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Eloísa Cañizares:
la mujer que no dejó morir a García Lorca

domingo 7 de mayo de 2023
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Eloísa Cañizares
Eloísa Cañizares: “Para Federico las voces eran muy importantes. Siempre se calificaba como un poeta que hacía teatro”.

Nota del editor

Eloísa Cañizares (1923-2002) fue una actriz española, nacionalizada argentina, que hizo teatro, cine y televisión. En su infancia y adolescencia fue alumna del poeta Federico García Lorca. Este año es su centenario y la recordamos con esta entrevista que le hiciera José Pulido y que publicara el diario El Nacional el 18 de mayo de 1986, en ocasión de que la actriz presentara en Caracas el espectáculo Federico García Lorca y yo.

 

Cada vez que Eloísa Cañizares sube al escenario muestra su talento arrollador y el público puede estremecerse o no, pero enseguida la admiran. Si supieran que al mismo tiempo que actúa ella realiza un esfuerzo más intenso aún, aplaudirían durante horas. Es el esfuerzo que hace para no perder la concentración cuando Federico García Lorca la jala hacia el pasado y la convierte en una niña de siete años.

Al apenas dar inicio a su actuación, Eloísa retrocede automáticamente a su infancia y en un sobresalto inevitable escucha la voz de Federico García Lorca, mira su cabello oscuro y liso saltando con el viento, camina a su lado mientras el poeta le cuenta variedades, le describe el campo, le narra una breve historia o le recita un poema.

De pronto Federico está en el teatro dirigiendo, la regaña y le dice que no debe mover las manos de esta manera, ni poner énfasis en determinada palabra. Los ojos de Lorca la engrapan en el aire.

En 1936, durante el estreno de Doña Rosita la soltera, una periodista le preguntó a Federico García Lorca: “¿Quién es esa niña vestida de lila?”.

—Eloísa Cañizares. Fíjense en ella: es la gran actriz que nace —respondió el poeta.

 

La fama de Eloísa Cañizares estriba en que ella es la única alumna que Federico García Lorca tuvo en el teatro.

Eloísa Cañizares en Caracas

Ayer tenía que encontrar a Eloísa Cañizares en el hall del hotel Anauco Hilton. Es una dama de cabello rojo recogido en un moño, que se mueve con dinamismo y muestra al hablar un carácter fuerte, aunque sus ojos parecen derretirse bajo la amenaza de un llanto perenne detrás de las gafas oscuras.

Eloísa Cañizares tiene 63 años de edad, de los cuales ha estado cincuenta y seis subida a un escenario teatral. Aunque tantos años de escena representan casi un récord mundial de actuación, la señora Cañizares no debe su fama a ello y tampoco a que sea, hoy por hoy, libra por libra —como dicen en el boxeo—, una de las mejores actrices del mundo. Su fama estriba en que ella es la única alumna que Federico García Lorca tuvo en el teatro.

Por su parte esa verdad parece haberla encadenado para siempre a un solo objetivo: lograr que el ritmo teatral de Lorca no desaparezca y que la gente de hoy lo conozca. Ella es más o menos el grabador viviente que conserva, íntegro y tal cual, el estilo de Lorca. La música de Lorca, la voz teatral del poeta. Durante los últimos ocho años la Cañizares ha estado mostrando, de país en país, un espectáculo que se desarrolla, aunque parezca insólito, bajo la dirección del propio García Lorca. Ella cuenta que durante muchos años anduvo en gira presentando piezas dirigidas por el poeta español y el espectáculo que ha montado se lleva a cabo exactamente como Lorca lo concibió desde el punto de vista de la dirección.

La actriz señala que vino a Venezuela por invitación del Ateneo de Caracas. Participará en el homenaje que se le rinde a Federico García Lorca, quien cumple cincuenta años de muerto.

—Traigo el espectáculo Federico García Lorca y yo y otro montaje en homenaje a Lola Mora —apunta.

Sus padres eran actores y desciende de una familia dedicada al teatro desde el siglo XVIII en España.

—¿Desde cuándo estuvo vinculada a García Lorca?

—Desde los siete años data mi vinculación con Federico. Fue la relación entre un poeta y una niña de siete años. Lorca fue mi primer maestro y mi primer director en el teatro.

Eloísa Cañizares
Además de hacer teatro y televisión, Eloísa Cañizares actuó en una veintena de películas. Fotograma de “El hombre que se llevaron” (1946), de Jorge Délano

Antes de salir en gira por América, ella y el grupo de Margarita Xirgu, cuyo repertorio dirigía Lorca, habían estado actuando en toda España y en África. El repertorio que traían para América era dirigido por el poeta.

—Nos embarcamos en el puerto de Santander en 1936. Yo tenía trece años de edad. Él no se decidió a subir al barco. Dijo: “Nos juntamos en Buenos Aires”, y se quedó viéndonos partir. Creo que si hubiera venido con nosotros se habría salvado.

—¿Recuerda el día exacto de esa despedida?

—Fue el 31 de enero de 1936.

Eloísa Cañizares apunta que la Compañía de Margarita Xirgu actuaba en México cuando Lorca murió. “Estábamos en México cuando estalló nuestra guerra (fue en junio) y para agosto moría Federico. Lo supimos en México”.

—¿Cómo recuerda a Lorca?

—Es el recuerdo de una chica hacia su compinche de juegos. Él creyó en mí y me ayudó. Por otra parte, Federico fue el primer amigo que se me moría.

—¿Cómo era su trabajo de director?

—Él era simple, sencillo. Para Federico las voces eran muy importantes. Siempre se calificaba como un poeta que hacía teatro. Dirigía con un ritmo realmente musical, sorprendente. En todo aquello donde nos dirigió está ese ritmo.

En Argentina encontré excelentes compañeros del teatro que me ayudaron. Allí he hecho cine, televisión y teatro.

Casi toda la familia de Eloísa Cañizares pereció en la guerra española y finalmente su padre decidió vivir en Buenos Aires. Poco tiempo después de llegar a Argentina murió su padre y quedaron solas la actriz y su madre.

Cuenta que afortunadamente tenía en Argentina muchos amigos y los artistas la respaldaron. En la actualidad habla como una bonaerense auténtica, sin una pizca de pronunciación española.

—Vos tenés que imaginártelo: tuve que perder el acento español. En Argentina encontré excelentes compañeros del teatro que me ayudaron. Allí he hecho cine, televisión y teatro, y participé en la época de oro de la radiodifusión.

—¿Cómo nació el espectáculo que presentará en Caracas?

—Este espectáculo fue para una sola noche: lo preparé para un homenaje de una noche, pero lo siguieron pidiendo de varios países.

Eloísa explica que Lorca tenía algo especial, un encanto, una sugestión, una fascinación: algo en realidad inexplicable.

—Los niños se aquietan ante la presencia teatral lorquiana y los jóvenes son el público ideal de Lorca. Lo mismo que les ocurre a los niños en este espectáculo, me sucedió a mí siendo niña, pero con él: lo vi por primera vez y me quedé mirándolo, quieta.

Obra teatral “Gringalet”, con Eloísa Cañizares
Eloísa Cañizares en Gringalet, obra teatral del francés Paul Vandenberghe versionada en Argentina por Nicolás Olivari y estrenada en marzo de 1950 en el Teatro Empire de Buenos Aires.

—Usted hablaba del ritmo lorquiano. ¿Cómo es?

—El ritmo de Federico es muy difícil de olvidar, y en cuanto a la letra, o se dice lo que él ha puesto o usted no sigue hablando en la escena. Siempre tengo miedo cuando subo al escenario: para mí cada noche es un estreno y me quiero ir a casa del susto.

—¿Es cierto que Lorca le dio el papel de la muerte cuando usted era sólo una adolescente?

—Sí, tenía doce años cuando Federico me dio el papel de la muerte en Bodas de sangre, ante las protestas de todos. Decían que no estaba capacitada y él dijo “Sí lo va a hacer” y lo hice.

—¿Cambiaba su personalidad cuando dirigía?

—¿Dirigiendo? Su carácter era terrible dirigiendo: me hizo llorar, me echó del escenario… Perdía toda la dulzura. Normalmente era como un chico tierno, dulce, amaba la vida y a los niños. No le gustaba hablar de política: no era político, no pertenecía a ningún partido. Nunca supimos por qué murió, por qué habrá sido. Era un poeta que quería justicia como todos nosotros. No era para matarlo.

—Alguien dijo en una ocasión que las mujeres de las obras de Lorca son masculinas…

—No estoy de acuerdo con eso, lo niego: sus mujeres son muy femeninas, aunque muy españolas. Las españolas somos enérgicas, fuertes. Creo que sus mujeres son lo más femenino de todo el teatro español.

La muerte de Lorca fue una muerte no superada para mí, porque no lo vi muerto: le recuerdo tal como lo dejé en el puerto con sus 37 años.

—¿No ha llegado a molestarla el hecho de ser eternamente “la alumna de Lorca”? De pronto queda usted como relegada ante el recuerdo del poeta.

—Me encanta y me gusta y agradezco mucho cuando el teatro se llena. Es un orgullo para mí: he tratado de que nada distraiga el texto de Lorca, ni siquiera mi actuación. La muerte de Lorca fue una muerte no superada para mí, porque no lo vi muerto: le recuerdo tal como lo dejé en el puerto con sus 37 años, a punto de ir a Granada y ya no pudo salir de allí. De niña me llevaba a largas caminatas, me describía esto y lo otro. Yo decía cosas… Era una unión muy extraña.

Eloísa Cañizares tiene las dos nacionalidades: es española y argentina, pero parece una extranjera en todas partes, a excepción de ese país exclusivo que se enrolla como un mapa en torno a su piel y que lleva el nombre de Federico García Lorca.

Mientras los turistas que entran y salen diluyen, distraen cualquier otra pregunta, Eloísa comenta que conoció a Eva Duarte, y no parece darle demasiada importancia al personaje. “La conocí cuando ella era actriz, una chica. Tomamos café con leche y medias lunas juntas en un tren. No hablaba, era muy tímida, introvertida”.

—A mí me parece que usted está enamorada de García Lorca —la interrumpo mirando su pecho pecoso, sus manos expresivas, sus ojos brillantes, su cabello rojo. Es que a cada minuto pronuncia ese nombre que eternamente estará ligado a Granada y a un poema que dice “Y yo me la llevé al río, creyendo que…”.

Eloísa se ríe, pero casi suelta unas lágrimas.

—Alguien me dijo una vez que estaba enamorada de Federico, pero la verdad es que yo era una niña apenas…

Sonríe y parece pronunciar entre dientes un “quizás, no sé”, pero seguramente es el rumor del aire acondicionado que corre por el valle de alfombras del hotel, levantando servilletas y haciendo castañetear los cristales de las ventanas.

De todas maneras, ella lo ama. Sí, señor.

José Pulido

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