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Rafael Soler:
“En la poesía casi siempre encuentro lo que no busco”

viernes 12 de enero de 2024
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Rafael Soler
Rafael Soler: “Un escritor es un lector que, a veces, también escribe”. Emilio Villota

No es un logro tipográfico nomás: es la puerta de entrada a un territorio estremecedor. Es un libro.

Por los ojos entra el principio que lleva a la metamorfosis del corazón. La metamorfosis del corazón se denomina libro. Un libro puede contener toda la belleza, la tragedia, la ironía y el amor. Es una bodega de sentimientos, el tesoro de los llantos y las alegrías.

En especial si contiene la poesía de Rafael Soler: una honda manera. Honda en belleza y en su relación con los objetos, con la existencia.

Al desarrollar temas y crear sus poemas buscando el esplendor de la poesía, Rafael Soler es como un navegante surcando mares y mares de palabras. Tormentas y placidez.

¿De dónde viene Rafael Soler? Viene del amor por la escritura y la lectura.

Viene del amor por la poesía y la narrativa; viene del amor por Lucía Comba.

“Demasiado cristal para esta piedra”, de Rafael Soler
Demasiado cristal para esta piedra, de Rafael Soler (Nueva York Poetry Press, 2022). Disponible en Amazon

He tenido el privilegio de leer poesía con Rafael en dos ocasiones. Ambas en Salamanca. Y las dos veces ha sucedido lo mismo: la emoción de quienes lo escuchamos hacía inquietar las sillas porque todos teníamos ganas de levantarnos para abrazarlo y celebrarlo.

La poesía impresiona. Y sólo el lector o el oyente de un recital pueden decir si han sido impresionados. El poeta no llega a saberlo y el que ha sido impresionado por la poesía casi nunca lo dice con exactitud. Pero si no hay quien se impresione ante un poema podría significar dos cosas: que el lector no sabe escudriñar a fondo en las palabras o que sencillamente el texto no ha sido bendecido con la poesía.

Las palabras asombran cuando revelan sus entrañas, su significado, su origen, su razón de ser. Es la mente del ser humano la que reviste las palabras de cáscaras insanas, que impiden el desempeño de la sensibilidad. La poesía logra, sin ninguna pizca de injusticia, revelar a la persona que la enfrenta, que la lee, que la percibe. “Eres así, de esta manera”, dice la poesía, como si te hubieses caído en un charco de arcilla, en un espejo de arcilla, en un vientre de arcilla.

Hace tiempo deseaba entrevistar a Soler. Soy uno de sus lectores cautivos.

En las manos tengo una antología titulada Demasiado cristal para esta piedra y su autor es Rafael Soler. Su compiladora es nada menos que Lucía Comba. La colección “Piedra de la locura” es también una de las joyas de Nueva York Poetry Press. Marisa Russo, la poeta y editora, ha estado acertando con cada publicación. Gracias a ella hemos leído unos cuantos poemarios que hicieron del 2023 un año salvado.

Hace tiempo deseaba entrevistar a Soler. Soy uno de sus lectores cautivos. Lo leo desde hace más de una década. Y me han fascinado sus poemas que comienzan inusitadamente con un verso que hace tambalear al lector:

Hay autopsias que empiezan bien, muy bien
O regular


En un sueño caben todas las palabras
que nunca pronunciaste

 

Nota biográfica

Nacido en Valencia (1947), Rafael Soler reside en Madrid, donde ha trabajado como profesor titular en la Universidad Politécnica. Su producción literaria, recibida como una de las más interesantes de la nueva literatura española, la inició con las publicaciones de sus novelas El grito oculto (1979, premio Ámbito Literario) y El corazón del lobo (1981, premio Cáceres), a las que siguieron El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985) en Ediciones Cátedra, así como El último gin-tonic (2018) y Necesito una isla grande (2019), en Contrabando.

Autor de dos libros de relatos premiados, Cuentos de ahora mismo (1980) y El mirador (1981), y seis libros de poesía: Los sitios interiores (1979), Maneras de volver (2009), Las cartas que debía (2011), Ácido almíbar (2014, Premio de la Crítica Literaria Valenciana), No eres nadie hasta que te disparan (2016) y Las razones del hombre delgado (2021), así como las antologías La vida en un puño (2011), Pie de página (2012) y Leer después de quemar (2018). Vivir es un asunto personal, publicada en 2021, recoge su obra completa. Y ahora ha aparecido la antología publicada recientemente por Nueva York Poetry Press.

Participa en festivales y encuentros poéticos en Europa, Hispanoamérica y Asia. Libros suyos han sido publicados en Hungría, Japón, Italia, Estados Unidos, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Honduras y Perú. Desde mayo de 2015 es vicepresidente de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE). Anfitrión en Madrid, desde marzo de 2017, de “Los lunes literarios de Café Comercial, la casa de todos”.

 

“Necesito una isla grande”, de Rafael Soler
Necesito una isla grande, de Rafael Soler (Contrabando, 2019). Disponible en Amazon

“Un buen poema se construye desde lo no contado”

—Buscando tu voz, esa voz que ahora tiene un tono propio, impactante, ¿qué te ha costado más? ¿qué ha sido más difícil en esa búsqueda?

—Desde muy joven, leyendo con admiración a los maestros César Vallejo, Lorca, Machado, Dante y tantos otros, siempre sentí la estimulante envidia del aprendiz con vocación que descubre la importancia de tener esa voz propia, que hace al poeta diferente a sus compañeros de viaje. Voz y mirada para contar de otra manera lo que ya ha sido contado antes. Un buen poema, un poema destinado a perdurar, se construye desde lo no contado, desde los sobrentendidos, desde las alusiones, para llenarlo de silencios que impliquen al lector. Ahí, todo. Y la voz es esencial para lograrlo. En mi caso, quiero pensar que ya en mi primer libro, Los sitios interiores (1980), aparece el poeta que soy y al día de hoy me sigue acompañando.

—¿Has meditado en el origen de esa memoria tuya que en la poesía parece pintar los instantes de un modo en que nunca dejas de salvar lo esencial?

—La memoria es piadosa, la memoria hace las trampas justas cuando a ella acudes, la memoria nos cuida y estimula en esos momentos ásperos que acechan en las esquinas de la vida. Acudimos a ella en busca de las claves que han hecho de nosotros la suma de lo que quisimos ser, lo que creemos ser y lo que realmente somos. Para mí, la poesía sigue siendo el diván con luz tenue y música de fondo donde casi siempre encuentro lo que no busco, y me alimenta: un olor, una ráfaga de viento, un paisaje nuevo que sin embargo ya había visitado vete a saber cuándo. Y la infancia, siempre, paraíso donde fuimos felices sin saberlo.

—Escribir, en el fondo de todo, ¿es encontrarte con algún suceso del pasado que te reveló el deseo de escribir, de ser quien ahora eres?

—Acudo para contestar a estos versos de “Toma buena nota, y calla”, en mi libro Ácido almíbar (2014): “Escribo / porque cuerdo de atar estoy que vivo / y soy apenas lo que he sido / el otro que en silencio habla // y al que escucho cuando escucho sorprendido”.

—¿Qué determinó en tu infancia el camino que seguirías?

—Siempre quise ser escritor, siempre quise ser escritor, siempre quise ser escritor. Y este deseo nació tras la lectura a mis trece años de la novela Sinuhé, el egipcio, que dormitaba invitadora en la biblioteca de mi padre. Quedé inquieto y deslumbrado: otros mundos me esperaban más allá de la rutina del colegio, y todo gracias a que un tal Mika Waltari los había inventado para mí. Fue una revelación, que me hizo lector asiduo de cuanto caía en mis manos. Un escritor es un lector que, a veces, también escribe. Y es mi caso: voluntarioso poeta que también escribe novelas.

—¿Cuál es tu sueño más preciado en este tiempo?

—Mi sueño, a estas alturas de una vida que considero cumplida a mis setenta y seis años, es también mi más preciado deseo: acompañar sin daño a mis afines y cercanos.

El escritor, a diferencia de los dentistas, los notarios y los militares, es siempre un sujeto en expectativa de destino.

—¿Cómo te ha ayudado la escritura?

—¿Cuando eres escritor? ¿Cuando te embarcas en una historia nueva? ¿Cuando te visita y recoges un poema que dirías escrito por otro, y tallas en un momento de arrebato antes de acostarte? ¿Cuando publican un libro tuyo? ¿Cuando un desconocido te felicita en un encuentro casual? El escritor, a diferencia de los dentistas, los notarios y los militares, es siempre un sujeto en expectativa de destino, y esa es su condición y su condena. Así que la escritura ha sido siempre para mí, lo sigue siendo, estímulo y desafío permanente. Tengo dicho que sólo hay dos tipos de escritores: los que escribimos para que nos quieran, y los que escriben y aún no saben que escriben para que les quieran.

 

“Siempre algo y alguien nos espera”

—¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?

—Hay vidas que no caben en una vida. En mi novela Necesito una isla grande (2019), Panocha, uno de los protagonistas, pregunta a su amigo Tomás qué le hubiera gustado ser antes de viejo, y éste responde que una película, o un país, como Senegal, o un río grande, como el Éufrates. La vida es un asunto muy serio, un accidente vertical y transitorio que discurre entre esa falta de respeto que supone ser nacido sin permiso, y ser tramitado a la eternidad cuando ni lo pides ni lo esperas. Mi obra completa se ha publicado bajo el título Vivir es un asunto personal, y al día de hoy muchos son los asuntos pendientes.

—¿Cuál es tu gran pasión?

—Viajar. El viaje como una manera de cruzar fronteras, aunque sea en el barrio donde vivo. Siempre algo y alguien nos espera, salgamos a su encuentro, y si es a pie, mejor.

A esta edad mía, en que aceptas con resignación que siempre vivir te costará la vida, me gustaría encontrar el sosiego que me falta.

—¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?

—Me tengo más cerca a veces de lo que quisiera. Siempre con la sensación de estar de paso aunque sea bienvenido, y siempre con el deseo de permanecer en el espacio que me acoge. Pasé mis primeros veranos en Jávea, un bello pueblo con mar y su montaña El Montgó presidiendo la bahía. He vuelto hace poco, y allí seguía, imponente, y allí seguirá tras mi funeral.

—Creo que el amor de tu esposa forma parte determinante en tu modo de abordar la poesía, ¿es así?

—Lucía es mi primera lectora, y tiene ese don que adorna a los elegidos: sabe enseguida si hay luz y emoción en un poema. Así que su opinión es muy orientadora, aunque no siempre coincidamos. A ella le debo todo en la vida, y mucho en la poesía.

—¿Qué lugar ocupa la religión en tu vida?

—Mantengo con el Supremo Hacedor del Universo una relación intermitente y sincera. Y a esta edad mía, en que aceptas con resignación que siempre vivir te costará la vida, me gustaría encontrar el sosiego que me falta. Dichosos los que viven en su fe.

—¿Hacia dónde conduces tu escritura? ¿Se enriquece tu narrativa con tu poesía o tu poesía con tu narrativa?

—Poeta y narrador se llevan bien. Tengo publicadas seis novelas, y en ellas, al fondo, está el poeta, atento a la historia y dando su última mano de barniz. Y tengo también seis libros de versos, y en ellos respira también el narrador, aportando con su mirada un enfoque original.

—Te diré algo: la antología Demasiado cristal para esta piedra me parece una joya del nuevo siglo, una pieza inolvidable. ¿Se podría decir que Lucía Comba ha encontrado la esencia más auténtica de la voz de Rafael Soler?

—Muchas gracias, un gran honor esta valoración viniendo como viene de un gran poeta que tiene mi admiración y mi respeto. Me reconozco en este libro, un gran trabajo de Lucía atendiendo la invitación de Marisa Russo, editora amiga que con tanto acierto y entusiasmo dirige Nueva York Poetry Press.

El mayor regalo de la poesía es la amistad.

—¿Qué ha significado para ti estar conectado a los encuentros de Salamanca?

—Salamanca es, desde hace ya muchos años, lugar de encuentro para todos los poetas que allí se hermanan en cada convocatoria. Allí nos hemos conocido, allí hemos compartido nuestros versos y libros, allí hemos tenido la oportunidad de aprender y ser humildes, porque no hay poetas escalafonados, nadie es mejor que nadie y todos tenemos un sitio en la Casa Común de la Poesía.

—¿Y la amistad con Pérez Alencart y todo su magnífico equipo de amigos salmantinos?

—El mayor regalo de la poesía es la amistad. Y Alfredo, y su José Alfredo, siempre en la vigente memoria de Jacqueline, son el mejor de los regalos por su generosidad sin límites y su bonhomía. Conste en acta.

José Pulido

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