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Lánguidos sueños, de Carlos Manzano

• Sábado 29 de abril de 2017

“Lánguidos sueños”, de Carlos ManzanoLánguidos sueños
Carlos Manzano
Cuentos
Editorial La Fragua del Trovador
Zaragoza (España), 2016
ISBN: 978-84-15044-68-0
156 páginas

Eso de que las cosas vistas de cerca son banales es cosa de escritor. Sólo quienes utilizan su talento para fabular pueden convencernos de que eso es verdad. Yo siempre pensé que era el tiempo puro y duro el que lo hacía. Pero después de leer las 156 páginas de Lánguidos sueños, lo cierro persuadido por la fuerza de que lo que leemos existe; o existió.

El oficio de narrar consiste justamente en eso: en mostrarlos y hacernos creer. Sí, es así que Carlos Manzano traduce la aparente realidad en que vivimos en verdad. Pero sin ostentación. No para que parezca una fábula bien contada y porque lo que no se ve no existe. Mas sí por lo que está en la mente, que también es real. No necesitamos prender la televisión para confirmarlo. Dicho esto, tal vez podríamos deducir que de cerca nadie es normal. Y más si al pasar las páginas, la banalidad va siendo desvendada de un modo lento y seguro. Tanto que hasta nos hace creer que son reales, verdaderas, fabricadas en serie.

Desde el mundo del trabajo en los tiempos modernos, o de la informatización, al no arriesgarse para no comprometer el futuro o el de alguien que quiere, hasta vivir ajeno a las miserias de la vida cuando tienes en mente dudas crecientes cada segundo, cada sueño; o de que la presión económico-social, o la monotonía, o la soberbia puede hacerte equivocar otro día más y no ser el fin del mundo, pero sí el fin de una vida. Podría citar una infinidad de situaciones, que necesitaríamos magnificar la lupa del día a día, para percibir las obsesiones de los personajes que pululan por estos relatos.

En el libro que reseñamos, o intentamos, el arte de revelar los misterios que los humanos guardan en su frágil memoria, Manzano lo hace desmontando pieza por pieza la idea de los que se consideran superiores, corroborando que son sólo creencias (o carencias) mentales para satisfacer el ego.

Desde las consecuencias de la moda para un chico que va a contracorriente con su timidez enfermiza pasando por una madre soltera capaz de actuar sin cualquier consideración de carácter moral o práctico para recuperar a su hija; o de alguien que para recuperar a la persona que ama está dispuesta a ofrecer lo que sea, incluso lo que no tiene; o un familiar distante al que no le gusta compartir sus sentimientos, pues cree que es mezquina y teatral la urbanidad que se le ofrece por convención social, hasta los que piensan que hacer justicia con las manos, enalteciendo la violencia para darle sentido a la incomprensión y la ignorancia, creen que actúan por necesidad de justicia y no al margen de ella.

Hasta en los relatos menos acertados, si es que los hay, Carlos Manzano nos conduce a ambientes desagradables de la convivencia humana de una manera convincente.

En fin, mejor no ahondar en detalles, ni esperar cincuenta años para descubrirlos. Para esto están los Lánguidos sueños. Aquí Manzano los saca a flote arrojándolos sobre los peores especímenes con que nos podríamos cruzar a diario en la calle o el pasillo o el salón o en la cama sin que nos parezca que es un puto egoísta, embaucador o que lleva una doble vida. Quizás por esto, muchos de los personajes creen a pies juntillas en lo que hacen, igual que soñar despierto es realidad. Y aunque con ésta sus relaciones sean distintas o no existan apenas. No importa que sea como una torpe apariencia. Tampoco importa que lo que suceda sea lo contrario de lo que creen, es la realidad y punto. Lo que queda claro es que la concatenación de circunstancias que puede llevar una persona a tomar una decisión en la vida es impredecible, está más bien más próxima al azar que a la necesidad, como afirma uno de los personajes.

Aunque encendiéramos una cerilla y los convirtiéramos en cadáveres, ellos quedarían ahí fustigando nuestra conciencia. Hasta en los relatos menos acertados, si es que los hay, Carlos Manzano nos conduce a ambientes desagradables de la convivencia humana de una manera convincente, tanto a nivel social-cultural como físico-temporal, que si una vez más magnificamos nuestra banal lupa podríamos ver desfilar la fauna de fuertes y débiles, los que sufren y los que gozan, los vencedores y derrotados, los que viajan y los que se aíslan, como seres normales, como tú y yo. Al final, en ese mundo de apariencia en que vivimos estar dentro o no del sistema es sólo una cuestión de saber, o poder, interpretar los códigos. La falta de entendimiento de éstos nos induce a cohabitar en mundos paralelos.

Si pensáis que se ha dicho todo, os equivocáis en redondo. Uno de los personajes se da el lujo de coquetear con el quehacer literario, dando instrucciones de cómo escribir un relato, de un modo creativo, personal, donde todos los rasgos de heroicidad quedan eliminados. Y estos rasgos, considero, son los puntos de referencia que atraviesan de forma transversal por los relatos, en su mayoría de corte minimalista, evidenciando sin ornamentación la dignidad del fracaso cotidiano de los personajes representados.

Gilmar Simões

Gilmar Simões

Escritor brasileño (Conceição do Coité, 1958). Ha estudiado sociología. Reside en España desde 1992. Textos suyos han sido publicados en la revista Narrativas y han sido incluidos en Minotauro, antología de relatos breves, de Latin Heritage Foundation (Washington, EUA, 2011). Como fotógrafo autodidacta ha realizado diversas exposiciones, publicaciones y audiovisuales.
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