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Pavel Bastidas: la calle, lo irrepetible

domingo 14 de agosto de 2022
Pavel Bastidas
Pavel Bastidas: “Una imagen en una pantalla no es fotografía”. Fotografía: Carlos Ayesta

No quiero ser injusto con Pavel Bastidas. Creo que somos muchos los amigos de Pavel que lo queremos y admiramos.

Pavel es un artista poseído por intuiciones maravillosas. Es humilde como pocos. Sabio y sentimental. Generoso y sincero.

Pero debo comenzar este preámbulo de entrevista hablando sobre su padre. Porque de ese padre tiene que venir este hombre inteligente, este Pavel tan bien estructurado como ser humano sensible y sorprendente.

La mirada de Pavel, escudriñadora, de profundidad humana, que percibe el drama junto con la ironía y el humor, no es algo que se obtiene de la noche a la mañana. Y Pavel es una prueba de ello. Él es una acumulación de experiencias y de procesos culturales y todo eso lo entrega cada vez que materializa una fotografía.

 

Arístides Bastidas, su padre

Arístides Bastidas
Arístides Bastidas (1924-1992).

El nombre de Arístides Bastidas quizás no signifique mucho para las nuevas generaciones. Y menos ahora que los periódicos han desaparecido en su forma de antes, cuando habían alcanzado una cumbre narrativa y descriptiva y la realidad podía expresarse acertadamente usando también la ficción.

Arístides Bastidas no sólo fue un pionero del periodismo científico: también fue un ejemplo de ser humano que jamás se dio por vencido, que usó todo lo que poseía su existencia para continuar ejerciendo su pasión periodística. Arístides quedó ciego, se movilizaba en silla de ruedas, sus manos se engarrotaron y no podía pulsar las teclas ni tomar un lápiz. Su voz casi desaparecía. Y sin embargo hacía entrevistas que grababa en su memoria y luego las dictaba sin que se perdiera una sola palabra de sus entrevistados.

Fue un ejemplo vivo para nosotros. Cuando hablo de nosotros me refiero al equipo que hizo, durante unos cuantos años, periodismo intenso en el diario El Nacional. Bastidas formó parte importante y trascendente de ese equipo. Y se ha ganado un espacio en la historia del periodismo, porque su personalidad constituye una escuela, un concepto, una manera de comunicarse con lucidez.

(Digo todo esto para señalar que Arístides Bastidas era el padre de Pavel Bastidas, un fotógrafo singular, sensible, honesto y profundo).

Ahí está Arístides Bastidas, en su silla de ruedas, con las manos convertidas en dos puños que ya no podían abrirse para teclear la máquina. El periódico le buscaba pasantes que aprendían con él, al mismo tiempo que transcribían las notas que Arístides dictaba. A veces hacía una entrevista, sin libreta y sin grabador. Y luego la dictaba al pasante o a la pasante de turno y la entrevista aparecía íntegra, frase a frase, sin que el entrevistado dijera lo que no había dicho.

La memoria de Arístides Bastidas era tan portentosa, que tenía su guía telefónica personal en la mente: recordaba los números de todos sus amigos y colegas. Él era solidario y valiente. La mayoría de sus pasantes se quedaban trabajando en El Nacional, y en la actualidad conforman un grupo de periodistas de primer orden en lo profesional y humano. Su sentido del humor formaba parte de la enseñanza que impartía. Era un hombre de acción, inquieto, ávido de lecturas y de paisajes, que no caminaba y no veía, pero fluía como una fuente permanente de optimismo.

Muy cerca de todo eso, de toda esa portentosa humanidad, se formaba a sus anchas el muchacho llamado Pavel. Apenas lo sentíamos por ahí. Y de repente comenzamos a ver sus fotografías, sus dibujos, sus pinturas. Porque Pavel, aunque muchos no lo sepan, también es artista plástico. Debo repetirlo: es muy humilde y callado. No hace alardes jamás. Sus fotografías narran historias, logran contrastes, paradojas y comparaciones extraordinarias. No es un secreto: las vidas de los seres que retrata van siempre más allá de lo previsto y se concatenan a la literatura, al cine, a la poesía, a los sueños.

Viendo sus imágenes y conociendo su persona, siempre provoca decirle lo mismo y con la misma emoción sincera:

—Gracias, Pavel.

 

Entrevistando a Pavel Bastidas

 

¿Qué es lo que más te emociona de la fotografía?

El poder atrapar el tiempo, el poder ver el pasado con tranquilidad. Tener una historia que contar sin exagerar. Tener vida propia, conocer gente que no está en tu vida y atender a las situaciones inesperadas.

Quisiera agregar que la fotografía revela lo que a la palabra, a veces, le cuesta. Un ejemplo de ello podría ser la Guerra de Vietnam compilada en un bello tomo de una gran editorial y que, sin duda, cuenta una historia importante, pero la fotografía, por su naturaleza, tiene el impacto necesario para entender el horror de esa guerra o cualquier otra. A lo que me refiero es que si alguien no sabe leer o no le gusta, puede tener un concepto de Vietnam y lo que significa aún en nuestros días a través del registro fotográfico.

 

El digital es inmediato, buenísimo, pero no para el espíritu.

¿Qué es lo que más te importa de la fotografía?

Que siga existiendo como la conocí hace cincuenta años y en la que sigo trabajando hoy. Quisiera citar a Antonio Gismondo cuando dice: “La evolución tecnológica y digital marca una pérdida de emociones sensuales”. El digital es inmediato, buenísimo, pero no para el espíritu. Una imagen en una pantalla no es fotografía. Este “facilismo” está confundiendo a jóvenes que conciben la creación como una fórmula.

 

¿Qué es lo que te planteas de ahora en adelante en la fotografía?

Que volvamos a ser un país seguro, superar la pandemia dos. Me preocupa qué va a pasar con la memoria fotográfica, entiéndase los negativos, los contactos, el archivo y, por supuesto, me planteo continuar en el cuarto oscuro, donde se aclaran muchas cosas.

 

¿Cómo has vivido la pandemia en el país?

El encierro me ha servido para organizar el archivo, echar una segunda y tercera mirada al material y descubrir imágenes que se me habían pasado. Este país es maravilloso, pero existe gente del mal.

 

¿Qué te atrae más: el blanco y negro o el color?

El blanco y negro es más verdadero. Un basurero en color puede percibirse por su colorido como una obra plástica. El blanco y negro, sin embargo, muestra lo que es: basura que huele mal.

 

¿Cuál fue tu primera cámara y tu primera foto?

Fue una cámara rusa, no Zenith, que mi padre compró en Moscú y era una imitación de Leica rusa. La primera foto la hice en la isla de Margarita; una de ellas salió en un reportaje en primera página del suplemento negro de El Nacional. El artículo se llamó “Margarita y la inocencia de Abelardo”, escrito justamente por mi papá, Arístides Bastidas. Todavía conservo el recorte de 1969.

 

Lo que está dormido en nosotros en el inconsciente, la imagen te lo revive.

¿Qué es lo más importante que has aprendido sobre la fotografía y la imagen?

La importancia del recuerdo y la memoria. Lo que está dormido en nosotros en el inconsciente, la imagen te lo revive. Me permito citar estas palabras que tenía anotadas, aunque lamento no haber conservado el nombre del autor: “Los verdaderos fotógrafos no son expertos en discursos ni retórica, simplemente toman fotos todo el tiempo con o sin cámara. Poder saber que alguien es fotógrafo si lo demuestra su trabajo, su portafolio, sus fotos que no se olvidan, que sorprenden”.

 

 ¿Cuál es el tema que más te gusta?

La calle, lo irrepetible. Apenas dispones de segundos para tomar la foto; me parece que en la calle siempre hay algo por hacer. También me importa el desnudo por ser una de las cosas más hermosas de la naturaleza y de la vida.

 

¿Qué aprendiste de tu padre?

Aprendí a no quejarme, a trabajar en lo que me gusta, pues es diversión y placer. Un trago nocturno es un premio.

José Pulido
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