
Miguel A. Valerio es un destacado académico dominicano que representa la diáspora africana en el contexto ibérico. Su trabajo de investigación se ha enfocado en las cofradías católicas laicas de origen africano y en las prácticas festivas afrocriollas en la América Latina colonial, con especial énfasis en México y Brasil. Es autor del reconocido libro Sovereign Joy: Afro-Mexican Kings and Queens, 1539-1640 (Cambridge University Press 2022), el cual ha recibido numerosos elogios y premios, incluyendo el Howard F. Cline Book Prize en Historia Mexicana de la Asociación de Estudios Latinoamericanos 2024, el Alfred B. Thomas Book Award del Consejo Sureste de Estudios Latinoamericanos 2023, y una mención honorífica en el International Latino Book Prize 2024. Además, ha coeditado obras como Indigenous and Black Confraternities in Colonial Latin America: Negotiating Status through Religious Practices (Amsterdam University Press, 2022) y Mapping Diversity in Latin America: Race and Ethnicity from Colonial Times to the Present (Vanderbilt University Press, 2025). En la actualidad, está trabajando en su segundo proyecto de libro, titulado Irmandade: Black Placemaking in Colonial Brazil, el cual está bajo contrato con Cambridge University Press. Su investigación ha sido publicada en diversas revistas académicas, tales como Slavery and Abolition, Colonial Latin American Review, The Americas, Journal of Festive Studies y Latin American Research Review. Miguel ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
—En 2022 publicó usted Sovereign Joy: Afro-Mexican Kings and Queens, 1539-1640. ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?
—El libro Júbilo soberano: reyes afromexicanos, 1539-1640, estudia la práctica de los primeros afromexicanos de celebrar coronaciones festivas y de participar “con su rey y reina” (Díaz de Castillo, Historia verdadera, cap. 201) en fiestas públicas. Encontré esta tradición por primera vez en un seminario donde leímos la relación que hace Bernal Díaz del Castillo de una fiesta que hubo en la recién colonizada ciudad de Tenochtitlan en 1539. Me sorprendió encontrar reyes negros en esta fiesta, ya que nunca en mis estudios había visto algo parecido. Adentrándome en la investigación descubrí que se trataba de una costumbre afrodiaspórica muy expandida, desde Boston al Río de la Plata, pero que a pesar del hecho de que las primeras fuentes americanas sobre esta tradición eran mexicanas, no se había estudiado dicha práctica en México. En el curso de investigar y escribir el libro, esta práctica afrodiaspórica me llevó a pensar en el júbilo como fuerza sustentadora de las comunidades negras, así como en la soberanía negra como acción política en la era de la trata.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Sovereign Joy: Afro-Mexican Kings and Queens, 1539-1640, y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de vida como parte de la diáspora africana en el mundo ibérico y su memoria personal de la política, la educación y la historia de Estados Unidos y el Caribe dentro de Estados Unidos o fuera?
—Este proyecto cambió mi vida. Antes de él, mi interés estaba en las vanguardias poéticas. Pero este proyecto me salvó. Como dominicano se me crio para no pensar en la negritud como algo de lo que pueda formar parte y mucho menos como de lo que me pueda enorgullecer. Este proyecto fue como un río que me llevó a mis raíces y me abrió los ojos al negro en el espejo. Fue la educación que nunca se me dio. La historia que nunca se me contó. La política que nunca se me presentó como posibilidad.
—Si compara su crecimiento y madurez como persona, lingüista, educador, investigador y escritor con su época actual en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
—El proyecto ha acompañado la experiencia de encontrar mi identidad así como mi voz como docente e investigador. El libro refleja este proceso y por ello lleva trechos que hoy no incluiría.
—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de investigadores y escritores con los que comparte o ha compartido en Estados Unidos y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritor e investigador y su trabajo escrito o no de interés político, educativo e histórico?
—Una vez fui poeta o garabateé algunos poemas muy malos pero, aunque de vez en cuando aún garabatee uno que otro poema malísimo, me he apartado de cualquier ambición literaria, habiendo encontrado mi voz y éxito en la investigación. Sin embargo, aún es mi menester enseñar literatura, especialmente literatura afrolatinoamericana. Considero esa literatura fundamental para llenar los vacíos que dejaron y siguen dejando los colonizadores, los cronistas, y los historiadores.
—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la diáspora africana en y desde el mundo ibérico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Estados Unidos y fuera, y la de sus pares?
—En Estados Unidos el trabajo ha sido recibido muy bien y creo que en Latinoamérica también, si he de considerar los reconocimientos como indicadores. Quienes investigamos la negritud en esta época seguimos siendo una minoría, y los que somos negros aún menos —sólo conozco cuatro más. Me encaminé por esta vía investigativa en el momento que los departamentos de español y las universidades estadounidenses querían integrar lo negro, justo lo que ha provocado la ira de Trump y su gente. Por ende, fue breve la época en la que se pudo hacer y recibir públicamente con júbilo. En Latinoamérica, aún no he tenido la oportunidad de conversar tanto sobre el trabajo como en Estados Unidos.
—Sé que usted vive en Estados Unidos. ¿Se considera un investigador y escritor afroamericano o no? O, más bien, un investigador y escritor, sea éste afroamericano o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
—Llevo treinta años en la angloesfera y veintidós en el norte, así que a pesar de retener algo de mis raíces dominicanas, me considero, para bien y para mal, latino, en el sentido que le damos al término en Estados Unidos. Me identifico con la generación latina que ha venido a recocer lo negro como componente de este grupo y a la vez del racismo que aún persiste en nuestras comunidades. El afrolatino es el único sujeto que aún puede sufrir racismo en su propia familia. No sé si hubiese llegado a ser quien soy si no me hubiesen sacado de República Dominicana. Venimos marcados por el camino que nos hicieron hacer de niños, pero nos hace el camino que escogemos.
—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación y desarrollo profesional en Estados Unidos?
—Forma parte integral de mi ser y proceder. Considero una obligación ética llevar a cabo esta investigación y difundirla.
—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso como estudiante universitario en Estados Unidos? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de investigador y escritor en Estados Unidos hoy?
—He tratado de hacer del júbilo negro como acción política mi praxis vital. Debo confesar que no es siempre fácil. La era de Trump lo ha hecho más difícil.
—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
—Como indiqué antes, comencé en un tiempo propicio en Estados Unidos. Que hoy se ve hostigado por el movimiento de Trump. He tenido la suerte de pasar a una universidad pública que aún está dispuesta a defender mi trabajo.
—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?
—Ahora estoy escribiendo un libro sobre las comunidades negras de Brasil del siglo XVIII donde las interrogativas del júbilo y la soberanía siguen siendo centrales. Pero este libro no se enfoca en la tradición festiva de reyes negros sino en las varias formas de acción política de estas comunidades como la construcción de sus propias iglesias, patrocino de fiestas públicas y rituales mortuorios como articulación de subjetividad política.
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