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Amarilis Tavárez Vales:
“Cada poeta tiene su huella digital”

domingo 11 de octubre de 2026
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Amarilis Tavárez Vales
Amarilis Tavárez Vales: “Leo y acaricio con hambre y lujuria la poesía de otros porque ellos van moldeando y acercándome”.

Nacida en Camuy, Puerto Rico en 1974, Amarilis Tavárez Vales es una escritora con estudios en sociología y sicología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, así como una maestría en Estudios de la Mujer y Género de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Su primer libro, Realid(h)ades, vio la luz en 2006 gracias a Isla Negra Editores. Además, ha contribuido con su obra en diversas revistas literarias como Guasábara, El Sótano 00931, Letras Salvajes, Prometeo Digital, Taller Literario o Cupey. Su talento literario también ha sido reconocido en diversas antologías como Edición mínima: poesía y cuento (2006), (Per)versiones desde el paraíso: poesía puertorriqueña de entre siglos (2008), Los rostros de la Hidra (2008), Poesía de Puerto Rico: cinco décadas (1950-2000) (2009), El libro verde (2012) y Plomos: antología de poesía puertorriqueña (2012), entre otras. Además, ha participado en festivales de poesía en Cartagena, Colombia, Panamá, República Dominicana y Ecuador. Cofundadora y miembro de la junta editorial de la revista literaria El Sótano 00931, Tavárez Vales es una voz destacada en la escena literaria contemporánea. Ella ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

“El silencio de las hormigas”, de Amarilis Tavárez Vales
El silencio de las hormigas, de Amarilis Tavárez Vales (Trabalis Editores, 2024). Disponible en la web de la editorial

En 2023 publicó usted El silencio de las hormigas. ¿De qué trata este libro y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

En referencia al texto El silencio de las hormigas, es una mirada como paciente hastiada, cansada y en rebeldía a las experiencias que tuve y tengo con mi condición de diabetes T1, entre otras. Lo que enfrenté cuando aún no había tantos adelantos médicos para el tratamiento de la misma, mi temor y frustración a las agujas y el terror a futuras complicaciones desde el momento del diagnóstico. Quise enfrentar mis quejas e inadaptaciones, mis temores y mis dolencias desde lo poético, porque de alguna forma, cuando escribo, logro ponerle cascabeles a mis inquietudes, a mi sentir, a mis urgencias. Las identifico de mejor manera y en el proceso de escribir me cuestiono, me contesto, me busco y me encuentro o me pierdo. Tardo un poco, pues soy lenta en mi escritura y ésta me lleva por rieles de autocrítica dura; sin embargo, esa inexplicable “calma procesal” le va dando sentido a mis expectativas. Hay mucha realidad, pero también abrazos a la ficción para exponer, sin ser tan vulnerable, temas filosos, hermosos y difíciles como la familia, la fe, la muerte, la impotencia, la unidad y el apoyo que me mantuvo firme. También busco tocar ligeramente lo que representa el sistema de salud en nuestro país, el recorrer escolar, el choque entre ser pobre y enfrentar los cambios en dieta, medicamentos y parafernalia para tratar la condición (glucómetro, tirillas, jeringuillas, lancetas, alcohol, pastillas de glucosa, entre otras) que tanto antes como ahora son muy costosos y limitados.

Hace años tuve la inquietud respecto al tema, partiendo de mi experiencia. Tal y como suele ocurrir, la diabetes, en mi caso la Tipo 1, tiene complicaciones. Un especialista me dijo en una ocasión, “la diabetes es una condición autoinmune con demasiados casos que terminan en complicaciones serias; riñones, corazón, problemas neurológicos, vista, heridas o golpes que no curan, amputaciones, memoria, no seguiré mencionando. El cuidado es constante, la toma de decisiones, la evaluación diaria para estar en control, sin duda alguna es una condición que cansa y frustra”. El texto no es un paper científico o producto de una investigación. Es mi experiencia, mi cansancio. Sé que para otros diabéticos T1 también lo es y para todos aquellos pacientes con condiciones autoinmunes, afecciones que no se ven, no se notan, el camino es complicado, cansón y frustrante. Aun a mis cincuenta años, con casi cuarenta años de cargar un páncreas que funciona parcialmente, sigo redescubriendo cómo mantenerme viva, en control e intentando aminorar las complicaciones que ya tengo. Cualquier enfermedad o condición es difícil. Quise compartir lo que ha sido vivir entre el miedo y el dolor, el cansancio y la fe que alguna vez tuve, la aceptación y las ganas de querer levantarme nuevamente y seguir.

 

¿Qué relación tiene El silencio de las hormigas con su trabajo creativo o no anterior y hoy?

En mi trabajo creativo existen lazos claros. Hay relación intrínseca con lo que llamamos vida; constantemente voy a lo que fue mi niñez, mi crianza, las cosas que enfrenté como niña/mujer, pobre, de la zona rural de Puerto Rico (que conlleva también otras connotaciones), criada en el protestantismo pentecostal caribeño y la adultez con sus complejidades y liberaciones. Cada uno de ellos tiene señalamientos, acrobacias para mantenerme a flote y la rabia de ponderar mi identidad y también la muerte —esperarla o fantasearla.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona y poeta, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo o no previo a El silencio de las hormigas con el de hoy?

Anda pal cará... puedo mencionarte los intentos. Intento no repetirme, intento ser fiel a mis convicciones y procesos con todas mis contradicciones, intento exponerme ante quienes considero maestros o mentores para seguir creciendo. Leo y acaricio con hambre y lujuria la poesía de otros porque ellos van moldeando y acercándome. Puedo identificar que soy diferente en muchísimas cosas, sé que no soy para nada académica, no tengo la sapiencia de otros tantos poetas y mi poética es básicamente lo que vivo día a día. He tenido crecimiento, claro que sí. Y siempre hay que reconocer que uno crece gracias a otros que toman el tiempo y el compromiso de acompañarte, de dialogar sobre lo que escribes o escriben, sobre lo que lees.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo o no con el de su núcleo generacional de escritores y poetas con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

He mantenido comunión con escritores cercanos a mi edad, otros mayores y también con los que van surgiendo. Cada poeta tiene su huella digital, yo busco seguir leyendo y creciendo. Por lo tanto, mi trabajo conversa y se entrelaza con muchos de mis pares poetas o mis maestros. Eso me nutre y nutre mis ideas, mi visión de mundo. Ahora enfrento problemas de memoria debido a cambios isquémicos por los bajones de azúcar; esto me dificulta mucho a la hora de leer y evocar escritos que me han marcado; sin embargo, siempre tengo los libros para volver a ellos y colegas a quienes acudir. Soy parte de aquel colectivo maravilloso que surgió a finales de los 90, principio de los 2000, El Sótano 00931. Este brebaje abrió todos mis sentidos para querer volar. Ellos fueron cedazo, filtro y recipientes para mi crecimiento. Compañeros como Julio César Pol y Carlos Vázquez, que con rectitud y entrega me instruyeron, también Juan González, David Capielo, Federico Irizarry Natal, Kattia Chico, Zuleika Pagan, Mirna Estrella, Jaqueline Rivera. Los menciono porque sin esa barca, mi trabajo creativo no hubiese llegado a estas orillas. Con este colectivo conocí un universo de escritores del que ya no pude salir ilesa. Y desde entonces, busco continuar añadiendo ladrillos a la muralla. Conocí los poetas de Guajana, Zona de Carga y Descarga, Tonguas, los poetas del 70, los del 80; hicimos lecturas con poetas como Lorena Santos Silva, Rosario Ferré, Manuel de la Puebla, Lolita Lebrón, entre otros. He leído y compartido con casi todos los poetas de mi generación. Gocé del ojo y la mentoría de Mayra Santos Febres, Mayrim Cruz Bernal, la instrucción y crítica de la doctora Luisa Fernanda, recomendaciones de libreros como Luis, Eddie y Samuel, en fin. Aunque escribir es un ejercicio muchas veces solitario, en mi caso, escribir no ha sido un recorrido falto de compañía en todo el sentido. Hay una comunión constante. La madurez y el crecimiento, si lo ha habido, han sido en compañía. Por ello, muchas veces se conversa, se tienen ideas paralelas o que chocan, se recibe influencias. Intento no mencionar nombres para que nadie quede fuera, así que invito a que conozcan las obras de poetas contemporáneos y verán cómo incluso algunos libros parecieran tener conversaciones y similitudes en algunos temas, en los ritmos o en la manera de mirar nuestra sociedad y procesos de vida.

 

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo o no dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares, bien sean escritores y poetas?

Siendo sincera, en ocasiones siento que soy de las más extrañas dentro del circuito (por llamarle de alguna manera) poético. No por lo que escribo, sino por cómo lo escribo y mi personalidad. Otras veces, cuando las reacciones llegan a mí, me siento honrada. Como dije más o menos en la respuesta anterior, no es posible transitar sola estos caminos. Vivo en comunidad, aunque soy distante y anónima. Busco leer desde ancestros como Julia de Burgos y Anjelamaría Dávila, Hugo Margenat y Edwin Reyes hasta mis cómplices o colegas poetas actuales. Si han posado sus ojos sobre algún verso mío, ya me cuenta como recibido. Lo que me comentan, sus reacciones a mis lecturas, son la medida para educarme, editarme, crecer, evaluarme y lanzarme.

 

Sé que usted es de Camuy, Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de literatura o poesía, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Me considero una escritora puertorriqueña, isleña y caribeña. Soy parte de este Caribe multirrítmico y musical, de distintos idiomas y con arterias similares. Poseo la capacidad y la imaginación ocasional para ubicarme en otros escenarios. Me encantaría ser alguien más en ocasiones, esto concretamente porque soy curiosa y por la fascinación que provoca tener otras salidas. Mas mi realidad inmediata es esto. Lo que soy. Lo más que he estado fuera de la isla han sido tres meses. Cuando conozco otros países y su cultura o literatura, me enamoro (no han sido muchos), pero esta mujer que fue criada muy cercana al mar, en un pueblo costero, no se visualiza cómodamente fuera del oleaje y el salitre. Si algún día cambio de sentir, lo diré, pero por ahora sólo estas identidades me abarcan.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo o no?

Todo va de la mano. Escribo de lo que conozco, de mi cotidianidad, escribo de las situaciones que me afectan o identifican, como la religión, los sistemas de nuestra sociedad, los constructos sociales con los que he tenido que lidiar, deconstruir y redefinir. Integro mi proceso de vida para compartirlo, no para convencer. Sobre lo político, ya de por sí escribir es un acto político, pero también he tenido épocas en que he asumido posturas más concretas sobre asuntos como el estatus, derechos, libertades, concesiones y limitaciones como la colonia que somos. Escribo en español porque no domino otro idioma y porque todo mi cuerpo siente en ese idioma, impuesto pero claramente bello. En cada libro florecen estos asuntos. Trabajo lentamente un texto sobre nuestra intervención con el mundo animal, con la fauna y la flora, con el aire, el agua, el medio ambiente. Intento compartirme para ser más universal y que tanto pueda tocar a un boricua como a alguien de otro lugar. En mi primer poemario, Realid(h)ades, toco el asunto de ser mujer, enfrentar todas las implicaciones que conlleva ser mujer como se nos ha impuesto; toco además puntos que atañen al país desde una ciudad metropolitana, sus ruidos, la violencia, su ajoro diario, la salud, el vecindario y las ilusiones de lo que nombran amor. Hastío (el segundo) es pura rabia contra el sistema que nos rige. La burocracia que obstaculiza el buen funcionamiento del país, la religión que sólo nos permite ver sin matices y que nos apresa y reprime. Algunas críticas coincidieron en el concepto de spleen y el agotamiento que se expresa en los poemas. En el tercer poemario, Larga jornada en el trópico, con el que participé en el certamen del ICP y fue mención en 2013, busco mostrar mi percepción como isleña criada frente al mar y que no sabe nadar. Busco demostrar las complejidades que nos trae el ser una isla, parte de un archipiélago en el Caribe y como colonia. Paraíso para unos, cárcel para otros. Cómo nadamos en toda nuestra historia y antropología, ya partida y eclipsada por versiones distintas. Toda la herencia que hemos recibido del trasiego de esclavos, la significancia del agua —lluvia, huracanes, inundaciones, sequías. Ese sortilegio que es el trópico. Y ahora, el asunto del dolor, las condiciones de vida, los sistemas, los modos, el miedo a las agujas de una niña y su pronóstico de morir joven porque “o te cuidas o te van a cortar las piernas”, “te puedes morir en cualquier momento” (médicos de hace cuarenta años). Qué bueno que esas dinámicas se han modificado.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo o no a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de, entre otras facetas, escritora y poeta hoy?

Expreso lo que he vivido o lo que observo en mis textos. Luego los textos se van acercando a mí desde esquinas que no sospeché. No he intentado aún escribir algo que no haya tocado con sus tentáculos mi cotidianidad o vivencias. Hay cositas iniciadas que se vuelcan y son pura imaginación, pero me es dificultoso.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo o no y a la temática de éste? ¿Cómo ha variado?

Bueno, antes, siendo joven, era un poco más atrevida y “lanzada”. Leer en público atraía a la gente porque me vivía con más ahínco el poema leído. Era fantástico para mí que me pidieran leer algo o ponían textos en mis manos para que les diera voz. Mientras pasa el tiempo, soy más tímida y anónima. Tampoco se me hace fácil evaluarme porque soy cobarde. ¡Ja! Sin embargo, hay quienes me apoyan y me dan el empujón que necesito para continuar. A veces siento que varios poemas no han perdido vigencia, otros ya no me saben igual. La recepción de los lectores y otros escritores es crucial para la tierra. Es el abono. Escribo primero para mí y luego de trabajar el texto, cuando siento que está listo, es para todo el que quiera leerme.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes y recientes?

En este momento me concentro en terminar de promover El silencio de las hormigas, publicado por Trabalis Editores. Es un texto muy personal que me vulnerabiliza y me expone. Para finales de año quisiera tener una edición revisada de Larga jornada en el trópico, que ha sido un texto bien recibido, versión bilingüe, y para el siguiente poemario, si me convenzo, un texto sobre nuestro medio ambiente y nuestra destrucción, siempre con temas sociales. También trabajo unas crónicas que recogerán lo que he vivido siendo criada dentro del protestantismo pentecostal caribeño, sus repercusiones en mi manera de ver el mundo, sus aciertos y desaciertos desde mi mirada, el proceso de atreverme a acariciar otras creencias o la no creencia y el distanciamiento o cercanía a lo que conocemos como la fe. Es una mirada muy particular y personal pues reconstruyo desde mis recuerdos, las vivencias y vuelvo a acercarme a las sensaciones. Todo esto, consciente de que tengo problemas de memoria (aunque mi infancia fluye más amigable).

Wilkins Román Samot
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