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Germán William Cabassa Barber:
“Me considero un autor puertorriqueño para una nueva generación”

domingo 28 de enero de 2024
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Germán William Cabassa Barber
Germán William Cabassa Barber: “Siempre busco ilustrar una idea o expresar una lección a través de un relato que, como La vida de Pi, tiene dos formas de verse”.

Germán William Cabassa Barber (Mayagüez, Puerto Rico, 1986) es historiador y escritor. Realizó sus estudios de Bachillerato en Educación Superior con concentración en Historia (B.A., 2016) en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de San Germán. Completó su Maestría (M.A., 2018) y su Doctorado (Ph.D., 2022) en Historia de Puerto Rico y el Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en San Juan. Entre sus trabajos investigativos, destacan su tesina de maestría, Marea negra en Cabo Rojo: del desastre ecológico a una nueva conciencia ambiental, 1973-1980 (2018) y su tesis doctoral El impacto de la industria petroquímica en la comunidad pesquera del sector Puerto Real, barrio Miradero del municipio de Cabo Rojo: el caso del S. S. Zoe Colocotroni, 1973-1980 (2022). Es autor de, entre otras novelas, La reina pálida (2021). A partir de esta última, él contestó todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

Hace poco publicó usted La reina pálida (2021). ¿De qué trata esta novela y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?

Trata de cómo, sin previo aviso, la joven Enuma Elish Sahrazad Valero Pérez regresa a la vida del profesor Antonio Amador Saint-Germain Du-Mont al escogerlo como su director de tesis doctoral en el programa de Filosofía y Letras e Historia de Puerto Rico y del Caribe del Centro de Estudios Avanzados. Su tema de investigación, el asesino serial más escalofriante de la historia de nuestro país, la Reina Pálida, y de cómo la compañera en las aulas del viejo profesor, la también doctora Shekinah Espada Sanz —una muy peculiar literata—, no está de acuerdo. Esto así, pues ella sabe de la relación turbia e ilícita que ambos, la estudiante y el profesor, tuvieron hace mucho tiempo, la cual casi le cuesta todo —incluida la vida— a su colega. A esto se le suma que una de las piezas claves para resolver este enigma es César Borgia Morales Rodríguez, un detective que lo apostó todo a la baraja equivocada, el cual, alcohólico, melancólico y derrotado, se pasa lamentándose de haber dado el último paso en falso. La investigación de la joven la llevará más lejos de lo que ella hubiese imaginado, en una regata que le enseñará la última y más preciada lección cuando despierte a quien ha dormido durante años en el fondo del turbulento océano de su inmisericorde pasado, y esto es que la muerte es, por cierto, un enemigo digno, pues te da una vida de ventaja…

Sigo algo que ahora yo llamo el código de Stephen King.

Recorro entre la literatura y la realidad o no ficción siguiendo varios parámetros. Para la literatura, por ejemplo, aunque mi autor favorito es nacional, Alejandro Tapia y Rivera, y amo la obra de Miguel de Cervantes Saavedra y la ciencia ficción de Ray Bradbury, Aldous Huxley, George Orwell y algo de Philip K. Dick, sigo algo que ahora yo llamo el código de Stephen King. Lo cual es una serie de parámetros que ya de por sí seguía antes de descifrarlos en King, y que debo seguir no importa de qué escriba y una vez tenga la idea o trama, pues los considero universales, aunque no una camisa de fuerza. Aunque admito que sólo una obra de él, de entre todo su canon, me parece un escrito digno de ser llamado perfecto y es Montado en la bala, llegué a admirar el hecho de que era, más allá de los fanáticos que de gratis trae el género, espantosamente popular, leído y aclamado, y como creo en las leyes mecánicas y descifrables de todas las cosas, pensé que debía haber no una fórmula mágica detrás de su éxito, pero sí una ecuación que, una vez resuelta, con la trama o idea central como la constante y lo demás que necesitas para armar la narrativa como variables despejables que una vez resueltas podrían garantizar el éxito de lo que escribiera y es simple al final. Estos parámetros yo los seguía desde antes, como dije, pero cuando los observé a lo largo de sus películas y a la vez cuando leí dicho relato y quedé fascinado con él, me di cuenta de que iba por buen camino, pues era eso lo que me guiaba.

El primer parámetro observable en sus obras es el hecho de que todas giran en torno a un evento común y corriente que, es para su novela, desproporcionado. Un perro con rabia, un hijo atropellado por un descuido, un joven que estando sin medios de transporte pide que desconocidos lo lleven en el medio de la noche y cómo esto se torna en algo escalofriante. Todas mis novelas parten de un evento común y corriente que se desproporciona: en el caso de La reina pálida, un profesor de universidad al cual una joven con la que se vio envuelto y tuvo un lío acude para que dirija su tesis doctoral, y esto hace que un asesino serial decida salir de su latencia y matar otra vez.

El segundo parámetro es escribir de lo que conozco, he visto con mis propios ojos o se me hace familiar; en este caso, lugares, instituciones y personas que están allá afuera y son reales, pero usadas con respeto y para que mis capas de ficción estén hiladas con la desnudez de mi alma y la realidad en la que transita; por ello, como las historias de King toman lugar en Maine, las mías, en su mayoría, toman lugar en Puerto Rico, y su geografía nacional, enclaves puertorriqueños, Nueva York, etc., así como también en lugares que conozco bien y he visitado, Cabo Rojo, Río Piedras, Viejo San Juan, las universidades donde estudié, con homenajes a, y cameos de, la gente que conocí, con mucho respeto, y menciones de todo aquello que de una forma u otra he disfrutado, sean vinos, libros, canciones, películas, lugares, etc., y mi apreciación de los mismos pero, recalco, todo con respeto.

“La reina pálida”, de Germán William Cabassa Barber
La reina pálida, de Germán William Cabassa Barber (Fuego de los Dioses, 2021). Disponible en Amazon

Finalmente, el tercer parámetro: de una forma u otra, mi obra debe ser íntima y rebelde, para nada dejar que me impongan nada, que nadie ni nada dicte de qué debo escribir; mi literatura debe ser producto de lo que yo llamo una intelectualidad disidente, si es necesario al grito de literatura o muerte, y exprimirla. Si es necesario, escribir del mismo tema hasta perfeccionarlo, donde hay personajes perfectos e ideales pero también imperfectos y monstruosos, esa dualidad que ha estado aquí desde siempre y que nuestra sociedad puede representar en la literatura por medio de racistas, homofóbicos, transfóbicos, seres de derecha o izquierda radical e irracional, infieles a los demás y a sí mismos, pedófilos, antisemitas, sionistas, antiéticos, miembros del partido nuevo progresista o del partido popular democrático, violadores, sádicos, masoquistas, asesinos, trastornados mentales, gays, bisexuales, transexuales, pastores evangélicos esloquiyaos que sólo quieren que les paguen el famoso diezmo, o sacerdotes católicos que se babean por los niños de su feligresía o de los orfanatos, negros bailarines que le salen en las pesadillas a las monjas, blancos miembros del Ku Klux Klan que en secreto se masturban por actrices porno negras con afro, negros autorracistas o también racistas, verdugos y condenados a muerte, deambulantes, ricos, pobres y narcos, nacionales y extranjeros, comunistas, socialistas, capitalistas; mujeres, definidas y representadas injustamente con las arquetípicas del machismo según Jodorowsky, como la Madre, la Virgen, la Puta y la Tonta, pero también como la mujer alfa que usa armas de fuego, espadas, artes marciales y un arnés sexual que le permita no tener nada que envidiarle a sus coprotagonistas masculinos, estemos de acuerdo o no; nadie va a decirme cómo escribir ni de qué; condeno la anticultura de la cancelación y toda esa agenda aberrante, esa monstruosa versión del juego Simón dice; por eso me valgo de ese tipo de personajes y mis escritos tratan sobre seres, seres lamentablemente comunes y corrientes, aunque queramos hacernos los ciegos, en fin, en fin… Todo tipo de seres que ante la mirada del otro pueden ser monstruos, pero eso sí, usarlos de la forma correcta, la maldad no se hizo para triunfar, la boca no se hizo para callar, pero calla, y la maldad nos desanima cuando es vencida apenas en el último minuto, pero así es la belleza de la dualidad universal, la maldad debe ser vencida pero no erradicada no importa cuántos cementerios llenen el Guasón o los terroristas de turno. Mi punto es que las buenas novelas, las buenas literaturas, reflejan el período en el que fueron escritas y usualmente son consideradas peligrosas de una forma u otra, Un mundo feliz, 1984, Fahrenheit 451, Caín de Saramago, hablo de una literatura que refleje de una forma u otra nuestro mundo real y pase juicio sobre él, hablo de una literatura que, como el poemario La sonrisa de Hiroshima, de Eugen Jebeleanu, declamado por Berta Singerman, te cause pesadillas de una forma u otra, emocional, psicológica, espiritual, holísticamente, que al cerrar un libro ya no lo puedas olvidar porque miraste su alma, como me pasó a mí con Fahrenheit 451, y cuando simbólicamente los bomberos vinieron por mi biblioteca…, yo sobreviví. Si tu libro no hace eso, es mi humilde opinión y sentir al respecto, sólo sirve para nivelar la pata coja de una mesa; la literatura es sagrada, pero si no lleva un mensaje de una forma u otra, uno que quede grabado en el ADN de tu alma, esa literatura es falsa religión; así lo pienso como escritor de ficción.

Ahora, cuando escribo historia, mi doctorado es en esa materia, por el Centro de Estudios Avanzados, como mi maestría también lo es, siendo mi bachillerato de la Interamericana y en educación superior en historia, me guío por los parámetros de Gervasio Luis García; siempre la historia está bajo sospecha, como le contestó él a Diálogo en una entrevista, y cito: “Hay que tener certezas. Que son certezas superables. Es decir, no hay una verdad, por eso en su libro habla de la verdad más verdadera”. Y continúa diciendo: “Hay una verdad en el momento, de acuerdo con la evidencia disponible, que puede ser modificada posteriormente si aparecen nuevas evidencias, nuevos enfoques o nuevas reconceptualizaciones. Lo importante es que no hay verdades eternas ni únicas. Sino que la verdad es provisional siempre. Estamos instalados en lo provisional. Y eso es válido para todas las ciencias, ¿no? Si ves la historia de la ciencia, ves que en un momento dado hay una verdad, que después sale superada por otra verdad, porque esa es la naturaleza del conocimiento humano…”.

Les doy la oportunidad a temas y libros que pueden retar las concepciones preestablecidas y sólo sostenidas por figuras de autoridad expiradas de fecha.

Esa es mi forma de escribir historia. La doctora Evelyn Vélez me enseñó la verdadera metodología; los escritos de Gervasio y las clases de ella son dos de mis pilares, como lo fueron mucho antes las lecciones del doctor Héctor R. Feliciano Ramos y el doctor Juan R. González Mendoza, que coinciden, y esa es mi forma de aproximarme a la no ficción, la búsqueda de la verdad más verdadera y siempre dispuesto a cambiar de opinión si hay evidencia a favor de un punto; por ello les doy la oportunidad a temas y libros que pueden retar las concepciones preestablecidas y sólo sostenidas por figuras de autoridad expiradas de fecha. Un ejemplo de estos temas es Las piedras del padre Nazario, y un libro al que le he dado una oportunidad es El secreto mejor perdido, de Roberto Pérez Reyes, y este último me cambió la vida.

La oportunidad de trabajar La reina pálida surgió de hecho al conocerle, pues La reina pálida era mi última novela y, después de aprender a leer y escribir a los tres años, gracias a mi madre y no haber parado en aquel entonces tras varias desilusiones literarias y una cantidad de obras inéditas sin publicar, al igual que de libros leídos y anotados que si te digo la cantidad sería inverosímil, pues apenas nací el 11 de octubre de 1986, decidí que esa sería mi última obra en ser escrita y que jamás volvería a escribir, por lo cual, siendo la tercera la vencida, luego de varias experiencias escalofriantes y muchos premios a nivel universitario que parecían no servirme de nada, decidí buscar alguien que maquetara mi obra y me ayudara a publicarla de la única manera que me faltaba, y alguien que debe estar riéndose en alguna parte me presentó a Roberto…, y mi vida cambió para siempre; ver la novela publicada me estremeció, ese santo varón hizo el trabajo de Vulcano o Hefesto en su forja, y de Editorial Fuego de los Dioses salió la obra por la que hoy me entrevistas y que no ha generado ni una sola mala crítica; digo, si ignoras la única que se nota hizo un ser despechado desde una cuenta falsa, sólo hay que entrar a Goodreads y Amazon para que veas los elogios que tiene. Manuel A. Crespo Rodríguez, una de las mentes más interesantes de esta isla, quedó encantado con la obra, así como también el gran doctor Félix Cruz Jusino, de El Post Antillano, sus reseñas me le dieron oxígeno y sangre, siendo poético, al cuerpo de mi literatura; luego de este último, recibí copia de una convocatoria de micronovela y decidí volver a escribir, aunque de hecho lo necesitaba, suelo sanar con la literatura y sobrevivir gracias a ella, como dice el profesor de la película Simone, de Eduardo Lalo, y allí Las Post Personas resultó laureada en ese cuarto certamen y llegó el reconocimiento a otro nivel, se publicó en el periódico y en una antología, ya luego se hizo todo para adaptarla a novela gráfica. De ahí salió mi amistad con la increíble escritora Iris Miranda, cuya obra Las momias espaciales me dejó tonto y medio; me fascinó, por cierto, que nunca me ha dejado a la deriva como tampoco Félix nunca lo hizo, y luego Roberto, quien siempre está ahí para mí, me consigue a Letras Distribución, de la superdedicada y profesional Marilyn Vélez, y de ahí el libro se ha distribuido, aparte de por Amazon, por la mayoría de las diecisiete librerías de la isla; Roberto siempre trae lo mejor de lo mejor a donde quiera que él va. Ahora no pienso dejar de escribir…

 

La reina pálida se relaciona con mis otros trabajos anteriores y con lo que estoy trabajando hoy en que todas mis obras ocurren en el mismo universo.

¿Qué relación tiene La reina pálida con su trabajo creativo anterior y hoy?

La reina pálida se relaciona con mis otros trabajos anteriores y con lo que estoy trabajando hoy en que todas mis obras ocurren en el mismo universo, y los personajes descienden unos de otros o son familia o se conocen; y no, esto no es así por los universos cinematográficos de Marvel o DC, ya por aquellos tiempos de cruces entre personajes lo hizo Philip José Palmer con su Wold Newton family más elegantemente y Alan Moore de forma más violenta y hasta realista con La Liga de los Caballeros Extraordinarios, pero antes de todo esto, Honoré de Balzac con su Comedia humana y Apolonio de Rodas con Las argonáuticas y otros trabajos que se derivan de los griegos, su mitología y la guerra de Troya, que me fascina, porque en ella distintos héroes descienden unos de otros y se encuentran en sus aventuras; no menciono las otras mitologías porque es mi opinión, individual, relativa y aislada, no necesariamente verdad absoluta y universal sobre piedra, que la civilización grecorromana, de la que nuestra civilización occidental es espiritual y hasta materialmente, a cierto punto, sucesora discipular, es de hecho el mejor ejemplo, y todo lo que creemos inventar vuelve hasta ahora a los griegos. Por eso en la literatura hay que tener y tengo en cuenta digamos cuatro conceptos; éstos son la idea original, son 32 tramas universales por llamarlas de alguna manera; la reinvención, que es la forma en la que las culturas vuelven a narrar con héroes distintos, una variante de una de esas 32 ideas o tramas universales; el plagio, que creo que no hay que explicarlo, aunque hay gente que podría tener un fenómeno malinterpretable llamado pensamiento paralelo, que es cuando dos personas piensan cosas similares sin conocerse; también hay otro proceso que se puede confundir con el plagio que es copiar por implante, o inconscientemente, que es cuando vieron algo de muy niños o en algún momento y luego no recuerdan que lo recuerdan cuando escriben y pasa a su obra, también los homenajes adrede y finalmente la idea 33, que es algo ajeno a todo lo demás, único y nuevo, el que lo descifre hará historia.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo inicial con el de hoy?

Las diferencias que observo en mi trabajo creativo inicial con el de hoy es que los temas y las inquietudes que me llevan a escribir han variado de acuerdo a lo que me ha tocado vivir, pero creo que mucho de lo que sobrevive linealmente desde el principio hasta ahora tiene que ver con la presencia femenina en la vida masculina como victimarias, víctimas, féminas fatales o, por el contrario, guerreras, empoderadas, figuras unificadoras o manifestaciones de lo divino; segundo y por supuesto, la lectura, escritura y educación, los libros como algo sagrado y vitalmente necesario, y finalmente la ciencia como algo con lo que hay que andarse con cuidado y evitar el mal uso de la misma so pena de la auténtica y verificable distopía, la degeneración intelectual o la autodestrucción; de ahí mi historia corta The Wonderful Machine y la micronovela Las Post Personas; digo, no se me malinterprete, como dice aquel personaje español hoy vuelto todo un meme…, hombre, a mí la ciencia me encanta.

 

En cada lugar que íbamos escuchaba de la boca de todo tipo de gente de todos los estratos sociales, y no sólo eso, vivía o veía vivir, historias.

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

Visualizo mi trabajo creativo con el del núcleo generacional de escritores con los que comparto o he compartido en Puerto Rico y fuera como parte de un nuevo todo fragmentado que conserva lo que heredo y lo replantea. Nací el 11 de octubre de 1986 en Mayagüez, Puerto Rico, hijo de Germán Cabassa Almodóvar y Zoraida Barber Luciano, y tengo dos hermanas, Ciara y Krizia; mi familia se mudó varias veces dentro del municipio autónomo de Cabo Rojo hasta que, una vez habiéndome finalmente independizado, me establecí solo en el barrio Llanos Tuna a finales de 2010. En cada lugar que íbamos escuchaba de la boca de todo tipo de gente de todos los estratos sociales, y no sólo eso, vivía o veía vivir, historias que luego, al aplicar lo que yo llamo el código de Stephen King, se fueron agregando a mi canon reinventadas: mi padre era mecánico, qué muchas historias y sobre qué muchos arquetipos y futuros personajes se escuchaba en su taller; mi madre estudió secretarial y optó por ser ama de casa, y cuando las madres en las escuelas hablaban a la hora del almuerzo de sus peques, sin saber que sus hijos escuchábamos, qué mucho más se oía, aunque en mi casa me crie gracias a ella y mi abuela paterna entre libros, y ambas familias eran originarias de sectores donde había una gran tradición narrativa que se podría trazar desde los ancestros hasta el presente; por todo esto, incluidos cuentos de mi padre y abuelo narrados a mi persona, así como también la narración de la tradición oral familiar que me conecta con las épocas lejanas de mi familia y los relatos escuchados en todas esas circunstancias, creo que vengo de una gran tradición de narradores y tengo la teoría de que los que pertenecen a mi generación, sean de aquí o de afuera, pasaron por procesos similares pero no exactos, y más si como yo estudiaron en escuela pública; por eso, me siento parte generacionalmente de un todo fragmentado, pues ellos han hablado de procesos como el mío y cosas que recuerdan y diluyen en sus historias con mayor o menor grado de éxito, pero lo más que agradezco de todo es haber aprendido a leer y escribir a los tres años gracias a mi madre y jamás haberme detenido hasta ese fatídico 21 de octubre de 2022 tras aquel gran fuego que destruyó parte de mi enorme y descomunal biblioteca, pero ahora estoy regresando al hábito, es hora de sanar…

 

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de narrativa u otro género?

Concibo la recepción a mi trabajo creativo dentro y fuera de Puerto Rico, y la de mis pares, bien sean escritores de narrativa u otro género, como aceptada y valorada. En la Universidad Interamericana siempre fui premiado en el certamen de la Fiesta de la Lengua por cuento, poesía o ambas, en 2009, 2010, 2012, 2013, 2014, 2015, dicen las malas lenguas que en 2011 no fui premiado por razones desagradables, pero… Yo no tengo mala sangre. También cuando se publican mis primeros cuentos profesionalmente en la prestigiosa revista estadounidense Across the Margin, “The Wonderful Machine” (20 de abril de 2015) y “A Portrait of the Artist as a Sinner” (25 de agosto de 2015), o mi ensayo “Intelectuales sin bibliotecas, intelectuales desechables: intelectualidad en el Puerto Rico actual, 2001-2018” en el libro Escritores puertorriqueños del siglo XXI; poesía, cuento, ensayo, en 2022, fui bien recibido. Por otro lado, por los intelectuales Félix Cruz Jusino, Manuel A. Crespo Rodríguez y Roberto Pérez Reyes fui superbién recibido, y con muchos más ha habido una gran acogida, incluso con autores internacionales como el mexicano Jesús Ricardo Félix Rodríguez, que ha leído parte de mi obra; también y muy agradecido digo estar cuando se sintió la buena acogida del público durante la presentación en la UPR de Arecibo de La reina pálida y mi conferencia magistral “El asesino serial como consecuencia histórica”. Así, el público al que he logrado llegar antes de que empezara la distribución masiva gracias a esa dulce dama que es Marilyn Vélez, ha quedado fascinado con mi trabajo y allí están las llamadas reseñas, y lo han comentado y reseñado en varios medios. Eso sí, dos cosas: primero, poca gente me queda de la que me interese su opinión sobre mi obra a nivel de pares y de la que no la sé, una de ella es la señorita Saile Pagán Cantres, autora de mi cuento preferido a nivel nacional, titulado “La biblioteca”, y de un maravilloso libro de relatos titulado Las 10½ habitaciones y otras fallas técnicas, que está para chuparse los dedos en sentido metafórico, la espero con ansias. Segundo y, por otro lado, me apena que dos escritores famosos, un varón y una hembra, admitieron en privado que amaron mi obra, pero cuando les pedí una reseña se negaron, al igual que el silencio de muchos otros más ante el éxito y buenas críticas de la obra, en privado, y en eventos hablan de la novela y lo fascinante que es, cuchichean como viejas chismosas, pero no lo ponen por escrito, me da y dan lástima, siempre nos preguntamos la razón, pero uno en el fondo se la imagina…

 

Quieren sacarle derechos de autor a la negritud o a la variante más antigua de la humanidad aquí presente, nuestros aborígenes.

Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Soy puertorriqueño, nací en Puerto Rico de padres nacidos aquí, aunque si le das hacia atrás y fragmentamos la identidad, actitud desagradable que está de moda entre los pertenecientes a un sector de los afrodescendientes y un sector de los llamados indigenistas, o que yo les llamaría más bien antiafrodescendientes y antiindigenistas, que quieren sacarle derechos de autor a la negritud o a la variante más antigua de la humanidad aquí presente, nuestros aborígenes, al punto de amedrentar y amenazar a personas como Tere Marichal para lo del Festival Afroantillano y a Roberto Pérez Reyes por su participación en el Reencuentro Taino Conference, del 6 al 11 de agosto de 2023 en Canóvanas, actitudes típicas de lo que yo por este medio denuncio como socioterroristas, pertenecería a un millar de las mal llamadas razas, cuando raza sólo hay una, la raza humana, variantes genéticas quién sabe, amo la genealogía, llena vacíos pero no debe ser convertida en un arma de destrucción social. Al hacer estudios genealógicos o de tradición oral, soy descendiente de italianos, españoles, indígenas, africanos, pero también de árabes y lo más distante en el tiempo, de judíos del siglo XVII. Sin que esto me influya, me considero y reafirmo como un autor puertorriqueño, pero ni antiguo, ni medieval, ni moderno ni contemporáneo, sino actual, influenciado por nuestro pasado, pendiente del presente y mirando hacia el futuro, pero puertorriqueño, me considero un autor puertorriqueño para una nueva generación, no me canso de decirlo. Y por qué me considero puertorriqueño, pues porque aquí nací, de padres, abuelos y bisabuelos y tatarabuelos; finalmente, y tras un proceso migratorio de sus ancestros, a veces voluntario, a veces forzado, de aquí, por un lado y de aquí casi en su totalidad, del otro, y porque mi familia era por un lado de campo y por el otro de costa, que vinieron a vivir a la ciudad posterior a la Operación Manos a la Obra, que es cuando nace el verdadero puertorriqueño, forjado en el monte, del cimarrón africano, el desertor español y el aborigen nacional, ese jíbaro que la modernidad convoca a la ciudad, es el puertorriqueño, y de ellos desciendo yo, para mí antes de esa época hubo gérmenes de la puertorriqueñidad, una protopuertorriqueñidad que nació con nuestros iluminados, personas que vinieron a cambiar el mundo como lo fue el doctor Ramón Emeterio Betances y Alacán, pero sin la llegada de los jíbaros en masa a la ciudad a trabajar, a insertarse en los métodos de producción, sólo había por aquí y por allá, más que otra cosa, bolsillos culturales o enclaves étnicos; se lo dije a un doctor en historia cuando era estudiante doctoral y no se atrevió a rebatirme, sólo respondió con un rostro peculiar, entre iluminado y hermosamente siniestro, tendrás que probarlo.

José Luis González podrá sentirse lo que guste y disfrutar de su fama producto de su talento; creo que todos de una forma u otra hemos disfrutado de su obra, pero él tiene de universitario mexicano lo que yo tendría de agente secreto británico, esto es, lo que mi imaginación dicte, y no, no es un ataque, a él sólo tengo una cosa que recriminarle y acabé por respetar su decisión aunque la lamentara, por si acaso lee esta entrevista, la siguiente frase le dará una pista, que los difuntos poetas arreglen las que se deben en el cielo de los literatos cuando les toque, memento mori. Para mí, la autopercepción es la peste negra del siglo XXI, la cultura de la cancelación ni se diga, y los linchamientos facebukianos deberían prohibirlos, porque con todo esto esta generación de cristal va a terminar por acabar con todo lo que una vez le dio sentido a las cosas; lo existente visto por sus atributos concretos y no relativos; el cemento una vez se seca es duro, si a alguien le parece bonito o feo, me importa poco, esa es la verdad más verdadera; en el ser humano, sus atributos concretos están en su genética. No me malinterpretes, me siento universal, puedo escuchar, de Andrea Bocelli, Bésame mucho en italiano; de Marilyn Manson, Kill4me; de Adanowsky, Niña roja; de Alejandro Sanz, El alma al aire; de Bunbury, El precio que hay que pagar; de Mark Anthony, Preciosa; de Ignacio Peña, Hey tú, que debe ser un himno en este país y hacia esta generación de cristal, y siendo un ángel, estar en paz con mis demonios; usé el ejemplo de la música porque, como dice Nietzsche, el origen de la tragedia sigue siendo la música, y más aquí en Puerto Rico… Lo que quiero ilustrar es que me siento cada una de esas líneas de sangre que corren por mis venas, que como la música de variada, me traen a mi consciente distintos mensajes, pero sobre todo no es que me sienta, soy puertorriqueño, que es el resultado de esa ecuación existencial con tantas variables que tienes de frente… Si tú me miras, buscando encontrar la constante, que no es otra que esa, soy puertorriqueño.

 

Soy un ejemplar masculino de la especie Homo sapiens, heterosexual, cristiano libre y místico liberalmente.

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo?

Integro mi identidad étnica y de género, y mi ideología política, en mi trabajo creativo, a través de mis personajes principales; su fenotipo puede ser variado pero, con pocas excepciones, son casi todos puertorriqueños, descienden de ellos o terminan relacionándose con ellos alguna vez; soy un ejemplar masculino de la especie Homo sapiens, heterosexual, cristiano libre y místico liberalmente, ancestral origen judío que reverencio, algunos dicen que blanco, otros que negro, que cree en que todo país debe ser educado, libre y soberano, pero que en la unión está la fuerza, y eso se ve en variantes formas en mis personajes, incluso se discute disimuladamente la pertinencia o validez de ser como son y soy, y aun cuando incurro en el travestismo literario y la protagonista es mujer, estos elementos están presentes de una forma u otra.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

Integro mi trabajo creativo en mi experiencia de vida siendo un cuentista o fabulista o parabolista, si se vale inventar términos; siempre busco ilustrar una idea o expresar una lección a través de un relato que, como La vida de Pi, tiene dos formas de verse, una para los que escuchan por casualidad o curiosidad y otra para los iniciados en los misterios de mi alma; a su vez integro mis experiencias de vida en mi quehacer de escritor por medio del código de Stephen King y por homenajes que hago aquí y allá en mis libros, así como también las experiencias vividas por mis personajes. Como Enrique Laguerre y los viejos dioses de nuestra literatura nacional, hoy casi todos difuntos, diluyo mi realidad en mi fantasía y supongo que al revés, así mismo supongo que finalmente admito que Mario Cancel, el Mario Cancel de algún momento entre 2009 y 2016, tenía razón, la literatura es, al final, algo muy íntimo… Por lo cual debemos hacer de ella, a la manera de Gabriel García Márquez, un discurso, un poderoso y cataclísmico discurso para quien nos lea, como lo fue en 1986 en Ixapa, México, precisamente, El cataclismo de Damocles, o en 2011, sin limitarlo a Francia, ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel…

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Observo que las cosas se diferencian del anonimato que una vez viví al reconocimiento y la buena recepción que La reina pálida, que pudo haber sido mi última obra, mi love letter a mi cultura y mi anónima despedida, me ha dado, pues resultó ser aquello que me pusiera en el radar, así como también mi micronovela Las Post Personas. Creo que todo se basa en encontrarse con las personas correctas en el momento adecuado y mientras tanto nunca dejar de escribir.

Así, observo que en lo que ha variado es que cada día escribo de cosas distintas, y que cada vez me quedan menos temas que escribir, la universalidad literaria es cada día más tangible en mi obra y también que cada día mi obra es más conocida.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

Salió en marzo de 2023 El asesino que no podía dejar de reír. Pronto sale una novela gráfica exclusiva de Librería Mágica basada en Las Post Personas ilustrada por el talentosísimo Wilfredo López Centeno, quizás el mejor dibujante con el que he trabajado. También salen de Fuego de los Dioses La transformación, una novela que coescribí con Carol J. Cruzado Román hace muchos años, entre otros proyectos más, incluidos algunos con Roberto Pérez Reyes. No pretendo detenerme hasta publicar mi última página inédita…

Wilkins Román Samot

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