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Solimar Ortiz Jusino:
“En mis poemas vas a ver a una mujer brava y, a la vez, vulnerable”

domingo 20 de julio de 2025
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Solimar Ortiz Jusino
Solimar Ortiz Jusino: “Yo nací a mi puertorriqueñidad cuando adquirí una conciencia política sobre nuestra realidad colonial y decidí luchar por la independencia. Eso está presente en todo lo que escribo, digo y hago”.

Solimar Ortiz Jusino (1983), originaria de Orocovis, es una destacada escritora que abarca diversos géneros literarios. Además, se desempeña como gestora cultural y activista política. Se graduó de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, donde obtuvo su licenciatura en Artes con una especialización en Trabajo Social. Utiliza su experiencia en literatura y en la intervención en crisis para crear talleres de escritura, los cuales sirven como un medio para que niños, adolescentes y adultos expresen sus emociones. En 2013 publicó Palabras de conciencia en la voz de El Maestro, un ensayo integral que examina los discursos de Pedro Albizu Campos a la luz de la realidad puertorriqueña del siglo XXI. A lo largo de su carrera, ha lanzado tres libros de poesía: Rebeldías de encantos (2014), La Matria en mis pies (2022) y Hojas que se rompen en el viento (2024). También es la fundadora de las editoriales Poema y Letras Infinitas. La autora nos ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Recientemente publicó su poemario Hojas que se rompen en el viento (2025). ¿De qué trata este poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

—Confieso que dudé mucho en publicar este libro. La selección de poemas fue difícil, la revisión de los textos dolorosa y muy conflictiva. Hojas que se rompen en el viento nació gracias a Lynette Mabel Pérez. Ella me acompañó como amiga y editora. En este poemario presento un escogido de 49 poemas escritos en los procesos más trascendentales de mi vida, desde situaciones de salud física hasta duelos y experiencias de violencia de género, pero igual, contiene poesía erótica y romántica. Busco presentar una propuesta poética donde podamos ver todos los procesos por los que una pasa. El lector encuentra mi parte más vulnerable sin ser derrotista.

“Hojas que se rompen en el viento”, de Solimar Ortiz Jusino
Hojas que se rompen en el viento, de Solimar Ortiz Jusino (Tablado, 2025). Disponible en Amazon

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Hojas que se rompen en el viento y su trabajo creativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña-caribeña y su memoria personal de lo caribeño dentro y fuera de Puerto Rico y el Caribe?

—Creo que todo mi trabajo creativo se circunscribe a las experiencias de vida que me formaron dentro de esta sociedad. En ese sentido, en mis poemas vas a ver a una mujer brava y, a la vez, vulnerable. Mi trabajo es honesto y todo parte desde el amor. El amor por mí, por mi familia, por mi gente, por mi país, por el mundo. La realidad de la mujer puertorriqueña-caribeña siempre está presente en mis trabajos. Vivir dentro de la colonia, sentir la opresión constante del patriarcado y el machismo es una realidad que no puede dejar de ser expuesta en cada uno de mis poemas. Saliendo, claro está, de la lamentación. Es hacer la denuncia: identifico el problema y presento soluciones.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, trabajadora social, gestora cultural, con su época actual de escritora, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Cada libro que una publica marca el crecimiento literario por el que una pasa. Si comparo este poemario con el anterior (La Matria en mis pies) identifico una madurez en la creación de imágenes, por darte un ejemplo. Creo que, aunque no ejerza como trabajadora social, ese “chip” nunca se apaga y el poder entrelazar esos conocimientos con la poesía me ha permitido desarrollar e implementar talleres donde este género literario sea un instrumento de sanación. A lo que llamas gestora cultural yo le digo “embelequera” porque respeto a quienes se han formado en esa carrera. Me ocupo de coordinar actividades y compartir espacios para que mis colegas puedan presentar sus creaciones (bien sean música, canciones, poemas o cuentos). Desde que Carmen Aboy me invitó a colaborar con la Casa Aboy en la coordinación de los micrófonos abiertos y las tertulias, acuné el lema de la casa: “Prohibido olvidar”. Entonces, decidimos presentar a un escritor o a una escritora que ha trascendido y, mientras corre el evento, me ocupo de presentarles a la persona homenajeada. Escuchar a cada uno de mis colegas y ser la voz de los trascendidos me ha permitido crecer y apoyar en el crecimiento de otros. Esta exposición es la forma más gratificante de madurar.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer literario?

—Yo admiro muchísimo a mis colegas contemporáneos. Gracias a muchos de ellos, que me expusieron hace varios años en un micrófono abierto, es a quienes les debo mi vida artística y creativa. La experiencia adquirida en los colectivos a los que pertenecí, como Las Musas Descalzas y Poetas en Marcha, fue fundamental para crecer en todos los sentidos. Ambos grupos me enseñaron a entrelazar el quehacer literario con el trabajo creativo. Yo creo firmemente en la resistencia cultural y la practico en mis escritos, en mis acciones en la calle y escenarios. Yo creo que el tener la oportunidad de disponer de espacios es la base de todo. Tanto la Casa Aboy como el restaurante Oh La La en Juncos, la Casa Dominicana, la Colectiva Feminista en Construcción y varios más, son esenciales para que toda gestión sea posible. En adición a ello, la respuesta de mis colegas demuestra que coexiste la solidaridad entre nosotros. Por tanto, nos colaboramos. Poetas como Elisaura Vázquez, Ebrahim Narváez, Alexis y Nory, Ingrid Ramos (por mencionarte algunos), hacen un trabajo encomiable en crear eventos en otros pueblos. Estamos en un momento histórico en el que la poesía se está esparciendo hermosamente. Y el asunto es que nadie está compitiendo; al contrario, aquí nos visitamos, nos promocionamos entre nosotros en las redes, compartimos ideas y nos apoyamos. ¿Cómo no crecer en medio de tanta gente grande? Ellas y ellos me inspiran y me siento en la completa libertad de continuar el trabajo creativo para poder llevarlo a otros lugares.

—Ha logrado mantener una línea de creación literaria y la gestión cultural. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Entiendo que bien, según lo que me han comentado. Una crece con todo tipo de respuestas y estoy abierta a la crítica. Quien me diga que todo es bello y fabuloso, está bien. Pero me gustan más las recomendaciones para cambiar, salirme de la zona cómoda y explorar otros géneros. No he tenido mucha exposición fuera de Puerto Rico con mi poesía, pero las pocas interacciones han sido muy gratificantes y de crecimiento constante.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una escritora puertorriqueña o no? O, más bien, una escritora de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Me siento universal con mis raíces bien enterradas, más que en Puerto Rico, en mi pueblo, Orocovis. Mantengo mi atención a todo lo que ocurre a nuestro alrededor, en y fuera de mi país. Hace tiempo que se reventó la burbuja en la que nos quieren mantener y me importa todo.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación de origen puertorriqueño?

—Una vez me comentaron que hasta en mis escritos eróticos hay elementos políticos, así que tendrás una idea. Por ser pocas mis publicaciones, te puedo enumerar las mismas para que tengas una idea. Mi primer libro (que se encuentra en revisión para la segunda edición), Palabras de conciencia en la voz de El Maestro, es un ensayo holístico de los discursos que pronunció don Pedro Albizu Campos, por los que fue juzgado y encarcelado, a la luz de la realidad de Puerto Rico del siglo XXI. El poemario Rebeldía de encantos contiene poesía variada donde comienzo mi proceso de entenderme como colonia y mi nacimiento político. La Matria en mis pies es un homenaje a efemérides, patricios y matricias. Son los poemas que pronuncié en la calle, en protestas y otras actividades. Ahora, en Hojas que se rompen en el viento, me presento como mujer que vivió la violencia de género, crecida en una cultura machista y castrante, la madre soltera. Por tanto, yo nací a mi puertorriqueñidad cuando adquirí una conciencia política sobre nuestra realidad colonial y decidí luchar por la independencia. Eso está presente en todo lo que escribo, digo y hago.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su formación y desarrollo profesional en la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora en Puerto Rico hoy?

—En la UPR, aparte de formarme profesionalmente, tuve mis pininos en los asuntos políticos y sociales. Comencé a integrarme en diversos grupos, pero esto no estuvo ligado a la creación literaria. Posteriormente, tuve la oportunidad de formarme como consejera en crisis y trabajar con damnificados por desastres en Puerto Rico. Es entonces cuando comienzo a realizar intervenciones usando la escritura como mecanismo de ventilación de emociones y también a usarlo para mi propia sanación. El mayor reto que enfrenté como trabajadora social y consejera fue que aprendí a escuchar tanto que acallé mi voz. Fue la escritura la que me permitió desbordar toda mi rabia, mis frustraciones y mi sentir. Eventualmente, emprendo mi carrera como escritora. Aquí estamos, por nuestra gente, el mundo y mi país.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Te puedo decir que he aprendido a verme como artista y, con ello, he buscado la mentoría de compañeros como Luis Enrique Romero para la proyección de voz, la declamación y la presencia escénica. Mi hije Irick Samuel también me ha ayudado mucho en eso. Me propongo hacer que la poesía salga del libro para darla al público, no importa el escenario. Que disfruten la poesía como una canción. Y ha sido muy bien recibida. Aprender a leer poesía, a recitarla, entiendo yo, ha sido el valor añadido a lo que escribo.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Tengo muchas metas. Estoy creando nuevos eventos más allá de los micrófonos abiertos para seguir exponiendo y presentando a nuestros escritores y escritoras. Apuesto a la resistencia cultural y que a través de la poesía podamos hacer una revolución para crear, como gran inicio, una conciencia social, solidaria y empática en nuestro pueblo. Tengo proyectado este año sacar la segunda edición de mi primer libro traducida al inglés, y el próximo año publicar mi primer libro de cuentos. Mientras tanto, seguirá la poesía pululando en mi vida.

Wilkins Román Samot
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