar en el mundo del arte de Rolando; de ahí su nombre: Welcome to My Art World, Bienvenido a mi mundo del arte, Bienvenue à mon monde d’art. El libro es trilingüe ya que gran parte de su trabajo y sus vivencias han transcurrido entre Nueva York, París y Caracas.

Aun así, nos dimos cuenta de que era imposible plasmar todo en este solo libro, y es por ello que ya tenemos otros tres libros que estamos considerando publicar. Pero todo a su tiempo.

 

Recordaba al “Príncipe Negro” en mi adolescencia, sentado con Cabrujas en el restaurant del Teatro Teresa Carreño.

Cuéntame de las mejores emociones que has vivido en estos cinco últimos años.

Me considero una persona reservada. Nuestro encuentro fue en cierta forma accidental y accidentado. Recordaba al “Príncipe Negro” en mi adolescencia, sentado con Cabrujas en el restaurant del Teatro Teresa Carreño, donde trabajé como guía de sala, y en mi mente, nuestros mundos eran mundos lejanos, tan lejanos como intocables.

Hace unos seis años nos reencontramos en Miami, en una exposición que duraba un solo día. Mi primera percepción de Rolando fue de una persona atrevida. Con cierto recelo, acepté reencontrarnos un par de meses más tarde y descubrí que su atrevimiento estaba lleno de picardía y de sorpresas. Al despedirse me robó un beso y yo le dije que robar besos era un delito. He de confesar que ese beso me llenó de una felicidad imprevista y juvenil, porque fue un beso tan puro como pícaro. Le hice prometer que no lo volvería a hacer.

Nos volvimos a ver y su espontaneidad y sus historias me fueron envolviendo poco a poco, era divertido y mientras más conversábamos más afinidad surgía en nuestras formas de ver el mundo. Y yo le dije: seremos sólo amigos, porque yo no busco un amor. Pero Rolando me tocó una fibra muy profunda cuando me respondió: “Nosotros nos merecemos… y merecemos ser felices”. Fue una declaración tan hermosa como genuina, y me reconocí en sus palabras.

Rolando es una persona de gran nobleza y generosidad, me fue enamorando sin yo darme cuenta, y desde entonces hemos sido muy felices. Nuestra vida es rica de emociones y de aventuras, nos acompañamos en todas, en lo bueno y en lo malo. Rolando ha sido un gran apoyo, es una gran inspiración y un gran maestro para mí. Viajamos, planeamos, trabajamos, nos reímos, hemos llorado… Rolando es mi compañero del alma y de mi corazón. Con Rolando descubrí el amor.

 

¿Has agregado algo a tu visión del arte en este tiempo, en relación con la visión que antes tenías?

Y tanto. El arte de la mano de Rolando es, sin duda, de una gran riqueza. Rolando le ha agregado matices, capas y dimensión a mi visión del arte en general. Y algo muy importante, por lo menos para mí, es el gesto y la espontaneidad. Siempre he sabido que lo mío es el arte y la creatividad, aunque por mi carácter y por mi formación, suelo tener ciertas tendencias conservadoras y muy autocríticas. Con él he aprendido a quitarle el peso a esto, a soltarme un poco más ante el gesto y la acción. Esto, para el ojo común, puede pasar desapercibido, pero para mí tiene un significado de gran valor. Él me ha ayudado a lanzarme al vacío, aunque confieso sentir la bendición de su mano protectora. Mi visión presente es otra, y espero poder seguir descubriendo nuevas perspectivas.

 

¿Cuál es tu mayor pasión?

Tengo varias pasiones: investigar, diseñar, crear conexiones, las estrategias, el arte, la lectura, el silencio, la meditación y por supuesto, me apasiona ser parte de los últimos trabajos de Rolando Peña.

 

¿Qué te emociona más?

Soy muy sensible y puedo llorar por cualquier cosa que me toque profundo, aunque a los ojos de los demás parezca un poco poker-face. Esta entrevista me ha hecho soltar algunas lágrimas de emoción y de agradecimiento a la vida y te doy las gracias a ti, José, por haberme hecho este cuestionario que me ha motivado a reflexionar y responder tus preguntas. Me emocionan el amor, la humanidad y lo justo. Me emocionan la relación con mis padres, los recuerdos de mis hijos, ver a Rolando cuando despierto de noche junto a mí; nuestras conversaciones, compartir juntos una película con buen contenido. Me emocionan su trabajo y su gran espíritu.

 

¿Cómo han vivido la pandemia?

Creando y trabajando en el día a día. Yo he sido siempre una persona introvertida que disfruto de la soledad y del silencio. Así que para mí ha sido un período muy fructífero y de mucha reflexión. Con Rolando nos hemos podido enfocar en consolidar la publicación del libro, que fue un proceso de back-and-forth pues había mucha imprecisión de dónde, cómo y cuándo lo publicaríamos. Eso tomó gran parte de nuestra energía durante este tiempo. Y por supuesto, ayudándolo a preparar exposiciones y presentaciones de su trabajo. Por otro lado, yo también tengo mi trabajo profesional como directora de arte para una compañía de farmacéutica a nivel global, que es a su vez muy demandante. Por ahí siento que me falta tiempo para desarrollar mi propio trabajo, pero por otro lado entiendo que esta es mi prioridad en este momento.

 

Lo que conozco del pasado de Nueva York lo conozco de la mano de Rolando y de su obra.

¿Qué diferencias encuentras en Nueva York respecto al pasado?

Yo no he vivido en Nueva York, sólo he estado de pasada por razones de trabajo y de paseo. Lo que conozco del pasado de Nueva York lo conozco de la mano de Rolando y de su obra. La primera vez que fuimos juntos a Nueva York, me hizo un recorrido por todos los sitios que habían tenido un significado especial en su vida, como el apartamento en el que vivió con su primera esposa Carla Rótolo, en el West Village; el bar Fanelli, en Prince Street con Marisol y Mimí, el Hotel Chelsea donde invitó a comer paella a aquella bailarina y donde se encontró con Warhol y su gente, etc. Fue muy especial y emotivo, sobre todo porque le tocó vivir ese Nueva York que marcó tanto la pauta en todo lo que sucedió en el arte y en el mundo cultural en general. Y tantos amigos que quedaron atrás y que no vio más.

Recientemente estuvimos en la exposición “This Must Be the Place: Latin American Artists in New York, 1965-1975”, en Americas Society y la verdad que es notable ver a través de esa exposición el volumen de expresiones artísticas que se dieron entre los artistas latinos que allí vivían, que nadie tomaba en serio, y que recién ahora, unos cuarenta años más tarde, están recibiendo por primera vez un reconocimiento. Creo que estos artistas, entre ellos Rolando, eran unos artistas románticos humanistas multifacéticos disparatados que se lanzaban al vacío sin malla protectora, y todo por el arte. Sin duda que hay una gran diferencia con el Nueva York del presente. Aunque Nueva York siempre va a ser un lugar de desafíos y oportunidades.

 

¿Qué crees que enamoró a Yoko Ono de John Lennon?

Sin duda que el amor se logra entre dos personas que dan sentido a sus vidas, que se comprenden, que se complementan, que se respetan. John Lennon fue un ser de una inmensa sensibilidad y con un gran sentido de la humanidad. Yo creo que eso fue lo que enamoró a Yoko de John Lennon. Entiendo que ella tenía una familia antes de comenzar su relación con él, pero sin duda que fue John quien le dio luz a su vida.

 

¿Por qué se enamoró John Lennon de Yoko Ono?

Siempre me hice esa pregunta, uno piensa: con tantas mujeres detrás de John Lennon, ¿por qué Yoko Ono? Pienso que Yoko rompía con todos los patrones preestablecidos, y eso era un rasgo muy significativo de su carácter. Un hombre de la sensibilidad de John pudo ver, apreciar y atesorar a Yoko, a pesar de lo que pudiera opinar el mundo entero sobre ella. Sin duda que Yoko y John vivieron un amor que los retroalimentó y crearon su propio mundo con sus propias reglas. Hicieron una apología del amor, hasta el último respiro.

 

¿Qué te enamoró de Rolando?

Su autenticidad, su espontaneidad, su alma libre, su bondad, su caballerosidad, su riqueza interior, su sentido del humor, su picardía… todo. Los dos somos defensores de la libertad y por otro lado, Rolando ha sido un gran apoyo en mi vida y con relación a la de mis hijos.

 

¿Qué descubren juntos?

Juntos, descubrimos. Rolando es mi “partner in crime” y disfrutamos todo lo que hacemos y de lo que se nos ocurre. Cada día es un nuevo amanecer y todos los días surgen ideas nuevas, proyectos, posibilidades y las aventuras son siempre bienvenidas. Tenemos afinidad musical y degustativa. Cuando trabajamos, nos compenetramos y juntos descubrimos nuevos caminos, nuevas maneras, nuevas propuestas. También hemos descubierto la importancia de la negociación de la inmediatez y la racionalización de las ideas. Hay muchos proyectos que hemos querido finalizar y todavía están en proceso, y hay proyectos que surgieron de forma inesperada y se concretaron. En fin, lo importante es la apertura del crear y del hacer.

José Pulido
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