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Efraín Velázquez Hernández:
“Mojé mi pluma en el tintero del dolor humano”

domingo 21 de enero de 2024
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Efraín Velázquez Hernández
Efraín Velázquez Hernández: “Ahora veo mi trabajo con ‘alma’, no sólo con ‘cuerpo’”.

Efraín Velázquez Hernández (Mayagüez, Puerto Rico, 1973) es arqueólogo, teólogo, educador y escritor. Estudió su grado de Bachillerato en Artes con concentración en Teología en la Universidad Adventista de las Antillas (B.A., 1995). Realizó estudios de Maestría en Divinidad (M. Div., 1999) en la Universidad de Andrews, en Michigan, Estados Unidos. En dicha entidad universitaria completó su Doctorado en Arqueología (Ph.D., 2008). Ha sido profesor (2004) y director (2007-2009) del Departamento de Teología de la Universidad Adventista de las Antillas. En 2008 inició labores como vicepresidente académico del Seminario Teológico Adventista Interamericano (Setai), entidad universitaria que preside desde 2015. Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

Hace algún tiempo publicó usted Buscadme y viviréis: lecciones de los profetas menores (2013). ¿De qué trata este libro de lecciones sabáticas o lectivo y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Yo creo que el libro Buscadme y viviréis me escribió a mí, en vez de yo a él. El proyecto me obligó a salir de la caja donde había estado, al limitarme a escribir académicamente en mi gremio de arqueólogos. Algo había muerto en mí, ya que la creatividad literaria había sido sustituida por la obsesión con lo exacto o lo más reciente que se haya publicado dentro de mi estrecha área de especialización. Hasta ese momento me había limitado a escribir principalmente para pares y en el complicado lenguaje que caracteriza a la academia. Mientras usaba ese particular patois de nuestro colectivo, la vida me hacía enfrentar tragedias y la sombra de la muerte. Buscadme y viviréis marcó un punto de inflexión en mi compromiso con el deber de escribir y combinar lo apasionado con lo factual.

“Buscadme y viviréis”, de Efraín Velázquez Hernández
Buscadme y viviréis, de Efraín Velázquez Hernández (Iadpa, 2013). Disponible en Amazon

Mojé mi pluma en el tintero del dolor humano, y así nació un libro sobre los doce profetas hebreos, llamados “menores”. El libro es un poco irreverente porque propone darle voz a Dios, quien dialoga con hombres que estaban sufriendo tragedias nacionales y dramas familiares. Los menos conocidos de los profetas hebreos, de los que no hay vitrales, y que son citados pocas veces. Es desde la perspectiva de Dios, quien hace un tipo de demanda pactual y les pone en el banquillo de los acusados.

El libro viene como una imposición; se trataba de un proyecto de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Latinoamérica. La casa publicadora Iadpa necesitaba un libro de texto para los feligreses que toman clases una vez a la semana, para un curso de tres meses. El mismo se usó desde México hasta Chile, con una venta ya garantizada con su matrícula. No pude apartar un tiempo para escribir, como unos meses alejado o un año sabático.

En el libro combiné lo que hemos descubierto de los profetas y su contexto económico, social, y político con las realidades puntuales del ser humano. El deterioro de una de mis mejores amigas que batallaba con el cáncer en ese período, y su dolorosa muerte llena de esperanza, marcaron el tono de la obra.

 

¿Qué relación tiene Buscadme y viviréis con su trabajo creativo anterior y hoy?

Aunque mis labores docentes y administrativas desde 2008 han requerido supervisar casi una docena de países, me había propuesto nunca dejar de publicar. Me había enfocado principalmente en comentarios bíblicos, entradas de diccionarios y ponencias. Pero desde mi infancia había un escritor dentro de mí. Desde niño me ha gustado contar historias e imaginar cómo los personajes pudieron haber vivido. Años antes de enfocarme en lo académico, había escrito algunos artículos para adolescentes que estuviesen interesados en aventuras por las tierras del Oriente Próximo. La academia de alguna manera había castrado esa inquieta imaginación que pude recobrar después de escribir el Buscadme y viviréis. Unir la profundidad académica con las realidades que nos rodean ha sido toda una experiencia para mí.

 

Sin dejar de mantener los más elevados criterios de análisis crítico, puedo ser más sensible a mi fragilidad humana.

Si compara su crecimiento y madurez como persona, arqueólogo, pastor y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo o no inicial con el de hoy?

Antes creía dominar más los temas que ahora soy cuidadoso en pretender hacer una contribución. El mundo académico es acelerado, mucha producción, descubrimientos y planteamientos diversos. Durante años me había limitado a expresar mis sentimientos, miedos, dudas y convicciones, pero poco a poco me he sentido más cómodo en hacerlo. Sin dejar de mantener los más elevados criterios de análisis crítico, puedo ser más sensible a mi fragilidad humana.

Por usar una figura, diría que ahora veo mi trabajo con “alma”, no sólo con “cuerpo”. Lo que produce mi teclado no sólo impacta la mente, sino que toca el corazón. Al leer lo que había escrito antes puedo reconocer que yo me esforzaba por demostrar que estaba al nivel del resto en la academia, que este latino estaba a la altura de los europeos o estadounidenses. Pero esa no es una meta para mí. De manera natural, el método me cuida de ser preciso y mantener un alto nivel en la investigación, pero no es un fin en sí mismo, es parte del proceso. Ahora, casi una década después, en vez de escribir poniendo a los profetas en el estrado, mi más reciente obra pone a Dios en el banquillo de los acusados.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

Eres un amigo de mi infancia, y hemos compartido vivencias en nuestro pueblo de Isabela. Nuestra generación, que nace en los tumultuosos años 70, es una que se ha caracterizado por su tono sarcástico e irreverente. Nosotros vimos a muchos héroes caer y estamos desilusionados con las promesas que aseguraban que mejor educación y tecnología eran la solución contra la pobreza y el discrimen. Siendo hijo de mi época, mi trabajo creativo no está libre del uso de sarcasmo e ironías. No obstante, no queda simplemente en una distopía desesperada ni en la amargura vacía. Yo leo posturas que se atrincheran en sus polos opuestos, sin búsqueda de consenso o diálogo edificante. Yo admito que me gusta sacudir para provocar alguna reacción. Pero mi trabajo intenta crear puentes y ser centrista, aun cuando el costo es muchas veces alto, con golpes de ambas direcciones.

 

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de lecciones u otro género?

La recepción fue mejor de lo que yo esperaba, ya que tengo serios problemas de autoestima y valoro poco lo que hago. El libro se agotó físicamente, pero lo continuaron vendiendo electrónicamente. La casa editora me había estado pidiendo una versión revisada por años, y casi una década más tarde comencé la misma. Pero en vez de un libro será una trilogía, siendo el primero De la amargura a la esperanza. En 2023 llegó a los estantes con ventas mayores a las que yo esperaba en varios países de Latinoamérica. Mis colegas me aprecian más de lo que yo aprecio mi trabajo y me han dado mucho ánimo a seguir con los próximos dos libros de la serie.

 

Me considero genuinamente hijo del lugar donde amanezco.

Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Sí y no. Siempre he sido muy vocal sobre mi puertorriqueñidad, mi bandera me acompaña donde viaje, y la muestro lleno de amor por la tierra donde nací. No te imaginas la cantidad de fotos en lugares icónicos donde me he retratado con mi monoestrellada. Pero, al mismo tiempo, me considero genuinamente hijo del lugar donde amanezco. Soy muy diligente en estudiar la historia de cada lugar que visito, y me toca estar fuera de Puerto Rico casi la mitad del año. Y soy dominicano, venezolano, haitiano, mexicano, jamaiquino, jordano, egipcio, ucraniano, surcoreano y filipino, entre otros. En mi escritura se refleja ese sabor internacional donde me adapto a mi contexto. Trato de evitar un discurso etnocentrista o lo que llamo “patriotería”, el nacionalismo extremo ha sido responsable de demasiado desasosiego y derramamiento de sangre. Mi puertorriqueñidad y latinidad sazonan mi escritura, pero no la encajonan o limitan al “boricua”.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo?

Es imposible desasociarnos de nuestra cosmovisión y no sería auténtico hacerlo. Aunque soy un jíbaro de campo adentro, y mi padre sólo obtuvo un sexto grado de escuela elemental, me considero demasiado privilegiado. Mi familia tiene todos los tonos de colores del rico mosaico puertorriqueño, y reconozco que tener mi piel más clara me ha librado de prejuicios que muchos de ellos han experimentado. Aunque no soy un hombre guapo ni musculoso, pero mi tono de piel, además de mi alta estatura y mi voz profunda, han sido factores de privilegio que yo debo asumir que todos se benefician. Yo debo ser intencional en no permitir que algunas condiciones favorables nublen mi trabajo creativo. Al viajar tanto tengo que reconocer la ventaja de ser ciudadano estadounidense; más allá de la retórica idealista, es un factor que me ha permitido acceder a experiencias que serían un desafío en otras circunstancias, y eso ha enriquecido el contenido de lo que escribo.

Desde mi niñez me sentí atraído por las mujeres; en la sociedad puertorriqueña eso es celebrado. Pero me hubiesen atraído los hombres o tuviera más de una pareja, eso afectaría cómo es recibido mi trabajo. De la misma manera, tendría efectos directos sobre la recepción de mis obras si yo fuese un activista político, sea cual fuera mi postura. En mi tradición religiosa no se anima a promover ideologías políticas.

Yo integro mis privilegios, desventajas, condición socioeconómica y política, cosmovisión, herencia cultural y religiosa, y todo lo que soy, a mi trabajo. Claro, sin permitir que sean determinantes, sólo los reconozco y soy consciente de ellos. No trato de hacer compromisos superficiales o complacer a todos, pero me esfuerzo en no limitarme a mis realidades. Pongo mis energías en buscar la forma de que otros que piensan diferente a mí puedan encontrar obras con las cuales pueden dialogar, aun cuando no estén de acuerdo.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

Al sentarme detrás de un teclado ocurren eventos que algunos calificarían como mágicos, otros como místicos, y otros casi rayando en una revelación. No estoy seguro de si yo creo el libro o el libro me va formando a mí. Es el momento donde convergen ideas, pensamientos, experiencias. En mi caso, yo creo en la intervención divina en todo lo positivo que el humano experimenta; son dones, no frutos del genio mortal. Debo reconocer a la gente que conozco, nuestras alegrías y tristezas dejan su marca en mí y se trasmiten en lo que escribo. Yo vivo a toda intensidad y literalmente recorro un mundo que es vasto y variado, eso hace que mi escritura sea colorida y con un sinfín de sabores.

Debo reconocer que tengo pocos filtros y escasas habilidades diplomáticas, lo que se refleja en mi estilo de escribir, que a veces puede ser silvestre o poco refinado. Pero es auténtico y vulnerable, saturado de experiencias y vivencias con que muchos se pueden identificar.

 

Nunca me he propuesto metas sobre la recepción de mi trabajo, realmente escribo cuando me lo piden o exigen.

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Nunca me he propuesto metas sobre la recepción de mi trabajo, realmente escribo cuando me lo piden o exigen. Eso es irónico, porque no saco tiempo a menos que esté bajo presión. Una vez que comienzo a hacerlo, no puedo parar. Se convierte en algo terapéutico, catártico, mágico. Lo hago con gozo, sin pensar en la meta, su recepción o el compromiso. Si uso como criterio la gran cantidad de peticiones de lo que escribo, debo concluir que a alguien le ha gustado leerme.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

A finales de 2022 la casa editora Iadpa entregó De la amargura a la esperanza, que está teniendo ventas muy populares en Latinoamérica y pronto en España. En julio de 2023 entregué un comentario bíblico sobre el libro de Malaquías, edité un libro sobre diez temas teológicos contemporáneos y unos artículos para una revista de difusión. Me está consumiendo mucho tiempo editar unos documentales de arqueología titulados Biblia 5D que filmamos en Egipto, Jordania, Palestina e Israel. Además, acabo de terminar una guía de estudio para visitar lugares relacionados con la reforma en Alemania que usaré como texto cuando lleve a tierras germanas a un grupo de estudiantes. Estoy también preparando unas guías cortas para visitar el Oriente Próximo con base en la Biblia Arqueológica que tuve la oportunidad de editar, publicada en 2022, y que ya se agotó y va para su segunda tirada (con algunas revisiones). Aparte de eso, no tengo mucho en el plato.

Wilkins Román Samot

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