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José Antonio Espina Barrio:
“El conocimiento me permite valorar mi ignorancia”

domingo 1 de noviembre de 2026
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José Antonio Espina Barrio
José Antonio Espina Barrio: “Me considero un psiquiatra feminista y respetuoso con la diversidad sexual del ser humano”.

José Antonio Espina Barrio (Valladolid, España) hasta hace poco fue docente e investigador, adscrito a la Facultad de Psiquiatría en la Universidad de Valladolid. Se formó como Médico Psiquiatra (1972-1978) en dicha universidad. También realizó un grado de máster en Sexología y Salud Mental en la Universidad de Alcalá de Henares (1985-1986). No fui su paciente, pero tomé un curso del cual era docente en la Universidad de Salamanca (2004), intitulado “Las adicciones y sus contextos (culturales, familiares y clínicos)”. En 1992 presentó su tesis en la Universidad de Valladolid: Evolución sociométrica de grupos psicodramáticos: terapéuticos y de formación. Psicodrama: nacimiento y desarrollo. A partir de su publicación eventual a manera de texto en 1995, él ha dado respuesta a nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

En 1995 publicó usted Psicodrama. ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Psicodrama es una terapia de grupo, donde las dificultades psíquicas no sólo se hablan, sino que se representan. En la escena se plantean alternativas a las mismas y se buscan soluciones creativas a los problemas psíquicos que nos hacen sufrir.

Este libro trata del origen y desarrollo de esta terapia. Nació en Viena, como el psicoanálisis, se desarrolló en Estados Unidos y se expandió por el mundo. Es igualmente una biografía de su inventor, Jacob Levy Moreno, insigne creador, pero también un ser humano con luces y sombras. No es una hagiografía propia de un creyente o un fan, como las que existen de otros terapeutas, sino un acercamiento humano lleno de afecto, pero no de adoración.

Cuando era residente de psiquiatría, acudí en Barcelona a un congreso: “Psicoanálisis - psicodrama”. Conocí y asistí a talleres de psicodrama. Me entusiasmó el impulso de los mismos, que animan a las personas a ser protagonistas de su historia. Decidí formarme durante tres años en un Grupo Maratón de Evolución Personal, de doce horas mensuales durante tres años, donde pasé por los roles de participante y yo auxiliar, participante y terapeuta de forma rotatoria y observador del grupo. Todo ello de forma progresiva y escalonada. Desde entonces lo practico y lo investigo.

 

“Psicodrama”, de José Antonio Espina Barrio
Psicodrama, de José Antonio Espina Barrio (Amarú, 1995).

¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Psicodrama y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de español y su memoria personal de la psiquiatría dentro de España y fuera?

Desde alumno interno de psiquiatría, he trabajado con grupos. El primero fue un grupo de personas asiladas durante tres décadas, inmóviles, apragmáticas, no hablaban o lo hacían con un discurso disociado. Empezamos lanzando balones, como objeto intermediario. Varios de ellos salieron de alta a hogares protegidos haciendo una vida casi familiar.

Siempre he creído en una terapia activa. Las terapias verbales me parecen muy pasivas e intelectuales. Aunque la parte racional de nuestra vida es indispensable para organizarla, las emociones colorean la misma y el psicodrama las representa y promueve con extraordinaria facilidad.

Pasé de investigar la desinstitucionalización de personas asiladas durante décadas, participé en un libro colectivo sobre hogares protegidos, a un trabajo comunitario. Me formé en Terapia Sistémica y en Terapia Sexual.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, psiquiatra, docente, investigador y escritor con su época actual en España, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Creo que el conocimiento me permite valorar mi ignorancia. He pasado desde una visión excesivamente intrapsíquica, y algo despectiva con los aspectos biológicos, a una fértil integración de éstos con los psicológicos y sociales. He dejado de creer en teorías para seleccionar aquellas intervenciones psíquicas que promuevan la autonomía del ser humano que sufre. Cuestiono las intervenciones que proporcionan una mayor dependencia de quien consulta y constituyen una forma de dominio que sólo benefician al terapeuta. He pasado de terapias a largo plazo, aunque siga haciendo psicodrama grupal mensual con una duración de entre uno y tres años, a terapias focales y breves con muy pocas sesiones, menos de cinco. He mostrado su eficacia en la sanidad pública, en diferentes problemas psíquicos individuales, de pareja o grupo. He trabajado con el duelo patológico, con dos evaluaciones diferentes, con quince años de diferencia, y que mostraron una eficacia similar.

Finalmente, soy consciente de mi posición minoritaria, casi única, en estas líneas de investigación en salud mental. En psiquiatría predominan las publicaciones biológicas de enorme impacto, fuertemente sostenidas por la industria farmacéutica. Lo que no impide reconocer la suma importancia de dichos tratamientos en algunos trastornos, casi siempre más eficaces si se asocian a psicoterapia, pero inadecuados en muchos otros e incluso perjudiciales, por ejemplo, en trastornos adaptativos o reactivos.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de docentes, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en España y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de docente e investigador y su trabajo escrito de interés psiquiátrico?

En 1997, con la cooperación de la Universidad de Salamanca y el apoyo, desinteresado y entusiasta, del doctor Ángel Espina Barrio, doctor, antropólogo y profesor de dicha universidad, se hizo el primer Congreso Iberoamericano de Psicodrama. Fueron muchos los promotores, a un lado y a otro del Atlántico, de dicho congreso. Fue el comienzo de una fértil cooperación internacional, que sigue difundiendo el psicodrama y la investigación por todo el mundo.

 

Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la psiquiatría en y desde España. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de España y fuera, y la de sus pares?

Investigar en psicoterapia no es fácil. Me temo que lo realizado no va a tener mucha continuidad, pero creo que ha merecido la pena intentarlo. ¡Ojalá me equivoque y haya muchos colegas que sigan creando en esta línea! En la universidad y en la sanidad pública predominan las investigaciones biológicas, menos complejas y más factibles, pero la semilla de investigar en psicoterapia está sembrada, espero que germine. He sido tutor de dos trabajos de fin de grado, sobre duelo patológico y violencia de género, que han sido muy importantes para las autoras, las cuales podrán dar lugar a una nueva psiquiatría.

 

Sé que usted es de Valladolid, España. ¿Se considera un psiquiatra español o no? O, más bien, un psiquiatra, sea éste español o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Como Jacob Levy Moreno, me considero un psiquiatra del mundo. Un proyecto de investigación sobre el duelo tuvo mejor acogida en el Congreso Mundial de Berlín que en mi comunidad, donde no se financió el proyecto.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en España?

Me considero un psiquiatra feminista y respetuoso con la diversidad sexual del ser humano. Desde hace más de una década registro la violencia de género y he publicado algunos trabajos al respecto.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Valladolid? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de psiquiatra, docente, investigador y escritor en España hoy?

Mi formación fue en Valladolid, pero también estudié otras orientaciones diferentes de las imperantes en mi medio, que eran muy dualistas: o psicoanalíticas o biológicas. Pasé varios años de formación en Madrid y Salamanca. Todo ello me ha aportado una visión diferente y flexible, que me permite aportar intervenciones no usuales en psiquiatría, como son la psicoterapia individual, de pareja y grupo, que pocos colegas realizan. Por ello, complemento la atención de otros compañeros y trabajo de forma colaborativa con psiquiatras y psicólogos en un trabajo multidisciplinar más efectivo y completo que el individual.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Mi forma de trabajo consiste en valorar las capacidades del sujeto que consulta. Cuando alguien pide ayuda suele saber cómo puede resolver el problema, si no lo ha hecho es porque no cree en sus capacidades de sanación. Me baso en una colaboración ingenua y en mi convicción de que quien pide ayuda es quien mejor sabe cómo resolver el problema. De hecho, no pregunto por éste, si no por las soluciones intentadas, y me centro en construir con el consultante una solución, hipotética o real, azarosa o espontánea, donde el problema no exista.

Promuevo una actitud activa en pro de la salud. Cuando quien consulta se encuentra en una posición pasiva, puede sentirse incómodo y cuestionado. Si es así le indicó que aún es pronto para hacer algo para resolver sus dificultades, que la mejor estrategia es seguir como está. Si más adelante está dispuesto a hacer algo para resolverlo puede volver a verme.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted pendientes y recientes?

Ahora que sólo tengo consulta privada, al jubilarme de la asistencia pública y de la universidad, dispongo de más tiempo libre. He pensado escribir muchos de los temas que he impartido en conferencias: la psicoterapia en Europa y Asia. Revisar un libro sobre la investigación en sexología. Profundizar en la psicoterapia online, hago individual online desde hace diez años, pero de pareja y grupo online sólo desde la pandemia Covid-19. También teorizar sobre el espacio virtual y diferenciarlo del real, imaginario o simbólico. Profundizar en una orientación feminista de la psiquiatría. Realizar un manual de psicoterapia de duelo...

Tal vez, reunir todo lo anterior en un manual de psicoterapia clínica, con ejemplos prácticos y que ya me demandaron hace unas décadas. De esta manera, iré más allá de mi libro sobre psicodrama, que fue el prólogo de mi tesis doctoral, donde analizaba, de forma sociométrica, la evolución de grupos psicodramáticos: terapéuticos y de formación.

Ha sido un placer conversar con usted. Espero que lo declarado ayude a muchos jóvenes a seguir profundizando en la investigación en psicoterapia y en la intervención psicodramática que convierte a los pacientes en actores, es decir personas activas en la recuperación de su salud.

Wilkins Román Samot

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