
Petra Bravo crea coreografías experimentales inspiradas en la vida callejera y en su experiencia como mujer cubana, puertorriqueña y caribeña frente a la desigualdad social. Su trabajo surge de la indignación ante las injusticias y de la belleza que nace al confrontarlas; utiliza el cuerpo como eje expresivo y rompe convenciones de armonía y linealidad, adaptando cada pieza a las aportaciones de sus intérpretes. En Simulacro (2023), presentado en el Teatro Julia de Burgos, explora cómo el lenguaje violenta al cuerpo social, combinando poesía de Roberto Net Carlo con movimientos que muestran el intento frustrado de hablar y ser escuchado, y que culminan en el agotamiento y la rendición, aludiendo a la colonización desigual de Puerto Rico por Estados Unidos. Su producción incluye Ventarrón + 7% (2019), Andiamo (2018), Instalaciones coreográficas (2016) e Hincapié cuerpos de agua (2015), presentadas en importantes escenarios de San Juan con su compañía Hincapié. Fue homenajeada en 1996 con Retro Petra Activa y obtuvo la beca United States Artists Fellowship en 2024. Ha sido docente de danza y coreografía en la Universidad de Puerto Rico (donde fundó Hincapié en 1999) y fundadora de dos festivales internacionales de danza y coreografía para estudiantes. Petra ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
Hace poco ha merecido un reconocimiento a su trabajo creativo-investigativo como coreógrafa de parte de la United States Artists (2024). ¿De qué trata este premio? ¿Cómo surgió la oportunidad de recibirlo?
United States Artists es una plataforma que destaca el trabajo de los artistas que viven en Estados Unidos, incluyendo a Puerto Rico, en su compromiso profesional de excelencia. Es una beca de 50.000 dólares sin restricciones y se otorga en todas las disciplinas y en cualquier etapa de la carrera. Estos premios son por nominación y no se puede saber quién te nominó, yo fui nominada tres veces y a la tercera ganamos. Recibes una carta de felicitación y debes llenar varios documentos explicando tu carrera en detalles con fotos y videos. Luego un comité artístico te evalúa, y tampoco sabemos los nombres de ese comité evaluador. A los seis meses aproximadamente recibes la segunda carta anunciándote ganadora del premio en la categoría de danza. Luego nos invitan a Nueva York para la entrega de los premios. En ese mismo año 2024, recibo otro magnífico premio de The Foundation of Contemporary Art (FCA), de 45.000 dólares, el Dorothea Tanning Award, categoría que define la propia Dorothea como “subvenciones a artistas en celebración de la feroz independencia y la imaginación ilimitada”. Esta organización fue fundada en 1963 por John Cage y Jasper Johns. Qué inmenso honor. Premian varias categorías de las artes escénicas, musicales, pinturas y poesías. Somos invitados a la entrega de premios, pero con el FCA nos piden un video corto de tu preferencia para darte a conocer con tu trabajo artístico en la entrega de los premios. Yo no pude asistir a este magnífico evento, pero pude ver toda la transmisión en vivo y fue tan emocionante ver mi video y que explicaran de dónde vengo y mis intereses con la danza comprometida, combativa, diciendo lo importante que somos en un colectivo de gente trabajadora del arte, romper esquemas, ver las necesidades a los cambios con derecho abundante. Escuchar eso en el idioma inglés fue parapelos. Yo envié la pieza de danza En esos días del mes. Esa pieza la monté con mi querida colega Awilda Sterling. Se presentó en Nueva York para los años 90. En la premiación se presentó un breve segmento. Fuimos aplaudidas con esmero y un bravo sonó en el ambiente.
¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo al premio de coreógrafa (2024)? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de caribeña y su memoria personal de la escena artística dentro de Puerto Rico o fuera?
Soy mujer de acción. Todas mis investigaciones son en vivo con cuerpos danzantes, algunos en proceso de adquirir técnicas más sólidas y otros en un control del conocimiento para derribarlo y buscar maneras de danzar, experimentar para subrayar la existencia de nuestra cultura. Una danza con propósitos. Que no se encasille ni se predisponga. Mezclo y busco desenlace de abstracciones. Mi vida no está al descanso, todo en mi cabeza tiene cuerpo y sensaciones para dibujarlo en las coreografías. Soy del Caribe y Cuba con Puerto Rico son una enorme estrella de mar abierto. Mi único esposo fue puertorriqueño, Otto Bravo, actor, pintor y bailarín “solista” del Gran Ballet Nacional de Cuba, allí nos conocimos y luego de regreso acá nació nuestro hijo Amed Bravo Hernández. No puedo entender la vida por segmentos. Todo se hace día a día. Siempre he trabajado con la danza desde muchos niveles. He tenido la gran suerte de vivir y comer de mi trabajo como maestra y tener a mi lado gente de gran calidad humana, rabiosa, y profesionales en varias dimensiones de alturas y alcance de leguas por medir y llegar a algún lugar y seguirlo.
Hago haciendo del arte estupendos encuentros, encontronazos, rebuscando sin temor, porque así me sabe mejor el movimiento y se me acepta o no, claramente (no hay términos medios), sea de bien o dé atropello. Me gusta ser honesta en lo ordinario, lo grotesco, sobando lo sublime. Sólo trabajo, y ahí se va definiendo lo próximo.
Si compara su crecimiento y madurez como persona, coreógrafa y docente-investigadora de danza con su época actual en Puerto Rico o fuera, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
No podré madurar, no sé realmente qué es eso. Mi trabajo en Cuba fue muy dedicado. Bailar en una compañía de ballet con la gran Primerísima Bailarina Alicia Alonso, dirigida por su esposo Fernando Alonso, es lo más grande que me ocurrió en mi carrera como bailarina clásica. Fue un constante reto, hay que perfeccionar la técnica siempre, mantenerla, saber interpretarla, en fin, es muy difícil el ballet clásico. Conocí al gran maestro puertorriqueño José Parés. Estuvo muchos años con la compañía y fue coreógrafo también. Sus clases eran muy bailables. Cuba fue mi base desde la televisión y el teatro lírico. Me desarrollé y disfruté mucho y casi me dan un contrato para ser bailarina del coro en el famoso cabaret Tropicana.
En Puerto Rico mi vida brilló de tantas otras formas bajo un cielo azul y tormentas, sin previo aviso vientos huracanados y el café mañanero. Sigo siendo una charlatana muy seria. Libre de prejuicios (a veces), nada lo tomo por sentado, pero los ensayos me gustan, me agradan, porque es la mejor forma de conocerte y tratar el “arte gente”, los cuerpos mentes son increíbles, vulnerables, de tanta riqueza y de formas inesperadas. Me gusta mucho la búsqueda sin pretensiones. Mucha exploración sin medallas ni títulos universitarios. Trabajando conozco lo que necesito por un tiempo, y lo que se pueda quedar más tiempo para poder esculpir y transformarlo. No me obligo. Ya estoy bien dura de huesos y hago caso a sus sonidos. Es muy creativa la vejez, sólo hay que estar pendiente.
¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico o fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritora?
Cuando comencé a pensar en la posibilidad de hacer danza por el espacio, por los años 70 y pico, me encontré con una Petra inocente, asustada y, bueno, casi virgen. Repite conmigo, exageré. Fue después de mucho tiempo que me metí a investigar situaciones de las composiciones usando compases, usando música. Fui entrenada así. Entonces me fijé que tenía una gran oportunidad de aprender a romper y tratar de averiguar, manejar mis sensaciones, y así comencé a escribir mis ideas. Era complicado porque tenía muchas palabras para definir los ángulos y los estilos, se me complicaba la situación. Adopté sustituir nombres de los pasos por emociones groseras, agitar los saltos grandes por los pequeños y repetirlos al agotamiento y eso fue un proceso (creo) poético. Esto fue creciendo sin darme cuenta ni tampoco ponerle demasiada atención. La necesidad de hacer danza, producciones con mucha gente de diferentes géneros artísticos, fue una exploración intensa, eso me obligó a hacer propuestas, ir andando, mirar los espacios abiertos, lindos, llenos de fuentes de agua y drogadictos encorvados perdiendo el balance y nunca se caían, y ahí entonces te enamoras, es otra manera de explicar, mi poesía no poesía, textos de danza, mi acción constante creando con palabras definiciones artísticas del cuerpo moviéndose, es otra manera de las coreografías. Todo se mezcla, mientras todo también es definitivo para seguir averiguando, crearlo, creerlo. Luego se ve y se verá qué sucede. Pienso en aquellos tiempos de los tranvías en Cuba, cuando niña, caminar con mi abuela Epifania por las calles de La Habana Vieja, y el olor a salitre del Malecón. Me lleva a creer y hacer que tenga por ahí siete poemas míos en rojo y negro, Cuerpos largos con versos rotos, de la editorial Tachuela de Isamar Anzalotta, que además se estrenó como bailarina en mi más reciente producción El elenco (2025). Le monté una de sus poesías, ella diciéndolo de manera muy particular, mientras mi coreografía la bailó Steven Rey. Isamar se empeñó en hacerme un trabajo hermoso, artesanal, de su proyecto Tachuela con Steven Rivera. Nada fue planificado a priori, en la danza es así para mí. Pero hay que entrenar y ensayar. En mayo tenemos pensado bailar ese libro de siete poesías de danza. Están invitados. Más adelante informaremos lugar y hora.
Viví a Angelamaría Dávila, trabajé sobre sus poesías; también exploré a Che Meléndez, a Ricardo Cobián, trabajé a Dinorah Marzán con Maritza Pérez Otero, sus poesías y sus cantos canciones. Bailé a la Julia de Burgos, a Juan A. Corretjer. Hice un espectáculo auspiciado por Beta Local y su directora Nibia Pastrana con el título de Simulacro basado en varias poesías de Roberto Net Carlo y una sonora titulada Para que me entiendan de una vez por todas con la exquisita interpretación de Marisa Gómez y el tocado de cabeza y vestuario de Freddie Mercado. Roberto Net Carlo es tremendo poeta, un genio de alto voltaje. Trabajé en un cuento de Ana L. Vega y otro cuento de Juan C. Quiñones, que lo interpretó Rosabel Otón, allá para un verano en Los Contrafuertes del VSJ.
Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la coreografía, la educación y la danza experimental en y desde Puerto Rico y fuera. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
Somos investigadores por naturaleza. Ser maestra es una prioridad después de bailar y más luego en mi carrera poder crear coreografías dirigiendo eventos de envergadura. Son muchos los cuerpos con antojos y necesidades. Enseñar es leer y es investigar sobre la práctica. Los cuerpos son variados y así se debe bailar también. Es saber entender y usar el cuerpo de tal forma que digas con los músculos lo que con la boca no se puede. Enseñar es provocar, provocarte, es aprender a decir cómo se hace. Investigar con la práctica, caerte de culo y disfrutar la situación, de ahí yo hago también piezas de danza, las caídas se estudian en otras técnicas de danza moderna, las más nítidas y difíciles son las de Martha Graham. A mí me fascinan las caídas naturales, esas que cuando vas a cruzar de una acera a la otra de repente sale el gato espantado debajo del auto estacionado, y se te atraviesa entre las piernas, pierdes el control y pal piso de rebote. Luego trato de recoger esa experiencia para montarla en los cuerpos danzantes y complicarlas, eso es coreografía de calle. Inspiración de gestas visuales. Mis colegas son extraordinarias. Nos alimentamos de nuestras experiencias personales, de nuestras soluciones, de cómo se mueve la palabra en el cuerpo y se escupe duro antes y después del espectáculo. Cada cual hace lo asignado y nos compartimos casi todo con pocas palabras y muchos gestos. No quiero entrar en detalles, pero tengo la mejor suerte de amores entre amigas y amigos. El arte es incansable, somos inspiración uno del otro, pintores, poetas, músicos y trastornados de dar y luchar sin tregua. Mis trabajos son un proceso sin tregua, un deleite en todas sus etapas, los atesoro, son mis sensaciones plasmadas a la vista de un público, hacer la política cultural sin servilletas ni vinos caros. Son muy necesarios para poder vivir dentro de esa constante, creando oportunidades para cobrar por tu trabajo y pagarles a tus artistas. Mi vida es mi arte en el trabajo y de eso no me quejo, me quiebra la espalda, aumenta el deseo y perforo el cansancio, soy furiosa y me despojo con mi danza exigente, la entrego y sólo es eso. Hago mi trabajo y nada más, y también lo hago gratis en casos de luchas y protestas. Soy una artista de calle y teatro, sé que hay que ser valiente y enfrentarse a no tener nada. Pero mi trabajo quizás tenga ese valor de ser libre y quizás por eso también gusto y se me aplaude. La investigación y el riesgo no es un lujo, nada clamoroso es sencillamente mi trabajo.
Sé que es usted de Cuba y Puerto Rico, que Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas. ¿Se considera una artista cubano-puertorriqueña o no? O, más bien, una artista, sea ésta cubano-puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
Yo soy libre, muy cubana y muy boricua. A veces es imposible definir este junte, mi hijo nació acá, acá lo llevé en mi vientre, supe hasta cuando se enroscó en el óvulo, y comencé a reírme de alegría. Lo parí en el Hospital del Maestro. No grité ni sufrí, mi parto fue natural y a mi hijo lo vi, más bien lo sentí, salir de mi vientre, me lo sostuvo hacia arriba el doctor Liaño (una foto perfecta de lo umbilical) y Amed me orinó el muslo, un chorro de oro, y desde ese instante nada más fue amar, amar, amar. Ahí más cubana y más de Puerto Rico no se puede ser.
¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con su trabajo creativo-investigativo y su formación en educación en o fuera de Puerto Rico?
Soy y hago. No me parece ser una u otra cosa. Mi trabajo es política desde todos los ángulos y derechos humanos. He viajado mucho con el Ballet Nacional de Cuba para cuando regresamos a Cuba como repatriados en 1959 con el triunfo de la Revolución cubana. Defiendo lo que todos debemos defender, el respeto de ser quienes somos, nuestras raíces, compartir el conocimiento desde nuestra cultura, el folclor del pueblo (país único), sus barrios, su música, su solar, la gente de trabajo duro, la gente que se merece tenerlo todo, lejos de la vanidad y retorcidos criterios sobre qué está bien y qué no lo está. Nunca he sido de la moda. No he tenido temor a moverme para saber, creo que eso se aprende desde la cuna de los pobres. Yo vengo de familia trabajadora. Ir en contra de la corriente me parece necesario. No tengo dudas de saber y de preguntar, que el privilegio se gana y no se exhibe como prenda de ropa ni zapatos caros. No me oculto cuando me siento celosa y no comprendo el amor prohibido, soy fiel, y cuando las cosas las presiento turbias hago mi mejor representación coreográfica y tengo muchas preguntas y pocas respuestas en esto de saberlo todo al mejor interés del acomodo. Escucho, pero si las respuestas son titiriteras, fuera de la profesión y no me hacen gracia, sigo indicando, creo que es parte de ser una buena maestra y coreógrafa interesante... No sé.
Me molesta un poco ver que no se quiera hacer las cosas a manera de sacrificio, escuchar gente diciendo que los científicos salvarán las contradicciones y las revoluciones son intocables. Creo en el cambio y creo en la experimentación. Eso me cae bien. No fui universitaria, odié la escuela y a todos los maestros cuando tuve que salir de Cuba sin más explicación que el terror del silencio, así nos fuimos, tendría siete años, llegar a un país que odiaba a los negros, a los latinos, a todas las culturas que estaban allí sobreviviendo, y yo y mi hermano mayor, Antonio, tratando de entender ese rechazo. Así fueron varios años que se vivieron en Estados Unidos, entre Nueva York y Miami. Ese odio nos marcó, fue creciendo y me fajé con otras estudiantes a puños, patadas y jalones de pelo por decirme spik.
Mi padre fue comunista y en Cuba con la dictadura de un presidente criminal, Fulgencio Batista (gran criminal), estaban persiguiendo, matando y torturando a los revolucionarios y comunistas. Se respiraba miedo, un sentimiento de entierro. Recuerdo que la gente hablaba bajito.
Odié.
¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de artista en Puerto Rico hoy?
Todo para mí es una misma cosa con sus detalles particulares, es algo parecido al perfume de rosas en todas las etapas del desarrollo, pero no hueles de la misma forma y entonces es como una coreografía donde no hay un verdadero principio ni final. Hay un comienzo y un fin. No puedo desentrañar ni esquematizar mi vida como las películas. Ni Como agua para chocolate, de Alfonso Arau, ni Se permuta, de Juan Carlos Tabio, grandes películas cubanas, ni con Pedro Almodóvar con sus Mujeres al borde de un ataque de nervios, y sí me encantaban las aventuras y los episodios de Elpidio Valdés tirándole duro a España. De Juan Padrón, que por cierto es mi primo. Yo soy oficialmente Petra Hernández Padrón.
Amo la Universidad de Puerto Rico. Mis mejores sueños realizados, así de prisa, uno detrás del otro. Mucha danza, muchos festivales, encuentros maravillosos con las ideas de Ricardo Cobián, por ejemplo, la lectura de veinticuatro horas sobre la Ilíada de Homero, filmaciones de otros lugares del mundo leyendo poemas, y la danza por todo el recinto, con luces y una excelente planificación. Fueron momentos inolvidables para los estudiantes de danza y de teatro. Realicé varios encuentros de la danza moderna puertorriqueña en el teatro de la universidad bajo el auspicio de las Actividades Culturales de la UPRRP, dirigidas por Cobián y con el apoyo del ICP. Fundé Hincapié, grupo de danza experimental, en 1999, y viajamos representado a la Iupi a España en dos ocasiones, a Colombia y a Santo Domingo. Hincapié bajo mi dirección y coreografías hizo muchas producciones con elencos hasta de cuarenta artistas, músicos, actores, actrices, poetas, y se bailó en las plazas, en las calles, en las Campechadas del VSJ. También, en las noches de aquellos Jueves de Estudiantes en Río Piedras.
Hincapié bailó dentro de las fuentes de agua en las plazoletas de Bellas Artes de Santurce y en la de Río Piedras, la Plaza de la Convalecencia. Celebramos los diez años de Hincapié en el teatro de la universidad repleto al tope.
Hice las Fiestas Coreográficas para desarrollar el talento coreográfico de los estudiantes de danza y compartir el escenario con profesionales del arte en un intercambio de gran importancia para el aprendizaje de la danza en todas sus manifestaciones y creatividad.
¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
Mi trabajo es constante, lo escribo, lo palpo rápido, y con tranquilidad busco la manera de estrenarlo. Me preocupa todo, me parece necesario hacer arte de la inmediatez sin el uso de grandes ajustes, pero con profesionales maduros y de experiencia. Me encanta trabajar con talento joven, innovadores y responsables. Los temas políticos internacionales se deben mirar y tocar. Los géneros y la libertad de ser quienes queremos ser en un entorno nuestro sobre todas las destaco. Duele lo que sucede con la medicina, los planes médicos, los abusos farmacéuticos, los niños muertos y mueren en Gaza. Me agobia la demagogia y la falsa identidad de los corruptos vestidos de lujo.
¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?
Estoy organizando un proyecto frente a la Torre de la Universidad precisamente en relación con las muertes de los niños en el brutal ataque de Israel contra la población de palestina de Gaza. Me gustaría comenzarlo ya, y pienso invitar a la prensa. Se debe tocar ese tema en la institución universitaria a nivel de una presentación. No quiero seguir con el tema por lo delicado de mi propuesta artística en proceso. Ahí estarás invitado.
Muchas gracias por dejarme ser sentida desde el cuerpo y las coreografías con palabras para poder soltarlas y bailarlas todas.
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