
Eugenio Hopgood Dávila nació el 1 de mayo de 1954 en el barrio Santurce de San Juan, Puerto Rico. Su formación académica comenzó en 1971, cuando cursó un año de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, España. Posteriormente, entre 1972 y 1978, obtuvo su B. A. en la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, graduándose de la Facultad de Estudios Generales con una concentración en Música. Durante su tiempo en la UPR, tuvo la oportunidad de estudiar Literatura Puertorriqueña del siglo XX y participar en un taller de escritura bajo la tutela del escritor Pedro Juan Soto. En 1978, fue becado para asistir al 7º Curso Latinoamericano de Música Contemporánea en São João del Rei, Brasil. Más tarde, en 1990, completó su M. A. en Comunicación Pública en la misma universidad, con una concentración en Periodismo y Teoría de la Comunicación. Finalmente, entre 1992 y 1996, obtuvo su J. D. de la Escuela de Derecho de la UPR.
En cuanto a su carrera profesional, trabajó como músico independiente y fue copropietario de la tienda de discos Musicaribe en el Viejo San Juan entre 1978 y 1983. Luego, se desempeñó como locutor de noticias en WKAQ-Radio Reloj de 1981 a 1984, y como reportero en el periódico El Reportero de 1984 a 1987, donde cubrió temas policiales, asuntos del Tribunal Federal y artículos de interés humano. Posteriormente, trabajó en El Mundo como reportero responsable de cubrir el Tribunal Federal entre 1988 y 1989. En 1990, se convirtió en jefe de información de Las Noticias en Teleonce, Canal 11.
Entre 1991 y 1997, fue productor de noticias en Radio Universidad de Puerto Rico, y de 1998 a 2003, ejerció la abogacía de manera independiente. Desde 1997 hasta 2004, se desempeñó como editor de estilo y contenido en El Nuevo Día, y luego trabajó como reportero en el mismo periódico hasta 2015, cubriendo una amplia gama de temas, incluyendo asuntos judiciales y ambientales, y formando parte de la Unidad Investigativa de GFR Media. Entre 2015 y 2021, fue profesor en la Escuela de Comunicación Ferré Rangel de la Universidad Sagrado Corazón, impartiendo cursos sobre aspectos legales de las comunicaciones y periodismo de investigación. También trabajó como periodista independiente, contribuyendo a diversas publicaciones y colaborando en producciones documentales para PBS sobre la crisis en Puerto Rico tras el Huracán María. Desde 2021, ha continuado su práctica de abogacía y notaría de manera independiente.
A lo largo de su carrera ha sido reconocido con varios premios, incluyendo el XI Premio Nacional al mejor Reportaje Investigativo en 2005, el XIII Premio Nacional al mejor Reportaje Especial en 2007 y el XVIII Premio Nacional al mejor Reportaje Investigativo en 2012, todos otorgados por la Asociación de Periodistas de Puerto Rico. Su trabajo en el reportaje “Vieques: diez años sin la Marina” le valió el XIX Premio Nacional al Mejor Reportaje Especial en 2013.
En 2023 publicó Babylon Baby, su primer libro de ficción, una colección de relatos escritos entre 1999 y 2022. Hopgood Dávila ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

Hace poco publicó Babylon Baby (2023). ¿De qué trata dicha novela? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?
Babylon Baby es el título de un libro que contiene diez relatos y toma el nombre del relato principal. Algunos críticos y lectores han considerado que el relato “Babylon Baby” es una nouvelle o novela corta (tiene 58 páginas) y otros que anda a medio camino entre una novela corta y un cuento largo. Es esencialmente un relato de guerra que trata sobre la experiencia de un grupo de reservistas puertorriqueños movilizados a Irak para la segunda invasión estadounidense de ese país en 2003. Es un relato trágico como tendría que ser cualquier relato de guerra. Su protagonista y los demás personajes son totalmente ficticios como también lo es el hilo narrativo específico. Sin embargo, está basado en hechos históricos, particularmente la batalla de Nasiriya, que tuvo lugar en los primeros días de la invasión, cuando una columna de unidades estadounidenses avanzaba desde Kuwait rumbo a Bagdad y la masacre de civiles que le siguió a esa batalla en un puente sobre el Éufrates, un episodio menos conocido pero no menos real.
Los demás nueve relatos son cuentos mayormente realistas, de horror, yo diría, aunque algunos de ellos tienen su vertiente fantástica, si bien ésta se ancla en sueños y delirios más que en la premisa general de las narraciones.
La idea de escribir el relato “Babylon Baby” surgió cuando estuve cubriendo temas relacionados con la guerra de Irak como reportero de El Nuevo Día, un periódico de Puerto Rico, creo que por 2005. Me asignaron cubrir una ceremonia militar de activación de una unidad de la reserva en el fuerte Buchanan, cerca de San Juan. El cambio de estatus de reservistas a tropas activas era parte de su movilización a Irak como parte del Ejército de Estados Unidos. De esa ceremonia sale la primera escena y el embrión de “Babylon Baby”. También por esos días hice reportajes basados en entrevistas a soldados, mayormente reservistas, que habían regresado de la guerra. Eso me dio la perspectiva de la guerra vista a través de soldados boricuas y me motivó a escribir un cuento sobre el tema como parte de los relatos que venía construyendo y moliendo lentamente desde fines del siglo anterior, la mayoría de los cuales vieron la luz finalmente en la colección de Babylon.
¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Babylon Baby y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal del periodismo, la literatura y la historia de Puerto Rico y el Caribe dentro de Puerto Rico o fuera?
La colección de relatos titulada Babylon Baby fue publicada en 2023 y ya estaba terminada desde el año anterior, cuando estuve puliendo los cuentos e incluso reescribiendo algunos pasajes. Como te decía antes, la escritura de esa colección de relatos fue un proyecto que se prolongó, entre rachas productivas y tiempo de inactividad, por poco más de dos décadas. En ese tiempo mi trabajo investigativo estaba vinculado al periodismo y sobre temas de corrupción y situaciones de desarrollo y conflictos sociales en Puerto Rico. El único trabajo de ese libro que requirió investigación fue el relato “Babylon Baby”, que por ser una ficción histórica exigió investigar sobre el tema militar, sus estructuras, vehículos y armas, los inicios de esa guerra, la geografía de la región y hasta el menú de un desayuno, y en general los hechos históricos en los cuales se desarrolla. También se nutrió con las investigaciones y entrevistas que hice para los reportajes sobre la participación de los puertorriqueños en esa guerra.
Por otra parte, mi labor como editor de contenido y reportero en el periódico, en la fase que no es investigativa sino la misma crónica roja, las noticias llamadas policiacas, de crímenes y accidentes, ese tipo de historias, al igual que a muchos escritores pasados y presentes, me motivó a inventar algunas historias del mismo género pero de ficción, tomarlas como materia prima, si bien algunos relatos vienen de experiencias y observaciones personales. Creo que al estar tan inmerso en esas historias, la mayoría terribles, quise sublimarlas de alguna manera, escapar de la tiranía de unos hechos para ser un sujeto activo en ellos, mirar más de cerca la vivencia humana que transita en esas situaciones. Todo esto me llevó a retomar una vocación interrumpida que había aflorado mucho antes durante mi época inicial de estudiante universitario.
En cuanto a mi labor creativa durante el pasado año y medio posterior a la publicación de ese primer libro, he seguido escribiendo cuentos y trabajo en otra novela que es un tanto más compleja y será más larga que Babylon, o sea que no es una nouvelle. Una diferencia importante entre el antes y el después de la publicación de Babylon es que he perdido la inseguridad sobre mi capacidad literaria, algo que me acechaba durante el largo período de escritor inédito, clandestino. Es como perder la virginidad a una edad madura pero eso es lo que trajo el barco, como dijo Ismael Rivera, así que espero poder seguir produciendo y haciendo literatura que sea capaz de conectar con lectores, sean muchos o pocos, de la misma forma en que los escritores que disfruto conectan conmigo, me estremecen, me provocan, me divierten y me hacen gozar la lectura.
Mi trabajo creativo parte de mi experiencia como puertorriqueño que ha vivido prácticamente toda su vida en Puerto Rico y particularmente en el área metropolitana de San Juan, tanto de las vivencias personales como de lo observado en este entorno. Puerto Rico es parte del Caribe y su historia, así que todo eso se refleja en estos relatos. La subordinación política de Puerto Rico como colonia bajo el dominio de Estados Unidos es un tema presente, no en todos los cuentos pero sí decididamente en el relato de Babylon, ya que la participación puertorriqueña en las instituciones militares estadounidenses y en sus guerras imperiales es una de las manifestaciones más intensas de esa relación colonial con sus efectos de crear vínculos, tradiciones y dependencias y en otras instancias, rebeldías y resistencias, como cuando se combatió el servicio militar obligatorio durante la guerra de Vietnam y en acciones de guerrillas urbanas independentistas, particularmente en las décadas del 70 y 80, sin olvidar la insurgencia nacionalista de mitad de siglo. En cuanto a la literatura puertorriqueña sobre el tema de la guerra, Babylon se inserta ahí como su producto más reciente o uno de los más recientes. Varios escritores boricuas han aportado a este tema antes, entre ellos Emilio Díaz Valcárcel y Jaime Marzán. El primero fue combatiente en Corea y Marzán en Vietnam. En cambio, yo crecí con la sombra de la guerra de Vietnam sobre mí; mi hermano, diez años mayor que yo, fue objetor por conciencia y luego muy perseguido por haberse resistido al reclutamiento obligatorio, era la guerra que me iba a tocar a mí resistir, porque era independentista desde los once o doce años y tenía el ejemplo de mi hermano y otros de su generación. Cuando cumplí los dieciocho en 1972 los estadounidenses habían comenzado a desescalar su reclutamiento y envío de tropas a Vietnam; poco tiempo después se acabó y nunca me llamaron, no tuve ni que ir a decirles que no.
Si compara su crecimiento y madurez como persona, jurista, periodista, investigador y escritor con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
La maduración de mi trabajo creativo está oculta en el desarrollo con cuentagotas del libro de Babylon y los más de veinte años que tardó en ser publicado, así es que sólo yo lo puedo apreciar. Y ese crecimiento es lo que me compelía a seguir reescribiendo pasajes, quitando y poniendo a lo escrito a la vez que comenzaba nuevos cuentos. Una parte importante de ese madurar es el haber desarrollado mis propios métodos de escritura, pues cuando empecé mi método era bastante intuitivo. No vengo de cursos de escritura creativa ni de talleres literarios y no tomé más de tres clases de literatura en la universidad, así que lo que he desarrollado de método creativo procede casi exclusivamente de un aprendizaje autodidacta. Pero el público no tiene obras previas para comparar. Algunos cuentos inéditos que escribí cuando estudiaba en la Universidad de Puerto Rico en la década del 70, la cual debió o pudo haber sido mi generación literaria, se perdieron en alguna mudanza o tormenta.
¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de periodistas, investigadores y escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritor e investigador y su trabajo escrito (o no) de interés noticioso y literario?
Mi trabajo de periodismo, tanto de investigación como de crónica o de la noticia del día y el trabajo literario, son dos vertientes separadas, si bien, como apunté antes, lo periodístico ha influenciado lo literario. Pero curiosamente mi ámbito generacional como periodista es muy claro, es el de los que comenzamos a trabajar en la década del 80, mientras que mi ubicación en cuanto a generación literaria no me parece nada clara. Por mi edad, debí haber sido de esa misma generación en la que me inserto como periodista, pero no empiezo a escribir literatura —más allá de aquellos pocos cuentos perdidos de los 70— hasta cuando tenía poco más de 45 años y publico ya acercándome a la edad de los setenta. En el periodismo he hecho lo posible por hacer una labor de calidad y a la altura de los tiempos. Posiblemente el trabajo que me ha brindado más satisfacción fue un reportaje de los años 80 sobre el asesinado de Adolfina Villanueva, una heroína popular negra puertorriqueña asesinada por la policía mientras luchaba por el derecho de su familia a la vivienda en el municipio de Loíza, hecho marcado por el racismo, la corrupción y la opresión contra los pobres. Más de treinta años después de su publicación, me enteré de que la organización comunitaria de uno de los grandes barrios de Loíza había fotocopiado el reportaje y lo utilizaba como material educativo para que la niñez loiceña conociera ese aspecto de su propia historia. Eso me pareció más importante que cualquiera de los premios recibidos por mi trabajo periodístico.
Sobre cómo me visualizo en relación con el núcleo generacional de escritores es algo que me resulta muy difícil abordar porque, como te dije, no me veo como parte de un núcleo generacional específico y tampoco me corresponde valorarme en relación con los demás. Sí creo que hice una aportación a la literatura puertorriqueña y caribeña con los nueve cuentos y la novela de Babylon Baby, publicadas por La Secta de los Perros, editorial del gran escritor y poeta Rafael Acevedo, cuya decisión de publicar mi trabajo fue la primera validación real de esos relatos. De los escritores de las generaciones con las cuales se me podría vincular los veo como maestros que me enseñaron algo en cada lectura. En los 80 y 90 me impactó la lectura de Ana Lydia Vega y Magali García Ramis, Manuel Ramos Otero, Rodríguez Juliá, Mayra Santos y Mayra Montero, entre otros. Luego a partir del cambio de siglo me abrieron muchos horizontes y dimensiones las lecturas de Pedro Cabiya, Juan Carlos Quiñones, Rafael Acevedo, Ana María Fuster. Realmente esa es la que más podría ser considerada mi generación literaria, aunque sean un promedio de quince a veinte años más jóvenes que yo, porque comencé a escribir seriamente para ese mismo tiempo aunque todos los mencionados han publicado muchos más libros y los publicaron mucho antes.
Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en literatura, la noticia y los medios de información en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
En general pienso que mi trabajo periodístico ha sido bien recibido por los lectores de la prensa escrita, aunque esa tampoco es una audiencia masiva, como ha sido la del periodismo televisivo. Mucha gente lee notas de periódicos, hoy día principalmente en portales digitales, y no suele prestar atención a quién firma los textos. En cuanto al trabajo literario entiendo que ha sido bien recibido por la comunidad de lectores. Me sorprendió cuando algunos lectores me comentaron que lloraron o que se desvelaron en la noche tras leer algún cuento. No es que pretenda hacer melodrama que ponga a la gente a llorar, pero que personas inteligentes se compenetren personal y emocionalmente con la lectura de mis textos, en otras ocasiones que rían, que reflexionen sobre aspectos de la vida, pues para mí eso tiene valor. Me satisface también el hecho de que haya escritores, profesores, críticos y lectores a quienes respeto intelectualmente que hayan valorado positivamente mi trabajo. Supongo que a otros no les habrá gustado, pero incluso los grandes maestros de la literatura tienen sus detractores, así que no me puedo quejar de eso.
Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un comunicador y escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un comunicador y escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
Soy un escritor y periodista puertorriqueño y así me considero. No quiere decir que no manejo los temas humanos universales como lo haría un escritor argentino o tailandés.
¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación y desarrollo profesional en Puerto Rico y fuera?
Como puertorriqueño, independentista y socialista democrático, hijo de un país colonizado y cuasi anexado por la aún principal potencia imperial del mundo, desarrollado bajo un sistema de gobierno colonial corrupto, he intentado combatir esa corrupción con la búsqueda de la verdad, utilizando los principios de la profesión del periodismo para exponer las falsedades y atropellos del Estado aun desde estructuras comunicacionales que son aliadas del sistema colonial, lo cual implica caminar siempre en la cuerda floja. Esto es pasado porque llevo un tiempo desvinculado de empresas de comunicaciones. En cuanto al quehacer literario no siento que tengo una misión política, aunque hay temas que son más directamente políticos que otros, como el de la guerra, y ahí me es inescapable posicionarme de alguna u otra manera en contra de las guerras imperialistas y casi todos los supuestos de cualquier guerra, ya sea en la narración misma, en algunos personajes; de alguna forma eso permea, busca su curso sin yo tener que proponérmelo. Los temas de los conflictos de clases sociales, la desigualdad y sus consecuencias, aparecen en casi todos los relatos.
¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso como estudiante universitario en Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de investigador y escritor en Puerto Rico hoy?
La mentalidad de periodista y particularmente de periodista investigador es algo que se convierte en parte de mi personalidad y de mi experiencia de vida como ciudadano. Todo lo examino, todo lo cuestiono y lo que amerite, en menor o mayor grado, lo investigo. En este tiempo toda persona activa en redes sociales tiene un foro, o puede tenerlo, y una audiencia. Me mantengo activo en ese frente, aportando lo que pueda en las diferentes conversaciones y debates sobre mi país y sobre los asuntos mundiales. Hoy en día tiene valor el contenido que uno pueda compartir basado en investigaciones y en fuentes confiables, en contraste con los bulos, las campañas de desinformación y propaganda. El campo de batalla principal de las luchas ideológicas en este tiempo está en las redes sociales. En cuanto a la universidad, en mi caso fue la experiencia que me amplió horizontes y eventualmente me llevó a los caminos de las comunicaciones y el periodismo. Y aunque no hice concentración en literatura, haber tomado cursos de crónica con la escritora Magali García Ramis y de literatura puertorriqueña con el escritor Pedro Juan Soto son semillas que germinan. La clase con Soto en la Universidad de Puerto Rico tenía aspectos de taller de escritura. Ahí Pedro Juan me dijo que debía ponerme a escribir y hasta me retó a hacerlo. En ese tiempo, la década del 70, escribí dos o tres cuentos pero navegué hacia el estudio de música, me involucré luego en actividades políticas en épocas de bastante represión y en el periodismo, Así que no fue hasta mucho después que acepté el reto de Pedro Juan Soto.
¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
El trabajo periodístico siempre tiene su público y pienso que fue bien recibido desde el principio, aunque como dije mucha gente ni lee quién firma el reportaje y sólo van directamente al contenido. En cuanto al trabajo literario, salí de la clandestinidad recientemente con esta primera colección de relatos, así que no tengo elementos para comparar un antes y un después en cuanto a la recepción del público porque no hay un antes. Pero siempre he pensado que si un solo lector disfruta de un cuento o una novela mía, se conmueve, se enamora del texto y lo aprecia como experiencia de vida a través de lo literario, ya sea hoy o dentro de cien años, pues habrá tenido sentido el acto y proceso de inventar y escribir.
¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?
Sigo escribiendo cuentos y espero publicar un segundo libro de cuentos. También estoy trabajando en una novela que se sitúa en las luchas de aspiraciones utópicas que estremecían al mundo y al Puerto Rico de los años 60 y 70. Definitivamente la escritura y maduración de estos textos tendrá que ser más rápida que la de los relatos ya publicados, porque de no ser así corro el riesgo de tener que recurrir a métodos espiritistas para dictarlos desde el más allá, o que a alguien se le ocurra terminar los textos con un coautor de inteligencia artificial adiestrado para escribir en mi estilo.
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