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Gretchen López Ayala:
“Con frecuencia escribo muy desde mí”

domingo 10 de diciembre de 2023
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Gretchen López Ayala
Gretchen López Ayala: “Siempre se me cuela la experiencia insular de alguna forma”.

Gretchen López Ayala (Trujillo Alto, Puerto Rico, 1974) es escritora, educadora, literata y lingüista. Estudió Educación Secundaria con concentración en Lengua y Literatura en la Universidad Adventista de las Antillas (B.A., 1993-1998). Desde 2016 es coordinadora de proyectos literarios en el Centro Emilio Díaz Valcárcel del municipio de Trujillo Alto. Entre sus investigaciones, destaca Idilios extraviados en el cruce: antología de los primeros cuentos de Emilio Díaz Valcárcel (1949-1951) (2021). En 2022, A la buena, buena vida, uno de sus trabajos creativos, fue finalista del III Premio El Barco de Vapor Caribe de la Fundación SM, el premio de literatura infantil más importante del Caribe. Ella ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace algún tiempo publicó usted Otsukimi y otros relatos (2014). ¿De qué tratan estos cuentos y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar este libro?

—La colección toca diversos temas que pueden considerarse propios de la ciencia ficción, en especial por los elementos distópicos o aproximaciones a lo futuro, pues algunas son una proyección del futuro de la isla. Creo que existe ahí, entonces, una conversación con la realidad.

Mi primera experiencia con la narrativa fue con Otsukimi y otros relatos, que es una colección de 81 microficciones.

—¿Qué relación tiene Otsukimi y otros relatos con su trabajo creativo anterior y hoy?

—Mi primera experiencia con la narrativa fue con el libro, que es una colección de 81 microficciones. Muchos de esos textos (diría yo que en su mayoría) son interpretaciones metafóricas de realidades personales, noticias, preocupaciones, discusiones del momento, eventos…, asuntos que iban apareciendo en la cotidianidad a través de las redes sociales. Así que, contestando esta pregunta, descubro que hay una relación entre ambas publicaciones: un ejercicio de ficcionar la realidad. En el caso de mi trabajo posterior, me he quedado trabajando la narrativa especulativa, explorando otras formas de la misma. Hace poco presenté una pequeña novela, un bildungsroman, para el certamen El Barco de Vapor Caribe, que resultó finalista. Fue mi primera experiencia con un género más extenso que el cuento, pero también se maneja entre la fantasía y la ciencia ficción. De la misma forma, otras colaboraciones en diferentes antologías.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, investigadora y escritora, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo o no inicial con el de hoy?

—Yo no soy la misma desde la publicación de Nueve. Entré al escenario de la literatura por carambola porque esos conjuntos de relatos nunca se concibieron con intención editorial. Eran cosas que escribía en medios virtuales, como ya dije, a modo de metaforizar unas realidades. Una vez que publiqué ese libro comencé a explorar la literatura más a fondo. Cambió incluso mi desempeño como maestra de español. Me convertí en mejor lectora. Tomé interés en la investigación. Es decir, que una cosa llevó a la otra. A lo mejor suena a cliché, pero a mí la literatura me hizo otra persona.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

—Aquí se está haciendo muy buena narrativa especulativa hace tiempo ya. Hay que destacar el trabajo de los profesores Rafael Acevedo y Melanie Pérez, que hace varios años organizan en la UPR el Congreso de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica. Igual, el rol de editoriales como La Secta de los Perros, del mismo Acevedo; Gnomo Literario, de Eïrïc Durӓndal Stormcrow, que curó una antología impresionante; Aikon, de Ángel Isián y Melvin Rodríguez, que publican horror, o Prietopunk, una antología de afrofuturismo caribeño que compiló Aníbal Hernández Medina. Son géneros que se están manejando muy bien en el Caribe. Algo creo que hay con nuestra condición insular, colonizada… Lo siniestro de la fuerza de la naturaleza al estar en el trayecto de los huracanes, el mito de los pueblos originarios, el miedo de la esclavitud, la incertidumbre del presente y de lo futuro. También hay mucha influencia de lo norteamericano: su cine, la narrativa, los juegos de video, las redes sociales. Todo eso es como un “enorme coágulo”, como decía Cortázar, que los escritores de mi generación y anterior ya han estado manejando hábilmente.

En el entorno caribeño no sólo hay buena recepción, sino que existe buen diálogo entre escritores y editoriales.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de relatos u otro género?

—Ahí está el asunto. Me parece que en el entorno caribeño no sólo hay buena recepción, sino que existe buen diálogo entre escritores y editoriales. Pero hace falta más difusión de la literatura caribeña, especialmente la dominicana y puertorriqueña, en otros escenarios de habla hispana.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—A mí siempre se me cuela la experiencia insular de alguna forma. También la caribeña, y veo constantes referencias de lo puertorriqueño en mi trabajo. Presumo que eso me hace, por el momento, una escritora puertorriqueña. Sigo creciendo y descubriendo el mundo todavía. Explorándolo e intentando tener una mirada más universal, digamos. Así que intuyo que esta respuesta cambiará en unos años, tal vez.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo?

—Esta respuesta viene amarrada a la anterior en cierto sentido. Con frecuencia escribo muy desde mí. Ahora que lo pienso, no he construido ningún personaje que sea mujer y puertorriqueña, pero es un ejercicio complicado ponerse en otros zapatos, asumir otras identidades sin que algo de una sea quien hable y se mueva en ese espacio narrativo sin que reaccione desde la experiencia propia. Lo político siempre está presente. Creo que toda discusión es política desde una definición más amplia del término. Eso sí tengo claro: que, en un espacio políticamente irresuelto, como el nuestro, aquí en Puerto Rico, de alguna manera eso hace eco en lo que escribo.

Crecí en una religión sumamente escatológica en cuanto a su doctrina y esas nociones de lo futuro como un escenario apocalíptico están muy presentes en Otsukimi.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora hoy?

—Me parece que se integran más bien desde la mirada, desde la observación e interpretación de lo que discuto. Porque no recuerdo ahora mismo algún cuento que sea una experiencia vivida. Tal vez no en Otsukimi aunque sí hay muchos en Nueve. Puede que aparezca aquí o allá alguna anécdota personal como parte de algún relato. Eso sí, crecí en una religión sumamente escatológica en cuanto a su doctrina y esas nociones de lo futuro como un escenario apocalíptico están muy presentes en Otsukimi.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—El trabajo que realizo ha ido difundiéndose de a poco. Especialmente en los pasados dos años. Me ha sorprendido mucho. He sido invitada a varias antologías, incluso traducida. Y digo que me sorprende porque no me visualizaba como escritora. Es esa recepción reciente lo que ha hecho reconocerme como tal. Todavía me cuesta. La mención de El Barco de Vapor fue fundamental en ese proceso.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Ahora mismo trabajo en varios cuentos que espero se integren en antologías locales e hispanoamericanas. También trabajo otro bildungsroman. Éste tiene lugar en Puerto Rico durante ocho o diez momentos históricos distintos a lo largo de quinientos años. Me está volando la cabeza. Pero estoy disfrutando mucho el proceso porque, del oficio de escritora, la investigación es lo que más disfruto.

Wilkins Román Samot

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