
Rima Brusi-Gil de Lamadrid, originaria de Puerto Rico, es una escritora, antropóloga y educadora destacada. Su obra abarca la crónica literaria y el ensayo, y es columnista en 80grados y Claridad. Ha publicado cuatro libros: Mi tecato favorito y otras crónicas (EEE, 2011), Entre la bicha y la pared (ICP, 2019), Fantasmas (EEE, 2019, galardonado con el premio PEN 2020) y Chulos de la pobreza (EEE, 2021). Especializada en desigualdad educativa y geográfica, Brusi-Gil de Lamadrid colabora con diversas organizaciones dedicadas a la justicia social y educativa, y aborda estos temas en conferencias, revistas académicas y medios como NPR, Univisión y The Nation. Además, fue profesora en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, cofundadora y directora del Centro Universitario para el Acceso (CUA), antropóloga aplicada en The Education Trust y conferencista distinguida en antropología, así como escritora residente en el Centro de Derechos Humanos de Lehman College-Cuny. Actualmente, se desempeña como profesora en la Facultad de Honores de la Northern Arizona University. Rima ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
En 2011 publicó usted Mi tecato favorito y otras crónicas. ¿De qué trata este libro de crónicas? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?
Publiqué Mi tecato favorito y otras crónicas con la Editora Emergente en 2011. Ese libro forma parte de una trilogía planificada, cuyo segundo volumen, Chulos de la pobreza y otras crónicas, se publicó en 2019. El concepto combina etnografía cotidiana, narrativa, y a veces comentario sociocultural, en la tradición de la crónica latinoamericana y la llamada “historia en el presente”, pero utilizando un formato breve en primera persona.
Cada entrada en estos libros busca retratar un tiempo-lugar específico, basado en observaciones de primera mano, a la vez que ilustra temas puertorriqueños y universales. La mayoría de mis ensayos son, en esencia, cuentos de no ficción, aunque podría argumentarse que todo cuento es, de alguna manera, ficción. Algunos temas recurrentes —probablemente porque habitan en mis obsesiones— incluyen la pobreza, la precariedad, el ataque a la educación pública, la mercantilización de lo público y lo cultural, la memoria, la maternidad y la importancia de narrar al “otro” (incluso cuando ese “otro” nos incomode) para entenderlo y entendernos dentro de nuestra realidad colectiva.
Además de estos dos libros, publiqué Entre la bicha y la pared en 2019, un libro de crónicas en el mismo estilo para la serie Literatura Hoy del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y mi memoria Fantasmas, con la Editora Emergente.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Mi tecato favorito y otras crónicas con su obra posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia como puertorriqueña y su memoria personal o colectiva dentro y fuera del Caribe?
Desde muy chiquita he sido una lectora empedernida, especialmente de literatura. He perdido reuniones, citas, paradas de tren y exámenes finales por “quedarme pegá” con un buen libro. Es decir, antes de ser escritora o desear serlo, fui lectora. Ya adulta pero antes de 2007, mi escritura era principalmente académica e investigativa, enfocada en dos temas amplios: el desplazamiento espacial, tanto cultural como demográfico y especialmente en las costas, y el acceso a la educación pública, que es también una cuestión geográfica.
Durante la explosión de los blogs en Puerto Rico, alrededor de 2008, empecé a escribir crónica y a utilizar mis notas de campo —que, como antropóloga, tomo constantemente— para desarrollar una escritura más literaria. En el proceso, descubrí la satisfacción de usar el lenguaje para crear belleza con los materiales que nos da la vida, incluso los más tristes o incómodos. Desde entonces, la escritura creativa ha dominado mi producción escrita.
Creo que la lectura me convirtió en escritora y la escritura me ha hecho una mejor lectora.
Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritora y docente-investigadora con su época actual, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
Mi trabajo temprano —en parte por los requisitos de mi carrera y en parte por mi juventud— mantenía una separación rígida entre lo académico y lo creativo. Veía lo primero como trabajo y lo segundo como pasatiempo.
Con el tiempo, he ganado cierta flexibilidad mental, lo que me ha permitido sostener posturas y acercamientos híbridos o encontrar ángulos inesperados que, creo, hacen mi trabajo más interesante y enriquecedor, al menos para mí y mi proceso.
¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer y a su trabajo escrito de interés y cruce en Puerto Rico y fuera?
Aunque mantengo una división práctica entre la escritura académica y la creativa, creo que las herramientas de la segunda me han servido para mejorar la calidad de la primera, y el proceso investigativo de la primera me ha servido para refinar la segunda.
Intento utilizar herramientas de la escritura creativa en todo lo que escribo, lo que ha hecho mi prosa más clara y efectiva, incluso en textos de investigación. Esta apertura ha enriquecido mi trabajo académico, permitiéndome ver conexiones entre mis áreas de estudio —desplazamiento y educación— y otras esferas de acción en Puerto Rico.
Incluso géneros que no practico formalmente, como la poesía, han influido en mi forma de escribir. Un buen poema es una lección magistral en economía de palabras y en la relación entre precisión y belleza. Desde la diáspora, estoy atenta a la producción literaria en Puerto Rico y trato de mantenerme al día con el maravilloso trabajo, tanto literario como académico-investigativo, de mis colegas. Debido a mi identidad híbrida de científica social y escritora creativa, al decir “colegas” me refiero tanto a escritores (especialmente escritoras) de literatura como a antropólogos, historiadoras, sociólogos, periodistas y otros.
¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
He recibido generosidad y apoyo tanto de mis pares como de mis lectores, y no sólo a través de su lectura, sino también mediante una crítica amorosa que me ayuda a crecer. Los colegas que han presentado o escrito sobre mis libros lo han hecho con esmero, elegancia y rigor. En la columna de relevo en Claridad (“Será otra cosa”), mis colegas escritoras y yo revisamos y criticamos cada borrador como grupo antes de enviárselo a En Rojo, lo que nos permite mejorar nuestros textos y aprender unas de otras. Cada tanto, algún lector me escribe, y eso siempre ilumina mi día y me hace sentir parte de una comunidad. Mi memoria Fantasmas recibió un premio PEN, cosa que no esperaba y que me causó mucha alegría.
Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora caribeña, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
Absolutamente puertorriqueña y caribeña, incluso cuando escribo desde la diáspora y en inglés. Es cierto que mi ubicación geográfica influye en mis temas y estilo, y que leo literatura e investigación de múltiples países, pero mi escritura es un hábito del cuerpo, y ese cuerpo pertenece, inevitablemente, a mi país y a mi experiencia vivida.
Puerto Rico es mi matria y me define, como escribí en un ensayo reciente, “Madre, matria y paramaternalia”.
¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo, y su formación en la Universidad de Puerto Rico?
Como mencioné hace un momento, soy una escritora inequívocamente puertorriqueña y caribeña. Aquí en el norte, en ciertos contextos, identificarme además como “latina” tiene sentido y me resulta cómodo. Las categorías que nos definen no son sólo existenciales, sino también contextuales. En algunos espacios, añadir “latina” me permite ser parte de comunidades y solidaridades que no sólo necesito yo, sino que, podría argumentarse, necesitamos todos.
En cuanto a la política: en el ámbito académico, no creo en la (casi siempre falsa) “objetividad” en las ciencias sociales y humanidades. Creo en el rigor y siento suspicacia hacia la mayor parte de las certezas, que a veces se convierten en fuente de inflexibilidad y dogma y nos dificultan la visión y el entendimiento. No me refiero a las certezas de los afectos, sino a la de las opiniones especialmente absolutas e inflexibles. Con frecuencia sí tomo posiciones, pero hago lo mejor que puedo para sustentarlas, y creo que tengo la flexibilidad necesaria para reconocer errores y modificar mis posiciones cuando es necesario. De hecho, en mi trabajo creativo, la duda es una de mis más queridas y útiles herramientas.
¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora y docente-investigadora hoy?
La Universidad de Puerto Rico es una parte fundamental de esa “matria” a la que me referí antes. Nací y pasé buena parte de mi infancia en Río Piedras, y la universidad, así como las calles que la rodeaban, era mi paisaje. Iba al museo a visitar a los igneri y la momia cada tanto. Hacía mis tareas en la Biblioteca Lázaro. Me cortaba el pelo en el “beauty” de la residencia de señoritas. Leía a hurtadillas —con el permiso tácito y hasta sonriente de los dueños— en las librerías riopiedrenses. Más tarde, como estudiante en UPR-Mayagüez, tuve la oportunidad de explorar varias disciplinas y hacer trabajo etnográfico. Esa oportunidad de investigación subgraduada no sólo definió mi carrera posterior como antropóloga, sino que me permitió cultivar el hábito de tomar notas de campo como parte de mi vida cotidiana. Ese hábito se convirtió en la zapata de mi escritura creativa, que floreció décadas más tarde.
¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
Para mí, la escritura y la publicación no son sólo pasos de un mismo proceso, sino casi sustancias distintas. Escribo mucho más de lo que publico. Disfruto inmensamente escribir, lo hago con regularidad, y esa actividad es su propia recompensa. Por lo general, a no ser que esté de prisa, me encanta editar mis textos: cortar, precisar, reescribir. A veces, de tanto cortarlos, los achico hasta el punto de la desaparición.
Claro, como casi cualquier otra escritora, deseo que los lectores lean mi trabajo y que puedan extraer de él alguna emoción, satisfacción, utilidad o inspiración. Pero también respeto profundamente el tiempo del lector, y padezco de cierta inseguridad crónica (cosa bastante común y no siempre negativa, me parece), así que trato de no publicar nada a menos que sienta que realmente tengo algo listo para ser dicho.
En cuanto a la recepción de mi trabajo, creo que ha sido positiva, pero, en realidad, no tengo una idea demasiado clara de cuánta gente me lee o cuántas personas disfrutan lo que escribo. Parte de esto se debe a que vivo físicamente fuera de Puerto Rico, pero también a que mentalmente suelo estar un poco “en la luna de Valencia”, como me decía a veces —frustrada, pobrecita— mi abuela.
Y no es que no me importe: por el contrario, como casi toda la munda, tengo mi ego, quiero ser leída, apreciada, o querida. Pero creo que, incluso si el público no me leyera o no le gustara mi trabajo, igual, y sin remedio, escribiría para mí. Me hace feliz hacerlo, aunque el proceso sea tortuoso a veces.
¿Qué otros proyectos creativo-investigativos tiene usted recientes y pendientes?
En el ámbito académico, sigo investigando el tema de educación y desplazamiento en Puerto Rico, explorando su relación con el capital financiero y los derechos humanos; mantengo un pequeño laboratorio de investigación-acción en mi Universidad, Northern Arizona University; y estoy en la recta final (¡crucemos los dedos!) de un proyecto que busca estudiar y documentar la relación entre valor postsecundario y el ecosistema educativo del estado de Arizona.
En el ámbito creativo, no quiero salarlos (ríe), pero estoy trabajando en tres libros de escritura creativa en español: una secuela de Fantasmas, enfocada en mis antepasados jayuyanos, como Nemesio y Blanca Canales; un libro de ensayos breves, tercero en la trilogía que incluye Mi tecato favorito y Chulos de la pobreza, y un libro sobre escritura y etnografía, dirigido tanto al público general como a estudiantes.
- Robert Jara:
Me he desengañado del decadente ecosistema de la literatura - domingo 19 de abril de 2026 - Quintín Rivera Toro:
“Me enerva el fundamentalismo restrictivo” - domingo 12 de abril de 2026 - Ana Marchena Segura:
“Estamos a años luz de entender qué significa la lengua” - domingo 5 de abril de 2026


