
Mirelsa Modestti González (San Juan, Puerto Rico, 1960) es escritora y psicóloga clínica. Se ha destacado en la dramaturgia y la escritura de guiones y libretos de cine, radio y televisión. Estudió en la Universidad de Puerto Rico, de la que es doctora en Psicología. Ha ejercido como docente-investigadora en bioética, comunicación y conducta humana y comunicación de riesgo y salud. En 2019 salió su primer libro, Verdolaguerías: Velda González tras bastidores, sus memorias sobre su madre, la fenecida actriz y política puertorriqueña. Un año después, publicó su primera novela, Atentamente, Saro (2020). Veinticuatro margaritas (2023) es su segunda novela. A partir de ésta, Modestti González ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
Hace poco publicó Veinticuatro margaritas (2023). ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?
Veinticuatro margaritas es una novela de intriga política que, aunque es enteramente ficción, se asienta en hechos, lugares y personajes reales. La historia comienza en un futuro cercano, tan cercano como las próximas elecciones, en que uno de los partidos principales desaparece y surge un nuevo partido de centro, muy conservador y, con él, una figura enigmática que gana poder rápidamente y de maneras aviesas.
Hacía mucho que quería escribir algo de corte político y todo lo que está pasando en la política puertorriqueña; la corrupción rampante, los escándalos de los políticos y la falta de seriedad de muchos de los que dirigen el país me regalaron el escenario perfecto. Es un poco una denuncia porque aquí, y en todas partes, la mayoría de los corruptos se salen con la suya, al menos la mayor parte del tiempo.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Veinticuatro margaritas y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña y su memoria personal de la literatura dentro de Puerto Rico o fuera?
Quizás porque llego a la literatura desde la dramaturgia y la escritura de guiones, mi escritura es muy visual. Me gusta llevar al lector por los lugares y que “vea” lo que está sucediendo, como si estuviera allí. Disfruto de provocar sus sentidos trayendo la naturaleza a interactuar con los personajes; por ejemplo, la brisa fría de lo que llamamos “viento de agua” y el escalofrío que siente una persona ante una noticia que la impacta.
Soy rigurosa en la investigación. Me gusta corroborar con fuentes distintas y pasar por la experiencia de un lugar o un evento antes de presentárselo al lector. Me gusta el reto de adentrarme en un lugar o época que me son desconocidos y familiarizarme al punto de poder llevar al lector, por ejemplo, al Carnaval de Barranquilla, al que nunca he ido, en los años cincuenta, cuando no había nacido. Requirió mucha investigación. El mayor elogio fue que el alcalde de Barranquilla, a quien le llegó mi novela, mostró sorpresa por la fidelidad de los detalles. Otro gran reto fue insertar la figura de Isabel Luberza Oppenheimer, mejor conocida como Isabel, la Negra, en la historia. Quedé fascinada con la historia de esa mujer, a quien la sociedad tanto le cuestionó su moralidad, y que resultó ser una mujer generosa y solidaria, que ayudó a muchas mujeres a salir de relaciones abusivas y a buscar mejores oportunidades de vida. Hizo dinero con su negocio, pero nunca explotó a sus muchachas. Les pagaba bien, atendía su salud, les compraba ropa buena y las llevaba al salón de belleza y, más importante, a las que querían salir de la vida que llevaban, les pagaba estudios y les prestaba dinero para que montaran negocios como costureras, estilistas, etc. Aunque las intervenciones de Isabel en la novela son parte de la ficción, lo que tiene que ver con ella, su entorno y su negocio es el resultado de una minuciosa investigación. Toda la información que se utilizó se corroboró con diferentes fuentes.
En cuanto a la política local, supongo que el hecho de que mi madre hubiera estado veinticuatro años en el Senado, los últimos cuatro como vicepresidenta, me dio una muy buena idea de las cosas que suceden en la política. Aunque tengo que decir que la política ha cambiado mucho en los últimos veinte años. A veces pienso que, si mi mamá viviera, probablemente se moriría de nuevo con lo que se ha deteriorado la clase política del país. Respecto a mi manera de escribir, creo que mi estilo es bastante boricua, aunque reconozco que traigo mucha influencia de la literatura latinoamericana, que es lo que más leo. También haber vivido y tener parte de mi familia en Buenos Aires influencia, en parte, mi trabajo.
Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritora con su época actual en Puerto Rico o fuera, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
Pues veo una brecha inmensa entre mis primeras obras y las más recientes. Casi como si fueran de personas diferentes. Pero bueno, han pasado más de cuarenta años. Mal estaríamos si no hubiera habido evolución, je je. Hemos madurado juntas, mi obra y yo. ¡Y lo que falta!
¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico o fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritora?
Me es muy difícil ubicarme en un núcleo generacional de escritores, excepto con relación a la dramaturgia. Formé parte de lo que fue en un momento la “nueva dramaturgia”, que ahora somos todos unos viejos. Aparte de los clásicos, Alejandro Tapia, Sierra Berdecía, René Marqués y luego Myrna Casas, asomaba a finales de los setenta y principios de los ochenta una sangre nueva en la dramaturgia. Pedrito Santaliz, Roberto Ramos Perea, Edgar Quiles, por ejemplo, fueron de mucha inspiración para mí. Roberto, Zora Moreno, Aleyda Morales, Tere Marichal y yo, por mencionar sólo unos nombres, nos abríamos paso en la década de los ochenta como parte de esa llamada nueva dramaturgia. Después yo me alejé de la dramaturgia y la retomé a principios del nuevo siglo.
Me lanzo a escribir literatura en una edad en la que tengo muy poco en común, en términos de experiencia de vida, con los escritores de esta generación. La obra de Cezanne Cardona y Ana Teresa Toro, por ejemplo, me inspira muchísimo. Podría leerlos sin pausa y conversar con ellos ampliamente, pero ambos podrían ser mis hijos. Magali García Ramis y Ana Lydia Vega, por otro lado, aunque no me llevan tantísimo en edad, comenzaron a escribir cuando yo era niña. Las descubrí en mi adolescencia tardía, ya casi adulta y, aunque amo sus trabajos, y también podría conversar con ellas durante horas, no me puedo considerar de su generación. Supongo que soy lo que llaman una “late bloomer” (me encanta la traducción “flor tardía”, pero no estoy segura de si es del todo correcta).
Respecto a la integración de trabajo creativo-investigativo, aunque mi escritura es mayormente ficción, no existiría sin el trabajo creativo-investigativo. No concibo el texto sin contexto.
Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la psicología clínica, la comunicación estratégica y la escritura creativa en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
Curiosamente, llego a la psicología desde la escritura, investigando y haciendo estudio de personajes. El doctor Francisco O’Neill Susoni, amigo de toda la vida de mi familia, me prestó unos textos de psicopatología y de teorías de personalidad que me permitieron asomarme al estudio de la mente y la conducta humana. La fascinación fue tan fuerte que decidí hacer un doctorado en psicología y comencé a ejercer como psicóloga clínica, a la vez que seguía escribiendo.
En 2003 comencé a laborar como docente e investigadora en el escenario universitario y esa experiencia me ofreció una perspectiva de vida completamente distinta. Mirado desde acá, creo que cambió el foco de lo que sería mi trabajo de escritura. Comencé a interesarme y estudiar la escritura de memorias, algo que me vino de perilla para mi primera publicación, Veldolaguerías: Velda González tras bastidores, una colección de anécdotas sobre mi madre.
Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una escritora puertorriqueña o no? O, más bien, una escritora, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
Soy puertorriqueña y me siento puertorriqueña. Tengo un pedazo de mi corazón y de mi vida en Buenos Aires, pero soy boricua y así me identifico, así vivo y así escribo.
¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en educación en o fuera de Puerto Rico?
La identidad de un autor se plasma, irremediablemente, en su obra. Las historias y los conflictos que plantea pueden serle ajenos, pero la mirada desde la propia identidad está ahí. Dicho esto, no debe interpretarse nunca que lo que se escribe, sobre todo en el caso de la ficción, es algo con lo que uno vaya a estar, necesariamente, de acuerdo. A veces se escribe para hacer un planteamiento, a veces, para entretener y otras para denunciar. Pero siempre se busca provocar una reacción del lector. Sin eso, el texto ha fracasado. Mi formación, sin duda, está ahí. Sólo que no necesariamente en la historia. La encuentras más en mi acercamiento a la historia y mi manera de contar.
¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora en Puerto Rico hoy?
La Universidad de Puerto Rico fue, sin duda, un tsunami que llegó a mi vida y cambió de lugar todo en el mundo que mis padres habían tejido para mí, en términos sociales, políticos, y experienciales. Al final del segundo semestre en la IUPI, mi universo era otro. En términos de mi escritura, no se vio inmediatamente, porque comencé escribiendo teatro para niños y comedias familiares, pero la semilla estaba sembrada. En lo personal, en la crianza de mis hijos, en mi interacción con mi entorno, mi pensamiento estaba claro. Regreso a la universidad, a hacer mis estudios doctorales, ya en otra etapa de mi vida. Ese segundo paso por la universidad redefinió muchas cosas para mí.
¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
Aquí tengo que hablarte desde la gratitud. La recepción a mi trabajo siempre ha superado mi expectativa. Lo primero que escribí —a mis veintiún años— fue El bosque encantado, una obra de teatro para niños que recibió el premio de los críticos de ese año. En mis años como guionista, programas como Los García y telenovelas, como Angélica, mi vida, y Alejandra, fueron recibidas con entusiasmo por el público y algunas también fueron laureadas. En 2019, cuando publiqué Veldolaguerías, la recepción fue maravillosa. Me escribió muchísima gente a través de las redes sociales y el libro fue premiado por el PEN Club de Puerto Rico, en la categoría de memorias, y por el Instituto de Literatura Puertorriqueña, en la categoría de investigación. Mi primera novela, Atentamente, Saro, una novelita epistolar sin grandes pretensiones que publiqué en la pandemia a través de la plataforma de Amazon porque estábamos en pleno encierro y no había ni librerías ni imprentas abiertas, a pesar de que mucha gente ni se enteró, quienes la leyeron me escribieron mensajes hermosos. Es un trabajo muy cerca de mi corazón, con mucha ternura y humor, que deja plasmada para la posteridad la experiencia de la pandemia, según se vivió en Puerto Rico, sobre todo desde la óptica de los adultos mayores en asilos de ancianos, que se sienten como un descarte de su familia y de la sociedad.
Veinticuatro margaritas no ha sido una excepción. José González, de la distribuidora Filos PR, me ha llamado varias veces para indicarme que ha tenido que reponer libros varias veces ya en prácticamente todas las librerías. Y la respuesta de la gente ha sido extraordinaria. Casi todo el que me escribe, lo primero que me dice es que no podía soltarla. No creo que haya mejor elogio para un novelista.
¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?
Los recientes son los que te mencioné. En el tintero —ya cocinándose— están una biografía autorizada de nuestra querida Ivonne Coll, narrada por su gata, Boricua, y una secuela de Veinticuatro margaritas titulada Margaritas en el tiempo. Esa novela comienza veinte años después de donde termina la anterior, o sea, aproximadamente en 2045, y va en retrospectiva, no sólo para contarnos lo que ha ocurrido en los últimos veinte años, sino que viaja a los años cuarenta, cincuenta y sesenta para contextualizar mucho de lo que sucedió en la novela original. Comenzar la novela dentro de veinticinco años ha sido un reto inmenso porque he tenido que ponerme un sombrero de pitonisa y plantearme el Puerto Rico de dentro de veinticinco años. Ahí creo que te contesto mejor cómo integro mi identidad y mi experiencia de vida al trabajo creativo: supongo que soy una atrevida. Gracias, Wilkins, por esta oportunidad de reparar en ello.
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