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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Patria o muerte o la expresión maniquea de la realidad de un país

• Miércoles 9 de marzo de 2016
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Alberto Barrera Tyszka
El venezolano Alberto Barrera Tyszka ganó el XI Premio Tusquets de Novela con Patria o muerte.

Patria o muerte es la última novela de Alberto Barrera Tyszka, conocido por ser ganador del Premio Herralde de Novela por La enfermedad, y entre algunas de sus obras destacan Rating y Crímenes, y en el mes de septiembre de 2015 le fue otorgado el XI Premio Tusquets Editores por Patria o muerte.

Es una novela con diferentes lecturas: literaria, sociológica y política, y la aproximación a esta novela posiblemente sea diferente desde Venezuela que desde otros países, por la identificación con la realidad sociopolítica del país.

En la novela se entremezclan situaciones y personajes cuyo vínculo principal es la dinámica política venezolana, situación conflictiva debido a que implicaría una aproximación a una novela desde una determinada particularidad política, y según la simpatía política del lector podría generar aprobación o rechazo; esa sería una de las particularidades de la obra literaria, la posibilidad de que la lectura tenga la posibilidad de generar algún estado emocional en el lector; no obstante, en un país cuya dinámica vital está influenciada por la política, lo que se evidencia en comentarios a favor o en contra de una gestión de gobierno, la novela de Alberto Barrera Tyszka impresiona una simple recopilación de los comentarios que surgen en el momento histórico vinculado con la enfermedad y la posterior muerte del presidente Chávez.

Barrera se apropia de convencionalismos que son expresión de un maniqueísmo político muy acentuado en Patria o muerte.

La novela incluye elementos como la violencia urbana, la diatriba política, el venezolano que emigra y regresa como consecuencia de un milagro americano que simplemente era una ilusión.

Es una novela que desde una lectura desde Venezuela pareciese más cercana a una crónica del país durante ese episodio histórico vinculado con la enfermedad, y posterior muerte del presidente Chávez, a las que se incorporan unos personajes desdibujados para otorgarle una apariencia de novela.

El escritor en la creación de su obra es una especie de demiurgo, quien tiene la posibilidad y la facultad a través de su obra de crear una infinidad de tránsitos vitales que se manifiestan en la vida que le otorga a sus personajes, y la obra literaria trascendería los simples diálogos que surgen acerca de una situación o acontecimiento político determinado, e implicaría la posibilidad de aproximarse a los personajes desde otras vertientes, como son la psicología y la personalidad que el escritor le atribuye al personaje, su relación espacio-temporal y su dinámica existencial, que trascendería el simple diálogo que surge entre los personajes.

Patria o muerte comienza con la frase “El sonido del teléfono raspó la noche”, frase algo extraña para comenzar una novela, que transformaría el tedioso sonido del teléfono en una especie de artilugio metálico desconocido que permitiría esa inusual hazaña.

Sanabria, oncopsicólogo, recibe una llamada de Vladimir, su sobrino, quien funge como funcionario del gobierno de Chávez. Sanabria sentía que “Venezuela era una mierda, un derrumbe que ni siquiera llegaba a ser país” (Barrera; 2015: 14).

Vladimir, quien forma parte del equipo de Secretaría de la Presidencia, tenía una información importante para su tío Miguel Sanabria, vinculada con la enfermedad del presidente Chávez.

Necesito esconder una caja (Barrera; 2015: 19).

Vladimir entregará a Miguel una caja contentiva de una supuesta grabación antes de la intervención quirúrgica del presidente Chávez, que fue grabada a través de un teléfono celular de uno de los guardias personales del presidente.

Observó con detenimiento la caja. ¿Acaso era un testamento? ¿Cuánta vida puede caber en un teléfono? (Barrera; 2015:49).

Sanabria experimenta temor ante la presencia de un individuo alto con acento cubano, quien lo solicitaba por fungir como presidente de la junta de condominio.

El cubano era un hombre alto, bien vestido, de modales correctos, voz serena. Sólo estaba buscando información (Barrera; 2015: 215).

Es un asunto de procedimiento. Este ciudadano se casó con una compañera, voluntaria cooperante, y estamos haciendo las investigaciones de rutina (Barrera; 2015: 215).

Miguel Sanabria, sorprendido, y ante la posibilidad de que se tratase de un funcionario de inteligencia, guarda el celular en el bolso de Rodrigo, el hijo del periodista Fredy Lecuna, quien temporalmente está alojado en el apartamento de Sanabria mientras se resuelve la situación de la invasión del apartamento familiar alquilado por los padres del niño; el niño se fuga del apartamento a encontrarse con María, su amiga a quien conoció por la red, y se lleva el teléfono en su bolso.

Otro de los personajes es Andreína Mijares, quien se encuentra en Miami y se comunica con Sanabria, quien se desempeña como presidente de la junta de condominio, y a quien manifiesta su inquietud de comunicarse con los inquilinos del apartamento 34, representados en Fredy Lecuna, su esposa y su hijo.

Andreína Mijares es la expresión de una venezolana que emigra en la búsqueda del sueño americano al considerar que “Venezuela era una mierda”, como enfatiza el médico Miguel Sanabria (Barrera; 2015:14); no obstante, el milagro americano se transforma en una pesadilla americana.

Las cosas lamentablemente no han resultado como esperaba y ahora estoy planeando volver a Venezuela (Barrera; 2015: 21).

Fredy Lecuna, periodista, e inquilino del apartamento 34 de Andreína Mijares, desempleado, acude a una entrevista con Gisela Vásquez, quien trabaja en la gerencia de una editorial importante y le propone a Lecuna la posibilidad de escribir un libro en nombre de una ex miss Venezuela; sin embargo, no le convence la idea, y en una especie de iluminación divina surge la idea:

¿Y la enfermedad del presidente? ¿Por qué no escribir un libro sobre Chávez? (Barrera; 2015: 31).

Lecuna es presionado para terminar el libro sobre el presidente Chávez; sin embargo, la información que tenía era insuficiente, y entra en contacto con Aylin Hernández, quien trabaja en las misiones de salud que desarrollaban los cubanos en Venezuela, la invita a almorzar, y existe la posibilidad de su intermediación para obtener alguna información acerca de la enfermedad del presidente Chávez.

Aylin tiene aparentemente información proveniente de un contacto en La Habana; sin embargo, era necesario un acuerdo.

Necesito que te cases conmigo (Barrera; 2015: 91).

Lecuna informa a su esposa que tenía un contacto en Cuba y decide viajar de emergencia, y el viaje, cuya finalidad era contraer nupcias como parte del acuerdo con Aylin Hernández, es aprovechado por Andreína Hernández según recomendación de un funcionario oficial para invadir el apartamento ocupado por la esposa de Lecuna y su hijo Rodrigo, quien se hace llamar “Vampiro” en la red.

—¡Y entonces? ¿Qué puedo hacer?

—La única salida es que usted entre por la fuerza. Usted tiene que invadir su propia casa (Barrera; 2015: 42).

Barrera se apropia de convencionalismos que son expresión de un maniqueísmo político muy acentuado en Patria o muerte, y existiría una especie de estética que sería expresión de ese maniqueísmo, fundamentado no necesariamente en lo simbólico, que incluiría el uso de un determinado tipo de color o consignas, sino en el fenotipo que identifica a los personajes.

Llevaba un pantalón de licra de color azul, pegado hasta la cintura, y una camisa sin manga, estrecha y breve, que a duras penas arropaba sus senos, dejando al aire una barriga oronda, generosa (Barrera; 2015: 145).

Son tres negritas simpatiquísimas, había dicho el funcionario (Barrera; 1015: 145).

La estrategia de Lecuna para obtener información se transmuta en desencanto debido a tener que soportar a esa nueva familia de utilería en la isla de Cuba.

Lo peor de todo era fingir una vida de pareja recién casada, llena de expresiva felicidad, delante de la familia, delante de los vecinos, delante de la cuadra, delante del barrio, delante de la revolución (Barrera; 2015. 170).

Veía cómo las horas se iban pudriendo junto a sus dedos, y no podía hacer nada, no lograba todavía dar con la primera frase del libro (Barrera; 20125. 172).

La situación en el hogar de Lecuna era de incertidumbre posterior a la invasión propiciada por Andreína, y Rodrigo, el hijo de Lecuna, no comprendía la complejidad de esa dinámica bizarra que entremezclaba el caos, el desorden y la incertidumbre.

Lecuna a su regreso de Cuba es detenido, y uno de los policías le informa que encontraron cocaína en su equipaje.

Uno de los policías acaba de decirme que encontraron cocaína en tu equipaje (Barrera; 2015: 236).

A Fredy Lecuna le ofrecen cien mil dólares para que escriba un libro en defensa del presidente fallecido.

Pusieron a la orden cualquier tipo de información e insistieron que el libro debía parecer un esfuerzo autónomo, un ejercicio de investigación imparcial de un periodista (Barrera; 20915: 236).

Lecuna entrega la carpeta con los datos del libro que estaba escribiendo, y a cambio recibe una serie de reportes médicos, así como un adelanto de treinta mil dólares.

Otro de los personajes de Patria y muerte es María, de nueve años, cuya historia se vincula con la violencia citadita. La madre de María, temerosa ante el incremento de la violencia urbana, decide retirarla de la escuela como consecuencia de una muerte producida cerca de la institución educativa, y la niña es sometida a una especie de enclaustramiento hogareño.

Su madre no sabía qué hacer con el miedo. Lo único que lograba era contagiarlo (Barrera; 2015: 37).

Cecilia, la madrina de María, influye para instalar una conexión de Internet y no aislar a la niña del mundo exterior.

Y así María comenzó a relacionarse con el mundo a través de la red (Barrera; 2015: 39).

María es la expresión de una nueva generación de niños, en una sociedad cuya presencia en los espacios públicos es más restringida por causas reales, pero también por un miedo transmutado en paranoia colectiva, que convierten en presidiarios a los citadinos dentro de su propio espacio, y como consecuencia de la imposibilidad de amistades en un entorno restringido, que imposibilita un vínculo con el “otro”; María considera que una alternativa es la posibilidad de establecer relaciones de amistad a través de la red.

Es una novela difícil de leer desde Venezuela, posiblemente debido a esa intoxicación producida por la política que invade a la dinámica vital venezolana.

María se hace llamar “Mariposa”, y conocerá a “Vampiro” o Rodrigo, quien es el hijo de Fredy Lecuna, en la red, y ambos comenzaran a intercambiar experiencias como internautas.

María es llevada al dentista y de regreso su madre es abordada por dos muchachos quienes conducen una moto.

El arma crujió:

—Vieja puta —dijo el muchacho que todavía intentaba jalar el bolso.

Luego sonaron dos disparos (Barrera; 2015: 68).

María, posterior a la muerte de su madre, no informa de lo ocurrido a su familia en San Cristóbal ni a su madrina Cecilia, y asume sus propias responsabilidades, situación que contrasta con la verosimilitud que debe tener toda narración, y es difícil imaginarse a una niña de nueve años quien asume responsabilidades de una persona adulta; no obstante la ficción, al ser producto de la imaginación del escritor, establece sus límites espacio-temporales, los vínculos que se establecen entre los diferentes personajes; sin embargo, la narración debe producir en el lector la sensación de creer en lo que se lee.

No le costó nada falsificar la firma de su madre. Su primera salida fue al pequeño supermercado que quedaba en la planta baja del edificio de la esquina (Barrera; 2015: 149).

María confiesa a Rodrigo, a través de la red, que su madre falleció; no obstante, fue imposible mantener el engaño por un tiempo más prolongado.

En dos días vendrían a buscarla para llevársela a vivir con ellas en San Cristóbal (Barrera; 2015: 205).

La situación para Rodrigo o Vampiro también era compleja debido a la ausencia de su padre, el periodista Fredy Lecuna, y la invasión del apartamento donde habitaba por su propietaria.

Esa noche, Rodrigo y María decidieron fugarse juntos (Barrera; 2015: 205).

María y Rodrigo asisten al funeral del presidente Chávez.

Cargaban sendos morrales (Barrera; 2015: 241).

Nunca antes habían visto de cerca a tantas personas juntas. Había de todo. Mujeres vestidas de rojo, lloviendo; jóvenes y viejos, soldados, policías; funcionarios (Barrera; 20915: 240).

La pérdida del celular con un video revelador, de los últimos días del presidente, y una periodista norteamericana quien contacta a Miguel Sanabria para la solicitud de información importante, convergen al final de la novela.

La novela finaliza en un diálogo entre María y Rodrigo:

—¿Cómo te sientes?

—No lo sé. Todo es raro.

—¿Quieres regresar?

—Ya no podemos.

—Y entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Adónde vamos a ir? (Barrera, 2015: 246).

Patria o muerte es una novela cuya trama a momentos parece inconexa, con una pobre elaboración psicológica de los personajes, plagada de lugares o situaciones cotidianas, como las que frecuentemente invaden las redes sociales, o se pueden escuchar en una fila para el pago de algún servicio público.

Es una novela difícil de leer desde Venezuela, posiblemente debido a esa intoxicación producida por la política que invade a la dinámica vital venezolana, caracterizada por frecuentes rumores que surgen desde y en las redes sociales. La novela pareciese condensar esa legión de rumores en 246 páginas que producen una sensación similar a una mala película que se contempla hasta el final para evitar la pérdida del dinero invertido.

Argumentos débiles, una historia que impresiona a momentos aproximarse a una especie de intriga policial que genera una extraña sensación de tedio, una aproximación a la situación sociopolítica del país, son los elementos presentes en Patria o muerte. Es importante evocar, a pesar del tiempo transcurrido, la opinión de Juan Liscano, quien al referirse a las posibilidades expresivas de la narrativa venezolana considera la existencia de dos tendencias generales, la que concedería al factor estético una importancia mayor, y la que reaccionaría contra él, con la incorporación a la obra del modo de hablar corriente, con sus imprecaciones, excesos, sus modismos, su despojamiento de imaginación.

Existe el riesgo de considerar atractiva, dentro de la temática de la novelística venezolana, la situación política actual, escenario que posiblemente pudiese ser de un mayor interés desde una visión periférica.

Juan Liscano criticaría esa tendencia de los escritores a testimoniar las experiencias compartidas en un determinado momento de nuestra historia; una de las críticas de Liscano era el expresionismo seudorrealista que llegaba al patetismo, con la tendencia a incorporar los aspectos cotidianos de la situación política venezolana a la obra literaria, con un énfasis sobre lo estético.

Existe el riesgo de considerar atractiva, dentro de la temática de la novelística venezolana, la situación política actual, escenario que posiblemente pudiese ser de un mayor interés desde una visión periférica; no obstante, cuando en Venezuela, desde hace unos cuantos años, pareciese existir una circularidad real sobre los mismos temas, resulta tediosa esa tendencia a la repetición de esa cotidianidad en la literatura.

En Patria o muerte las situaciones, la conciencia narrativa y los personajes quedan sometidos a un maniqueísmo que es expresión de la dinámica política contemporánea; sin embargo, se evidencia un desarrollo deficiente de los personajes, debido a que el centro de atención narrativa se vincula con la situación del país.

Las opiniones acerca de la novela Patria o muerte revelan una general aceptación, y en la reseña titulada “¿Por qué es tan buena la novela de Alberto Barrera Tyszka, Patria o muerte?”, de Pablo Antillano, se considera que es debido a estar entrenada en los secretos y en la acordes que resuenan en el corazón de los lectores, no obstante, con el respeto que merece Antillano, esos acordes no resuenan desde mi lectura, quizás por evocar esa vorágine política maniquea tóxica que suele invadir la cotidianidad venezolana.

 

Bibliografía

  • Antillano, Sergio (2016). “¿Por qué es tan buena la novela de Alberto Barrera Tyszka, Patria o muerte?”. El Nacional, 10 de enero de 2016, Papel Literario, pág. 6.
  • Barrera Tyszka, Alberto (2015). Patria o muerte. Caracas: Editorial Planeta.
  • Liscano, Juan (1995). Panorama de la literatura venezolana actual. Segunda edición. Caracas: Editorial Alfadil.
Fernando Guzmán Toro

Fernando Guzmán Toro

Ensayista venezolano (Valera, Trujillo, 1967). Es médico cirujano egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), licenciado y magister en filosofía por la Universidad del Zulia (LUZ), licenciado en letras y magister en literatura latinoamericana. Profesor de LUZ. Ganador del Premio Nacional de Ensayo Stefania Mosca 2011 con Las ciudades interiores y los espacios de la melancolía en Teresa de la Parra y ganador del II Concurso por Una Venezuela Literaria con el ensayo Los arquetipos y arcanos en el viaje por el imaginario poético de José Antonio Ramos Sucre.
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